Entre las películas más curiosas y entretenidas que llegaron a las pantallas españolas durante la década de 1940 destacó El Diablo y yo (Angel on My Shoulder), una producción estadounidense estrenada en 1946 que mezclaba de forma magistral la comedia, la fantasía, el cine negro y la reflexión moral. Dirigida por Archie Mayo y protagonizada por Paul Muni, Claude Rains y Anne Baxter, la película conquistó al público gracias a una historia tan insólita como divertida, basada en la eterna lucha entre el bien y el mal.
Cuando fue exhibida en los cines de La Línea de la Concepción, el film llamó especialmente la atención por su original argumento, en el que un peligroso gánster terminaba convertido, contra su voluntad, en un ejemplo de honradez y virtud.
Una historia inspirada en el mito de Fausto
El guion, escrito por Harry Segall, retomaba uno de los temas más universales de la literatura: el pacto con el Diablo.
Sin embargo, lejos del tono dramático habitual de este tipo de relatos, la película optaba por el humor y la sátira. El resultado fue una producción que combinaba situaciones cómicas con una reflexión sobre la redención, la conciencia y la capacidad de las personas para cambiar.
La historia comenzaba con Eddie Kagle, un conocido delincuente interpretado por Paul Muni.
Tras salir de prisión, Eddie era asesinado por su antiguo socio y compañero de fechorías, Smiley Williams, quien deseaba eliminar cualquier obstáculo para continuar controlando sus negocios criminales.
Un inesperado viaje al Infierno
La muerte de Eddie lo conducía directamente al Infierno, donde descubría que aquel lugar estaba gobernado por un personaje elegante, irónico y extraordinariamente inteligente: Nick, que no era otro que el mismísimo Diablo.
El papel estaba interpretado por Claude Rains, actor que ya había alcanzado fama mundial por sus interpretaciones en películas como Casablanca, El hombre invisible o Encadenados.
Nick tenía un problema muy particular.
En la Tierra existía un hombre llamado Juez Parker, un magistrado incorruptible cuya lucha contra la delincuencia estaba reduciendo notablemente la cantidad de almas que llegaban al Infierno.
Para el Diablo, aquello resultaba inaceptable.
El plan del Diablo
Al observar que Eddie y el juez eran físicamente idénticos, Nick ideaba una solución aparentemente perfecta.
Ofrecía al gánster la posibilidad de regresar a la Tierra utilizando el cuerpo del juez Parker.
A cambio, Eddie debía destruir la reputación del magistrado, arruinar su carrera política y devolver el triunfo al crimen organizado.
Además, el Diablo le prometía facilitarle la venganza contra el hombre que lo había asesinado.
La propuesta resultaba demasiado tentadora para un criminal acostumbrado a resolver los problemas mediante la violencia, por lo que Eddie aceptaba sin dudarlo.
Un gánster convertido en juez
La verdadera comedia comenzaba cuando Eddie despertaba en el cuerpo del respetado juez Parker.
Acostumbrado al lenguaje de los bajos fondos, a los métodos violentos y a la vida criminal, debía desenvolverse ahora entre políticos, abogados, empresarios y ciudadanos respetables.
Cada vez que intentaba comportarse como un delincuente para desprestigiar al juez, las cosas producían el efecto contrario.
Sus explosiones de ira eran interpretadas como muestras de valentía.
Sus decisiones impulsivas parecían gestos de firmeza moral.
Y sus enfrentamientos con personas influyentes terminaban aumentando todavía más la popularidad del magistrado.
En lugar de hundir la reputación del juez, Eddie la fortalecía continuamente.
El amor cambia las reglas del juego
La situación se complicaba aún más cuando aparecía Bárbara, interpretada por Anne Baxter.
La joven era la prometida del verdadero juez Parker y representaba todo aquello que Eddie jamás había conocido: bondad, sinceridad y afecto desinteresado.
Por primera vez en su vida, el antiguo delincuente comenzaba a experimentar sentimientos auténticos.
La convivencia con Bárbara y el respeto que recibía de las personas honestas provocaban una transformación profunda en su carácter.
Poco a poco, el gánster descubría que la vida podía ofrecer algo más que violencia, dinero fácil y delincuencia.
La rebelión contra el Diablo
El cambio moral de Eddie terminaba convirtiéndose en un problema para Nick.
El Diablo observaba con creciente desesperación cómo el criminal que había elegido para destruir a un hombre honrado se estaba transformando precisamente en aquello que debía combatir.
Cuando comprendía que estaba perdiendo la partida, Nick intentaba recuperar el control amenazando a Bárbara y presionando a Eddie para que regresara al Infierno.
Sin embargo, el antiguo gánster ya no era la misma persona que había llegado al inframundo.
Un sacrificio inesperado
La parte final de la película mostraba la completa transformación del protagonista.
En lugar de pensar únicamente en sí mismo, Eddie decidía proteger al verdadero juez Parker y garantizar la felicidad de Bárbara.
Aceptaba renunciar a su segunda oportunidad en la Tierra y enfrentarse al Diablo para evitar que otras personas sufrieran las consecuencias de sus errores.
Antes de abandonar definitivamente el mundo de los vivos, lograba además que su asesino recibiera el castigo merecido por vías legales, demostrando que la justicia podía imponerse sin recurrir a la violencia.
Un reparto inolvidable
La película contó con tres intérpretes excepcionales.
Paul Muni realizó una brillante interpretación al encarnar simultáneamente a un delincuente de los bajos fondos y a un respetado magistrado.
Claude Rains creó uno de los Diablos más elegantes y carismáticos de la historia del cine, alejándose de las representaciones terroríficas tradicionales para ofrecer un personaje refinado, inteligente y cargado de ironía.
Por su parte, Anne Baxter aportó sensibilidad y humanidad a la historia mediante el personaje de Bárbara.
Un clásico que sigue conquistando al público
Aunque nunca alcanzó la fama de otras producciones de Hollywood de la misma época, El Diablo y yo ha sido reconocida con el paso del tiempo como una de las mejores combinaciones de fantasía, humor y cine negro realizadas durante la década de 1940.
Su ingenioso argumento, la calidad de sus interpretaciones y su mensaje sobre la capacidad humana para cambiar continúan atrayendo a nuevas generaciones de espectadores.
Aquellos aficionados que asistieron a su proyección en los cines de La Línea pudieron disfrutar de una historia original y entrañable que demostraba que incluso el más duro de los criminales podía descubrir el valor de la bondad, la justicia y el amor. Una película donde, por una vez, el Diablo estuvo a punto de perder una apuesta que parecía tener ganada desde el principio.