Mostrando entradas con la etiqueta Aduana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aduana. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de mayo de 2026

Sabías Que… Tal día como hoy, 30 de mayo, en 1895, El Correo Militar advertía que las medidas contra el contrabando podían beneficiar a Gibraltar

 









Los Carabineros y el contrabando en La Línea según El Correo Militar (30 de mayo de 1895)

En la parte final del artículo publicado por El Correo Militar bajo el título «Carabineros», el periódico reproducía fragmentos de una carta remitida desde Algeciras en la que se analizaba la situación del contrabando en el Campo de Gibraltar y, especialmente, en La Línea de la Concepción. El texto respondía a las iniciativas promovidas por el diputado Sr. Ojeda, quien había defendido medidas destinadas a combatir el fraude aduanero y aumentar la recaudación fiscal.

El autor de la carta sostenía que existía una idea equivocada acerca del origen del contrabando. Según explicaba, en La Línea no eran únicamente los empleados y funcionarios quienes podían ser considerados responsables del fenómeno, sino que participaban en él numerosos sectores relacionados directa o indirectamente con el tráfico comercial de la zona. Argumentaba que los grandes fraudes descubiertos en años anteriores habían obligado al Estado a revisar sus mecanismos de control, aunque consideraba que las medidas adoptadas no habían producido los resultados esperados.

Uno de los puntos más destacados del artículo era la referencia a la Aduana de La Línea. El autor afirmaba que las disposiciones impulsadas por el diputado habían terminado perjudicando a la propia actividad económica local al reducir la importancia administrativa y comercial de la aduana linense. A su juicio, estas decisiones habían favorecido indirectamente a Gibraltar, ya que muchas operaciones mercantiles que antes se realizaban en territorio español pasaban a efectuarse en la colonia británica.

La carta incidía especialmente en las consecuencias económicas de esta situación. Señalaba que mientras Gibraltar continuaba desarrollando una intensa actividad comercial, las poblaciones españolas del entorno sufrían una disminución de ingresos y oportunidades económicas. Según el autor, cuanto más se debilitaban las infraestructuras comerciales españolas, mayor era la ventaja obtenida por el Peñón, cuyos comerciantes podían ofrecer productos y servicios en condiciones más competitivas.

Otro aspecto relevante era la crítica a la política aduanera aplicada en aquellos años. El articulista defendía que el problema no podía atribuirse exclusivamente a la actuación de los carabineros o de determinados funcionarios, sino que obedecía a causas más amplias relacionadas con la organización del comercio fronterizo. Consideraba que las reformas emprendidas habían sido insuficientes para erradicar el fraude y que, además, habían provocado efectos negativos sobre la economía local.

El texto constituye un interesante testimonio de finales del siglo XIX sobre la permanente preocupación que generaba el contrabando en el Campo de Gibraltar. También refleja el debate existente entre quienes defendían un endurecimiento de los controles aduaneros y quienes temían que determinadas medidas perjudicaran al comercio legítimo de La Línea de la Concepción, favoreciendo indirectamente la actividad económica de Gibraltar.

Datos destacados del artículo

  • Periódico: El Correo Militar.
  • Fecha: 30 de mayo de 1895.
  • Tema principal: Contrabando y actividad aduanera en La Línea.
  • Personaje citado: Diputado Sr. Ojeda.
  • Institución mencionada: Aduana de La Línea.
  • Ámbito geográfico: La Línea de la Concepción, Algeciras y Gibraltar.
  • Idea central: Las medidas contra el contrabando podían estar debilitando el comercio local y beneficiando indirectamente a Gibraltar.
  • Interés histórico: Refleja las tensiones económicas y comerciales existentes en la frontera hispano-gibraltareña a finales del siglo XIX.



Transcripción Literal del artículo:

CARABINEROS

En nuestro deseo de hacer luz sobre puntos que lo merecen, copiamos los siguientes párrafos de una carta fechada en Algeciras y que nos dirige un amigo, y la cual no viene destinada a la publicidad, por cuya razón omitimos insertarla íntegra.

Dicen así los aludidos párrafos:

«Con propósitos laudables de proteger al país que le da representación, pero a mi juicio sin gran perspicacia puesto que los efectos son perjudiciales al fin perseguido, el Sr. Ojeda, diputado por aquí, queriendo demostrar que si el contrabando ha existido en La Línea únicamente tienen la culpa los empleados, y por lo tanto, es injusto hacer sufrir a la población las irregularidades de aquéllos, sacó a relucir grandes fraudes habidos en el año de 1892 (y que efectivamente parece ser ciertos) para llevar a los tribunales a unos cuantos de sus electores; que se trataron en el negocio, toda vez que en esos asuntos forzosamente han de participar los empleados y el público.

Como es natural, si el Gobierno tenía pensado levantar las restricciones impuestas por el Real decreto de 23 de Octubre último, al comprobarse las introducciones fraudulentas que impulsaron tales medidas, procurará hacer otro decreto a la Aduana de La Línea, anulando su ya limitada habilitación, de no hacerla desaparecer dejándola sólo un postigo militar, cual desean los que patriotas quieren reducir a la impotencia ese Peñón extranjero que de nuestras miserias vive; y tanto más se decidirá a ello, cuanto los resultados le prueban, que hoy, sin más Aduana que la de Algeciras y limitándose las operaciones comerciales al campo de Gibraltar, tienen las rentas iguales o superiores valores a cuando estaba también habilitada La Línea para la importación y salida de géneros coloniales á media España.

Claro es que estos efectos no son debidos exclusivamente al decreto citado, y muy mucho á la moralidad de la administración, y sobre todo de esos pobres carabineros, caballeros blancos para escarnecerles cuando faltan y omitir su existencia, sino ahora están demostrando que son los únicos capaces de reprimir el contrabando, puesto que hasta tanto ellos han hecho empeño nadie pudo cerrar la importación ilegal; pero, de todos modos, es mal camino para volver á situaciones aduaneras pasadas el evidenciar los dañados frutos que produjeron.»

«Con gran sorpresa, por tratarse de un periódico tan serio como El Imparcial, se publicó que estaba haciendo un gran contrabando de reses vacunas, sin que nadie de este rincón se hubiera enterado. Tiene gracia la cosa, si no se manchase el concepto que goza actualmente el cuerpo y el personal de prácticas de La Línea, que hoy reconocen hasta los periódicos más acérrimos defensores de los intereses locales.

Al conocerse lo telegrafiado por el corresponsal en Málaga de aquel periódico, solicité el jefe de esta comandancia, del comandante general, se llevase á los tribunales al autor, haciéndose antes una información previa, de la cual aparece completamente probado lo calumnioso de la denuncia, que está hoy públicamente á negocio de los abastecedores de Málaga, queriendo inutilizar un tercero que, prescindiendo de los intereses que se introducen por La Línea, sabiendo que la Aduana no se halla habilitada para ganado, y desconociendo la legislación, supusieron en seguida que entraba muchas reses de matute.

Si se hubieran tomado la molestia de estudiar las ordenanzas de Aduanas, hubieran sabido que autorizadas para el pastaje temporal, mediante el depósito de derecho de importación y un recargo de un 4 por 100 que se pierden al no reimportarse en el plazo señalado, resulta legalmente obtenida la introducción y hecho el adeudo para las rentas con volver al punto de entrada; práctica seguida por muchos, de la cual tiene conocimiento oficial la dirección de Aduanas.

Creo que son unas dos cabezas las importadas así desde Octubre último y cuyos derechos se han cobrado, faltando sólo 75 reses, que por no haber transcurrido el plazo, existe el depósito, y de todo lo cual hay comprobación exacta entre los datos de la Aduana y el Ayuntamiento de La Línea, quien es el llamado a dar lugar las guías de tránsito que nada tienen que ver con la acción del fisco.

De estas ligerezas se repiten muchas, ocasionando serios disgustos.»




domingo, 28 de julio de 2019

Sabías Que ... el 28 de julio de 1855 el Gobierno de SM Isabel II elimina las restricciones para Gibraltar















Y para ello el Secretario Colonial por mandato del Gobernador, emite una carta la cual es publicada en el Gibraltar Chronicle del 9 de agosto de 1855, que dice así:

                                     GIBRALTAR 9 DE AGOSTO 1855.

El Gobernador tiene la mayor satisfacción en poder anunciar a la Guarnición y Vecindario de esta Fortaleza, que el Gobierno de Su Majestad Católica ha quitado definitivamente las últimas restricciones locales sobre las provisiones que para el Mercado entren de España en la Guarnición.

El Real Decreto del 29 de Julio 1851 queda de este modo libre de toda perjudicial intervención Municipal, y en libertad de obrar las humanas y beneficiosas miras para que fue decretado.

Aquel Decreto, sin embargo, faltaba ser perfeccionado con la abrogación de la contribución personal, efectuada ahora por el actual Gobierno de Su Majestad Católica, en un segundo Real Decreto, de semejante carácter, con fecha de 28 de Julio de 1855.

Combinados estos Decretos, estipulan recíprocamente los medios de facilitar el abasto de las necesidades de la Fortaleza que se derivan de España, y las que el Distrito contiguo deriva de Gibraltar.

En ocasiones anteriores ha tenido el Gobernador que reconocer los beneficios concedidos por la Soberana y el Gobierno de España a la Guarnición y Vecindario de Gibraltar. En otras ocasiones ha tenido que reconocer la ardiente celosa asistencia y alto influjo del Representante de Su Majestad, el Lord Howden, y de Mr. Otway, Encargado de Negocios de Su Majestad en la Corte de Madrid, en promover cuanto pudiera internacionalmente mejorar los intereses comunes de los súbditos de Su Majestad Católica y los de los de la Reina de Inglaterra; pero nunca jamás ha experimentada (hablando con sinceridad individual y pública gratitud) mas vivo placer en el fondo de su corazón sino en los beneficios internacionales que está penetrado deben resultar de los unidos Reales Decretos del 29 Julio 1851 y del 28 de Julio 1855; ellos enriquecerán a los laboriosos labriegos del vecino Distrito, al paso que aumentarán las comodidades y los medios de sanidad de esta Guarnición y Vecindario, y deben quedar archivados como un Recuerdo para realzar el carácter de España, tan seguramente como la Legislativa Sabiduría y Benevolencia vinculan las Bendiciones Supremas sobre los Gobiernos humanos.

Por mandato,
Jorge Adderley, Secretario Colonial


Documento cedido por Juan Manuel Ballesta Gómez

jueves, 18 de julio de 2019

Sabías Que ... en Julio de 1915 existía un impuesto de media peseta a los Coches que entraban de Gibraltar












La Prensa de Gibraltar se ocupaba de la defensa del gremio de cocheros de aquella plaza, contra el arbitrio establecido por el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, para los coches de Gibraltar de media peseta cada vez que entraban a la población, no siendo días de corrida de toros, en cuyo caso el arbitrio era de una peseta.

Como el Gobernador de Gibraltar tenía concedida 50 licencias a coches españoles para que pudieran prestar servicio a la plaza inglesa, el gremio de cocheros de Gibraltar pidió al Gobernador que, como represalia, aumentara el impuesto para los carruajes españoles en igual cantidad que el arbitrio establecido en La Línea.

La Prensa Calpense pidió que se procediera con moderación para solucionar el incidente alejando antagonismos, por los que pudiera considerarse perturbada la buena relación que existe entre ambos pueblos.

Publicado en La Correspondencia de España  diario universal de noticias Año LXVI Número 20976 - 1915 julio 18

martes, 2 de julio de 2019

Sabías Que ... en julio de 1884 fueron expulsado 7.000 trabajadores españoles de Gibraltar en represalia, por el Cordón Sanitario en La Línea
















Fue de no pocos comentarios la determinación adoptada por el Gobernador Genera de Gibraltar contra millares de españoles que vivían o trabajaban accidentalmente en aquella plaza.

Era probable que la medida estuviera ajustada a derecho, y que por lo tanto no hubiera nada que reclamar en este concepto. Pero desde luego se veía que obedecía a un espíritu poco conforme con las tradiciones de hospitalidad del pueblo inglés y que era una cruel respuesta a las disposiciones sanitarias de las autoridades españolas a las procedencias llegadas a Gibraltar.

Parecía, además, que la expulsión se llevó a cabo en forma demasiadamente dura pues tratándose de arrojar de una plaza a 7.000 personas que representaban el 40 o 50 por 100 de la población, los principios mas elementales de buena vecindad aconsejaban dar avisos y señalar plazos que hubieran hecho menos sensibles las consecuencias de lo mandado por aquel Gobernador.

"Puestos en el camino de las represalias, tal vez no fuéramos nosotros los que peor librasen si nos hubiéramos cortado los infinitos abusos que se toleraban desde hacía muchos años, abusos a que debe Gibraltar su desarrollo y su movimiento mercantil, como a la naturaleza y al arte de los ingenieros ingleses en su poderío militar. "

No se aconsejó al Gobierno que aceptara esa lucha y que hiciera valer los derechos que nos asistían. Lo único que se pedía es que viera el modo de amparar a los infelices expulsados de Gibraltar que vagaban por la Línea y su campo, con lo cual se evitaba un peligro para el orden y para la salud pública, además de haber una obra humanitaria y justa.

Por su parte Gibraltar daba explicaciones al hecho en una carta a la prensa española:

“Muy señor mío: Casi iodos los periódicos de la corte han dado la noticia da que el gobierno inglés había expulsado de Gibraltar a todos los españoles, entre ellos 7.000 trabajadores.

Cada uno ha comentado a su modo la noticia, que es del todo inexacta.

En primer lugar los trabajadores españoles que había en Gibraltar no llegaban a 2.000, incluyendo albañiles, carpinteros, pintores, cargadores de carbón, etcétera etc.; de modo que, por lo pronto, la cifra de los llamados expulsados resulta algo exagerada. En segundo lugar, todos los españoles que tenían licencia para residir en Gibraltar han quedado.

Lo que si ha sucedido y no debe confundirse ni exagerado los hechos, es que los trabajadores, como todos los extranjeros, para entrar en Gibraltar y creo que ocurre los mismo en Ceuta, necesitan un tiquete, que así se llama, el cual les es facilitado por la policía.

Naturalmente, al establecerse el cordón, ya no podían entrar esos trabajadores en Gibraltar y como no podían entrar, menos podían residir en dicha plaza, puesto que no tenían licencia para ello.

Claro es que el gobierno inglés no iba a proporcionar hospedaje a esos 2.000 trabajadores pues Gibraltar no es tan grande para poder contener además de su guarnición y sus habitantes, 2.000 hombres más, y ser ese hacinamiento causa quizás del desarrollo de alguna enfermedad. Cree que en igualdad de circunstancias hubiéramos hecho lo mismo.

No pudiendo, pues, los trabajadores permanecer en Gibraltar, se vinieron a España; pero no porque fueran expulsados, sino porque la ley no les permitía residir en dicha plaza."

Seguía comentando la prensa al respecto:

Hasta el año 1868 estaba completamente prohibido construir ni reparar edificio alguno en La Línea; desde 1868 acá, cada uno se permitió edificar donde quiso y como quiso, siendo los dueños de fincas, en su mayoría inmensa, hijos de Gibraltar. Así se formó este pueblo de la Línea, llamándose independiente de San Roque, si mal no recordamos, el año 1870. ¿Si hubiera estado vigente la ley que rigió hasta el año 1868, tendríamos hoy que lamentar la calamidad existente? Seguramente que no; porque entonces no hubiera venido a habitar en esta tanto trabajador ni tanta otro que no lo es.

Por tanto, píense y medite un poquito el Gobierno y tome algunas medidas, con objeto que no vuelvan a repetirse las calamidades que hoy todos lamentamos.

Levante el Gobierno una barrera que nos separe por completo de ese pedazo de nuestra nación, que se llama Gibraltar, aíslelo y prohíba terminantemente la importación y exportación; establezca en Cádiz depósitos flotantes de carbón; inhabilite la Aduana de la Línea, pues este pueblo no tiene razón de ser y vuelva a su estado primitivo, y es cada uno procurará volver al pueblo de donde vino. Preocúpese alguna vez el Gobierno, que haga menos política y se ocupe más del bien y conveniencia de los pueblos, y ese Gobierno merecerá e1 aplauso de todos los españoles.”


En la sesión que celebró el 24 de Julio la Cámara de los Comunes, le preguntó Mr. Wodehouse, si era cierto, como se había preguntado en el Senado español, que las autoridades de Gibraltar habían prohibido la entrada en la población a 5000 españoles, en represalias de las medidas Contra el cólera que el Gobierno de España había tomado.

El interpelado Mr. Ashley, contestó:

—No es cierto; la medida tomada por las autoridades de Gibraltar no es de represalia, sino de necesidad. Allí no se ha impedido ni se impide la entrada de los españoles en la forma de siempre. Antes el Gobierno de España permitía a los españoles que Iban á Gibraltar volver por la noche a La Línea; pero después los oficiales españoles de la frontera prohibieron este retorno. Entonces las autoridades do Gibraltar impidieron la entrada en la plaza a los que no pudieran volver libremente a territorio español, para no verse obligado, caso de que se declare el cólera, a alojar, mantener y emplear a aquellos extranjeros, que por ser tantos en número, hubieran creado, sumados á la población de Gibraltar, una situación difícil.


El Día (Madrid. 1881). 19-7-1884
El Imparcial (Madrid. 1867). 9-7-1884
La Época (Madrid. 1849). 29-7-1884, n.º 11.509

martes, 29 de agosto de 2017

En 1871 el Administrador de la Aduana fue penalizado a abonar los destrozos en el Secreto de una Calesa.








La Dirección General de Aduanas instruyó un expediente, a consecuencia del incidente ocurrido el día 14 de octubre de 1871, al reconocer en la Aduana de La Línea el secreto de una Calesa, a cuyo conductor se opuso a su apertura.

La Calesa propiedad de don Antonio Gil Vargas, requerido por el Administrador de la Aduana para que abriera un secreto, cuya existencia había sido previamente denunciado, se opuso terminantemente a ello negando su existencia. En vista de la oposición el Administrador ordenó la rotura de algunas de las tablas que constituían el secreto, cuyo resorte no había sido posible descubrir. Una vez descubierto el fondo oculto, resultó que no contenía nada que fuera fraudulento. El dueño del vehículo acudió a los Tribunales de Justicia, reclamando daños y perjuicios; demanda que fue estimada, imponiendo una pena pecuniaria al Administrador de Aduanas.


A raíz de este hecho, y tras lo muchos conflictos de este género, que ocurrían en la Aduana de La Línea, demostraron la necesidad de fijar una legislación que precisara hasta donde llegan los derechos y deberes de la Administración en materia de reconocimientos y considerando que era conveniente y necesario armonizar los derechos de propiedad de los ciudadanos con las disposiciones fiscales que tenían por fundamento, evitar se defraudaran los intereses públicos representados por los rendimientos del impuesto de aduanas. Los productos de este impuesto no podían hacerse efectivos, si no se concedía a los funcionarios encargados de su recaudación medios de cerciorarse de la exactitud de los reconocimientos que tenía que practicar.

Alfonso XII (29-12-1874 / 25-12-1885) Fotografía Wikipedia

Y el 10 de Julio de 1872, el Rey don Alfonso XII, dictó una Real Orden y comunicada al  Director General de Aduana Sr. Ruiz Gómez, la cual decía así:

S. M.  el Rey (Q.D.G.), conformándose con lo propuesto por V.I.  y de acuerdo con lo informado por las Secciones de Hacienda y Ultramar y Estado y Gracia y Justicia del Consejo de Estado, ha tenido a bien disponer se adicione el art. 44 de las ordenanzas de Aduanas en la forma siguiente:


<< Los Empleados encargados de la percepción del impuesto de Aduanas no tendrán restricción alguna para asegurarse de la exactitud de las operaciones que deban practicar y los importadores de mercancías u otros efectos se hallan obligados a exhibir en la Aduana cuantas conduzcan; teniendo el deber de presentar abiertos para su reconocimiento, no tan solo los bultos de que sean dueños o conductores, sino también todos los espacios huecos que tengan aquellos o los vehículos que deban ser reconocidos. Al efecto los empleados deberán dirigir cortés invitación a los dueños o conductores; y si estos se negasen a cumplir el deber que se les impone, tendrán aquello el derecho de proceder, no solo a la apertura, sino también a la destrucción de todo falso fondo que pueda oponerse a adquirir la certidumbre de que el espacio hueco oculto no contiene objeto alguno que deba pagar derechos, sin que tal proceder pueda dar derecho a reclamación por los daños que forzosamente se hubieren causado en las mercancías o transportes.>>






Luis Javier Traverso
La Línea en Blanco y Negro

Páginas