“Brindis por la Feria de La Línea”: una exaltación poética de la Velada linense (1988)
Entre las colaboraciones literarias incluidas en el Libreto Oficial de la Velada y Fiestas de La Línea de 1988 destacó el poema “Brindis por la Feria de La Línea”, firmado por Bely Moya Franco, una composición que constituyó una auténtica declaración de afecto hacia la principal celebración festiva de la ciudad.
La autora construyó su poema como un brindis simbólico dedicado a la feria linense, presentándola como una realidad viva que reunía las principales señas de identidad de la ciudad y de sus gentes. Desde los primeros versos evocó los aromas y sensaciones asociados a las fiestas, afirmando que la feria olía a jazmines, a brisa y a claveles, imágenes que remitían directamente al ambiente andaluz y marinero que caracterizaba a La Línea durante los días de la Velada.
A lo largo de la composición, la feria aparecía descrita como una manifestación profundamente vinculada a la tradición popular. Los vientos del Estrecho, el Levante y el Poniente, se integraban en la narración poética como elementos que acompañaban y daban vida a la celebración. La autora imaginaba cómo aquellos aires envolvían la fiesta, mientras la ciudad se entregaba a unos días de convivencia, música y alegría.
El poema también incorporaba referencias religiosas y costumbristas al mencionar el paso de la Virgen del Carmen, una advocación especialmente arraigada en una población cuya historia había estado estrechamente ligada al mar y a las actividades pesqueras. De este modo, la feria aparecía como un espacio donde convivían la tradición religiosa, las costumbres populares y la celebración colectiva.
La música ocupaba un lugar destacado dentro de la obra. Bely Moya Franco describía una feria llena de bailes, cante y sones flamencos, comparando sus acordes con las cuerdas de una guitarra. La fiesta era presentada como una expresión artística permanente, capaz de renovarse cada año sin perder sus raíces. Según la autora, la feria era al mismo tiempo vieja y nueva, heredera de una larga tradición y, a la vez, capaz de seguir emocionando a cada generación.
Especial atención recibía el baile típico de “La Ofrenda”, considerado uno de los símbolos culturales de la ciudad. El poema recordaba que esta manifestación había nacido de forma sencilla gracias a la inspiración de una poetisa local y que había llegado a convertirse en una de las expresiones más características de la Velada. La autora destacaba cómo este baile conservaba el espíritu de la tierra y mantenía vivas las tradiciones populares transmitidas de generación en generación.
La composición incluía igualmente una evocación sentimental de los orígenes de la ciudad. La Línea aparecía representada como una población joven que, desde sus primeros años de existencia, había sabido construir una personalidad propia. La autora recordaba la relación histórica de la localidad con la Bahía de Algeciras, con el Peñón y con las poblaciones vecinas del Campo de Gibraltar, integrando la feria dentro de ese contexto geográfico y humano.
En los versos finales, el poema adquiría la forma de un auténtico brindis festivo. La autora levantaba simbólicamente una copa de manzanilla para celebrar la feria, expresando su admiración por una fiesta que consideraba reflejo de la identidad linense. Aquella imagen final resumía el espíritu de toda la composición: una declaración de cariño hacia la ciudad y hacia una celebración que, año tras año, seguía siendo uno de los principales acontecimientos sociales, culturales y sentimentales de La Línea de la Concepción.
Publicada en el libreto de 1988, esta obra constituye un ejemplo representativo de la literatura festiva local, en la que la poesía servía para ensalzar las tradiciones populares y para reforzar el sentimiento de pertenencia a una comunidad que encontraba en la Velada uno de sus principales símbolos de identidad colectiva.
Tal día como hoy en La Línea
Las páginas de los libretos oficiales de la Velada han servido durante décadas para conservar una parte importante de la memoria cultural de la ciudad. Junto a los programas de festejos, anuncios comerciales y actividades populares, estos cuadernos acogieron también poemas, relatos y artículos que permitían expresar el sentimiento de pertenencia de muchos linenses.
El poema “Brindis por la Feria de La Línea”, publicado en 1988, constituye un magnífico ejemplo de esa literatura festiva que buscaba ensalzar las tradiciones locales y transmitir el orgullo de sentirse linense. Más allá de su valor poético, la composición refleja cómo la Velada seguía siendo, a finales de los años ochenta, uno de los principales símbolos de identidad colectiva de la ciudad.
A través de sus versos quedan retratados los aromas, sonidos, emociones y costumbres que cada verano transformaban La Línea en un gran espacio de encuentro y convivencia. Un testimonio literario que permite comprender por qué la Velada continúa ocupando un lugar tan especial en la memoria sentimental de varias generaciones de linenses.