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miércoles, 3 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy 29 de junio, en 1936, la Sociedad de Operadores de Cine y Similares de La Línea reorganizaba su dirección y adaptaba sus estatutos a la legislación republicana

 










La Sociedad de Operadores de Cine y Similares de La Línea reorganiza su dirección y adapta sus estatutos a la legislación republicana (29 de junio de 1936)

El documento fechado en La Línea de la Concepción el 29 de junio de 1936 constituye un interesante testimonio de la organización profesional existente en torno a la industria cinematográfica local durante los últimos días de la Segunda República. Se trata de una comunicación dirigida al Delegado Provincial de Trabajo de Cádiz, mediante la cual la Sociedad de Operadores de Cine y Similares informaba oficialmente de la modificación de sus estatutos, de la renovación de su junta directiva y del traslado de su sede social.

La fecha del escrito resulta especialmente significativa. Apenas habían transcurrido unos días desde la celebración de diversas reuniones y asambleas de carácter político y sindical en la ciudad y faltaban menos de tres semanas para el inicio de la Guerra Civil. En ese contexto de intensa actividad asociativa, las organizaciones profesionales continuaban desarrollando su funcionamiento ordinario y adaptándose a la normativa vigente.

La comunicación comenzaba informando de que había sido parcialmente modificado el reglamento por el que se regía la sociedad. Esta reforma se realizaba con el propósito de ajustarse a lo dispuesto en el artículo 11 de la Ley de Asociaciones Gremiales de 8 de abril de 1932, una de las normas promulgadas durante la República para regular el funcionamiento de las entidades profesionales y sindicales.

Los responsables de la sociedad remitían tres ejemplares del reglamento reformado a la Delegación Provincial de Trabajo, solicitando que uno de ellos fuese devuelto una vez inscrito y registrado oficialmente. Este trámite administrativo pone de manifiesto el grado de formalización que habían alcanzado muchas asociaciones profesionales de la época, obligadas a mantener actualizada su documentación y a comunicar cualquier modificación estatutaria a las autoridades laborales.

El documento revela asimismo la existencia en La Línea de una organización específica que agrupaba a los trabajadores vinculados al sector cinematográfico. Bajo la denominación de Sociedad de Operadores de Cine y Similares, la entidad reunía a profesionales relacionados con la proyección cinematográfica y otras actividades complementarias de un sector que experimentaba un notable crecimiento durante las décadas de 1920 y 1930.

La importancia de esta asociación se comprende mejor al recordar que en aquellos años La Línea contaba con una intensa actividad cinematográfica. Salas como el Teatro Cómico, el Teatro del Parque, el Imperial Cinema, el Trino Cruz y otros locales menores formaban parte de una oferta de ocio cada vez más amplia. El funcionamiento de estos establecimientos requería operadores especializados encargados de manejar los proyectores, mantener los equipos, supervisar las sesiones y garantizar la seguridad de las instalaciones.

Uno de los aspectos más relevantes del escrito era la comunicación de los resultados de la reunión celebrada por la sociedad el 28 de junio de 1936, durante la cual fueron elegidos los nuevos cargos directivos.

La presidencia recayó en Pedro Cobos Aranega, domiciliado en la calle Ferrer número 36.

Como secretario fue elegido Francisco Alfalome González, con domicilio en la calle Doctor Pulido número 27.

La tesorería quedó a cargo de Guillermo Fares Aguila, vecino de la calle T. Roncero número 27.

El puesto de contador fue confiado a Aurelio García Pérez, domiciliado en la calle José Vera número 1.

Como vocal primero fue designado Juan Martínez Díaz, residente en la calle García Lacuy número 15.

El cargo de vocal segundo correspondió a Eleuterio Pérez Espinosa, vecino de la calle General de Vaquero.

Finalmente, fue nombrado vocal tercero Emilio Lozano Higuera, domiciliado en la calle Antonio M. Guerrero número 50.

La relación de nombres proporciona una valiosa información sobre algunos de los trabajadores vinculados al mundo del espectáculo cinematográfico en La Línea durante los años treinta. También permite observar la dispersión geográfica de sus miembros por distintas zonas de la ciudad, reflejo de una organización integrada por profesionales procedentes de diversos barrios y entornos sociales.

Otro aspecto de interés recogido en la comunicación era el traslado de la sede social de la entidad. La sociedad informaba oficialmente de que había fijado su nuevo domicilio en la calle Méndez Núñez número 9.

Esta dirección posee una notable relevancia histórica, ya que aparece también vinculada a otras actividades asociativas y políticas desarrolladas en la ciudad durante aquellos mismos meses. La ubicación de diferentes organizaciones en inmuebles compartidos era una práctica frecuente en la época, especialmente entre entidades con recursos económicos limitados.

El documento constituye igualmente una prueba del grado de organización alcanzado por los profesionales del sector cinematográfico en una ciudad donde el cine se había convertido en una de las principales formas de entretenimiento po
pular. La existencia de una sociedad específica demuestra que los operadores cinematográficos habían desarrollado una conciencia profesional propia y buscaban defender sus intereses laborales mediante estructuras asociativas reconocidas legalmente.

Desde una perspectiva histórica más amplia, esta comunicación refleja la consolidación del cine como una actividad económica de importancia creciente en La Línea. La proliferación de salas de proyección durante las décadas anteriores había generado la necesidad de formar personal especializado y de organizar corporativamente a quienes desempeñaban funciones técnicas relacionadas con la exhibición cinematográfica.

El escrito adquiere además un valor singular por su cronología. Fue redactado el 29 de junio de 1936, en uno de los últimos momentos de normalidad administrativa de la Segunda República. Apenas veinte días después, el levantamiento militar del 18 de julio alteraría profundamente la vida política, sindical y asociativa de toda España. Muchas organizaciones profesionales tendrían que reorganizarse o desaparecer como consecuencia de la nueva situación.

Por ello, esta sencilla comunicación administrativa trasciende su contenido burocrático y se convierte en un valioso testimonio de la actividad cotidiana de los trabajadores del espectáculo cinematográfico linense en vísperas de uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia contemporánea española. Representa la imagen de una profesión organizada, integrada en la vida económica de la ciudad y plenamente incorporada a los mecanismos legales y administrativos vigentes en la Segunda República.




domingo, 31 de mayo de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, en junio de 1929 los braceros del carbón de La Línea reclamaron un reparto más justo del trabajo

 









La protesta de los braceros del carbón de La Línea ante el reparto del trabajo (Junio de 1929)

En junio de 1929, cuando La Línea de la Concepción vivía una intensa actividad económica ligada al puerto y al tráfico de carbón destinado principalmente al abastecimiento marítimo de la bahía de Algeciras y Gibraltar, los trabajadores del sector carbonero decidieron elevar una extensa y razonada petición a las autoridades gubernativas para denunciar la situación laboral que padecía el gremio.

El escrito fue presentado por Antonio Delgado Rodríguez y Miguel Arias Sánchez, presidente y secretario respectivamente de la Sociedad de Obreros del Carbón Mineral “La Igualdad”, organización que agrupaba a los trabajadores dedicados a las labores de carga y descarga de carbón. La petición iba dirigida al gobernador civil de la provincia y constituía una de las denuncias sociales más completas conservadas sobre las condiciones laborales existentes en La Línea durante los últimos años de la Dictadura de Primo de Rivera.

Un oficio duro que había dado sustento a miles de familias

Los representantes obreros comenzaban recordando la importancia histórica de su profesión. Durante décadas, explicaban, la actividad carbonera había proporcionado trabajo abundante a numerosos trabajadores procedentes de distintos puntos de España. La fama de los muelles linenses como lugar donde siempre era posible encontrar ocupación había atraído a hombres de muy diversos lugares, especialmente en épocas de necesidad económica.

Según relataban, cuando la miseria empujaba a muchos trabajadores a abandonar sus pueblos de origen, La Línea aparecía como una tierra de oportunidades. El movimiento de buques carboneros garantizaba una demanda constante de mano de obra y permitía que numerosos obreros encontraran un medio de subsistencia digno.

Sin embargo, los firmantes sostenían que aquella situación había cambiado profundamente y que las condiciones que antaño habían hecho prosperar al gremio se encontraban en franco deterioro.

La denuncia contra los capataces y reclutadores

Uno de los aspectos más duros de la exposición era la crítica dirigida a los capataces y reclutadores encargados de distribuir el trabajo.

Los representantes obreros afirmaban que aquellos intermediarios ejercían un poder excesivo sobre la contratación diaria. Según denunciaban, el sistema permitía arbitrariedades constantes y favorecía a determinados trabajadores en detrimento de la mayoría.

El documento describía un ambiente de humillación permanente. Los braceros afirmaban que el trato recibido por parte de algunos capataces era impropio y ofensivo, utilizando éstos expresiones vejatorias y comportamientos incompatibles con el respeto que merecían los trabajadores.

A juicio de los firmantes, la dignidad de los obreros era frecuentemente vulnerada. No sólo denunciaban el lenguaje empleado por algunos encargados, sino también la manera en que se ejercía la selección de los trabajadores llamados a realizar las faenas.

El antiguo abuso del pago en tabernas

La carta recordaba además prácticas que habían sido habituales años atrás y que el movimiento obrero había conseguido erradicar.

Entre ellas destacaba el sistema de pago en tabernas, una costumbre que los trabajadores consideraban especialmente perjudicial. Según relataban, en muchas ocasiones los jornales eran abonados en establecimientos vinculados a los propios reclutadores, donde buena parte del salario terminaba gastándose antes de llegar a manos de las familias.

Los autores del escrito señalaban que aquellos abusos habían sido combatidos mediante la organización obrera y gracias a la aprobación de normas que prohibieron el pago de salarios en tabernas y otros establecimientos similares.

Consideraban aquel avance como una conquista importante del movimiento obrero, aunque advertían que otros problemas continuaban sin resolverse.

La crisis de trabajo y el crecimiento del desempleo

La situación se había agravado notablemente, según explicaban, debido a la disminución del volumen de trabajo existente en los muelles.

Mientras que en épocas anteriores la abundancia de faenas permitía absorber a gran número de trabajadores, la realidad de finales de los años veinte era muy distinta. El descenso de la actividad económica había provocado una competencia creciente por los escasos jornales disponibles.

Los firmantes describían cómo numerosos trabajadores veteranos, que habían dedicado toda su vida a la carga y descarga de carbón, veían ahora reducidas drásticamente sus posibilidades de empleo.

Muchos de ellos mantenían familias enteras gracias a unos ingresos cada vez más irregulares. La incertidumbre se había convertido en una constante y el hambre comenzaba a afectar a numerosos hogares obreros.

Los “tickets” de trabajo y las escenas diarias de humillación

La parte más impactante del documento era la descripción del sistema utilizado para repartir el trabajo diario.

Según explicaban los representantes de la sociedad obrera, los capataces distribuían unos vales o “tickets” que daban derecho a participar en las faenas de carga y descarga.

Cada vez que aparecía una oportunidad de trabajo, los encargados recorrían las calles entregando aquellos vales entre los trabajadores seleccionados. A su alrededor se congregaban decenas e incluso centenares de hombres necesitados de empleo.

La escena descrita por los firmantes era dramática. Los obreros seguían a los capataces por las calles, rogando ser elegidos para trabajar aquel día. Algunos intentaban acercarse desesperadamente, otros suplicaban una oportunidad y no faltaban disputas entre quienes competían por obtener uno de aquellos escasos tickets.

El escrito relataba que en determinadas ocasiones aquellas concentraciones terminaban provocando altercados, peleas e incluso intervenciones de la fuerza pública. Había habido heridos, detenidos y situaciones violentas que, a juicio de los firmantes, podían evitarse mediante un sistema más justo de reparto del trabajo.

Aquellas escenas resultaban especialmente humillantes porque tenían lugar a la vista de toda la población, de visitantes extranjeros e incluso de las propias autoridades.

El favoritismo en la contratación

Los representantes de la Sociedad “La Igualdad” sostenían que el reparto de los jornales no se realizaba conforme a criterios objetivos.

Denunciaban que muchos capataces disponían de grupos fijos de trabajadores, compuestos por familiares, amigos o personas de su confianza, que eran llamados con preferencia una y otra vez.

Mientras tanto, otros muchos obreros permanecían largos periodos sin trabajar, a pesar de contar con experiencia y capacidad suficiente para realizar las mismas tareas.

El documento insistía en que la mayoría de los trabajadores del gremio poseía los conocimientos necesarios para desempeñar las labores carboneras, por lo que no existía razón técnica que justificara aquellas diferencias de trato.

La propuesta de un turno riguroso

Frente a esta situación, la Sociedad de Obreros del Carbón Mineral formulaba una propuesta concreta.

Solicitaba a la autoridad gubernativa la implantación de un sistema de turnos rigurosamente regulado para el reparto del trabajo.

La idea consistía en que todos los trabajadores capacitados tuvieran acceso a las faenas siguiendo un orden previamente establecido, de manera que los jornales se distribuyeran con mayor equidad entre los miembros del gremio.

Los firmantes consideraban que este procedimiento eliminaría favoritismos, evitaría enfrentamientos y permitiría que un mayor número de familias pudiera subsistir durante los periodos de escasez laboral.

Una apelación a la justicia social

El tono final del escrito adquiría una dimensión profundamente humana.

Los representantes obreros preguntaban a la autoridad si no resultaba inhumano contemplar diariamente aquellas escenas de hombres honrados compitiendo desesperadamente por un puesto de trabajo para alimentar a sus familias.

Subrayaban que no estaban reclamando beneficencia ni privilegios. Lo único que solicitaban era justicia en el reparto del trabajo disponible y el reconocimiento de la dignidad de quienes vivían exclusivamente de su esfuerzo físico.

Recordaban que aquellos trabajadores no pedían limosna, sino la posibilidad de ganarse la vida honradamente mediante su trabajo.

Un testimonio excepcional de la realidad social linense

La petición concluía solicitando formalmente la intervención del gobernador civil para implantar un sistema de reparto equitativo del trabajo y poner fin a las situaciones denunciadas.

Firmado en La Línea de la Concepción en junio de 1929 por Antonio Delgado Rodríguez y Miguel Arias Sánchez, en representación de la Sociedad de Obreros del Carbón Mineral “La Igualdad”, este documento constituye un extraordinario testimonio de la realidad social y laboral de la ciudad durante los años finales de la Dictadura de Primo de Rivera.

Más allá de su valor sindical, el escrito permite conocer las dificultades económicas que atravesaban numerosos trabajadores linenses, la importancia del sector carbonero en la economía local y las tensiones derivadas del desempleo y de los sistemas de contratación existentes en los muelles. Asimismo, refleja la creciente conciencia organizativa de los trabajadores y su voluntad de utilizar cauces legales y corporativos para reclamar reformas que garantizaran un reparto más justo del trabajo y una mayor protección de la dignidad obrera. 




Transcripción literal:

(Se respeta la ortografía y redacción original en la medida en que permite la legibilidad del documento.)

Excmo. Señor:

Don Antonio Delgado Rodríguez, mayor de edad, casado, vecino de La Línea, de profesión bracero del carbón, con domicilio en barrio San Bernardo, Casa de Arias, y don Miguel Arias Sánchez, también mayor de edad, casado, de la misma profesión y domiciliado en calle Gibraltar, Patio del Croci; Presidente y Secretario respectivamente de la Sociedad de braceros del carbón mineral «La Igualdad», cuyo domicilio social consta en el Registro correspondiente, sito en calle de Ramón Carranza y Plaza de Cruz Herrera, de esta ciudad, a V.E. con el debido y superior respeto, tienen el honor de exponer en nombre de la Sociedad que por voluntad de la misma representan, lo que sigue:

Es verdaderamente lamentable y así se quiere verchornozo, lo que en este humilde pero honrado gremio, por el imperativo derecho de la necesidad del vivir, viene soportando, con menoscabo de la dignidad que debe ser nata en todo ser humano, y hasta para deshonra de un pueblo como La Línea, donde la buena voluntad y la hidalguía tuvo siempre su asiento.

Hace años Excmo. Señor; que este gremio, a pesar de la abundancia de trabajo, y dado que en sus rudas faenas, todo hombre tiene ocupación, desde los más remotos y apartados rincones de España, cuando el hambre los impulsaba, acudían a esta población, todas las desheredados de la fortuna, y en el rudo trabajo a que se dedica este gremio, encontraban siempre ocupación.

Los capataces del gremio, ya por tener que tratar a personal tan heterogéneo, ya por la forma tan brutal en se desarrolla el trabajo, usaban un léxico impropio de personas cultas y unas modales propios de entes tabernarios. Ni se respetaba los más sagrados derechos de la dignidad, ni se dejaba de zaherir a los familiares de los trabajadores caprichosamente... 

Además se pagaban los jornales devengados, en tabernas, casi siempre propiedad de los reclutadores de hombres; aún las más de las veces, se quedaba casi todo el jornal, dándosele el trabajo con preferencia a los que más atendidos tenían, mientras los familiares del paria morían de necesidad y ellos se embrutecían con el alcohol.

Más tarde, por la unión del gremio, se pudo conseguir que se dictaran leyes, por el gobierno, por virtud de las cuales, se cortaron estos abusos prohibiéndose el pago de jornales en tabernas.

Y también por la organización, se lograron ciertas mejoras para el gremio, pero desgraciadamente, al iniciarse la escasez de trabajo, como consecuencia de la postguerra, habían aquella población flotante hecho marcha de continuar la errante vida por la senda de la miseria; los que aquí vivieron siempre y se crearon familia y se dedicaron exclusivamente a la faena de la carga y descarga del carbón, vienen sufriendo sus consecuencias, acentuándose más, por el abandono en que, a pesar de la gran profusión de leyes sociales dictadas por los gobiernos de la nación, se tiene a este gremio, que dicho sea en verdad, es el ajo de la vida económica local.

Los reclutadores de hombres pueden sacar a trabajar los que desean, sin ninguna clase de responsabilidad, en la formalidad de los contratos individuales o colectivos provisionales de trabajo aunque este sea eventual, ni por las condiciones en que éste se desarrolla, ni siquiera, como es corriente, sufren los obreros un accidente de trabajo. Y lo que es peor: como consecuencia de los pasados tiempos, cada capataz o reclutador de hombres tiene un número de adeptos fijos, compuestos de familiares y amigos, que son los que tienen el privilegio de hacer la mayor parte de los trabajos, a veces dos y tres en el día, mientras que la mayor parte del gremio perece de hambre, hasta a veces, por no decir siempre, se le da cartones a industriales parientes o amigos de los capataces, para que éstos los repartan entre los que les adeudan en su comercio, lo que ya tomaron a cuenta de este favor.

Y por acaso, por necesitar más personal, hay que reclutar más braceros, los capataces vuelven a hacer una selección nueva entre los desgraciados, repartiendo los tiket para el trabajo, por las calles, marchando por ellas seguidos de toda una legión de hombres, que deseosos de trabajar, y sabiendo que el que no se adelanta no alcanza el tiket, les van implorando, otros le cercan y hasta los atropellan, teniendo que intervenir la fuerza pública, ocasionándose con esto aglomeraciones vergonzosas, en las cuales más de una vez salen a relucir armas, hay heridos y detenidos, y todo esto por la forma en que se reparte el trabajo, dándose éste espectáculo, cada día y a cada hora, ante el público en general, ante los extranjeros, que con tanta frecuencia nos visitan y a veces ante las mismas autoridades.

Estas, se han ocupado de este lamentable asunto; pero siempre sin fortuna, ya que los únicos responsables de ello, o sean los capataces, adujeron siempre que el resto del personal no es competente.

Nada más incierto, Excmo. Señor; ya que todo el personal, dedicado hoy a este gremio, es competentísimo y avezado a esta clase de trabajo.

Nos permitimos preguntar: ¿No es inhumano, que en estos momentos difíciles porque atraviesa este pueblo, y ante la actitud humilde y correcta de una legión de desheredados de la fortuna, de hombres que tienen hambre y deseos de trabajar, que tienen la suficiente dignidad para no recurrir a la beneficencia pública y que solo piden trabajo o equidad en el reparto del poco o mucho que haya, vean como se les provoca y se les acucia, para que ejecuten actos y cosas reñidas con la moral y las buenas costumbres?

Señor: Este gremio, siguiendo el principio de sindicación forzosa, impuesto moralmente por el Gobierno de la Nación, al crear los comités Paritarios o Juntas Corporativas, tienen una organización, sin credo político ni filosófico, donde se amparan la mayoría de los braceros del carbón.

¿Porque siguiendo este principio de moral ciudadana, no se formula un turno, para que todos y cada uno de estos honrados trabajadores, puedan de vez en cuando y con arreglo al poco o mucho trabajo que haya, dar un golpe de trabajo, como decimos en nuestro argot gremial, al devengo de un jornal, para que los familiares de estos obreros, puedan ir sobrellevando la vida, hasta que el destino cambie la situación angustiosa de ésta población?

Señor: Podríamos aducir tantos argumentos, que harían interminable esta humilde súplica. Pero creemos suficientes los expuestos, para que a la clara inteligencia de V.E. no escape la razón que nos asiste y lo humano y social que sería atender a éstas razones, cosa que no dudamos, dado el espíritu de justicia demostrado por su digna autoridad.

Por todo lo expuesto, con todo el respeto y como mejor proceda,

SUPLICAMOS: Que amen de las medidas que sean adoptadas por la digna autoridad de V.E., se establezca un turno riguroso, para que todos los braceros del carbón —que sean competentes, y hoy lo son todos— puedan trabajar, con lo que se evitarían estos espectáculos vergonzosos al par que tristísimos, se pondría coto a posibles desgracias que puedan ocurrir, de seguir este sistema de reparto de trabajo de privilegio para unos cuantos, y sobre todo, sería un acto de verdadera justicia, dándose con ello un paso por la cultura de este pueblo, y un gran bien para éste gremio, tan humilde, como honrado y desamparado.

Dios guarde a V.E. muchos años.

La Línea, junio de 1929

Presidente
Antonio Delgado Rodríguez (firma)

Secretario
Miguel Arias Sánchez (firma)

Sello:
Sociedad de Obreros del Carbón Mineral «La Igualdad» – La Línea

Dirigido al:
Señor Gobernador Gubernativo de esta Ciudad (anotación manuscrita al pie del documento).





domingo, 7 de julio de 2019

Sabías Que ... el 7 de julio de 1930 se constituyó la Sociedad "Asociacion de Funcionarios Municipales" de La Línea




















Para poder lograr la autorización de la Asociacion de Funcionarios Municipales, se tuvo que realizar el pertinente trámite que dictaminaba la Ley de de Asociación.

El  23 de mayo de 1930 tras el retraso con la documentación enviada para poder constituirse en Asociacion se le envió un oficio al Gobernador Militar del Campo de Gibraltar en los siguientes términos:

"Con fecha dieciocho del pasado mes de Febrero, tuvimos el honor de pasar a manos de V.S. —por si tenía a bien someterlos a la superior aprobación del Excmo. Sr. Gobernador Militar del Campo —, dos ejemplares del Estatuto porque habrá de regirse esta Asociación.
Y como quiera que a pesar del tiempo transcurrido, no se ha resuelto nada por la expresada superior autoridad, y esa aprobación es trámite indispensable para el legal funcionamiento de este organismo, nos permitimos rogar a V. S., respetuosamente y con todo encarecimiento, se sirva interesar de la tan repetida superior autoridad, informe sobre el estado en que se halle este asunto, por si el retraso existente es debido a defecto que a esta Entidad corresponda subsanar, efectuar esa subsanación de inmediato."

El 30 de mayo, don Enrique Sánchez Earle, Presidente de la Comisión Organizadora de la futura Asociación,  solicitó al Sr. Subdelegado Gubernativo de La Línea, una autorización para celebrar una reunión de funcionarios municipales el día 1 de junio en el local situado en la calle Méndez Nuñez contiguo al Parque , al objeto de darles cuenta del resultado de determinadas gestiones, que se les tenía confiada, relacionado con asuntos profesionales. Dicha reunión, aunque fue autorizada, no se llegó a celebrar comunicándose así al funcionario encargado de lo Social.

El 3 de junio, el Teniente Coronel Jefe del Estado Mayor en el Gobierno Militar del Campo de Gibraltar, contestó a la Comisión Organizadora, a través del Comandante Militar de La Línea lo siguiente:

"Consecuente a su atento escrito de 3 del mes anterior, participo a V.S. que los antecedentes remitidos con su oficio 787 de 27 de febrero pasado, de la Comisión Organizadora de la Sociedad "ASOCIACIÓN DE FUNCIONARIOS MUNICIPALES" de esa ciudad, fuero remitidos de acuerdo con el Asesor Jurídico de este Gobierno al Excmo. Señor Ministro de la Gobernación a los efectos de aprobación con arreglo a la base 10ª de la Ley de 22 de julio de 1918 y con este fecha se pone en conocimiento la petición a los mismos efectos."

El 7 de junio, el Gobierno Militar del Campo de Gibraltar vuelve a enviar otra comunicación:

El Excmo. Señor Ministro de la Gobernación en escrito de 3 del actual me dice lo siguiente:
“Excmo. Señor .- Visto el expediente promovido por Don Enrique Sánchez Earle y otros empleados del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción; interesando autorización Ministerial para constituir la "Asociación de Funcionarios Municipales” de la Ciudad de La  Línea: = S.M. el Rey (q.D.g), ha tenido a bien disponer que su devuelvan los tres ejemplares del Reglamento de la citada asociación para que se consigne en el articulo 1º que el objeto y fines de la misma se ajustará a las leyes y disposiciones vigentes; el 4º modificándolo expresando que la asistencia a las Juntas generales será voluntaria como también la aceptación de los cargos de la Junta Directiva, quitando las palabras “toda resistencia o negligencia dará motivo a la imposición de las sanciones que acuerde la asociación".- hasta el final del párrafo, y por último, el art. 5º  establecerá que en las convocatorias de las Juntas generales 'ordinarias y extraordinarias figurarán los asuntos que en las mismas serán tratados.- De R.O. lo digo a V.E.para  su conocimiento y demás efectos.”
Lo traslado a V.S. para su cumplimiento siendo adjuntos los tres Reglamentos de referencia.”
El 9 de junio don Enrique Sánchez Earle, para poder modificar el articulado Reglamento en el sentido que constaba en dicha R.O., solicitó poder celebrar una reunión con tal objeto el día 10 de junio de 1930 a las cinco de la tarde en el local de la calle Méndez Núñez junto al Teatro del Parque.

A dicha reunión asistieron 20 funcionarios, bajo la inspección del Agente de lo Social Sr. Izquierdo,  a los que se les sometió a la aprobación de dichas modificaciones, las cuales fueron aprobadas, terminando la reunión a las 5'30. 

Al día siguiente fue enviado el Reglamento modificado junto a dos copias, al Comandante Militar Subdelegado Gubernativo de La Linea, para que le diera el curso reglamentario.

El 1 de julio El Gobierno Militar del Campo de Gibraltar le comunicó al Comandante Militar de La Línea. la autorización dada por el Ministerio de la Gobernación:

"El Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación en escrito de 25 del pasado mes me dice lo que sigue: 
“Excmo. Sr.:- Visto el expediente promovido por Don Enrique Sánchez Earle y otros, como organizadores de la proyectada “Asociación de Funcionarios Municipales” de La Línea de la Concepción, solicitando autorización Ministerial para constituir la misma; 
Resultando que por ese Gobierno se remitieron a este departamento instancia, certificación de la reunión celebrada en 15 de febrero ultimo, para acordar la constitución de la referida asociación y tres ejemplares de los Estatutos por que habría de regirse, informando esa Asesoría Jurídica después de haberse cumplidos por lo determinado en el art. 4º de la Ley de 30 de junio de 1887; 
Resultando, que examinados dichos Estatutos se devolvieron a ese Gobierno por R.O. comunicada de tres de los corrientes indicándose las modificaciones que habían de introducirse en los artículos 1º, 4º y 5º las que fueron acordadas en nueva reunión verificada el dia 10 del actual; 
Considerando que la asociación  mencionada tiene por objeto el mejoramiento moral y material de las clases; agrupar en su seno a cuantos funcionarios Administrativos técnicos y titulados del Ayuntamiento de dicha población deseen pertenecer a tal Entidad, y desarrollar otros fines de carácter benéfico, todo ello dentro de la Ley y disposiciones vigentes; 
Considerando que por tratarse de funcionarios Municipales indirectamente dependientes de este departamento, compete a este conceder la autorización Ministerial necesaria para que pueda constituirse la expresado asociación de conformidad con lo establecido en el cap. 6º del Reglamento 7 de septiembre de 1918, dictado para la ejecución de la Ley de 22 de julio del mismo año; S.M. el Rey (q.D.g:) ha tenido a bien disponer que se conceda la  autorización Ministerial solicitada para el legal funcionamiento de la denominada Asociación de Funcionarios Municipales de Linea de la Concepcion.”
De R.O. lo digo a V.E. para su conocimiento, al de los interesados y demás efectos, con devolución de dos ejemplares de los repetidos Estatutos.”
Lo digo a V.S. con inclusión del citado Reglamento para su conocimiento y entrega a dichas Asociación debiendo interesar de la misma copia de un ejemplar de dicho Reglamento para constancia en esa Comandancia Militar."

Y por fin el 3 de julio don Enrique Sánchez, solicitó celebrar una reunión el lunes 7 de julio de 1930, a las cuatro de la tarde en el mismo local con el siguiente Orden del día:

Constitución de la Asociación 
Gastos realizados para llegar a la Constitución y para la instalación del local social y forma de recaudar fondos para atender a aquellos.
Ingreso en la Federación Nacional
Dimisión de la Comisión Gestora y nombramiento y posesión de la nueva 
Actos que han de celebrarse para festejar la Constitución 
Visitas oficiales de ofrecimiento 
Ruegos y preguntas. 
Y así fue, comenzando la reunión a la hora indicada bajo la Presidencia de don Enrique Sánchez Earle, asistiendo 25 asociados  y tras la leer la comunicación del Sr. Ministro de la Gobernación, se declaró Constituida. Tras tratar lo siguientes puntos del día, se pasó a la dimisión de sus cargos de la Comisión y se procedió a nombrar la Directiva y fueron elegidos:

Presidente don Enrique Sánchez Earle con domicilio en calle San Felipe
Secretario-Contador don Juan Montero Amores con domicilio en calle Benito Pérez Galdós, 30
Tesorero don José Escribano Román con domicilio en calle Doctor Pulido, 15
Vocal 1º don Rafael Valencia Rivera con domicilio en calle  Moreno de Mora
Vocal 2º don Rafael Carrillo García con domicilio en calle Vitorio de Molina, 16

Se acordó acto seguido nombrar Presidente Honorario a don Francisco Villar y Sánchez (Contador de Fondos Municipales), realizar visitas oficiales al Sr. Subdelegado Gubernativo de La Línea y al Alcalde y por último celebrar la constitución de la Sociedad con un  almuerzo






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