Autorización para reducir el número de corridas de toros durante la Velada (8 de junio de 1966)
En la ciudad de La Línea de la Concepción, siendo las trece horas y treinta minutos del día 8 de junio de 1966, se reunió en primera convocatoria el Pleno de la Excma. Corporación Municipal bajo la presidencia del Alcalde, don Pedro Alfageme González, para celebrar sesión ordinaria y tratar los asuntos comprendidos en el orden del día.
Asistieron a la sesión, además del Alcalde-Presidente, los Tenientes de Alcalde don Julio Almagro Ramos, don Félix Arrocha Gracia, don José Blasco Fontanal, don Guillermo Ruiz Marín, don Gabriel de Frutos Hernández y don Antonio Parady Nadal. Asimismo concurrieron los concejales don Pedro Trujillo Anche, don José Luis Yagüe Amado, don José Requizado Espinosa y don Antonio García Roldán. Actuó como Secretario General don Manuel Barrientos Herrera, asistiendo igualmente el Interventor-Habilitado don Antonio Íñigo Holgado.
No concurrieron a la sesión el Teniente de Alcalde don Bernardo Díaz Pinés Fernández Pacheco y los concejales don Manuel Pérez Gutiérrez, don Luis Araujo Ruiz y don José Pérez Ponce, quienes excusaron previamente su asistencia.
Declarada abierta la sesión, la Corporación procedió al examen de los distintos asuntos incluidos en el orden del día. Entre ellos ocupó un lugar destacado la petición formulada por don José Belmonte Fernández, arrendatario de la Plaza de Toros propiedad del Ayuntamiento, relacionada con la organización de los festejos taurinos programados para la próxima Velada y Fiestas.
La Alcaldía-Presidencia expuso a los reunidos el contenido de la solicitud presentada por el empresario taurino. En ella se interesaba la modificación temporal de lo dispuesto en la cláusula cuarta del contrato de arrendamiento de la plaza, en relación con la nota aclaratoria A), que regulaba el número mínimo de espectáculos taurinos que debían celebrarse durante la temporada.
El peticionario fundamentaba su solicitud en las difíciles circunstancias económicas que atravesaba la población y en las especiales condiciones que concurrían durante aquel año. Señalaba que la situación económica general estaba afectando al poder adquisitivo de los aficionados y, por consiguiente, a la venta de localidades. A ello añadía un factor novedoso que comenzaba a influir de manera significativa en la asistencia a los espectáculos públicos: la retransmisión televisada de importantes partidos de fútbol correspondientes a competiciones deportivas de gran interés popular.
Según exponía el arrendatario, la coincidencia de estos acontecimientos deportivos con los días de celebración de la Velada hacía prever una notable disminución de público en los festejos taurinos, circunstancia que podía provocar un profundo desequilibrio económico en la explotación de la plaza y comprometer seriamente la viabilidad de la programación inicialmente prevista.
Por tal motivo, solicitaba autorización municipal para alterar excepcionalmente las condiciones establecidas en el contrato, reduciendo el número de festejos obligatorios durante aquella temporada. La modificación propuesta consistía en que el programa taurino de la Velada quedara limitado a la celebración de tres corridas de toros, en lugar del número inicialmente contemplado en el contrato de arrendamiento.
La petición fue objeto de amplia deliberación por parte de los miembros de la Corporación. Durante el debate se valoraron tanto las obligaciones contractuales asumidas por el arrendatario como las circunstancias extraordinarias alegadas por éste. Los concejales tuvieron en consideración la situación económica existente, la evolución de los hábitos de ocio de la población y la creciente competencia que comenzaban a representar las retransmisiones televisivas para los espectáculos tradicionales.
Tras examinar detenidamente todos los antecedentes y ponderar las razones expuestas por el empresario, la Corporación Municipal entendió que concurrían circunstancias suficientemente justificadas para acceder a la petición formulada. Se estimó que la flexibilización temporal de las condiciones contractuales permitiría garantizar la celebración de los festejos taurinos esenciales de la Velada sin comprometer gravemente la estabilidad económica de la empresa arrendataria.
Como consecuencia de ello, el Ayuntamiento acordó por unanimidad autorizar a don José Belmonte Fernández, en su condición de arrendatario de la Plaza de Toros municipal, para que, atendiendo a las razones invocadas y exclusivamente para aquella temporada, pudiera organizar la programación taurina de la próxima Velada con un mínimo de tres corridas de toros.
El acuerdo reflejó la voluntad de la Corporación de adaptar las obligaciones contractuales a las circunstancias reales del momento, preservando al mismo tiempo una de las tradiciones festivas más arraigadas de la ciudad. La decisión puso de manifiesto cómo, a mediados de la década de 1960, comenzaban a percibirse cambios significativos en las formas de entretenimiento popular, especialmente por la creciente influencia de la televisión, cuya expansión empezaba a afectar a la asistencia a espectáculos públicos que durante décadas habían constituido uno de los principales atractivos de las celebraciones locales.
Desde el punto de vista histórico y administrativo, este acuerdo constituye un interesante testimonio de la evolución de la actividad taurina en La Línea de la Concepción y de la necesidad de adaptar la gestión municipal de los servicios y concesiones públicas a las nuevas realidades económicas y sociales que caracterizaron la España de los años sesenta.
Oro, Seda y Solera: La Recordada Feria Taurina de La Línea de 1966
La temporada taurina de 1966 quedó grabada en la memoria colectiva de La Línea de la Concepción como una de las más brillantes y representativas de la denominada edad de oro de la afición local. Aquel verano, la ciudad vivió unas Veladas y Fiestas marcadas por la presencia de las máximas figuras del toreo nacional, por el entusiasmo popular que despertaban los festejos y por una programación que combinó tradición, espectáculo y promoción de los jóvenes valores del Campo de Gibraltar.
La importancia de aquella temporada quedó reflejada incluso en la actividad municipal. En la sesión plenaria celebrada el 8 de junio de 1966, el Ayuntamiento tuvo que abordar la situación planteada por el empresario taurino José Belmonte Fernández, arrendatario de la Plaza de Toros de propiedad municipal. El empresario expuso las dificultades económicas derivadas de la disminución prevista de espectadores, motivada tanto por la coyuntura económica que atravesaba la ciudad como por la creciente competencia de las retransmisiones televisadas de partidos de fútbol, que comenzaban a atraer a miles de aficionados.
Ante esta situación, la Corporación Municipal acordó autorizar una modificación excepcional de las condiciones del contrato de arrendamiento, permitiendo que durante la Velada se celebrase un mínimo de tres corridas de toros, en lugar de un número superior inicialmente previsto. Aquella decisión, adoptada por unanimidad, permitió mantener un ciclo taurino de primer nivel que acabaría convirtiéndose en uno de los más recordados de la década.
La Feria de Julio y el arte de Cruz Herrera
Las fiestas de aquel año fueron anunciadas mediante uno de los carteles más bellos de cuantos se conservan de la historia festiva linense. La obra, realizada por el prestigioso pintor linense José Cruz Herrera, combinaba la elegancia femenina andaluza con los elementos tradicionales de la fiesta, convirtiéndose rápidamente en una de las imágenes más representativas de la Velada de 1966.
El programa taurino aparecía integrado dentro de una auténtica semana de celebraciones populares que transformaba completamente la ciudad. Las calles se llenaban de visitantes llegados desde toda la comarca, Gibraltar y distintos puntos de Andalucía, mientras hoteles, fondas, bares y establecimientos comerciales registraban una intensa actividad.
Tres grandes corridas de abono
El eje central de la programación taurina lo constituyeron las tres grandes corridas de abono celebradas los días 17, 18 y 24 de julio, anunciadas en los carteles como un acontecimiento excepcional.
Las reses pertenecían a los Herederos de Carlos Núñez, una de las ganaderías más prestigiosas del momento, cuya divisa era garantía de bravura, nobleza y espectáculo.
Primera corrida – Domingo 17 de julio
La primera gran cita reunió a:
- Miguel Báez "Litri"
- Curro Romero
- Andrés Vázquez
La presencia de Curro Romero, ya convertido en una de las grandes figuras del toreo español, despertó una enorme expectación. El torero de Camas representaba el arte imprevisible, el toreo inspirado capaz de provocar tanto la admiración absoluta como la controversia.
Junto a él comparecieron Miguel Báez "Litri", símbolo del valor y de la capacidad lidiadora, y Andrés Vázquez, figura consolidada que atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera.
Segunda corrida – Lunes 18 de julio
La segunda corrida presentó un cartel igualmente extraordinario:
- Juan Pedro Domecq
- Antonio Ordóñez
- Miguel Mateo "Miguelín"
- Carlos Corbacho
La presencia de Antonio Ordóñez suponía un acontecimiento de primer orden. El maestro rondeño era considerado uno de los toreros más importantes de la historia contemporánea y su participación convertía automáticamente cualquier cartel en un acontecimiento nacional.
Junto a él actuó Miguelín, ídolo de la afición andaluza y torero de enorme personalidad, además de Juan Pedro Domecq y el espada linense Carlos Corbacho, que tenía la oportunidad de compartir cartel con figuras de máxima categoría.
Tercera corrida – Domingo 24 de julio
La feria concluyó con una corrida que alcanzó gran repercusión por la presentación en el Campo de Gibraltar de una joven figura destinada a convertirse en leyenda:
- Palomo Linares
- Carlos Corbacho
- Aurelio Núñez
El cartel anunciaba expresamente:
"Hace su presentación como matador de toros en el Campo de Gibraltar el fabuloso fenómeno del toreo Palomo Linares."
Aquella actuación constituyó uno de los grandes atractivos de la feria. El joven Palomo Linares, que ya despertaba enorme interés entre los aficionados, comenzaba a construir una trayectoria que pocos años después lo convertiría en una de las máximas figuras del escalafón taurino español.
Los toros pertenecían a la ganadería de Guadalest, completando una combinación que atrajo a numerosos aficionados de toda la comarca.
La Línea por sus toreros
Si las grandes figuras nacionales constituían el principal reclamo de la feria, la organización no olvidó a la cantera local.
El 5 de junio de 1966 se celebró una importante novillada con picadores bajo el lema:
“¡La Línea por sus toreros!”
La empresa apostó decididamente por tres jóvenes valores linenses:
- Pepe Luis Segura
- Pepe Campos
- Luis Miguel Arenilla
Los novillos pertenecían a la acreditada ganadería del Marqués de Villamarta, una de las más prestigiosas del momento.
El cartel presentaba a Pepe Luis Segura como triunfador en plazas tan importantes como Madrid, Sevilla o Huelva. Pepe Campos llegaba tras sus éxitos en la Maestranza de Ronda, mientras que Luis Miguel Arenilla hacía su presentación con picadores como nueva promesa del toreo linense.
Aquella tarde constituyó una auténtica demostración de apoyo popular a los toreros de la ciudad. Los aficionados respondieron masivamente a la llamada de la empresa, convencidos de que el futuro del toreo local dependía también del respaldo a sus jóvenes novilleros.
| Pepe campos |
| Pepe Luis Segura |
| Luis Miguel Arenilla |
Los Sanfermines Linenses
La programación taurina se completó con una iniciativa singular que aportó un carácter festivo y popular a la Velada.
El 21 de julio, a las diez de la noche, se celebraron los llamados:
“Sanfermines en La Línea”
La Comisión Organizadora programó una carrera de seis toros de fuego por la calle José Antonio y vías adyacentes, inspirándose claramente en los tradicionales encierros navarros.
Los carteles invitaban a participar a los jóvenes mayores de dieciséis años, recomendando vestir camisa blanca y pañuelo rojo al cuello para reproducir el ambiente de Pamplona.
Aunque los organizadores aclaraban que no se trataba de toros bravos ni peligrosos, la iniciativa despertó enorme curiosidad entre vecinos y visitantes y contribuyó a reforzar el ambiente festivo de aquellas jornadas.
Una feria para la historia
Vista con la perspectiva del tiempo, la feria taurina de 1966 representó uno de los momentos culminantes de la actividad taurina de El Arenal.
Pocas veces coincidieron en la plaza linense nombres de la talla de Antonio Ordóñez, Curro Romero, Miguelín, Litri, Andrés Vázquez y el emergente Palomo Linares, junto a destacados representantes de la cantera local como Pepe Campos, Pepe Luis Segura, Luis Miguel Arenilla o Carlos Corbacho.
La temporada demostró además la capacidad de la ciudad para organizar acontecimientos de primer nivel, manteniendo viva una tradición taurina profundamente arraigada en la sociedad linense.
Casi seis décadas después, aquellos carteles continúan siendo auténticas piezas de colección. Son el recuerdo material de un verano en el que La Línea de la Concepción se convirtió en uno de los grandes centros taurinos del sur de España, reuniendo en su plaza a figuras legendarias, jóvenes promesas y miles de aficionados que hicieron de la Velada de 1966 una de las más memorables de toda su historia.