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miércoles, 20 de mayo de 2026

Sabías Que… Tal día como hoy, 20 de mayo, en 1891, la prensa publicó los dramáticos sucesos ocurridos en La Línea tras la muerte de un joven contrabandista en la frontera de Gibraltar

 












En mayo de 1891, La Línea de la Concepción fue escenario de uno de los episodios más tensos y violentos relacionados con el contrabando y el control fronterizo con Gibraltar durante el siglo XIX. Los hechos, recogidos por la prensa de la época y difundidos por el periódico campogibraltareño El Sino, reflejaron el enorme clima de conflictividad social existente en torno al paso clandestino de tabaco y mercancías entre Gibraltar y territorio español.

Según narraba la crónica, todo comenzó en la noche del 13 de mayo, cuando varios jóvenes conocidos popularmente como “banqueteros” intentaron atravesar la zona neutral próxima a Levante portando morales cargados con género ilícito. Aprovechando la oscuridad, trataron de burlar la vigilancia existente entre las postas de carabineros situadas cerca de la frontera.

Al ser descubiertos por los carabineros de servicio, los muchachos emprendieron la huida por el campo neutral, abandonando la carga para correr con mayor rapidez. Los agentes recuperaron los morales y los presentaron posteriormente ante el mando correspondiente de la guardia principal.

Poco después tuvo lugar el hecho que desencadenó la tragedia. Uno de aquellos jóvenes, identificado como Andrés Giles, volvió a intentar cruzar la zona próxima a la canilla número 3. Diversos vecinos aseguraban que iba sin carga alguna, pero un empleado de la Tabacalera abrió fuego contra él, alcanzándolo mortalmente. El disparo acabó instantáneamente con su vida.

La muerte del muchacho provocó una enorme conmoción en el barrio de Vista Hermosa y en los alrededores de la frontera. La prensa recogía además versiones contradictorias sobre lo ocurrido posteriormente. Algunos aseguraban haber escuchado otros disparos minutos después, mientras otros afirmaban que junto al cadáver apareció un morral cargado de tabaco y una pistola descargada.

A la mañana siguiente, antes incluso de las ocho, numerosos vecinos se agrupaban en las calles comentando lo sucedido. La indignación creció rápidamente entre mujeres, niños y trabajadores del barrio, muchos de los cuales comenzaron a increpar a los empleados de la Tabacalera, conocidos popularmente como “blanquillos”.

La situación terminó degenerando peligrosamente. Según el relato periodístico, algunos empleados respondieron a las protestas con amenazas y actitudes provocadoras, aumentando aún más la tensión entre la población. La multitud comenzó entonces a lanzar piedras contra los agentes.

El momento más dramático se produjo cuando llegó el relevo de los agentes acompañado de un oficial. La crónica acusaba directamente a este mando de ordenar a sus hombres formar en línea de ataque con los sables desenvainados y los fusiles Remington preparados, mandando abrir fuego contra la multitud congregada en Vista Hermosa.

Los disparos provocaron escenas de auténtico pánico en el barrio. Dos hombres resultaron heridos casi de inmediato: uno cuando salía de su casa y otro al intentar entrar en ella. Las calles se llenaron de gritos, carreras y escenas de desesperación mientras mujeres y niños trataban de refugiarse en las viviendas cercanas.

La descripción realizada por el periódico resultaba especialmente dura, retratando una población aterrorizada mientras las balas recorrían las calles del barrio. La publicación denunciaba además que los agentes continuaron avanzando hacia el interior de la población persiguiendo a vecinos indefensos.

Finalmente, el alcalde, acompañado por la Guardia Civil y agentes de orden público, intervino para tratar de contener a la multitud y evitar un enfrentamiento aún mayor. La población, profundamente alterada por la muerte de Andrés Giles y por la actuación de los agentes armados, permanecía completamente indignada por los sucesos acontecidos aquella mañana.

Este episodio reflejaba la enorme tensión social existente en La Línea a finales del siglo XIX, marcada por la pobreza, el desempleo y la dependencia económica del contrabando ligado a Gibraltar. Para muchos vecinos de los barrios más humildes, el paso clandestino de mercancías constituía una forma habitual de subsistencia, mientras que las autoridades españolas trataban de combatir estas prácticas mediante una creciente militarización de la frontera.

Los acontecimientos de mayo de 1891 quedaron así grabados como uno de los episodios más violentos y dramáticos de la historia fronteriza linense, mostrando hasta qué punto el conflicto entre control aduanero, supervivencia popular y autoridad estatal podía desembocar en auténticas situaciones de tragedia colectiva.


Transcripción Literal: 

LO DE GIBRALTAR

Sobre los deplorables sucesos acaecidos en La Línea, en la noche del 13 y mañana del 14, trae extensos pormenores El Sino, del Campo de Gibraltar.

A cosa de las nueve de la noche del día 13 —dice El Sino— unos cinco o seis jóvenes de los conocidos aquí por «banqueteros» intentaron pasar a La Línea con unos morales de género ilícito por entre las postas de carabineros número 4 y 5, sita en la parte neutral de Levante.

Cuando ya iban á conseguir su objeto, notaron que los carabineros allí de servicio los perseguían, y entonces los muchachos para poder librarse de ser aprehendidos, se dieron á la fuga por el campo neutral, mas no sin antes desprenderse de los morales para correr, sin duda, más ligeros.

Los carabineros, en vista, según parece, de que comprenderían lo imposible que les sería alcanzar á aquellos jóvenes, desistieron de perseguirlos y recogieron los morales, presentándolos al comandante de la guardia de Principal.

Esto parece que lo han visto varios vecinos de aquel barrio.

Al poco tiempo de lo dicho, uno de los mencionados jóvenes, Andrés Giles, volvió á intentar salir por la canilla núm.. 3, sin la menor carga, al decir de sus compañeros, y según de público se decía por todo el vecindario del barrio de Vista Hermosa; pero con la desgracia de que, visto por un empleado de la Tabacalera, éste le disparó un tiro con la poca fortuna de dejarle muerto instantáneamente.

También dicen decir que otro de los contrabandistas jóvenes, al intentar pasar por la misma canilla, tropezó con el cadáver de su compañero.

Muchos vecinos de aquel lugar aseguran que á los veinte o treinta minutos de oír el disparo, que sin duda causó la muerte del infeliz Giles, sintieron otro dos como de revólver.

También dicen que vieron á un soldado de infantería de carabineros con un morral dirigirse hacia el lugar del suceso.

Otras versiones aseguran que cuando llegaron las autoridades competentes á levantar el cadáver, encontraron al lado de él un morral cargado de tabaco y una pistola descargada.

Antes de las ocho de la mañana del 14, los vecinos de Vista Hermosa se hallaban en grandes grupos refiriendo todo lo acaecido que habían originado la muerte de Giles en la noche anterior.

Por efecto de aquellos grupos se pasaba mucho más empleado de la Tabacalera. Los inmensos mayorías de los grupos lo componían mujeres y niños, éstos al ver á los tales blanquillos les dirigían algunas que otras palabras duras, en son de protesta y como prueba de la indignación que les había causado el hecho cometido por uno de sus compañeros.

Pero los «blanquillos» seguían recibiendo con además provocativos los improperios que los niños y las mujeres les dirigían y hasta dicen que uno de ellos se atrevió á amenazarlas «con que todas las noches se iban á cargar, media docena y pisao» (palabras textuales).

Estas otras provocaciones de los «blanquillos» dicen que exacerbaron de tal manera á aquellos grupos que algunos chiquillos y mujeres empezaron á tirarles algunas piedras.

En esto llegaba el relevo, ó sean otros seis «blanquillos», y un oficial de los mismos, el cual, en vez de obligar á la fuerza á retirarse de aquel lugar, puesto que á dicha hora ya no eran necesarios sus servicios, y así con esto privar al pueblo de un conflicto, desarmó á uno de sus subordinados y con más arranques que un Cid Campeador ordenó á su fuerza que se preparase en línea de ataque, con los sables desenvainados y los remingtons cargados, y á seguida dio la voz de romper el fuego sobre aquella multitud indefensa.

Al ruido de las primeras detonaciones, y como por encanto, todo el barrio de Vista-Hermosa y calles adyacentes completamente vírgenes ocupados por una inmensa muchedumbre.

Aquel oficial, sin reparar á lo que se exponía, seguía al parecer frenético, avanzando y haciendo fuego contra aquella apilada muchedumbre que se dispersaba precisamente sin hacer el menor alarde de resistencia. A los primeros disparos hechos por el oficial y los «blanquillos», á poco más de un metro de distancia de las casas que forman el indicado barrio, cayeron al suelo dos hombres heridos, uno que salía de su casa y otro que entraba también en la suya.

Mas esta sangre vertida por dos honrados artesanos no intimidó en lo más mínimo á aquellos agentes de la Tabacalera, sino que antes al contrario les dió alientos para proseguir su carrera atropellando á los pacíficos habitantes de esta villa.

¡Qué cuadro más horrible hemos presenciado esta mañana!

Aquí gritos femeniles, allí lamentos, más allá expresiones de mal contenido cólera y por en medio de todo se sentía el lúgubre silbido de las balas. Todos corrían, todos trataban de encerrarse en alguna casa para no tener ninguna clase de choque con aquel y aquellos individuos que se internaban por las más principales calles de la población, después de haber dejado charcos de sangre á su paso, persiguiendo á inocentes niños é indefensas mujeres.

El alcalde con la guardia civil y agentes de orden público, se dedicó á calmar á las masas, y no sin grandes esfuerzos, las contuvo en su afán de avanzar. Todos estaban indignados con lo acontecido.

Pero, señores conservadores, esto va á ser el fin…


Realizado por:

Luis Javier Traverso

Bibliografía: Periódico "La República" del 20 de mayo de 1891




viernes, 1 de septiembre de 2017

En 1841 fue atacado por contrabandistas un Guardacostas en las aguas próximas a la Tunara







En los momentos en que la plaga del contrabando había tomado tal incremento y amenazaba como una potencia destructora las ventas y de la industria nacional,  si el contrabando continuaba protegido por los apoderados auxiliares que descaradamente lo amparaban, todos estos actos de valor que honraban a nuestros marinos solo contribuían a aumentar el abundante catálogo de nuestras desgracias.

Este nuevo hecho en las playas de la Línea de Gibraltar, acaeció de la siguiente forma:

Consecuente a las órdenes que le habían comunicado a don Manuel Monfillo patrón del falucho Guardacostas “El Vigilante”, de la empresa Llano Ors y Compañía 1, contrata del resguardo marítimo, se hallaba haciendo el crucero al mando de su falucho, entre los puntos llamados la Tunara y Santa Bárbara, cuando a eso de las nueve de la noche de ayer distinguió un falucho de regular porte y otro más pequeño que le seguía; inmediatamente dirigió la proa hacia ellos y hallándose a distancia de ser oído; dio las voces  al falucho, ¿quién es?, ¿de donde viene?, al que contestó, ¡soy el Atrevido! , en seguida estando más próximo, dio otra voz para que arriasen vela para pasar a reconocerlo, se colocaron uno a barlovento y otro a sotavento y a quemarropa dispararon sobre su tripulación una descarga, dé la que resultó muerto en el acto el marinero Pedro Porqué, dando la voz en medio del mayor estrépito de ¡al abordaje y mueran todos los de la Empresa! Al momento y casi sin que el Patrón pudiera  prepararse a la defensa, se halló rodeado por los expresados faluchos contrabandistas saltando a bordo armados de carabinas y sables diez o doce hombres de uno de los faluchos, mientras que el otro colocado al costado de sotavento les hacia un fuego mortífero, dando las voces de ¡muera todo el mundo y nada de cuartel!. El Patrón sin embargo del conflicto en que se encontraba y siendo atacados por fuerzas triplicadas a las suyas ya que su tripulación solo se componía de once hombres, cuando la de los contrabandistas pasaba de treinta.

Dio la voz de zafarrancho y gritando ¡viva Isabel II!, a cuyo grito sus valientes marineros, con un heroísmo sin igual, respondieron al ataque de sus enemigos peleando cuerpo a cuerpo, hasta que espantados de sus golpes de muerto, comenzaron a desanimarse; en aquellos instantes de terror pudo por medio de una pronta maniobra zafarse del falucho grande; pero aún continuaba a su bordo el combate con seis contrabandistas que se defendían con denuedo, hasta que viendo correr la sangre de sus compañeros y que no podían resistir al valor de sus marineros, dieron la voz de cuartel, que les fue inmediatamente concedido.

Desembarazado ya del abordaje, por la muerte y rendición de los que habían tenido la osadía de efectuarlo, el Patrón se dirigió a los faluchos que huían, dándoles caza, hasta que logró apresar al más pequeño cargado de tabaco, salvándose, a nado el resto de su tripulación por hallarse cerca de tierra, no pudiendo dar alcance al mayor por haberse encontrado, en territorio inglés, pero lo dio tiempo de oír los lamentos de los heridos que llevaban a bordo cuyas circunstancias fueron después confirmadas, sabiéndose por conducto fidedigno y seguro, haber desembarcada en la playa de Gibraltar tres hombres muertos y cinco heridos.

Los contrabandistas que se hallaban en tierra para recibir las cargas nos hacían un fuego continuo. El resultado de todo fue el apresamiento de un falucho cargado de tabacos de pesó de 2850 libras, 12 sables, 10 carabinas, un contrabandista muerto, 2 gravemente heridos y 4 más prisioneros, todos dentro de nuestro borda, pues fueron de los que saltaron al abordaje, esto sin contar los muertos y heridos desembarcados en Gibraltar, sobre cuyo hecho no cabía la menor duda. Por parte del Guardacostas hubo que lamentar la muerte del bizarro marinero Pedro Porqué y tres heridos aunque ligeramente.

En la carta remitida por el Patrón del Guardacostas le hacía ver a sus superiores:

 “V.S. como marino sabrá apreciar el mérito contraído por mi tripulación, en un combate que aunque pequeño por la calidad de los buques es muy grande por las circunstancias del ataque; por el número triplicado do los contrabandistas, mayor parte de sus buques, y haberse verificado todo en la oscuridad de la noche. Envista de todo, no puedo dejar de recomendar a los individuos de la tripulación cuya nota acompaño y muy particularmente a la viuda del desgraciado Pedro Porqué, para que se sirva hacerlo al gobierno de S.M."

Bahía de Algeciras 11 de julio de 1841.

El Patrón Manuel Monfillo.

Nota de los individuos de que se compone la tripulación del falucho aprehensor.

Patrón Manuel Monfillo
Segundo Francisco Monfillo
Marinero Antonio Estero
Marinero Francisco Sana
Marinero Francisco Carrillo
Marinero Pedro Benítez
Marinero Francisco Sánchez
Marinero Juan Morales
Marinero José Godoy.

El Diario Constitucional de Palma  del martes 24 de julio de 1841, después de redactar esta noticia, apuntilla:


“Este hecho de armas, al paso que nos hace conocer más y más los favores que nos dispensan nuestra generosa aliada la Inglaterra, justicio la oportunidad con que el Congreso declaró que era perjudicial la empresa de Guardacostas. ¡Pobre España!"

Luis Javier Traverso
La Línea en Blanco y Negro


1.- La historia del Servicio de Vigilancia Aduanera, puede decirse que está ligada a las vicisitudes por las que ha atravesado a lo largo de los tiempos el Monopolio de Tabacos o la Renta de Tabacos.
Con el Monopolio del Tabaco surge el contrabando y, para combatir éste, aparecen los primeros Resguardos o fuerzas encargadas de perseguirlo y reprimirlo. No sabemos a ciencia cierta cuándo se organizó el primer Resguardo de Tabacos o Cuerpo encargado de combatir el contrabando de este artículo monopolizado. Si bien podría ser en tiempos de Felipe V, el primer rey de la dinastía borbónica (1700-1746) o más bien en la época de ese gran Rey que tantas reformas acometió en España, Carlos III (1759-1788).
Por Real Decreto de 20 de febrero de 1844 se promulgan las bases del arrendamiento de la Renta de Tabacos. En la Base 28 se dice que la empresa arrendataria tendrá a su disposición el resguardo marítimo. Se hará cargo a los buques de que consta y de su subsistencia. Los comandantes de los buques guardacostas y sus tripulaciones pasarán a las órdenes de la empresa, y el servicio del resguardo marítimo se considerará como una parte integrante del contrato. El Gobierno conservará, sin embargo, la iniciativa en el nombramiento de los comandantes de los apostaderos y de los buques, a propuesta de la empresa.
Un reglamento particular redactado por el Ministerio de Hacienda, de acuerdo con el de Marina, determinará: primero: los apostaderos en que debe dividirse el litoral y fuerzas de que debe constar el resguardo marítimo; segundo, el número y clase de sus tripulaciones; tercero, los sueldos y haberes de los comandantes y de los empleados de los apostaderos y tripulaciones, y el importe de las raciones de éstos; cuarto, las visitas e inspección que el Gobierno debe ejercer en toda la marcha de este servicio.
En cuanto al coste del Resguardo, se satisfará por la empresa, por la Renta Aduanas y por la de Tabaco.
Fuente wikivisually Servicio de Vigilancia Aduanera



Bibliografía: wikivisually Servicio de Vigilancia Aduanera
                      Diario constitucional de Palma 1839 27-7-1841
                      El Guardia nacional Barcelona. 25-7-1841

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