sábado, 20 de junio de 2026

Sabías que...? Tal día como hoy, 22 de junio, en 1934: los empleados de banca de La Línea reorganizaron su representación sindical

 









Reorganización de la Delegación de Trabajadores de Banca de La Línea de la Concepción (22 y 24 de junio de 1934)

Durante los últimos días de junio de 1934 quedó reflejada en la documentación oficial remitida a la autoridad gubernativa de La Línea de la Concepción una importante reorganización interna de la Delegación de Trabajadores de Banca, entidad integrada en la Asociación de Empleados de Banca de Cádiz y su Provincia, organización que agrupaba a los empleados del sector bancario y financiero de la provincia.

Los documentos conservados permiten conocer con detalle el desarrollo de los acontecimientos que condujeron a la renovación de la dirección local de la organización y constituyen un interesante testimonio de la actividad asociativa y sindical existente entre los trabajadores bancarios durante los años de la Segunda República.

Con fecha 22 de junio de 1934, la Delegación de Trabajadores de Banca comunicó oficialmente al Alcalde Delegado Gubernativo de La Línea la convocatoria de una Junta General Extraordinaria que habría de celebrarse al día siguiente, 23 de junio, en su domicilio social situado en la calle Primero de Mayo número 18.

La convocatoria establecía que la reunión tendría lugar a las cuatro y media de la tarde en primera convocatoria y a las cinco de la tarde en segunda. El orden del día constaba de un único asunto, aunque de gran trascendencia para la organización.

El punto a tratar era la visita del compañero Vicepresidente del Sindicato Provincial y, especialmente, la dimisión del Subcomité Directivo que hasta aquel momento dirigía la Delegación local.

La comunicación, redactada en términos formales, fue firmada por los responsables de la organización y llevaba estampado el sello oficial de la Asociación de Empleados de Banca. Delegación de La Línea. Cádiz y su Provincia, acreditando el carácter oficial del escrito.

La convocatoria anunciaba así un cambio importante en la estructura dirigente de la entidad, circunstancia que refleja la intensa actividad interna desarrollada por las organizaciones profesionales y sindicales durante aquellos años.

La reunión extraordinaria se celebró efectivamente el 23 de junio de 1934, y tan solo un día después, el 24 de junio, la Delegación remitió una nueva comunicación a la autoridad gubernativa informando de los acuerdos adoptados.

En dicho escrito se daba cuenta de que la Junta General había aceptado la dimisión presentada por el Subcomité que hasta entonces dirigía la organización local. Los cargos cesantes eran:

  • Delegado: Antonio Serrano Jiménez.
  • Subdelegado: Francisco Serrano Navarro.
  • Secretario: Francisco Guzmán Sanz.

Aceptadas las renuncias, la asamblea procedió inmediatamente a la elección de una nueva dirección, conforme a los procedimientos internos establecidos por la organización.

Como resultado de la votación fueron designados los siguientes trabajadores para asumir la representación de la Delegación de La Línea:

  • Delegado: Rogelio García Sánchez, con domicilio en la calle Pablo Iglesias número 5.
  • Subdelegado: Félix Arceh Gracia, domiciliado en Lunares Bonet número 14.
  • Secretario: Francisco González Perujo, con domicilio en la calle Pablo Iglesias número 1.

La comunicación informaba igualmente de que el nombramiento había sido realizado por los afiliados reunidos en Junta General, quedando así constituido el nuevo Subcomité Directivo encargado de representar a los trabajadores bancarios de la localidad.

El documento concluía con la fórmula habitual de la época, «Salud y República», expresión característica utilizada por numerosas organizaciones obreras, sindicales y asociaciones profesionales durante la Segunda República, reflejo del contexto político y social existente en aquellos años.

La presencia de la Delegación de Trabajadores de Banca en La Línea evidencia el grado de organización alcanzado por los empleados del sector financiero local durante la década de 1930. Aunque numéricamente constituían un colectivo reducido en comparación con otros sectores económicos de la ciudad, los trabajadores bancarios mantenían estructuras asociativas sólidas y una estrecha vinculación con las organizaciones provinciales de Cádiz.

La existencia de un domicilio social propio en la calle Primero de Mayo, la celebración periódica de juntas generales y la obligación de comunicar oficialmente los cambios directivos a la autoridad gubernativa muestran el elevado nivel de formalización alcanzado por estas organizaciones profesionales.

Desde el punto de vista histórico, estos documentos ofrecen una valiosa información sobre la vida interna del movimiento asociativo de los empleados de banca en La Línea durante la Segunda República, permitiendo conocer tanto los mecanismos democráticos de elección de dirigentes como la identidad de algunos de los trabajadores que asumieron responsabilidades representativas dentro de una de las organizaciones profesionales más activas de la ciudad en aquellos años.

Tal día como hoy en La Línea

La existencia de una activa Delegación de Trabajadores de Banca en La Línea demuestra el grado de organización alcanzado por los empleados de oficina y del sector financiero durante los años republicanos. Aunque la ciudad era conocida principalmente por sus actividades comerciales, portuarias y relacionadas con Gibraltar, también contaba con una importante presencia de trabajadores vinculados a entidades bancarias y financieras.

Estas asociaciones profesionales no solo defendían los intereses laborales de sus afiliados, sino que mantenían una estrecha relación con las autoridades civiles mediante la comunicación periódica de sus reuniones, elecciones internas y acuerdos corporativos. La documentación conservada permite conocer hoy la estructura organizativa de estos colectivos y la participación de numerosos linenses en la vida asociativa de la época.

Noventa y dos años después, aquellos escritos constituyen un valioso testimonio de la actividad sindical y profesional existente en La Línea durante la Segunda República, así como del funcionamiento cotidiano de unas organizaciones que formaban parte esencial de la vida económica y social de la ciudad.










¿Sabías que...? Tal día como hoy, 8 de junio, en 1966: el Ayuntamiento autorizó reducir las corridas de toros de la Velada por la competencia de la televisión

 









Autorización para reducir el número de corridas de toros durante la Velada (8 de junio de 1966)

En la ciudad de La Línea de la Concepción, siendo las trece horas y treinta minutos del día 8 de junio de 1966, se reunió en primera convocatoria el Pleno de la Excma. Corporación Municipal bajo la presidencia del Alcalde, don Pedro Alfageme González, para celebrar sesión ordinaria y tratar los asuntos comprendidos en el orden del día.

Asistieron a la sesión, además del Alcalde-Presidente, los Tenientes de Alcalde don Julio Almagro Ramos, don Félix Arrocha Gracia, don José Blasco Fontanal, don Guillermo Ruiz Marín, don Gabriel de Frutos Hernández y don Antonio Parady Nadal. Asimismo concurrieron los concejales don Pedro Trujillo Anche, don José Luis Yagüe Amado, don José Requizado Espinosa y don Antonio García Roldán. Actuó como Secretario General don Manuel Barrientos Herrera, asistiendo igualmente el Interventor-Habilitado don Antonio Íñigo Holgado.

No concurrieron a la sesión el Teniente de Alcalde don Bernardo Díaz Pinés Fernández Pacheco y los concejales don Manuel Pérez Gutiérrez, don Luis Araujo Ruiz y don José Pérez Ponce, quienes excusaron previamente su asistencia.

Declarada abierta la sesión, la Corporación procedió al examen de los distintos asuntos incluidos en el orden del día. Entre ellos ocupó un lugar destacado la petición formulada por don José Belmonte Fernández, arrendatario de la Plaza de Toros propiedad del Ayuntamiento, relacionada con la organización de los festejos taurinos programados para la próxima Velada y Fiestas.

La Alcaldía-Presidencia expuso a los reunidos el contenido de la solicitud presentada por el empresario taurino. En ella se interesaba la modificación temporal de lo dispuesto en la cláusula cuarta del contrato de arrendamiento de la plaza, en relación con la nota aclaratoria A), que regulaba el número mínimo de espectáculos taurinos que debían celebrarse durante la temporada.

El peticionario fundamentaba su solicitud en las difíciles circunstancias económicas que atravesaba la población y en las especiales condiciones que concurrían durante aquel año. Señalaba que la situación económica general estaba afectando al poder adquisitivo de los aficionados y, por consiguiente, a la venta de localidades. A ello añadía un factor novedoso que comenzaba a influir de manera significativa en la asistencia a los espectáculos públicos: la retransmisión televisada de importantes partidos de fútbol correspondientes a competiciones deportivas de gran interés popular.

Según exponía el arrendatario, la coincidencia de estos acontecimientos deportivos con los días de celebración de la Velada hacía prever una notable disminución de público en los festejos taurinos, circunstancia que podía provocar un profundo desequilibrio económico en la explotación de la plaza y comprometer seriamente la viabilidad de la programación inicialmente prevista.

Por tal motivo, solicitaba autorización municipal para alterar excepcionalmente las condiciones establecidas en el contrato, reduciendo el número de festejos obligatorios durante aquella temporada. La modificación propuesta consistía en que el programa taurino de la Velada quedara limitado a la celebración de tres corridas de toros, en lugar del número inicialmente contemplado en el contrato de arrendamiento.

La petición fue objeto de amplia deliberación por parte de los miembros de la Corporación. Durante el debate se valoraron tanto las obligaciones contractuales asumidas por el arrendatario como las circunstancias extraordinarias alegadas por éste. Los concejales tuvieron en consideración la situación económica existente, la evolución de los hábitos de ocio de la población y la creciente competencia que comenzaban a representar las retransmisiones televisivas para los espectáculos tradicionales.

Tras examinar detenidamente todos los antecedentes y ponderar las razones expuestas por el empresario, la Corporación Municipal entendió que concurrían circunstancias suficientemente justificadas para acceder a la petición formulada. Se estimó que la flexibilización temporal de las condiciones contractuales permitiría garantizar la celebración de los festejos taurinos esenciales de la Velada sin comprometer gravemente la estabilidad económica de la empresa arrendataria.

Como consecuencia de ello, el Ayuntamiento acordó por unanimidad autorizar a don José Belmonte Fernández, en su condición de arrendatario de la Plaza de Toros municipal, para que, atendiendo a las razones invocadas y exclusivamente para aquella temporada, pudiera organizar la programación taurina de la próxima Velada con un mínimo de tres corridas de toros.

El acuerdo reflejó la voluntad de la Corporación de adaptar las obligaciones contractuales a las circunstancias reales del momento, preservando al mismo tiempo una de las tradiciones festivas más arraigadas de la ciudad. La decisión puso de manifiesto cómo, a mediados de la década de 1960, comenzaban a percibirse cambios significativos en las formas de entretenimiento popular, especialmente por la creciente influencia de la televisión, cuya expansión empezaba a afectar a la asistencia a espectáculos públicos que durante décadas habían constituido uno de los principales atractivos de las celebraciones locales.

Desde el punto de vista histórico y administrativo, este acuerdo constituye un interesante testimonio de la evolución de la actividad taurina en La Línea de la Concepción y de la necesidad de adaptar la gestión municipal de los servicios y concesiones públicas a las nuevas realidades económicas y sociales que caracterizaron la España de los años sesenta.

Oro, Seda y Solera: La Recordada Feria Taurina de La Línea de 1966

La temporada taurina de 1966 quedó grabada en la memoria colectiva de La Línea de la Concepción como una de las más brillantes y representativas de la denominada edad de oro de la afición local. Aquel verano, la ciudad vivió unas Veladas y Fiestas marcadas por la presencia de las máximas figuras del toreo nacional, por el entusiasmo popular que despertaban los festejos y por una programación que combinó tradición, espectáculo y promoción de los jóvenes valores del Campo de Gibraltar.

La importancia de aquella temporada quedó reflejada incluso en la actividad municipal. En la sesión plenaria celebrada el 8 de junio de 1966, el Ayuntamiento tuvo que abordar la situación planteada por el empresario taurino José Belmonte Fernández, arrendatario de la Plaza de Toros de propiedad municipal. El empresario expuso las dificultades económicas derivadas de la disminución prevista de espectadores, motivada tanto por la coyuntura económica que atravesaba la ciudad como por la creciente competencia de las retransmisiones televisadas de partidos de fútbol, que comenzaban a atraer a miles de aficionados.

Ante esta situación, la Corporación Municipal acordó autorizar una modificación excepcional de las condiciones del contrato de arrendamiento, permitiendo que durante la Velada se celebrase un mínimo de tres corridas de toros, en lugar de un número superior inicialmente previsto. Aquella decisión, adoptada por unanimidad, permitió mantener un ciclo taurino de primer nivel que acabaría convirtiéndose en uno de los más recordados de la década.

La Feria de Julio y el arte de Cruz Herrera

Las fiestas de aquel año fueron anunciadas mediante uno de los carteles más bellos de cuantos se conservan de la historia festiva linense. La obra, realizada por el prestigioso pintor linense José Cruz Herrera, combinaba la elegancia femenina andaluza con los elementos tradicionales de la fiesta, convirtiéndose rápidamente en una de las imágenes más representativas de la Velada de 1966.

El programa taurino aparecía integrado dentro de una auténtica semana de celebraciones populares que transformaba completamente la ciudad. Las calles se llenaban de visitantes llegados desde toda la comarca, Gibraltar y distintos puntos de Andalucía, mientras hoteles, fondas, bares y establecimientos comerciales registraban una intensa actividad.








Tres grandes corridas de abono

El eje central de la programación taurina lo constituyeron las tres grandes corridas de abono celebradas los días 17, 18 y 24 de julio, anunciadas en los carteles como un acontecimiento excepcional.

Las reses pertenecían a los Herederos de Carlos Núñez, una de las ganaderías más prestigiosas del momento, cuya divisa era garantía de bravura, nobleza y espectáculo.

Primera corrida – Domingo 17 de julio

La primera gran cita reunió a:

  • Miguel Báez "Litri"
  • Curro Romero
  • Andrés Vázquez

La presencia de Curro Romero, ya convertido en una de las grandes figuras del toreo español, despertó una enorme expectación. El torero de Camas representaba el arte imprevisible, el toreo inspirado capaz de provocar tanto la admiración absoluta como la controversia.

Junto a él comparecieron Miguel Báez "Litri", símbolo del valor y de la capacidad lidiadora, y Andrés Vázquez, figura consolidada que atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera.

Segunda corrida – Lunes 18 de julio

La segunda corrida presentó un cartel igualmente extraordinario:

  • Juan Pedro Domecq
  • Antonio Ordóñez
  • Miguel Mateo "Miguelín"
  • Carlos Corbacho

La presencia de Antonio Ordóñez suponía un acontecimiento de primer orden. El maestro rondeño era considerado uno de los toreros más importantes de la historia contemporánea y su participación convertía automáticamente cualquier cartel en un acontecimiento nacional.

Junto a él actuó Miguelín, ídolo de la afición andaluza y torero de enorme personalidad, además de Juan Pedro Domecq y el espada linense Carlos Corbacho, que tenía la oportunidad de compartir cartel con figuras de máxima categoría.

Tercera corrida – Domingo 24 de julio

La feria concluyó con una corrida que alcanzó gran repercusión por la presentación en el Campo de Gibraltar de una joven figura destinada a convertirse en leyenda:

  • Palomo Linares
  • Carlos Corbacho
  • Aurelio Núñez

El cartel anunciaba expresamente:

"Hace su presentación como matador de toros en el Campo de Gibraltar el fabuloso fenómeno del toreo Palomo Linares."

Aquella actuación constituyó uno de los grandes atractivos de la feria. El joven Palomo Linares, que ya despertaba enorme interés entre los aficionados, comenzaba a construir una trayectoria que pocos años después lo convertiría en una de las máximas figuras del escalafón taurino español.

Los toros pertenecían a la ganadería de Guadalest, completando una combinación que atrajo a numerosos aficionados de toda la comarca.





La Línea por sus toreros

Si las grandes figuras nacionales constituían el principal reclamo de la feria, la organización no olvidó a la cantera local.

El 5 de junio de 1966 se celebró una importante novillada con picadores bajo el lema:

“¡La Línea por sus toreros!”

La empresa apostó decididamente por tres jóvenes valores linenses:

  • Pepe Luis Segura
  • Pepe Campos
  • Luis Miguel Arenilla

Los novillos pertenecían a la acreditada ganadería del Marqués de Villamarta, una de las más prestigiosas del momento.

El cartel presentaba a Pepe Luis Segura como triunfador en plazas tan importantes como Madrid, Sevilla o Huelva. Pepe Campos llegaba tras sus éxitos en la Maestranza de Ronda, mientras que Luis Miguel Arenilla hacía su presentación con picadores como nueva promesa del toreo linense.

Aquella tarde constituyó una auténtica demostración de apoyo popular a los toreros de la ciudad. Los aficionados respondieron masivamente a la llamada de la empresa, convencidos de que el futuro del toreo local dependía también del respaldo a sus jóvenes novilleros.


Pepe campos


Pepe Luis Segura


Luis Miguel Arenilla




Los Sanfermines Linenses

La programación taurina se completó con una iniciativa singular que aportó un carácter festivo y popular a la Velada.

El 21 de julio, a las diez de la noche, se celebraron los llamados:

“Sanfermines en La Línea”

La Comisión Organizadora programó una carrera de seis toros de fuego por la calle José Antonio y vías adyacentes, inspirándose claramente en los tradicionales encierros navarros.

Los carteles invitaban a participar a los jóvenes mayores de dieciséis años, recomendando vestir camisa blanca y pañuelo rojo al cuello para reproducir el ambiente de Pamplona.

Aunque los organizadores aclaraban que no se trataba de toros bravos ni peligrosos, la iniciativa despertó enorme curiosidad entre vecinos y visitantes y contribuyó a reforzar el ambiente festivo de aquellas jornadas.

Una feria para la historia

Vista con la perspectiva del tiempo, la feria taurina de 1966 representó uno de los momentos culminantes de la actividad taurina de El Arenal.

Pocas veces coincidieron en la plaza linense nombres de la talla de Antonio Ordóñez, Curro Romero, Miguelín, Litri, Andrés Vázquez y el emergente Palomo Linares, junto a destacados representantes de la cantera local como Pepe Campos, Pepe Luis Segura, Luis Miguel Arenilla o Carlos Corbacho.

La temporada demostró además la capacidad de la ciudad para organizar acontecimientos de primer nivel, manteniendo viva una tradición taurina profundamente arraigada en la sociedad linense.

Casi seis décadas después, aquellos carteles continúan siendo auténticas piezas de colección. Son el recuerdo material de un verano en el que La Línea de la Concepción se convirtió en uno de los grandes centros taurinos del sur de España, reuniendo en su plaza a figuras legendarias, jóvenes promesas y miles de aficionados que hicieron de la Velada de 1966 una de las más memorables de toda su historia.





viernes, 19 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 22 de junio, en 1932: la Alcaldía pidió la colaboración ciudadana para combatir el paro obrero

 










Llamamiento de la Alcaldía para combatir la crisis obrera mediante obras de reparación urbana (22 de junio de 1932)

El 22 de junio de 1932, en uno de los momentos más difíciles que atravesaba la economía local durante los primeros meses de la Segunda República, la Alcaldía de La Línea de la Concepción, presidida por don Antonio Gil Ruiz, hizo público un llamamiento dirigido a los propietarios de fincas urbanas con el propósito de contribuir a paliar la grave situación de desempleo que afectaba a centenares de trabajadores linenses.

El documento, difundido oficialmente bajo el encabezamiento de la Alcaldía de La Línea, reflejaba con claridad la preocupación existente en aquellos momentos por el incremento constante del paro obrero. La autoridad municipal reconocía abiertamente que la crisis laboral estaba alcanzando en la ciudad unas dimensiones alarmantes, calificando la situación de extraordinariamente grave y afirmando que todos los esfuerzos de la Corporación se orientaban a mitigar sus consecuencias.

La Alcaldía señalaba que la magnitud del problema exigía la colaboración activa de todos los sectores sociales y económicos de la localidad. Consideraba insuficiente la actuación exclusiva de las instituciones públicas si no existía una respuesta solidaria por parte de quienes, debido a su posición económica y social, estaban en condiciones de contribuir a aliviar la falta de trabajo que padecían numerosos vecinos.

En este contexto, el Ayuntamiento dirigió un llamamiento expreso a los propietarios de inmuebles urbanos para que acometieran las reparaciones y mejoras que pudieran resultar necesarias en sus edificios. Según se indicaba, la ejecución de estas obras no solo contribuiría a generar empleo inmediato para los trabajadores desempleados, sino que además permitiría mejorar el aspecto urbano de la ciudad y corregir numerosos problemas de conservación existentes en muchas viviendas.

La Alcaldía subrayaba que el abandono de determinadas fincas ofrecía una imagen poco favorable de la población, circunstancia que consideraba especialmente preocupante en una ciudad que tradicionalmente se había distinguido por la buena presencia y el cuidado de sus construcciones. La realización de obras de reparación serviría simultáneamente para embellecer la localidad, mejorar las condiciones de salubridad de muchas viviendas y proporcionar ocupación a quienes carecían de recursos.

El escrito insistía en que las posibilidades económicas del Ayuntamiento resultaban limitadas. Los fondos municipales destinados a la realización de obras públicas no permitían absorber el elevado número de trabajadores que buscaban empleo, por lo que se hacía imprescindible encontrar fórmulas complementarias capaces de generar nuevas oportunidades laborales.

La Corporación consideraba que el esfuerzo solicitado a los propietarios era relativamente moderado si se comparaba con los beneficios colectivos que podía producir. Por ello apelaba al interés general de la población y a la responsabilidad social de los particulares, invitándoles a participar activamente en la resolución de un problema que afectaba al conjunto del municipio.

La Alcaldía informaba igualmente de las gestiones realizadas ante el Gobierno de la República para obtener recursos extraordinarios destinados a combatir el desempleo. En este sentido, anunciaba que el Estado había librado ya una primera cantidad de 50.000 pesetas, correspondiente al trimestre que finalizaba el 31 de julio, destinada a financiar la construcción del Camino Vecinal desde La Atunara hasta el Puerto del Higuerón.

Aquella obra pública representaba una importante esperanza para numerosos obreros desempleados, puesto que permitiría la contratación de mano de obra local durante varios meses. Sin embargo, el Ayuntamiento advertía que los trabajos no comenzarían de forma inmediata, estimándose un plazo aproximado de un mes para su inicio. Precisamente por ello se consideraba imprescindible que durante ese periodo transitorio los propietarios particulares contribuyeran mediante la ejecución de obras privadas capaces de absorber una parte del desempleo existente.

La Alcaldía manifestaba su confianza en que los titulares de inmuebles comprendieran la trascendencia social del momento y se apresuraran a contratar el mayor número posible de trabajadores, convencida de que esa colaboración permitiría reducir considerablemente la tensión social derivada de la falta de empleo.

El llamamiento incluía además una referencia expresa a la legislación laboral vigente. El Ayuntamiento recordaba la obligación de respetar la jornada legal de ocho horas y mostraba su interés en que las nuevas contrataciones beneficiaran prioritariamente a los obreros que realmente se encontraban sin trabajo.

Por ello recomendaba que las obras de reparación fueran ejecutadas preferentemente por trabajadores parados de la localidad y no por personas que ya disponían de empleo fuera del municipio y que, una vez concluida su jornada ordinaria, realizaban trabajos complementarios. Según entendía la Alcaldía, esta práctica perjudicaba directamente a quienes carecían por completo de ocupación y agravaba las dificultades económicas de numerosas familias.

La preocupación municipal por esta cuestión respondía a la creciente conflictividad social existente en aquellos años, en los que la escasez de oportunidades laborales constituía una de las principales inquietudes de la población trabajadora del Campo de Gibraltar. La Línea, debido a su dependencia económica de actividades estacionales, de la construcción y de los intercambios con Gibraltar, sufría especialmente los efectos de las fluctuaciones económicas y de las restricciones laborales.

El documento concluía con una apelación al espíritu de colaboración colectiva. La Alcaldía expresaba su convencimiento de que todos los destinatarios del llamamiento responderían favorablemente y contribuirían de manera decidida a aliviar una situación que calificaba como de máxima importancia para el bienestar de la ciudad.

Firmado por don Antonio Gil Ruiz, alcalde de La Línea de la Concepción, este escrito constituye un valioso testimonio de los esfuerzos realizados por las autoridades municipales republicanas para afrontar el problema del desempleo mediante fórmulas de cooperación entre la administración pública y la iniciativa privada. Asimismo, refleja las dificultades económicas que atravesaba la población durante los primeros años de la Segunda República y la importancia que se concedía a las obras públicas y a la actividad constructiva como instrumentos fundamentales para combatir el paro obrero y mantener la estabilidad social del municipio.

Tal día como hoy en La Línea

Este llamamiento municipal constituye un valioso testimonio de las dificultades económicas que vivía La Línea de la Concepción durante los primeros años de la década de 1930. La crisis del empleo preocupaba profundamente a las autoridades locales, que buscaban soluciones tanto a través de la inversión pública como mediante la movilización de la iniciativa privada.

El bando refleja asimismo la importancia que las corporaciones municipales concedían a las obras públicas como instrumento para combatir el paro, una política que se materializó en proyectos como el camino vecinal entre La Atunara y el Puerto del Higuerón, considerado entonces una de las principales actuaciones de infraestructura promovidas en el municipio.

Noventa y cuatro años después, aquel documento sigue mostrando cómo la ciudad afrontó uno de los problemas sociales más graves de su tiempo mediante la colaboración entre Ayuntamiento, propietarios, trabajadores y administraciones públicas, en un esfuerzo conjunto por mantener la actividad económica y mejorar las condiciones de vida de la población.




Transcripción del bando

ALCALDÍA DE LA LÍNEA

La crisis de trabajo está tomando en nuestra ciudad proporciones aterradoras, y a mitigarla en lo posible tienden todos los esfuerzos de esta Alcaldía. Pero poco ha de conseguirse si aquellos que por su posición vienen obligados a colaborar con esta Alcaldía en la solución de asunto de tanta importancia social, no se prestan de manera decidida y leal, a amortiguar los efectos desoladores del triste problema de los obreros parados.

Contando con que no se regateará el concurso de todos, esta Alcaldía, encarece a los señores propietarios de fincas urbanas la necesidad que existe de verificar las obras de reparaciones precisas, en bien del ornato, así como de la salubridad de las viviendas. Con ello se atenuará hasta donde sea posible la crisis de trabajo y se conseguirá el embellecimiento de la población, al desaparecer la desagradable visión de fincas que ofrecen un aspecto lamentable de abandono que hablan muy mal de una ciudad como la nuestra que siempre se ha distinguido por el aspecto agradable de sus construcciones, por modestas que fueran.

No estima preciso esta Alcaldía insistir más sobre las razones de conveniencia que obligan a hacer el presente llamamiento; ya que nadie ignora que, agotados los recursos que servían para colocar en las obras municipales determinado número de obreros, es obligado buscar otros medios para facilitar trabajo a los que de él necesitan.

Es un sacrificio, el que propone esta Alcaldía, muy moderado y todos deben prestarse a llevarlo a efecto en bien del interés general y del particular de cada uno. El Gobierno de la República, por su parte, también colabora en la resolución de la crisis obrera en nuestra ciudad, habiendo librado ya las primeras cincuenta mil pesetas correspondientes al trimestre que vence en 31 de julio, que se van a invertir en la construcción del Camino Vecinal de la Cala de la Atunara al Puerto del Higuerón, obras que habrán de dar comienzo en el plazo de un mes, aproximadamente. Pero es indispensable que entretanto se realicen las que encarece esta Alcaldía, a cuyo efecto los Sres. propietarios de fincas urbanas deben apresurarse a colocar el mayor número posible de obreros y el conflicto habrá quedado reducido a su mínima expresión.

Ahora bien, esta Alcaldía se cree obligada a interesar de los trabajadores exijan el cumplimiento de la jornada legal de ocho horas, y a recomendar a los propietarios que en las obras que se realicen se empleen sólo obreros parados y no a los que trabajando fuera de la localidad, después de la jornada se dedican a trabajar con evidente perjuicio de los que carecen de ocupación.

Para terminar, quiere hacer presente esta Alcaldía, su seguridad de que todos aquellos a quienes se dirige este llamamiento, contribuirán con su colaboración decidida a la solución de asunto de tanto interés.

La Línea, 22 de junio de 1932.

EL ALCALDE,
ANTONIO GIL RUIZ.

Imprenta OBRERA, La Línea.




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 22 de junio, en 1967: La Línea aprobó los cinco proyectos que darían forma a la futura Ciudad Deportiva

 









Impulso definitivo a la Ciudad Deportiva de La Línea de la Concepción (22 de junio y 26 de octubre de 1967)

La sesión celebrada por la Corporación Municipal de La Línea de la Concepción el 22 de junio de 1967 constituyó uno de los hitos más relevantes en el proceso de creación de la futura Ciudad Deportiva, un ambicioso complejo de instalaciones destinado a dotar a la ciudad de modernos equipamientos deportivos y recreativos. Bajo la presidencia del alcalde don Pedro Alfageme González, la Corporación abordó el examen y aprobación de los distintos proyectos técnicos que habrían de convertir en realidad una de las iniciativas urbanísticas más importantes emprendidas por el Ayuntamiento durante la década de 1960.

La sesión contó con la asistencia del Alcalde-Presidente, don Pedro Alfageme González; de los Tenientes de Alcalde don Gabriel de Frutos Hernández, don Guillermo Ruiz Marín, don Antonio Barcia Nadal, don Juan Casasola Jiménez, don Eloy Gil Becerra y don Domingo Aldana Aldana; así como de los concejales don Pedro Trujillo Anche, don Antonio García Roldán, don Juan Fernández Corrales, don Joaquín Galindo Núñez, don Roberto González Díaz, don Joaquín Santana Cárdenas y don Cristóbal Torres Ortega. Asistieron igualmente el Secretario General Habilitado, don José de la Vega Rodríguez, y el Interventor, don Fernando Ballesteros Sánchez.

No concurrieron a la sesión el Teniente de Alcalde don Joaquín López Fuentes y los concejales don José Pérez Ponce y don Félix Enríquez Domínguez, mientras que don Andrés Mérida Murillo no justificó su ausencia.

Durante la reunión fueron sometidos a consideración de la Corporación cinco proyectos parciales redactados por el prestigioso arquitecto don Rodolfo García-Pablos y González-Quijano, profesional de reconocido prestigio nacional que había asumido la dirección técnica de la futura Ciudad Deportiva. El conjunto de actuaciones ascendía a la considerable cifra de 12.258.955,75 pesetas, importe que reflejaba la magnitud de una obra concebida para transformar de manera profunda las infraestructuras deportivas de la ciudad.

Los proyectos comprendían la construcción de una piscina, diversas pistas polideportivas, un campo de fútbol, un gimnasio cubierto, dependencias destinadas al club deportivo y vivienda para el conserje, además de varias pistas de tenis con sus correspondientes edificios auxiliares y vestuarios. Todas estas instalaciones formaban parte de un plan general concebido para crear un auténtico complejo deportivo moderno capaz de satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento.

La Corporación tuvo conocimiento de que la totalidad de las obras sería subvencionada por la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, organismo que había incluido el proyecto dentro de su programación oficial de inversiones. La noticia fue recibida con extraordinaria satisfacción, pues permitía acometer una actuación de gran envergadura sin que ello supusiera una carga financiera directa para las arcas municipales.

Tras examinar la documentación técnica y económica presentada, los miembros de la Corporación acordaron por unanimidad aprobar los cinco proyectos parciales, dando así el visto bueno definitivo al inicio de una actuación considerada estratégica para el desarrollo deportivo y social de La Línea.

A continuación, a propuesta de la Alcaldía, se adoptó igualmente por unanimidad un acuerdo de especial significado institucional. La Corporación decidió hacer constar expresamente en acta, tanto en nombre propio como en representación de toda la ciudad, el agradecimiento al Excmo. Sr. don Juan Antonio Samaranch Torelló, Delegado Nacional de Educación Física y Deportes, por el interés demostrado hacia los problemas y necesidades de La Línea de la Concepción y por la favorable acogida dispensada a las peticiones formuladas por el Ayuntamiento. La Corporación destacó especialmente la generosidad con que habían sido atendidas las aspiraciones municipales en materia deportiva.

Sin embargo, el desarrollo del proyecto experimentó meses después una incidencia técnica de notable importancia. En la sesión celebrada el 26 de octubre de 1967, la Corporación volvió a reunirse para estudiar dos nuevos escritos remitidos por el arquitecto director don Rodolfo García-Pablos y González-Quijano, relacionados con la construcción del estadio que debía integrarse en el complejo deportivo.

En el primero de dichos escritos se exponían los resultados de diversos estudios geotécnicos, sondeos y ensayos realizados en los terrenos del denominado Campo Español, emplazamiento finalmente elegido para la construcción del estadio. Dichos trabajos habían sido ordenados durante el replanteo de las obras con el fin de verificar las condiciones reales del subsuelo.

Las investigaciones demostraron que las características geológicas de los terrenos diferían sustancialmente de las previstas inicialmente en el proyecto. Como consecuencia de ello, resultaba necesario sustituir el sistema de cimentación originalmente proyectado por otro más complejo y seguro basado en la ejecución de pilotajes profundos.

El segundo escrito desarrollaba el correspondiente estudio económico de esta modificación técnica. El presupuesto estimado del nuevo sistema de cimentación ascendía a 7.939.898,80 pesetas, cifra muy superior a la prevista inicialmente para esta partida. Dado que el proyecto original contemplaba una cimentación valorada en 2.693.168,29 pesetas, el incremento derivado de la modificación alcanzaba las 5.246.730,51 pesetas.

No obstante, al aplicarse a esta nueva partida la baja del catorce por ciento ofrecida por la empresa adjudicataria durante la contratación de las obras, el coste efectivo de la modificación quedaba reducido a 4.511.208,51 pesetas. A esta cantidad había que añadir los honorarios profesionales correspondientes a la redacción del proyecto reformado y a la dirección facultativa, cifrados en 392.370,22 pesetas, lo que elevaba el importe total de la actuación complementaria a 4.903.578,73 pesetas.

Toda la documentación técnica relativa a los sondeos, análisis, prospecciones y estudios del terreno fue examinada por el Arquitecto Municipal, quien emitió informe favorable considerando plenamente justificadas las modificaciones propuestas.

Por su parte, el Interventor Municipal informó acerca de la disponibilidad económica existente para afrontar dicho gasto. Recordó que el Ayuntamiento había recibido una subvención de 10.000.000 de pesetas concedida por el Ministerio de Trabajo, a través de la Dirección General de Empleo, destinada específicamente a combatir el paro obrero mediante la construcción de un complejo deportivo en los terrenos de la denominada zona neutral.

De dicha subvención ya habían ingresado en la Tesorería Municipal 5.000.000 de pesetas, equivalentes al cincuenta por ciento de la ayuda concedida, existiendo todavía un saldo disponible de 4.798.398,49 pesetas susceptible de ser aplicado a la financiación del reformado.

El informe señalaba además que el estadio constituía una parte esencial del complejo deportivo subvencionado y que, debido a sus características constructivas, era la obra que mayor volumen de mano de obra requeriría, contribuyendo de manera especialmente eficaz al objetivo principal perseguido por la ayuda estatal: la reducción del desempleo en la localidad.

La Comisión Municipal Informativa de Fomento y Obras estudió igualmente el expediente y emitió dictamen favorable, proponiendo la aprobación inicial de la modificación técnica, sin perjuicio de su ratificación definitiva una vez redactado el proyecto reformado completo y conocido su coste exacto.

La Corporación consideró que la alteración del sistema de cimentación obedecía a circunstancias imprevisibles e inevitables, derivadas de las diferencias existentes entre los terrenos inicialmente previstos en el Zabal Bajo, Camino de Torrenueva, y los finalmente designados por la Superioridad en el Campo Español, una vez redactado el proyecto original. Esta situación encajaba plenamente en los supuestos previstos por el artículo 54 del Reglamento de Contratación de las Corporaciones Locales de 9 de enero de 1953, que facultaba a las entidades locales para modificar determinadas prestaciones contractuales cuando concurriesen circunstancias técnicas sobrevenidas.

Examinados todos los informes y cumplidos los requisitos legales exigidos, la Corporación acordó por unanimidad aprobar la modificación propuesta.

Con este acuerdo quedaba garantizada la continuidad de unas obras que representaban una de las mayores inversiones públicas realizadas en La Línea de la Concepción durante aquellos años. La futura Ciudad Deportiva se consolidaba así como un proyecto emblemático para la ciudad, destinado no solo a mejorar las instalaciones deportivas existentes, sino también a generar empleo, fomentar la práctica del deporte y dotar al municipio de un equipamiento moderno acorde con las necesidades de una población en plena expansión durante la segunda mitad del siglo XX.

Tal día como hoy en La Línea

El acuerdo adoptado el 22 de junio de 1967 marcó el inicio efectivo de uno de los proyectos deportivos más importantes de la historia contemporánea de La Línea. La futura Ciudad Deportiva representaba una apuesta por el deporte, la juventud y la modernización de la ciudad en una etapa de crecimiento urbano y social.

La posterior modificación de la cimentación del estadio puso de manifiesto la complejidad técnica de una obra de gran envergadura, pero también la determinación municipal por culminar un proyecto considerado estratégico para el futuro de la población.

Aquellas decisiones adoptadas en 1967 permitieron sentar las bases de unas instalaciones que durante décadas serían escenario de competiciones deportivas, actividades sociales y acontecimientos que formarían parte de la memoria colectiva de varias generaciones de linenses.

Una maravillosa vista general del nuevo estadio linense, que será inaugurado hoy. Se aprecian en la fotografía los cuatro graderíos, los dos fondos, la preferencia y la tribuna cubierta. Esta tarde, con el estadio engalanado y pintado y lleno a rebosar de público, su aspecto será aún mucho mejor.
(Foto Pérez Ponce)

La Ciudad Deportiva no sólo es el estadio. Otra de sus muchas instalaciones es el campo de fútbol de entrenamientos, cuyos instalaciones anexass, que recoge la foto, admiran no sólo por su magnificencia, sino también por su buen gusto.
(Foto Pérez Ponce)

Esta es una de las fastuosas autopistas de acceso a la Ciudad Deportiva. Con treinta metros de ancha, dividida en varias calles, dotada de moderna y potente iluminación, contribuye con su grandeza a dar esplendor a toda la instalación. A la derecha queda el gran parque que levanta el Patrimonio Forestal del Estado.
(Foto Pérez Ponce)


Vista de uno de los fondos del estadio, el que queda más cerca del casco urbano de la ciudad, que aparece al fondo y donde se aprecian las modernas construcciones que en pocos años se han levantado y que han cambiado el aspecto de La Línea por aquella zona.
(Foto Pérez Ponce)

Una de las muchas instalaciones de la Ciudad Deportiva es el conjunto de pistas de tenis, ya terminadas y que han sido construidas mediante un modernísimo procedimiento empleado con gran éxito en las pistas de Sudáfrica. Al lado, los vestuarios para los tenistas. Al fondo, algunas instalaciones militares de Gibraltar.
(Foto Pérez Ponce)














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