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miércoles, 8 de julio de 2026

¿Sabías que...? en la década de los 40, La higiene y el decoro personal eran obligatorios para acceder a los lugares públicos de La Línea durante la posguerra

 










Normas de higiene y decoro en los lugares públicos de La Línea de la Concepción durante la posguerra

El documento reproducido corresponde a un aviso oficial difundido por la Jefatura Municipal de Sanidad de La Línea de la Concepción durante la década de 1940, en los años de la inmediata posguerra española. Impreso por la conocida Imprenta Vallejo, de La Línea, el cartel constituye un interesante testimonio de las campañas sanitarias impulsadas por las autoridades municipales en un periodo marcado por la escasez, las dificultades económicas y la necesidad de prevenir la propagación de enfermedades infecciosas entre la población.

A diferencia de otros bandos sanitarios de la época, centrados en vacunaciones, campañas de desinfección o normas alimentarias, este aviso apelaba directamente a la higiene personal y al comportamiento cívico de los ciudadanos, vinculando ambos conceptos con el acceso a los espacios públicos de la ciudad.

El texto comenzaba estableciendo una norma de obligado cumplimiento para todos aquellos que acudieran a lugares públicos, citando expresamente teatros, cines, tranvías, autobuses, comedores y establecimientos benéficos, aunque dejaba claro que la disposición era extensible a cualquier espacio de concurrencia pública.

La Jefatura Municipal de Sanidad recordaba que en dichos lugares «se exigirá una presencia decorosa, que es compatible con la más extrema modestia», una frase que refleja perfectamente la mentalidad de la época. No se hacía referencia al lujo ni a la posición social de las personas, sino a la obligación de presentarse con unas mínimas condiciones de limpieza, aseo y compostura personal, entendidas como requisitos indispensables para convivir en sociedad.

El aviso endurecía posteriormente su contenido al advertir que las personas sucias o aquellas que ofrecieran un aspecto considerado repugnante no serían admitidas en ninguno de esos establecimientos. No se trataba únicamente de una recomendación moral, sino de una auténtica medida de carácter sanitario que facultaba a las autoridades para impedir el acceso a quienes no reunieran las condiciones higiénicas consideradas aceptables.

La disposición iba incluso más allá. Informaba de que los agentes de la autoridad serían los encargados de trasladar a dichas personas a los Centros de Desinfección, donde deberían someterse a las medidas higiénicas oportunas para alcanzar los requisitos mínimos exigidos por la administración sanitaria.

La existencia de estos Centros de Desinfección era habitual en numerosas ciudades españolas durante las décadas de 1940 y 1950. En ellos se realizaban tratamientos destinados a combatir problemas sanitarios muy frecuentes en aquellos años, como la pediculosis, la sarna, determinadas enfermedades cutáneas y otras afecciones derivadas de las difíciles condiciones de vida existentes tras la Guerra Civil. Las instalaciones disponían normalmente de baños, duchas, equipos de desinsectación y sistemas de desinfección de la ropa mediante vapor o productos químicos.

La publicación de este tipo de avisos debe entenderse dentro del complejo contexto social de la España de posguerra. Durante los años cuarenta, la escasez de agua corriente en numerosos hogares, el racionamiento, la pobreza y las dificultades para acceder a productos básicos de higiene favorecían la aparición de enfermedades transmisibles que preocupaban seriamente a las autoridades sanitarias.

En La Línea de la Concepción, estas circunstancias se veían agravadas por la complicada situación económica que atravesaba la ciudad. La elevada tasa de desempleo, las limitaciones derivadas de la posguerra y la estrecha dependencia económica de Gibraltar hacían que buena parte de la población viviera en condiciones muy precarias. En este contexto, la labor desarrollada por la Jefatura Municipal de Sanidad adquirió una especial importancia, impulsando campañas destinadas a mejorar las condiciones higiénicas de la población y reducir el riesgo de epidemias.

El lenguaje empleado en el cartel resulta igualmente representativo de la filosofía administrativa del momento. La higiene no era presentada únicamente como una cuestión de salud pública, sino también como una obligación moral y social del ciudadano. La expresión final del documento resulta especialmente significativa al afirmar que tales medidas pretendían garantizar «los requisitos mínimos que nuestra sociedad está dispuesta a exigir de todos los ciudadanos», identificando el aseo personal con el civismo, el orden y la convivencia.

Desde una perspectiva histórica, este aviso constituye un magnífico ejemplo de la política sanitaria desarrollada por los ayuntamientos españoles durante los primeros años del franquismo. Refleja la estrecha colaboración existente entre las autoridades municipales, los servicios sanitarios y las fuerzas del orden para hacer cumplir unas normas que hoy pueden parecer severas, pero que entonces respondían a una realidad marcada por la pobreza, la falta de recursos higiénicos y el temor constante a la propagación de enfermedades infecciosas.

Más allá de su finalidad administrativa, el documento permite conocer aspectos muy cotidianos de la vida en La Línea de la Concepción durante los años cuarenta. Nos habla de una ciudad donde acudir al cine, al teatro, viajar en autobús o acceder a un comedor público implicaba cumplir unas normas básicas de limpieza y presentación personal; de una administración preocupada por preservar la salud colectiva; y de una sociedad que, tras los duros años de la guerra y la inmediata posguerra, trataba de recuperar unas condiciones mínimas de higiene pública mediante campañas de concienciación y control sanitario.

Hoy, este cartel constituye un valioso testimonio documental de aquella época y una fuente de extraordinario interés para comprender cómo las autoridades locales afrontaban los problemas sanitarios cotidianos, mostrando una faceta poco conocida de la historia de La Línea de la Concepción, donde la salud pública, la higiene y el orden ciudadano formaban parte esencial de las políticas municipales desarrolladas durante la década de 1940.



Leyendo el Bando en la calle Méndez Núñez (IA)




martes, 7 de julio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como Ayer, 6 de julio en 1947, España votaba la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado

 







El 6 de julio de 1947 se celebró en toda España el Referéndum sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, una de las consultas políticas más importantes del primer franquismo. Entre los numerosos impresos propagandísticos distribuidos para promover el voto afirmativo figuraba el cartel dirigido expresamente a los militares con el lema: «Militar: Tú también debes votar el próximo 6 de Julio», una muestra del intenso esfuerzo propagandístico desplegado por el régimen en favor del «Sí».

La consulta tenía como finalidad someter a aprobación popular la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, quinta de las denominadas Leyes Fundamentales del Reino, mediante la cual el régimen franquista pretendía dotarse de una apariencia de estabilidad institucional y reforzar su legitimidad tanto dentro como fuera de España.

La nueva norma declaraba oficialmente que España volvía a constituirse jurídicamente como Reino, aunque no se restauraba la Monarquía de forma efectiva. En su lugar, Francisco Franco continuaba ejerciendo como Jefe del Estado con carácter vitalicio, reservándose además la facultad exclusiva de designar, cuando lo estimara oportuno, a la persona que habría de sucederle como Rey o como Regente.

La ley contemplaba igualmente la creación de nuevas instituciones, entre ellas el Consejo del Reino y el Consejo de Regencia, organismos concebidos para integrarse en la estructura política del Estado franquista y garantizar la continuidad del sistema establecido tras la Guerra Civil.

La campaña previa al referéndum fue intensa y estuvo completamente controlada por el aparato del Estado. La propaganda oficial inundó periódicos, edificios públicos, centros de trabajo, cuarteles y calles con carteles como el conservado en esta imagen, dirigido específicamente a los miembros de las Fuerzas Armadas. En él se apelaba al Ejército como garante de la permanencia del régimen, animando a los militares a respaldar con su voto la nueva ley.

El texto afirmaba que la Ley de Sucesión aseguraría la estabilidad política conseguida tras la guerra y presentaba al Ejército como «la columna vertebral de la Patria», insistiendo en que, además de defender el régimen con las armas, los militares debían hacerlo también mediante el voto.

El referéndum se celebró en un contexto de dictadura, sin libertad de partidos políticos, con una estricta censura de prensa y una campaña pública exclusivamente favorable a la aprobación de la ley. El sufragio era obligatorio y carecía de las garantías propias de un sistema democrático plural.

Según los datos oficiales difundidos por el Gobierno, participó cerca del 89 % del censo electoral, obteniendo el «Sí» aproximadamente el 93 % de los votos emitidos.

La aprobación de la Ley de Sucesión marcaría decisivamente la evolución política de España durante las décadas siguientes. Gracias a ella, Franco consolidó jurídicamente su posición como Jefe del Estado y obtuvo la facultad de decidir quién ocuparía la Jefatura del Estado tras su desaparición. Aquella decisión se materializaría años después, cuando en 1969 designó como sucesor a don Juan Carlos de Borbón, quien accedería al trono tras el fallecimiento del dictador en noviembre de 1975.

Este cartel constituye hoy un interesante documento histórico que permite comprender el papel desempeñado por la propaganda política durante el franquismo y cómo el régimen buscó movilizar a distintos sectores de la sociedad —en este caso al estamento militar— para respaldar una de las normas fundamentales sobre las que asentó su continuidad institucional durante casi tres décadas más.

Pon en el Pie de Foto Leyendo el Bando en el Cuartel de Ballesteros (IA)






Propaganda del Referéndum de la Ley de Sucesión de 1947 dirigida a los trabajadores

El cartel que se conserva constituye uno de los numerosos impresos propagandísticos distribuidos con motivo del Referéndum sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, celebrado el 6 de julio de 1947. Editado por la imprenta Rimada, de Cádiz, estaba dirigido específicamente a la clase trabajadora y formaba parte de la intensa campaña organizada por el régimen franquista para obtener el respaldo popular a una de sus principales Leyes Fundamentales.

Bajo el destacado encabezamiento «TRABAJADOR», el cartel buscaba establecer una comunicación directa con el mundo obrero. El mensaje central comenzaba con la afirmación «Franco, te ha dado», seguida de una enumeración de los beneficios sociales que, según la propaganda oficial, el régimen había proporcionado a los trabajadores: seguros de accidentes, enfermedad y enfermedades profesionales; subsidios familiares, de vejez, viudedad y orfandad; préstamos para la nupcialidad y la natalidad; además de montepíos, mutualidades, pósitos, aumentos salariales y mejoras en las condiciones de trabajo.

El texto insistía en reforzar esta idea con una frase contundente: «Nunca el trabajo estuvo más protegido, ni mejor retribuido», presentando al Estado franquista como garante del bienestar de la población trabajadora. Finalmente, el cartel apelaba directamente al deber de gratitud del obrero, afirmando: «Ahora, Franco, que tanto te dio, te pide que ratifiques la Ley de Sucesión del Estado. Ha llegado el momento de corresponder, TRABAJADOR».

La finalidad del impreso era inequívoca: persuadir a los trabajadores para que votaran afirmativamente en el referéndum convocado por el régimen. La consulta pretendía legitimar la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, norma que declaraba oficialmente a España como un Reino, mantenía a Francisco Franco como Jefe del Estado con carácter vitalicio y le otorgaba la facultad de designar a su sucesor cuando lo estimara oportuno.

En La Línea de la Concepción, como en el resto del país, este tipo de carteles fueron colocados en edificios públicos, centros sindicales, fábricas, comercios y lugares de gran tránsito. Formaban parte de una campaña propagandística cuidadosamente diseñada para movilizar a los distintos sectores de la población mediante mensajes específicos dirigidos a agricultores, mujeres, jóvenes, funcionarios o trabajadores industriales.

Desde una perspectiva histórica, el cartel constituye un valioso documento para comprender los mecanismos de comunicación política empleados durante el franquismo. Más allá de su contenido propagandístico, refleja el lenguaje, la iconografía y la estrategia persuasiva utilizada por el régimen para presentar la aprobación de la Ley de Sucesión como un acto de reconocimiento hacia las políticas sociales desarrolladas desde el final de la Guerra Civil.

Hoy, este impreso representa un testimonio documental de gran interés para el estudio de la historia política y social de la España de posguerra y de la intensa campaña desarrollada en torno al referéndum del 6 de julio de 1947, considerado el primer proceso plebiscitario celebrado por el régimen franquista tras la Guerra Civil.


Convocatoria al pueblo para el acto de propaganda del Referéndum de la Ley de Sucesión (La Línea, julio de 1947)

El cartel que se conserva constituye un interesante testimonio de la intensa campaña de propaganda organizada con motivo del Referéndum sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, celebrado el 6 de julio de 1947. Impreso en La Línea de la Concepción por la Tipografía Vallejo, situada en la Plaza Farinas, estaba destinado a movilizar a los electores de la ciudad y animarlos a participar en la consulta convocada por el régimen franquista.

Bajo el encabezamiento «AL PUEBLO», el impreso se dirigía a todos los vecinos mayores de 21 años con derecho a voto, invitándolos a conocer el contenido y el significado de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, presentada como una norma previamente estudiada, debatida y aprobada por las Cortes Españolas.

Para ello se anunciaba la celebración, el sábado 5 de julio de 1947, de un Gran Acto de Propaganda Electoral en el Teatro Cómico de La Línea. El objetivo declarado era explicar a la población la trascendencia del referéndum que tendría lugar al día siguiente y reforzar el respaldo popular a una de las principales Leyes Fundamentales del régimen.

El texto utilizaba un lenguaje propio de la propaganda oficial de la época, afirmando que el referéndum tenía una importancia decisiva tanto en el ámbito internacional, como demostración de la «inconmovible unidad con el Caudillo», como en el interior del país, donde se presentaba como garantía de continuidad de la obra política emprendida por Francisco Franco «en beneficio del engrandecimiento patrio».

Con un tono claramente persuasivo, el cartel animaba a los ciudadanos a asistir al acto para comprender mejor el alcance de la consulta y conocer las razones por las que debían acudir a las urnas el 6 de julio. El mitin estaba previsto para las siete y media de la tarde y contaría con la intervención de Antonio Prieto Cereceda y de Antonio Cazalla Morales, este último Delegado Provincial de Trabajo, ambos designados como oradores del acto.

La celebración de este tipo de reuniones públicas formó parte de la amplia campaña desarrollada en toda España durante los días previos al referéndum. En La Línea de la Concepción, como en numerosas localidades del país, los carteles, bandos, conferencias y mítines pretendían movilizar al electorado y presentar la aprobación de la Ley de Sucesión como una muestra de adhesión al régimen franquista.

Desde una perspectiva histórica, este impreso posee un notable valor documental. No solo permite conocer cómo se organizó la campaña propagandística en La Línea, sino también identificar algunos de los escenarios utilizados para estos actos públicos, como el Teatro Cómico, uno de los principales espacios culturales y de reunión de la ciudad. Asimismo, constituye un ejemplo del lenguaje político empleado por el régimen para legitimar el referéndum que convertiría oficialmente a España en un Reino, manteniendo a Francisco Franco como Jefe del Estado con carácter vitalicio y reservándole la facultad de designar a su sucesor.

Editado por la Tipografía Vallejo de la Plaza Farinas, este cartel representa hoy un valioso testimonio de la historia política local y de la forma en que la campaña del referéndum de 1947 llegó también a las calles y a la vida cotidiana de La Línea de la Concepción.



Carta propagandística enviada a los electores con motivo del Referéndum de la Ley de Sucesión de 1947

El documento reproducido corresponde a una de las cartas de propaganda distribuidas durante la campaña del Referéndum sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, celebrado el 6 de julio de 1947. A diferencia de los carteles destinados a ser expuestos en lugares públicos, este impreso estaba concebido para llegar directamente a los domicilios de los electores, constituyendo una de las herramientas más eficaces de la campaña informativa y propagandística organizada por el régimen franquista.

El texto comenzaba informando al destinatario de que, ante la proximidad del referéndum, se le remitía una papeleta de votación ya cumplimentada con una respuesta afirmativa. Aunque el documento afirmaba que no se pretendía limitar la libertad de voto, recordando que en los colegios electorales existirían papeletas en blanco para quienes desearan votar en contra, la carta invitaba expresamente al elector a reflexionar antes de depositar su voto y a respaldar la aprobación de la nueva Ley.

A lo largo del escrito se desarrollaban los principales argumentos empleados por la propaganda oficial. Se pedía al ciudadano que meditara sobre lo que, según el régimen, Francisco Franco había conseguido para España, describiendo una nación «digna, ordenada y libre de injerencias extrañas». Asimismo, se sostenía que la finalidad de la Ley de Sucesión era garantizar que la obra política emprendida por el Caudillo no se perdiera con el paso del tiempo.

Uno de los aspectos más significativos del documento era la aclaración de que el referéndum no pretendía decidir la continuidad de Franco al frente del Estado, ya que el propio texto afirmaba expresamente que, cualquiera que fuese el resultado de la consulta, Franco seguiría siendo el Jefe del Estado español. Según explicaba la carta, la verdadera finalidad de la Ley consistía en asegurar que los futuros sucesores continuaran su labor «en lo religioso, en lo social y en lo político».

El impreso insistía además en que la consulta afectaba a todos los españoles, con independencia de su profesión o condición social, apelando directamente a mujeres, comerciantes, agricultores, patronos, obreros, militares y sacerdotes. En su tramo final recurría a una comparación entre la situación de España el 6 de julio de 1936, poco antes del estallido de la Guerra Civil, y la existente en 1947, invitando al lector a recordar los conflictos sociales, las huelgas, los desórdenes y la violencia de los años de la Segunda República como argumento para respaldar la continuidad del régimen.

Desde el punto de vista histórico, este documento constituye un excelente ejemplo de las técnicas de persuasión política empleadas durante la campaña del referéndum. El envío de cartas personalizadas junto a papeletas previamente marcadas pretendía reforzar el voto afirmativo mediante una combinación de apelaciones al orden, la estabilidad institucional y la continuidad del Estado surgido tras la Guerra Civil.

En La Línea de la Concepción, al igual que en el resto de España, este tipo de comunicaciones formaron parte de una intensa campaña desarrollada durante las semanas previas al 6 de julio de 1947, complementando los carteles, mítines, conferencias y bandos municipales que buscaban movilizar al electorado. Hoy, esta carta representa un valioso testimonio documental para comprender la organización del primer gran referéndum convocado por el régimen franquista y las estrategias propagandísticas utilizadas para obtener el respaldo popular a la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado.



Folleto propagandístico dirigido a los obreros con motivo del Referéndum de la Ley de Sucesión de 1947

El impreso que se conserva forma parte de la amplia campaña de propaganda desarrollada con motivo del Referéndum sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, celebrado el 6 de julio de 1947. Bajo el encabezamiento «Obrero», el folleto iba dirigido expresamente a la clase trabajadora, uno de los sectores sociales a los que el régimen franquista dedicó una atención especial durante la campaña para obtener el respaldo popular a una de sus principales Leyes Fundamentales.

El documento comenzaba recordando que el 6 de julio, por primera vez desde el final de la Guerra Civil, se consultaría directamente a los españoles acerca de una cuestión política de gran trascendencia: la aprobación de la Ley sobre la Sucesión de la Jefatura del Estado. El texto insistía en presentar la consulta como un ejercicio de participación nacional, afirmando que España podía decidir libremente su futuro sin presiones de potencias extranjeras y que el propio Francisco Franco solicitaba conocer la opinión del pueblo sobre aquella Ley.

A continuación, el folleto desarrollaba una imagen del Caudillo como vencedor de la Guerra Civil, artífice de la paz, garante de la neutralidad española durante la Segunda Guerra Mundial y responsable de la estabilidad alcanzada por el país. El mensaje invitaba a todos los españoles mayores de edad, sin distinción de sexo, profesión o condición social, a acudir a las urnas para expresar su voto.

Uno de los aspectos más significativos del documento era su apelación directa a los trabajadores. El folleto afirmaba que el obrero podía expresar libremente su opinión, pero le proponía una serie de reflexiones destinadas a justificar el voto favorable. Para ello enumeraba cinco argumentos principales.

En primer lugar, sostenía que ningún gobierno anterior había mostrado una preocupación social tan auténtica como la atribuida al régimen franquista. En segundo término, defendía que la paz y la reconciliación entre vencedores y vencidos habían sido posibles gracias a la política desarrollada tras la Guerra Civil. Seguidamente, presentaba a España como una nación que recuperaba su prestigio internacional bajo el liderazgo de Franco.

El cuarto argumento ocupaba buena parte del folleto y hacía referencia a los supuestos logros sociales alcanzados por el régimen. Se mencionaban expresamente instituciones y beneficios como el Subsidio Familiar, el Seguro de Enfermedad, el Seguro de Vejez, los Montepíos Laborales, las pagas extraordinarias, las vacaciones retribuidas, la reglamentación del trabajo, la construcción de viviendas económicas, las obras sindicales y la ausencia de huelgas, todo ello presentado como prueba de una mejora constante de las condiciones de vida de los trabajadores.

Finalmente, el documento apelaba a la confianza en las autoridades provinciales y nacionales, afirmando que administraban justicia con imparcialidad. El texto concluía con un llamamiento para que los obreros no se abstuvieran de votar, rechazaran cualquier invitación a la pasividad y acudieran a las urnas recordando que, según el mensaje propagandístico, debían a Francisco Franco su dignidad, el pan, la justicia, el orgullo de ser españoles y la protección de sus derechos sociales.

La frase final resumía todo el contenido del impreso con un eslogan claramente propagandístico: «Porque Franco es el primer trabajador de España.»

Desde el punto de vista histórico, este folleto constituye un excelente ejemplo de la propaganda política desarrollada durante la campaña del referéndum de 1947. Su contenido refleja el lenguaje empleado por el régimen para dirigirse específicamente al mundo obrero, vinculando la aprobación de la Ley de Sucesión con la continuidad de las políticas sociales implantadas tras la Guerra Civil y presentando el voto afirmativo como una garantía de estabilidad, paz y progreso.

En La Línea de la Concepción, al igual que en el resto del país, documentos como este circularon junto a carteles, bandos, conferencias y mítines organizados durante las semanas previas a la consulta del 6 de julio de 1947, formando parte de una intensa campaña de movilización que culminaría con la ratificación de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, una norma que declaró oficialmente a España como un Reino, mantuvo a Francisco Franco como Jefe del Estado con carácter vitalicio y le otorgó la facultad de designar a su sucesor.




jueves, 18 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy 21 de junio, en 1948 La Línea declaró oficialmente una campaña obligatoria de vacunación antirrábica en 1948

 







La campaña extraordinaria contra la rabia en La Línea de la Concepción (21 de junio de 1948)

El 21 de junio de 1948, la Alcaldía de La Línea de la Concepción publicó un importante edicto sanitario firmado por el alcalde-presidente accidental, Emilio Gómez Montejo, mediante el cual se adoptaban medidas urgentes para combatir un brote de rabia detectado en el término municipal.

El documento constituye un valioso testimonio de las políticas de salud pública desarrolladas en la ciudad durante la posguerra y refleja la preocupación existente ante una enfermedad que, en aquella época, representaba una grave amenaza tanto para los animales como para las personas.

La detección de varios casos de rabia

El edicto comenzaba señalando que los servicios de Ganadería y de Inspección de Sanidad Veterinaria habían comprobado la existencia de diversos casos de:

  • Rabia canina.
  • Rabia felina.

Ante el riesgo de propagación de la enfermedad a la población humana, las autoridades consideraron imprescindible adoptar medidas inmediatas destinadas a erradicar el foco infeccioso.

La resolución se dictó además en cumplimiento de las instrucciones recibidas del Gobernador Civil de la Provincia, siguiendo las disposiciones establecidas en el vigente Reglamento de Epizootias.

Declaración oficial de término infecto

La medida más importante adoptada por el Ayuntamiento fue la declaración oficial de todo el término municipal de La Línea como:

“Término infecto de rabia”

Esta declaración obligaba a aplicar las medidas sanitarias previstas en los artículos 218 al 223 del Reglamento de Epizootias.

La decisión afectaba a la totalidad del municipio y suponía la puesta en marcha de una campaña sanitaria sin precedentes en la ciudad.

Obligación de censar todos los perros

La primera medida establecida consistía en la elaboración de un censo completo de perros existentes en el municipio.

Todos los propietarios disponían de un plazo de quince días para declarar los animales de su propiedad.

Las inscripciones debían realizarse en la Secretaría Municipal, dentro del Negociado de Policía Urbana, donde se expediría el correspondiente certificado de inscripción.

La finalidad era conocer con exactitud el número de perros existentes en la ciudad para organizar adecuadamente la campaña de vacunación.

Vacunación obligatoria

Una vez cerrado el censo y recibidas las dosis necesarias, el Ayuntamiento procedería a vacunar a todos los animales inscritos.

El edicto advertía expresamente que los propietarios debían elegir entre:

  • Someter a sus perros a la vacunación antirrábica.
  • O aceptar el sacrificio obligatorio del animal.

La medida, aunque severa desde una perspectiva actual, respondía a los criterios sanitarios vigentes en la época, cuando la rabia continuaba siendo una enfermedad prácticamente mortal una vez desarrollados sus síntomas.

Medallas identificativas y certificados

Los perros vacunados recibirían una identificación oficial consistente en:

  • Una chapa.
  • O una medalla colocada en el cuello.

Además, sus propietarios obtendrían un certificado acreditativo de la vacunación realizada durante el año 1948.

Tanto la medalla como la documentación debían ser presentadas ante los agentes municipales cuando fueran requeridas.

Control de animales en la vía pública

El Ayuntamiento estableció igualmente medidas estrictas para la circulación de perros por las calles.

Todo animal que transitara por la vía pública debía llevar obligatoriamente:

  • Bozal.
  • Medalla acreditativa de vacunación.

Los perros que incumplieran estas condiciones serían recogidos por los agentes municipales.

Si no eran reclamados en un plazo de tres días serían sacrificados.

Incluso en caso de reclamación, los animales no serían devueltos a sus propietarios hasta haber sido vacunados y abonadas las correspondientes multas y gastos de custodia.

Vigilancia de animales sospechosos

El edicto contemplaba también medidas especiales para los animales que presentaran síntomas compatibles con la rabia.

Estos serían sometidos a observación veterinaria con el fin de determinar la existencia o no de la enfermedad.

La vigilancia sanitaria se convirtió así en una prioridad municipal durante aquellas semanas.

Sanciones para los infractores

El Ayuntamiento advirtió que cualquier incumplimiento de las normas establecidas sería severamente sancionado.

La Alcaldía apeló tanto a las autoridades como a los particulares para colaborar activamente en la aplicación de las medidas acordadas.

La finalidad era evitar que la enfermedad alcanzara dimensiones mayores y proteger la salud pública de toda la población.

La figura de Emilio Gómez Montejo

El documento aparece firmado por Emilio Gómez Montejo, que ejercía entonces como alcalde-presidente accidental de La Línea.

Durante aquellos años la ciudad afrontaba importantes problemas derivados de la posguerra, entre ellos las dificultades sanitarias y el control de enfermedades transmisibles, tanto humanas como animales.

La rápida actuación municipal ante la aparición de casos de rabia demuestra la importancia que las autoridades concedían a la prevención sanitaria.

La rabia en la España de mediados del siglo XX

Aunque hoy la rabia está prácticamente erradicada en España gracias a las campañas sistemáticas de vacunación, durante la primera mitad del siglo XX constituía una enfermedad temida.

La infección podía transmitirse a través de mordeduras y tenía una elevadísima mortalidad una vez aparecían los síntomas clínicos.

Por ello, los ayuntamientos desarrollaban periódicamente campañas extraordinarias como la llevada a cabo en La Línea en junio de 1948.

Tal día como hoy en La Línea

La publicación de este edicto el 21 de junio de 1948 refleja una de las actuaciones sanitarias más importantes emprendidas por el Ayuntamiento de La Línea durante la posguerra. La declaración oficial del municipio como zona infectada de rabia, la elaboración de un censo obligatorio de perros, la vacunación masiva y las estrictas medidas de control adoptadas muestran el esfuerzo realizado por las autoridades para proteger a la población frente a una enfermedad que entonces representaba un serio peligro para la salud pública. El documento constituye hoy un valioso testimonio de la historia sanitaria de la ciudad y de las medidas preventivas que marcaron la vida cotidiana de los linenses en la década de 1940.


Leyendo el Bando en la Plaza de la Iglesia (IA)






¿Sabías que...? Tal día como hoy, 20 de junio, en 1940, La Oficina de Colocación Obrera obligaba a empresarios y trabajadores a gestionar el empleo a través de ella

 









La Oficina de Colocación Obrera de La Línea y el control del empleo en la posguerra (20 de junio de 1940)

El 20 de junio de 1940, apenas un año después del final de la Guerra Civil española, la Oficina de Colocación Obrera de La Línea de la Concepción hizo público un anuncio dirigido tanto a empresarios como a trabajadores de la ciudad. El documento, impreso en los talleres de La Valenciana, reflejaba la nueva organización laboral implantada por el régimen franquista y constituye un valioso testimonio de la forma en que el Estado comenzó a controlar y regular el acceso al trabajo durante los primeros años de la posguerra.

El bando tenía por finalidad dar a conocer, por última vez según indicaba expresamente el texto, diversas disposiciones emanadas del Ministerio de Trabajo, recordando las obligaciones que debían cumplir tanto quienes ofrecían empleo como quienes buscaban un puesto de trabajo.

La Oficina de Colocación estaba situada en el número 12 de la calle Doctor Villar y se convertía, desde ese momento, en el organismo obligatorio de intermediación laboral dentro del municipio. Ningún empresario podía contratar libremente a un trabajador sin comunicar previamente sus necesidades a dicha dependencia.

El anuncio comenzaba dirigiéndose a los empresarios. Se les recordaba que estaban obligados de manera inexcusable a solicitar en la Oficina de Colocación todo el personal que necesitaran para sus industrias, comercios o actividades laborales. Además, debían informar de las vacantes existentes y devolver inmediatamente las tarjetas de presentación que les entregaban los solicitantes de empleo. En dichas tarjetas debían hacer constar si el trabajador había sido admitido o rechazado, indicando en el primer caso las condiciones de contratación y, en el segundo, las razones concretas de la negativa.

Esta obligación permitía a las autoridades mantener un control exhaustivo sobre los movimientos de mano de obra, conocer qué trabajadores encontraban empleo y cuáles permanecían desempleados, así como supervisar las contrataciones realizadas en el municipio.

El anuncio se dirigía igualmente a los trabajadores. Todos aquellos que buscasen empleo debían solicitar previamente el correspondiente carnet de trabajo, cumplimentando los formularios facilitados por la Oficina. Una vez obtenían colocación, estaban obligados a presentarse nuevamente en la dependencia municipal para comunicar su contratación y entregar dicho carnet.

El documento explicaba que el carnet quedaría archivado en la Oficina y que, a cambio, el trabajador recibiría una ficha acreditativa de su colocación, la cual debía entregar al empresario que lo contrataba. De esta forma, tanto la contratación como la situación laboral de cada obrero quedaban registradas oficialmente.

La última parte del anuncio advertía de las consecuencias derivadas del incumplimiento de estas normas. Las sanciones afectaban tanto a empresarios como a trabajadores.

Los empresarios que contratasen obreros sin haber seguido el procedimiento establecido podían ser sancionados con multas comprendidas entre 50 y 500 pesetas por cada trabajador contratado irregularmente, cantidades que en la España de 1940 suponían importes muy elevados.

Por su parte, los trabajadores que ignorasen la normativa se exponían a importantes perjuicios administrativos. Sus expedientes y carnets pasarían a ocupar los últimos lugares en las listas de colocación, reduciendo considerablemente sus posibilidades de obtener nuevos empleos. Además, podían imponérseles sanciones económicas complementarias si las autoridades lo consideraban oportuno.

Este documento pone de manifiesto el profundo control ejercido por el Estado franquista sobre el mercado laboral durante los primeros años de la posguerra. Las Oficinas de Colocación Obrera no eran simples bolsas de trabajo, sino instrumentos administrativos destinados a centralizar la contratación, supervisar los movimientos de trabajadores y garantizar que toda relación laboral quedara sometida a la vigilancia de las autoridades.

En una ciudad como La Línea de la Concepción, donde las consecuencias económicas de la guerra se sumaban a los problemas estructurales de desempleo y dependencia económica del entorno gibraltareño, la existencia de estos mecanismos de control tuvo una especial relevancia. Para muchos vecinos, encontrar trabajo pasaba obligatoriamente por inscribirse en estas oficinas y cumplir estrictamente los procedimientos establecidos por la administración.

Tal día como hoy en La Línea

En junio de 1940, La Línea comenzaba a adaptarse a la nueva realidad política y social de la posguerra. La implantación de la Oficina de Colocación Obrera formaba parte de un amplio proceso de reorganización administrativa impulsado por el régimen franquista, que afectó a todos los ámbitos de la vida cotidiana. El acceso al empleo quedó sometido a una estricta regulación burocrática, convirtiendo a estas oficinas en una pieza esencial del sistema laboral de la época y en uno de los principales puntos de contacto entre la población trabajadora y la administración estatal.

Colocando el Bando en los Jardines Saccone (IA)



Transcripción del anuncio

OFICINA DE COLOCACIÓN OBRERA

DE

LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN

ANUNCIO

Para conocimiento de empresarios y trabajadores de esta Ciudad, se hacen públicas por última vez las siguientes disposiciones del Ministerio de Trabajo.

A LOS EMPRESARIOS

Están inexcusablemente obligados a solicitar de esta Oficina (Dr. Villar núm. 12) todo el personal que necesiten para sus industrias o trabajos, dando cuenta de los puestos vacantes que tengan, así como a devolver inmediatamente la tarjeta que, al hacer la petición de obreros, le presentan estos, haciendo constar en ella si han sido o no admitidos, expresando en caso afirmativo en qué condiciones, y en caso negativo las causas o motivos de la no admisión.

A LOS TRABAJADORES

Están obligados igualmente a solicitar de esta oficina el carnet de trabajo, rellenando al efecto el impreso que en la misma se le facilita, y una vez que han sido colocados tienen la obligación de personarse inmediatamente en esta dependencia para dar cuenta y entregar el carnet, el cual quedará archivado, recibiendo en su lugar la ficha de colocado, que entregará al empresario.

A EMPRESARIOS Y TRABAJADORES

La falta de cumplimiento de estas obligaciones por ambas partes dará lugar a la imposición de sanciones por la Autoridad competente de acuerdo con lo establecido en la legislación vigente, pudiendo incurrir los primeros en multas de 50 a 500 pesetas por cada obrero que tengan colocados sin haber pasado por dicha Oficina; y los trabajadores sufrirán el perjuicio consiguiente al quedar su ficha y carnet en último lugar para obtener nueva colocación, sin perjuicio de la sanción pecuniaria que se estime pertinente imponerles.

La Línea de la Concepción, a 20 de junio de 1940.

El Jefe de la Oficina de Colocación

Imp. «La Valenciana» – La Línea.




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 30 de junio, en 1958: La Alcaldía pidió embellecer la ciudad y mantener dos días festivos durante la Velada

 










El llamamiento del alcalde Alfonso Cruz Herrera para embellecer La Línea durante la Velada de 1958 (30 de junio de 1958)

A finales de junio de 1958, cuando la ciudad se preparaba para celebrar una nueva edición de la Velada y Fiestas de La Línea de la Concepción, el alcalde Alfonso Cruz Herrera dirigió un llamamiento público a la población mediante un bando municipal que reflejaba la importancia que las autoridades concedían a la imagen urbana y al desarrollo de unas fiestas que constituían el principal acontecimiento social del año.

El documento, fechado el 30 de junio de 1958, fue difundido desde la Alcaldía con el encabezamiento “Al Pueblo”, una fórmula habitual en los bandos municipales de la época. En él se recordaba la inminente llegada de la semana de Feria, período durante el cual la ciudad recibía la visita de numerosos forasteros procedentes de distintas localidades de la comarca y de otros puntos de Andalucía.

Una ciudad preparada para recibir a los visitantes

La Corporación Municipal era plenamente consciente de la repercusión que la Velada tenía sobre la imagen exterior de La Línea. Durante aquellos días la población experimentaba una intensa actividad comercial y festiva, convirtiéndose en centro de atracción para miles de personas que acudían a disfrutar de las celebraciones.

Por este motivo, el alcalde solicitaba la colaboración de todos los vecinos para que acelerasen los trabajos de limpieza, conservación y embellecimiento de las fachadas de viviendas y establecimientos.

La finalidad era ofrecer a quienes visitaban la ciudad una imagen cuidada y agradable, acorde con la importancia que la feria había alcanzado dentro del calendario festivo de la provincia.

El texto expresaba claramente ese propósito al señalar que era necesario mostrar a los visitantes una población “digna y atractiva”, capaz de reflejar el progreso y la buena imagen de la ciudad.

Aquella preocupación por el aspecto urbano no era una cuestión menor. Desde décadas atrás, las autoridades municipales consideraban que la presentación exterior de calles, plazas y edificios formaba parte esencial del éxito de las fiestas. El encalado de fachadas, la limpieza de las vías públicas y la ornamentación de determinados espacios constituían tareas habituales en las semanas previas a la Velada.

Los tradicionales días de descanso de las clases productoras

El bando también hacía referencia a una costumbre profundamente arraigada en la sociedad linense.

Desde hacía muchos años se venían reservando durante la feria dos jornadas especialmente dedicadas al descanso y disfrute de las llamadas “clases productoras”, es decir, los trabajadores y empleados de los distintos sectores económicos de la ciudad.

La Alcaldía recordaba que tradicionalmente esos días eran:

  • El segundo día de Velada, correspondiente al 14 de julio de 1958.
  • El 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, una de las celebraciones religiosas más importantes del calendario local.

El Ayuntamiento solicitaba expresamente la colaboración del comercio, la industria y las distintas entidades de la ciudad para que continuaran respetando aquella tradición y concedieran jornada festiva a sus trabajadores.

La petición no tenía carácter obligatorio, sino que se formulaba como un ruego institucional destinado a favorecer la participación popular en las fiestas.

Según indicaba el alcalde, la concesión de esos días de asueto permitiría que los trabajadores disfrutaran de los festejos y contribuiría al mismo tiempo a incrementar la animación general de la feria.

La Virgen del Carmen y la identidad marinera de La Línea

La inclusión del 16 de julio como jornada festiva tenía una especial significación para la ciudad.

La festividad de la Virgen del Carmen ocupaba un lugar destacado dentro de las tradiciones religiosas del municipio. La estrecha relación histórica de La Línea con el mar, la pesca y las actividades marítimas había convertido la devoción carmelita en una de las manifestaciones religiosas más populares entre los vecinos.

Por ello, la celebración de la feria coincidía habitualmente con los actos organizados en honor de la patrona de los marineros, generando una intensa actividad festiva y religiosa que reforzaba el ambiente de aquellos días.

La Velada como motor económico y social

El documento pone de manifiesto la enorme importancia que la Velada tenía para la economía local.

La llegada de visitantes suponía un notable incremento de la actividad comercial. Cafés, bares, restaurantes, comercios, establecimientos hoteleros y numerosos negocios veían aumentar considerablemente su clientela durante la semana festiva.

Las autoridades eran conscientes de que el éxito de la feria dependía en gran medida de la implicación de toda la ciudad.

Por ello, el llamamiento del alcalde no se limitaba al embellecimiento de fachadas o a la concesión de jornadas de descanso. En realidad, constituía una invitación colectiva para que toda la población participara activamente en la preparación de unas fiestas que eran consideradas patrimonio común de los linenses.

La Alcaldía de Alfonso Cruz Herrera

El bando fue firmado por Alfonso Cruz Herrera, alcalde de La Línea durante una etapa marcada por importantes actuaciones urbanísticas y por el esfuerzo de las autoridades municipales para modernizar la imagen de la ciudad.

Durante aquellos años la feria continuó consolidándose como uno de los principales acontecimientos festivos del Campo de Gibraltar, manteniendo tradiciones heredadas de décadas anteriores y adaptándose al mismo tiempo a las nuevas necesidades de una población en constante crecimiento.

La preocupación por el ornato urbano reflejada en este documento encajaba plenamente dentro de la política municipal desarrollada durante la década de 1950, orientada a mejorar la apariencia y los servicios de la ciudad.

Tal día como hoy en La Línea

El 30 de junio de 1958, cuando faltaban apenas unos días para el inicio de la Velada, la Alcaldía dirigía un mensaje a todos los vecinos solicitando su colaboración para presentar una ciudad limpia, cuidada y acogedora ante los miles de visitantes que llegarían durante la feria. Al mismo tiempo, se recordaba una tradición muy apreciada por los trabajadores linenses: la concesión de dos jornadas festivas, el segundo día de Velada y el día de la Virgen del Carmen, como reconocimiento al papel de las clases productoras en la vida económica y social de la ciudad. A través de este sencillo bando municipal puede apreciarse cómo la feria no era únicamente una celebración popular, sino también un elemento fundamental de identidad colectiva y de proyección pública para La Línea de la Concepción.


Leyendo el Bando en la calle Granada (IA)




Transcripción del bando

ALCALDÍA DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN

AL PUEBLO:

Próximos los días en que ha de celebrarse nuestra semana de Feria, durante la cual es visitada la población por gran número de forasteros, que realzan y animan las calles con su presencia, hace que esta Alcaldía se dirija al vecindario reiterándole sus deseos de que apresuren los trabajos de ornato y embellecimiento de las fachadas de los edificios, para poder mostrar a los que nos visitan una población digna y atractiva.

Al mismo tiempo, se recuerda que tradicionalmente se han venido celebrando en esta fecha dos días dedicados al descanso de las clases productoras, EL SEGUNDO DE VELADA Y EL 16, DÍA DE LA VIRGEN DEL CARMEN, por lo que no duda esta Alcaldía en rogar al Comercio, Industria y Entidades que en el presente año sigan considerando los expresados días, 14 y 16 de julio, como de fiesta y asueto al personal dependiente de dichas actividades, otorgándoles ese beneficio, y contribuyendo a la animación de nuestros festejos.

Así lo espera confiado.

EL ALCALDE,

ALFONSO CRUZ HERRERA

La Línea de la Concepción, 30 de junio de 1958.

Imprenta Cañamero. La Línea.




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 20 de junio, en 1925: La Línea se preparaba para recibir a Miguel Primo de Rivera en la ceremonia de entrega de la bandera del Somatén

 











La bendición de la bandera del Somatén en La Línea de la Concepción (20 de junio de 1925)

El 20 de junio de 1925 se hizo público en La Línea de la Concepción un llamamiento dirigido a los miembros del Somatén y al conjunto de la población para participar en una solemne ceremonia que debía celebrarse con motivo de la bendición y entrega de la bandera del Cuerpo de Somatenes Armados de la Segunda Región. El documento, firmado por José García Carrillo, presidente-jefe del Somatén local, constituye un interesante testimonio de la vida política y social de la ciudad durante los años de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera.

El bando anunciaba la próxima visita a la ciudad del general Miguel Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar, cuya presencia había sido confirmada para presidir los actos previstos. La llegada del jefe del Gobierno se presentaba como un acontecimiento de gran relevancia para la localidad, que debía servir para realzar la ceremonia de entrega de la enseña del Somatén y, al mismo tiempo, dar visibilidad a las necesidades y aspiraciones de la población linense.

La convocatoria invitaba a todos los integrantes del Somatén a acudir al Paseo de la Velada a las once de la mañana, donde tendría lugar el acto principal. El texto insistía en la importancia de lograr una amplia participación popular para conferir el debido esplendor a una ceremonia considerada de gran trascendencia patriótica y cívica. También se hacía un llamamiento a la ciudadanía para demostrar públicamente su adhesión y entusiasmo durante la visita del dictador.

Un aspecto especialmente destacado era el reconocimiento otorgado a las mujeres de la ciudad. El documento señalaba expresamente que las señoras y señoritas de La Línea serían homenajeadas durante el acto por haber sufragado y confeccionado la bandera que iba a ser entregada al Somatén. Según se indicaba, habían participado directamente en la elaboración de la enseña mediante trabajos de bordado y ornamentación, circunstancia que se presentaba como una muestra de patriotismo y compromiso con la institución.

La ceremonia prevista incluía la instalación de un altar en el Paseo de la Velada presidido por la imagen de Nuestra Señora de Montserrat, patrona tradicional de los Somatenes españoles. Tras la bendición de la bandera tendría lugar una procesión que conduciría la imagen hasta la parroquia local, mientras se proyectaba la construcción de una capilla en el antiguo cementerio de la ciudad destinada a albergar su culto.

El programa contemplaba igualmente el traslado ceremonial de la bandera hasta el edificio del Ayuntamiento, donde quedaría depositada en una vitrina especialmente construida para su conservación y exhibición. Con ello se pretendía otorgar a la enseña un carácter representativo y permanente dentro de la vida institucional de la localidad.

La directiva del Somatén local aprovechó además la ocasión para recordar a todos sus afiliados la obligación de asistir uniformados y portando sus distintivos reglamentarios y armamento largo. Se indicaba que durante los días previos podrían recibir instrucciones en el domicilio del presidente de la institución, situado en la calle Real, frente al Teatro Cómico.

El texto concluía con una serie de vivas dirigidos a España, al Rey, a la mujer linense, a Miguel Primo de Rivera y al propio Somatén, reflejando claramente el lenguaje patriótico y la retórica oficial característica de la época.

El Somatén durante la Dictadura de Primo de Rivera

Para comprender el significado de esta ceremonia resulta necesario situarla en el contexto político de 1925. El Somatén era entonces una organización armada de carácter civil que actuaba como auxiliar de las fuerzas de orden público. Aunque su origen se encontraba en Cataluña, donde existía desde siglos atrás, fue extendido al conjunto de España por la Dictadura de Primo de Rivera tras el golpe de Estado de 1923.

La institución estaba integrada por hombres considerados de reconocida respetabilidad social y fidelidad al régimen. Su misión consistía en colaborar con las autoridades en la vigilancia del orden público, la protección de propiedades rurales y la prevención de disturbios. En la práctica, se convirtió en uno de los instrumentos utilizados por la Dictadura para reforzar el control político y social en todo el país.

En Andalucía, donde predominaban las grandes explotaciones agrícolas y las tensiones derivadas de la cuestión agraria, el Somatén adquirió un significado especial. Su implantación estuvo estrechamente vinculada a los intereses de los grandes propietarios y de las élites locales, que participaron activamente en su organización y financiación. Aunque oficialmente se presentaba como una institución de carácter patriótico y ciudadano, desempeñó también funciones relacionadas con la vigilancia del movimiento obrero y la prevención de conflictos sociales.

La ceremonia celebrada en La Línea en junio de 1925 constituye un ejemplo de la importancia simbólica que el régimen concedía a estas organizaciones. La entrega de banderas, las bendiciones religiosas, los desfiles y las visitas oficiales formaban parte de una estrategia destinada a reforzar la presencia del Estado y a fomentar la adhesión pública a los valores defendidos por la Dictadura.

Un reflejo de la vida política y social de la ciudad

El documento conservado permite observar cómo la vida pública de La Línea de la Concepción se encontraba estrechamente conectada con los acontecimientos políticos nacionales. La visita de Miguel Primo de Rivera, la movilización del Somatén local, la participación de las autoridades municipales y el protagonismo otorgado a las asociaciones ciudadanas muestran la relevancia que la ciudad había alcanzado dentro del Campo de Gibraltar durante aquellos años.

Al mismo tiempo, el bando refleja la estrecha relación existente entre los elementos militares, religiosos y civiles que caracterizaron buena parte de la vida pública española durante la década de 1920. La combinación de ceremonia patriótica, acto religioso y exhibición institucional convirtió la bendición de la bandera del Somatén en uno de los acontecimientos públicos más significativos celebrados en La Línea durante el periodo de la Dictadura de Primo de Rivera.

Tal día como hoy en La Línea

El 20 de junio de 1925, La Línea se preparaba para recibir a una de las figuras políticas más influyentes de la España de la época. La ciudad se convirtió en escenario de una gran ceremonia cívico-militar destinada a exaltar el papel del Somatén y a reforzar la presencia institucional del régimen dictatorial. La participación de las autoridades, la implicación de las mujeres en la confección de la bandera y la organización de actos religiosos y patrióticos muestran una sociedad profundamente marcada por los valores políticos y sociales de aquellos años. El bando constituye hoy un valioso testimonio documental que permite comprender mejor la vida pública linense durante la década de 1920 y la importancia que alcanzaron las ceremonias oficiales en el contexto de la Dictadura de Primo de Rivera.

Leyendo el Bando en la Plaza de Fariñas (IA)




Transcripción del documento

A LOS SOMATENES

Y AL

PUEBLO HONRADO Y ECUÁNIME DE LA LÍNEA

El prestigioso General. Presidente del Directorio Militar Excmo. Señor Don Miguel Primo de Rivera que lleva a la Patria por los senderos de la salvación, tiene anunciada su presencia para el día 22 del corriente en La Línea con motivo de la bendición y entrega de la Bandera de la Benemérita Institución CUERPO DE SOMATENES ARMADOS DE LA 2.ª REGIÓN. Esperamos confiadamente que los Somatenes como un solo hombre acudirán al Paseo de la Velada el citado día a las ONCE de la mañana para dar al acto la brillantez que requiere tan solemne ceremonia y el pueblo linense tantas veces inculpado sabrá aquel día con su presencia y entusiasmo dar un mentís solemne a los que sostienen y propalan semejante leyenda, y es por la Institución causa principal por la que acude a La Línea el ilustre caudillo de África con motivo de la entrega de su Bandera para con su presencia dar realce a la Ceremonia y de paso enterarse de las principales necesidades de este virtuoso y laborioso pueblo que tanto sufre en silencio y que ya es hora de que se le dé la debida reparación y se le haga justicia.

Las señoras y damitas de La Línea honrarán con su presencia el acto por ser ellas las únicas donantes de la Bandera que a su sagrada representación une el haberla costeado y posado sus lindas manos en tan acabada obra de arte y filigrana.

El acto se ha de limitar a en el citado lugar del Paseo de la Velada, colocar un altar con la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Montserrat, Patrona venerada de los Somatenes de España, hacer la entrega y bendición de la sagrada enseña y conducir la Imagen procesionalmente a nuestra Parroquia hasta tanto se construya y termine la Capilla que en el Sagrado recinto del antiguo Cementerio hay el proyecto de erigir.

La Bandera también será conducida desde la Iglesia con toda ceremonia y en corporación al Palacio del Excmo. Ayuntamiento donde quedará depositada en soberbia vitrina que se hace especialmente.

Una vez más espera esta Directiva del Somaten Local, de la cultura de este pueblo el realce debido a tan emocionante ceremonia.

Es de rigor asistir los Somatenes con todos sus distintivos y armamento largo que facilitará para ese día el Presidente de la Institución, quien cita por la presente hoja a todos los afiliados a que durante esta semana pasen por su domicilio sito en calle Real, frente al Teatro Cómico, de 8 de la noche en adelante, para recibir instrucciones.

Linenses; ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la mujer Linense! ¡Viva el General Primo de Rivera y su Directorio! ¡Viva La Línea y su Somaten!

El Presidente-Jefe
Dr. José García Carrillo

La Línea, 20 de Junio de 1925.

(Sello: Cuerpo de Somatenes Armados de la 2.ª Región – La Línea)

Imp. La Valenciana. La Línea.




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