miércoles, 1 de julio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 2 de julio, en 1929: La Línea recibió a los héroes del «Dornier 16»








La llegada triunfal del «Dornier 16» al Campo de Gibraltar: La Línea se volcó con los héroes del Atlántico

La mañana del 2 de julio de 1929 quedó grabada para siempre en la memoria colectiva del Campo de Gibraltar. Después de ocho días de incertidumbre, angustia y constantes noticias contradictorias sobre el destino del comandante Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Eduardo Gallarza y el mecánico Pablo Madariaga, el portaaviones británico Eagle entraba finalmente en el puerto de Gibraltar llevando a bordo a los cuatro aviadores españoles y al maltrecho Dornier 16. El acontecimiento movilizó a decenas de miles de personas y convirtió a La Línea de la Concepción en el primer escenario español donde fueron recibidos los protagonistas de aquella extraordinaria aventura aérea.

El hidro en la cubierta superior del «Eagle», a su llegada a Gibraltar


Los tres periódicos consultados ofrecen una visión complementaria de aquellos acontecimientos. La Voz realizó una extensa crónica desde Gibraltar; La Correspondencia de Valencia aportó nuevos testimonios de los aviadores y una detallada descripción de su recibimiento en La Línea; mientras que El Noticiero Gaditano destacó especialmente la movilización popular del Campo de Gibraltar y el ambiente de entusiasmo vivido en ambas orillas de la Verja.

Desde la tarde anterior ya se respiraba un ambiente extraordinario. Los alcaldes de La Línea y Algeciras dirigieron llamamientos públicos invitando a toda la población a acudir a Gibraltar para recibir a los aviadores. Aquellas convocatorias apenas eran necesarias, pues desde que se conoció la noticia del rescate la emoción había recorrido las dos ciudades. Las conversaciones en las calles, en los cafés y en las plazas giraban únicamente alrededor del milagroso salvamento del Dornier 16.

A primeras horas del día comenzó un auténtico éxodo popular hacia Gibraltar. Los vapores que unían Algeciras con el Peñón navegaron continuamente transportando pasajeros hasta completar su capacidad en cada viaje. Al mismo tiempo, todos los medios de transporte disponibles en La Línea fueron utilizados para conducir a miles de vecinos hasta la Aduana. Coches de caballos, automóviles particulares, autobuses e incluso camiones adaptados para transportar viajeros realizaron viajes ininterrumpidos desde primeras horas de la mañana. La prensa llegó a calcular que más de dos mil vehículos participaron en aquella movilización popular. Como prueba de la importancia del acontecimiento, numerosos establecimientos comerciales permanecieron cerrados porque propietarios y empleados habían abandonado sus negocios para acudir al recibimiento.

A esa multitud procedente de España se unía la numerosa colonia española residente en Gibraltar, que también deseaba rendir homenaje a los aviadores. Las calles del Peñón aparecían engalanadas con banderas españolas y británicas, colgaduras en los edificios y una decoración excepcional que simbolizaba la estrecha colaboración entre ambos países durante la operación de rescate. Desde primeras horas resultaba prácticamente imposible caminar por la calle Real debido a la enorme afluencia de público que se dirigía hacia el puerto.

La expectación alcanzó su punto culminante cuando, poco antes de las diez de la mañana, apareció el Eagle frente a la bocana del puerto. Sobrevolándolo evolucionaban aparatos militares españoles procedentes de Marruecos mientras los buques de distintas escuadras presentes en Gibraltar rendían honores al portaaviones británico. Cuando el navío efectuó el saludo reglamentario de veintiún cañonazos y comenzó lentamente la maniobra de atraque, el entusiasmo popular estalló definitivamente.

Mientras tanto, sobre la cubierta del portaaviones se desarrollaban escenas cargadas de emoción. Las autoridades españolas e inglesas saludaban a los aviadores, los periodistas recogían los primeros testimonios y los cuatro protagonistas relataban las circunstancias que habían provocado el amaraje. Ramón Franco explicó que el principal enemigo había sido el fortísimo viento del noroeste y un consumo de combustible muy superior al previsto, pasando de los 180 litros calculados durante los ensayos a más de 220 litros por hora durante el vuelo. La niebla, las nubes y la imposibilidad de utilizar la radio terminaron obligando a realizar el segundo amaraje, aunque insistió en que nunca perdieron completamente la serenidad porque sabían que estaban siendo buscados. Disponían todavía de víveres para muchos días y organizaron turnos de vigilancia para mantener siempre el hidroavión a flote.

Especial emoción despertó también el relato del rescate realizado por el joven teniente británico Kilroy, quien descubrió durante la madrugada las bengalas lanzadas desde el hidroavión. Gracias a aquella observación, el Eagle modificó inmediatamente su rumbo y consiguió localizar al Dornier 16, iniciando una operación de salvamento que permitió rescatar tanto a la tripulación como al propio aparato, conservado prácticamente íntegro pese a los duros golpes sufridos durante los días de temporal.

Sin embargo, para los habitantes del Campo de Gibraltar el momento más esperado aún estaba por llegar.

Tras la recepción oficial en el Palacio del Gobernador de Gibraltar y una breve estancia en el Consulado español, se organizó la caravana automovilística que debía conducir a los aviadores hasta territorio español. La comitiva alcanzó dimensiones extraordinarias. Según las crónicas, cerca de doscientos automóviles acompañaban a los vehículos oficiales, mientras miles de personas intentaban seguirlos por cualquier medio disponible.

Nunca antes se había visto una concentración semejante entre Gibraltar y La Línea.

La Línea, primer escenario del homenaje español

Fue precisamente La Línea de la Concepción la primera ciudad española que recibió oficialmente a los héroes del Atlántico.

A la entrada de la población se había levantado un gran arco triunfal situado junto a la explanada de la Aduana. En él figuraban los nombres de Franco, Ruiz de Alda, Gallarza y Madariaga, acompañados por una inscripción que proclamaba:

«La Línea de la Concepción saluda a los tripulantes del Dornier 16».

En la cara opuesta podía leerse otra leyenda, situada entre las banderas española e inglesa:

«¡Viva Inglaterra!»

Aquellas palabras reflejaban el profundo agradecimiento que la población linense sentía hacia la Marina británica por haber salvado la vida de los cuatro aviadores.

La entrada de la caravana en la ciudad provocó una auténtica explosión de entusiasmo. Las calles estaban completamente abarrotadas. Desde balcones y ventanas caían flores mientras una multitud vitoreaba ininterrumpidamente a España, a Inglaterra y a los protagonistas de la hazaña. Muchos vecinos llevaban horas esperando bajo el sol únicamente para contemplar durante unos segundos el paso de los automóviles.

Los Exploradores de España, con su banda de música, formaban frente a la Casa Consistorial, donde los aviadores fueron recibidos oficialmente. En el Ayuntamiento se les ofreció un vino de honor al que asistieron autoridades civiles y militares de toda la comarca.

Durante la recepción, el alcalde recordó la enorme ansiedad vivida durante los días en que se desconocía el paradero del Dornier 16y expresó el orgullo con que La Línea recibía a quienes simbolizaban el valor y el prestigio de la aviación española. La emoción fue compartida por Ramón Franco, quien agradeció las palabras del alcalde y terminó fundiéndose con él en un afectuoso abrazo, gesto que fue recibido con una prolongada ovación de todos los presentes.

Fuera del Ayuntamiento, mientras tanto, el entusiasmo no disminuía. Miles de personas permanecían concentradas en la plaza esperando volver a ver a los aviadores cuando abandonaran el edificio. La prensa destacó que durante todo el recorrido por la ciudad no cesaron los aplausos, los vivas y las aclamaciones, convirtiendo aquel recibimiento en uno de los mayores homenajes populares que recordaba La Línea desde su fundación.

La Correspondencia de Valencia subrayó además que, tras el acto oficial, la comitiva continuó viaje hacia Algeciras sin apenas detenerse, mientras nuevas multitudes aguardaban en el siguiente destino para continuar los homenajes.

El Noticiero Gaditano incidía igualmente en que prácticamente todo el vecindario de La Línea y Algeciras se había desplazado para acompañar a los aviadores durante su recorrido, formando una interminable caravana que constituyó una de las mayores manifestaciones populares conocidas hasta entonces en la comarca.

Aquella jornada demostró que el rescate del Dornier 16había trascendido el ámbito estrictamente aeronáutico para convertirse en un auténtico acontecimiento nacional. La colaboración internacional entre España, Gran Bretaña, Portugal, Francia e Italia, el comportamiento ejemplar de la tripulación durante los ocho días de deriva en el Atlántico y el extraordinario recibimiento dispensado por Gibraltar, La Línea y Algeciras simbolizaron uno de los episodios más emocionantes de la aviación española de entreguerras.

Pero si hubo una ciudad que vivió aquel regreso con especial intensidad fue, sin duda, La Línea de la Concepción, convertida durante unas horas en la verdadera puerta de entrada a España para unos aviadores que regresaban convertidos ya en héroes nacionales.

El estado del «Dornier 16» y la extraordinaria odisea del hidroavión

El «Dornier 16» remolcado por una lancha del portaaviones «Eagle» el día del salvamento

Si los cuatro tripulantes se convirtieron en héroes nacionales por haber sobrevivido durante ocho días a la deriva en pleno Atlántico, el propio «Dornier 16»fue considerado igualmente uno de los protagonistas de aquella epopeya. Durante toda la jornada del 2 de julio, mientras miles de personas esperaban la llegada de los aviadores, numerosos periodistas y autoridades pudieron contemplar sobre la cubierta del portaaviones Eagle el hidroavión que había resistido una de las pruebas más duras sufridas hasta entonces por una aeronave española.

El aparato permanecía perfectamente sujeto sobre la plataforma elevadora del portaaviones, donde había sido colocado tras ser izado desde el mar mediante las potentes grúas del buque británico. A primera vista presentaba un aspecto sorprendentemente bueno si se tenía en cuenta que había permanecido más de una semana soportando el fuerte oleaje del Atlántico.

Las averías observadas eran consecuencia, casi exclusivamente, de los continuos golpes de mar sufridos durante aquellos días. El extremo del plano izquierdo aparecía roto aproximadamente un metro, mientras que el derecho presentaba también desperfectos de menor consideración. El daño más importante se encontraba en el timón de profundidad, prácticamente inutilizado por la violencia del oleaje. La proa del casco mostraba algunas abolladuras, aunque sin afectar gravemente a su estructura. En cambio, tanto la cabina de motores como las hélices permanecían prácticamente intactas, circunstancia que sorprendió incluso a los oficiales británicos encargados de inspeccionarlo.

Aquel estado de conservación confirmaba las palabras pronunciadas por Ramón Franco nada más desembarcar. El comandante insistió una y otra vez en que, durante toda la odisea, uno de los principales objetivos de la tripulación había sido conservar el hidroavión a toda costa. Nunca llegaron a plantearse desmontar los motores, romper las alas para facilitar el salvamento o abandonar el aparato a su suerte. Para ellos, salvar el Dornier 16era casi tan importante como salvar sus propias vidas, pues representaba el fruto de muchos meses de preparación y un extraordinario ejemplo de la capacidad de la ingeniería aeronáutica española.

Durante los siete días de deriva el aparato se transformó en un pequeño refugio flotante. La tripulación organizó turnos permanentes para mantener el hidro correctamente orientado frente al oleaje y evitar que los golpes de mar lo atravesaran de costado. Cada uno ocupaba periódicamente distintos puestos de vigilancia, mientras otros manipulaban los mandos y los amarres para impedir que las corrientes hicieran derivar el avión fuera de la zona donde suponían que serían buscados.

Cuando el temporal arreció, especialmente durante la noche de San Juan, el trabajo aumentó considerablemente. Los cuatro hombres tuvieron que achicar continuamente el agua que penetraba en el casco por las aberturas naturales del hidroavión, además de reforzar las amarras y corregir constantemente la posición del aparato para evitar que las olas terminaran destrozándolo. Aquellas maniobras, realizadas prácticamente sin descanso, fueron decisivas para que el Dornier 16pudiera mantenerse a flote hasta la llegada del Eagle.

Mientras tanto, Julio Ruiz de Alda continuaba calculando diariamente la posición mediante observaciones astronómicas cada vez que las nubes permitían ver el sol al mediodía. Esos cálculos eran anotados cuidadosamente en la carta de navegación, documento que posteriormente fue mostrado a los oficiales británicos como prueba del meticuloso trabajo realizado durante toda la deriva.

Las provisiones fueron administradas con un rigor casi militar. Disponían de galletas, embutidos, jamón y conservas suficientes para unas dos semanas, por lo que establecieron inmediatamente un sistema de racionamiento. Gallarza se encargaba habitualmente del reparto de los alimentos y procuraba mantener el buen humor de sus compañeros con continuas bromas. Incluso el reparto de una simple loncha de jamón terminó convirtiéndose en una divertida anécdota recordada por todos ellos tras el rescate. Cuando finalmente fueron recogidos todavía conservaban víveres suficientes para permanecer muchos días más sobre el océano.

Uno de los aspectos más admirados por los periodistas fue comprobar el excelente estado físico y moral de los cuatro aviadores. Los marinos británicos declararon que nunca observaron en ellos síntomas de desesperación. A pesar del cansancio, todos permanecían extraordinariamente serenos y convencidos de que acabarían siendo encontrados. El propio Ramón Franco afirmó que la mayor tranquilidad les llegó cuando consiguieron captar por radio dos mensajes que confirmaban que numerosos barcos y aviones los estaban buscando, aunque ellos ya no podían transmitir debido a los cortocircuitos producidos en la instalación radioeléctrica por la humedad.

El momento decisivo llegó durante la madrugada del 28 de junio. Mientras Eduardo Gallarza realizaba uno de los turnos de vigilancia, distinguió una tenue luz en el horizonte. Los cuatro hombres comenzaron inmediatamente a disparar bengalas y pistolas de señales, que habían conservado precisamente para una ocasión como aquella. Desde el Eagle, el teniente R. A. Kilroy, que se encontraba de guardia, también había observado aquellas luces a unas veinte millas de distancia. El portaaviones modificó su rumbo y envió una lancha con un oficial y dieciocho marineros.

Cuando el bote alcanzó finalmente el hidroavión, el oficial británico preguntó simplemente si eran los tripulantes españoles del «Dornier 16». La respuesta afirmativa fue seguida por un sonoro «¡Hurra!» lanzado por los cuatro aviadores. Poco después los marinos ingleses fijaban un cable alrededor de la estructura del aparato y comenzaban el remolque hasta el Eagle, mientras Franco, Ruiz de Alda, Gallarza y Madariaga permanecían ocupando sus puestos habituales dentro del hidroavión, negándose incluso en aquel momento a abandonarlo.

Una vez junto al portaaviones, el Dornier 16fue elevado cuidadosamente mediante las enormes grúas del buque y depositado sobre la plataforma elevadora, donde permanecería expuesto durante toda la estancia en Gibraltar. Allí pudo ser examinado por técnicos, periodistas y autoridades, que comprobaron con admiración la extraordinaria resistencia de aquella aeronave.

Antes de abandonar Gibraltar, Ramón Franco manifestó que su prioridad absoluta seguía siendo el hidroavión. Declaró que no pensaba separarse del Dornier 16hasta verlo trasladado al aeródromo de Los Alcázares, donde sería reparado. Recalcó que ninguna de las averías importantes se había producido durante el vuelo, sino exclusivamente por los golpes del mar, y expresó su satisfacción porque el aparato hubiera demostrado unas condiciones de flotabilidad y resistencia excepcionales, convirtiéndose también en uno de los grandes vencedores de aquella dramática aventura atlántica.






Tal día como hoy en La Línea

El 2 de julio de 1929, La Línea de la Concepción se convirtió durante unas horas en la auténtica puerta de entrada a España para unos aviadores que regresaban convertidos en héroes nacionales. El recibimiento dispensado por la ciudad fue uno de los mayores homenajes populares conocidos hasta entonces en la comarca y simbolizó el orgullo de toda una población por una hazaña que trascendió el ámbito de la aviación para convertirse en un acontecimiento de alcance internacional.

La colaboración entre España y el Reino Unido durante el rescate, la resistencia demostrada por la tripulación y el emocionante recibimiento ofrecido en Gibraltar, La Línea y Algeciras hicieron de aquella jornada una de las páginas más brillantes de la historia del Campo de Gibraltar, conservada hasta hoy como uno de los episodios más emocionantes de la memoria colectiva linense.





lunes, 22 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, durante la Velada de 1988 se publicó un brindis poético dedicado a la Feria de La Línea

 










“Brindis por la Feria de La Línea”: una exaltación poética de la Velada linense (1988)

Entre las colaboraciones literarias incluidas en el Libreto Oficial de la Velada y Fiestas de La Línea de 1988 destacó el poema “Brindis por la Feria de La Línea”, firmado por Bely Moya Franco, una composición que constituyó una auténtica declaración de afecto hacia la principal celebración festiva de la ciudad.

La autora construyó su poema como un brindis simbólico dedicado a la feria linense, presentándola como una realidad viva que reunía las principales señas de identidad de la ciudad y de sus gentes. Desde los primeros versos evocó los aromas y sensaciones asociados a las fiestas, afirmando que la feria olía a jazmines, a brisa y a claveles, imágenes que remitían directamente al ambiente andaluz y marinero que caracterizaba a La Línea durante los días de la Velada.

A lo largo de la composición, la feria aparecía descrita como una manifestación profundamente vinculada a la tradición popular. Los vientos del Estrecho, el Levante y el Poniente, se integraban en la narración poética como elementos que acompañaban y daban vida a la celebración. La autora imaginaba cómo aquellos aires envolvían la fiesta, mientras la ciudad se entregaba a unos días de convivencia, música y alegría.

El poema también incorporaba referencias religiosas y costumbristas al mencionar el paso de la Virgen del Carmen, una advocación especialmente arraigada en una población cuya historia había estado estrechamente ligada al mar y a las actividades pesqueras. De este modo, la feria aparecía como un espacio donde convivían la tradición religiosa, las costumbres populares y la celebración colectiva.

La música ocupaba un lugar destacado dentro de la obra. Bely Moya Franco describía una feria llena de bailes, cante y sones flamencos, comparando sus acordes con las cuerdas de una guitarra. La fiesta era presentada como una expresión artística permanente, capaz de renovarse cada año sin perder sus raíces. Según la autora, la feria era al mismo tiempo vieja y nueva, heredera de una larga tradición y, a la vez, capaz de seguir emocionando a cada generación.

Especial atención recibía el baile típico de “La Ofrenda”, considerado uno de los símbolos culturales de la ciudad. El poema recordaba que esta manifestación había nacido de forma sencilla gracias a la inspiración de una poetisa local y que había llegado a convertirse en una de las expresiones más características de la Velada. La autora destacaba cómo este baile conservaba el espíritu de la tierra y mantenía vivas las tradiciones populares transmitidas de generación en generación.

La composición incluía igualmente una evocación sentimental de los orígenes de la ciudad. La Línea aparecía representada como una población joven que, desde sus primeros años de existencia, había sabido construir una personalidad propia. La autora recordaba la relación histórica de la localidad con la Bahía de Algeciras, con el Peñón y con las poblaciones vecinas del Campo de Gibraltar, integrando la feria dentro de ese contexto geográfico y humano.

En los versos finales, el poema adquiría la forma de un auténtico brindis festivo. La autora levantaba simbólicamente una copa de manzanilla para celebrar la feria, expresando su admiración por una fiesta que consideraba reflejo de la identidad linense. Aquella imagen final resumía el espíritu de toda la composición: una declaración de cariño hacia la ciudad y hacia una celebración que, año tras año, seguía siendo uno de los principales acontecimientos sociales, culturales y sentimentales de La Línea de la Concepción.

Publicada en el libreto de 1988, esta obra constituye un ejemplo representativo de la literatura festiva local, en la que la poesía servía para ensalzar las tradiciones populares y para reforzar el sentimiento de pertenencia a una comunidad que encontraba en la Velada uno de sus principales símbolos de identidad colectiva.

Tal día como hoy en La Línea

Las páginas de los libretos oficiales de la Velada han servido durante décadas para conservar una parte importante de la memoria cultural de la ciudad. Junto a los programas de festejos, anuncios comerciales y actividades populares, estos cuadernos acogieron también poemas, relatos y artículos que permitían expresar el sentimiento de pertenencia de muchos linenses.

El poema “Brindis por la Feria de La Línea”, publicado en 1988, constituye un magnífico ejemplo de esa literatura festiva que buscaba ensalzar las tradiciones locales y transmitir el orgullo de sentirse linense. Más allá de su valor poético, la composición refleja cómo la Velada seguía siendo, a finales de los años ochenta, uno de los principales símbolos de identidad colectiva de la ciudad.

A través de sus versos quedan retratados los aromas, sonidos, emociones y costumbres que cada verano transformaban La Línea en un gran espacio de encuentro y convivencia. Un testimonio literario que permite comprender por qué la Velada continúa ocupando un lugar tan especial en la memoria sentimental de varias generaciones de linenses.






¿Sabías que...? Tal día como hoy, durante la Velada de 1988 se recordó con nostalgia el desaparecido Huerto de Pedro Vejer

 









“Huerto de Pedro Vejer”: la nostalgia de una feria desaparecida en la poesía de José Reula López (1988)

Entre las colaboraciones literarias publicadas en el Libreto Oficial de la Velada y Fiestas de La Línea de 1988 figuró una composición poética de José Reula López dedicada al antiguo Huerto de Pedro Vejer, espacio que durante décadas estuvo íntimamente ligado a la celebración de las ferias linenses y que permanecía muy vivo en la memoria colectiva de varias generaciones de vecinos.

El poema comenzaba con un tono claramente nostálgico al evocar el contraste entre el pasado y el presente de aquel lugar. El autor se dirigía directamente al Huerto de Pedro Vejer como si se tratara de un ser vivo, recordando los tiempos en que había sido escenario de alegría, encuentros y celebraciones populares. La expresión «Quién te ha visto y quién te ve» resumía ese sentimiento de transformación y pérdida que percibían muchos linenses al contemplar cómo desaparecían algunos de los espacios más emblemáticos de la ciudad.

A continuación, el poeta recordaba los años en que la feria celebrada en aquel recinto alcanzó gran prestigio dentro del Campo de Gibraltar. La describía como una fiesta caracterizada por el señorío, el garbo y la solera, tres conceptos que pretendían reflejar la elegancia, tradición y personalidad que, según la memoria popular, distinguían aquellas celebraciones.

La parte central del poema constituía una evocación de los recuerdos asociados a la antigua feria. José Reula López recreaba una ciudad que miraba hacia atrás con añoranza, recordando las iluminaciones festivas, los farolillos que adornaban el recinto, el bullicio constante de los niños y la multitud que recorría las calles durante aquellos días de fiesta. Mencionaba expresamente las calles San Pablo y Clavel, dos vías estrechamente vinculadas a la vida social y comercial del casco urbano, que durante la Velada se convertían en escenarios de una intensa actividad ciudadana.

La imagen de las luces, los farolillos y el murmullo de la gente servía para reconstruir una atmósfera festiva que el autor consideraba difícilmente repetible. Más que una descripción física del recinto, el poema transmitía la emoción de una época que permanecía grabada en la memoria de quienes la habían vivido.

El texto concluía con una reflexión melancólica. Tras revivir aquellos recuerdos como si fueran un sueño, el poeta reconocía que aquella feria pertenecía ya al pasado. Al despertar, comprobaba que todo había sido una evocación de un tiempo desaparecido, una experiencia única que ya no volvería a repetirse de la misma forma.

Publicada en 1988, esta composición constituye un ejemplo de la literatura local dedicada a preservar la memoria sentimental de La Línea. Más allá de su valor poético, el texto refleja cómo el Huerto de Pedro Vejer seguía ocupando un lugar destacado en el imaginario colectivo de la ciudad, convirtiéndose en símbolo de una etapa especialmente recordada de las antiguas Veladas y Fiestas linenses.

Tal día como hoy en La Línea

Las páginas de los libretos de la Velada no solo servían para anunciar actos y espectáculos. También actuaban como auténticos espacios de memoria colectiva donde escritores y poetas locales recogían recuerdos, tradiciones y sentimientos compartidos por los vecinos.

El poema de José Reula López constituye un magnífico ejemplo de esa literatura de evocación que buscaba preservar la historia emocional de La Línea. Gracias a composiciones como ésta, lugares desaparecidos o transformados por el paso del tiempo continuaron vivos en el recuerdo de quienes los conocieron.

A finales de la década de 1980, cuando la ciudad había experimentado profundas transformaciones urbanas y sociales, el Huerto de Pedro Vejer seguía siendo para muchos linenses un símbolo de las antiguas ferias, de las noches iluminadas por farolillos y de una forma de vivir la Velada que permanecía grabada en la memoria de toda una generación.






¿Sabías que...? Tal día como hoy, en 1988: la Tertulia Literaria mostraba la intensa actividad cultural de La Línea

 







La Tertulia Literaria y la vida cultural de La Línea en 1988

Entre las colaboraciones incluidas en el Libreto Oficial de la Velada y Fiestas de La Línea de 1988 figuró un artículo titulado “La Poesía y las letras en La Línea”, firmado por Beli Moya dentro del apartado “Tertulia Literaria”. El texto constituye un interesante testimonio de la actividad cultural desarrollada en la ciudad durante aquellos años y refleja el esfuerzo de un grupo de escritores y aficionados a la literatura por mantener vivo el interés por la poesía y las letras.

La autora situaba el encuentro en el Círculo Mercantil, lugar donde se reunía la Tertulia Literaria, una iniciativa que llevaba aproximadamente un año de funcionamiento y que comenzaba a consolidarse como punto de encuentro para personas interesadas en la creación literaria. A través de una serie de preguntas y respuestas, el artículo permitía conocer las opiniones de varios de sus integrantes, así como el ambiente que se vivía en aquellas reuniones.

La primera entrevista estaba dirigida a Antonio Granados, presidente de la tertulia, quien explicaba que la actividad había comenzado aproximadamente un año antes. Aunque reconocía exigirse cada vez más en su labor organizativa, señalaba que el verdadero trabajo correspondía a los propios participantes, cuya implicación hacía posible el funcionamiento del grupo. La respuesta reflejaba una visión colectiva de la actividad cultural, basada en la colaboración y el esfuerzo compartido.

Posteriormente intervenía Atilio, uno de los miembros de la tertulia, quien manifestaba sentirse plenamente integrado en el grupo. Destacaba especialmente la acogida dispensada a todas las personas que se acercaban a participar, la sencillez de sus integrantes y el ambiente de compañerismo existente entre ellos. Sus palabras transmitían la imagen de una asociación abierta, donde el intercambio de ideas literarias se desarrollaba en un clima de respeto y cordialidad.

El artículo continuaba con la participación de Chicón, identificado como uno de los primeros miembros de la tertulia. Al ser preguntado por su grado de satisfacción con la experiencia, respondía que se encontraba más cómodo que nunca. A continuación compartía una reflexión poética sobre el tipo de poesía que más le atraía, describiéndola como aquella capaz de abrir caminos hacia horizontes nuevos mediante voces y suspiros. Su respuesta revelaba una sensibilidad literaria orientada hacia la búsqueda de emociones y significados profundos.

La conversación se dirigía después a Rafael, quien mostraba una visión optimista sobre el futuro de la tertulia. Según explicaba, existían muchas esperanzas depositadas en el proyecto y se estaba trabajando para consolidar una gran agrupación literaria en la ciudad. Aquellas palabras reflejaban las aspiraciones culturales de un grupo que deseaba contribuir al enriquecimiento intelectual de La Línea.

Especialmente llamativa resultaba la breve entrevista realizada a Amigo Jurado, conocido como el “niño de los años 40”. Preguntado acerca de si se sentía más poeta desde que participaba en la tertulia, respondía afirmativamente. Cuando se le interrogaba sobre el momento en que había nacido su vocación poética, contestaba con sencillez: “Cuando nací”. A la pregunta sobre cuándo encontraba mayor inspiración, señalaba que era en la soledad, a la que consideraba la mejor compañía del hombre. Estas respuestas condensaban una concepción romántica de la creación literaria, vinculada a la reflexión personal y al recogimiento interior.

El texto concluía con unas palabras especialmente emotivas de Beli Moya, quien lamentaba la ausencia de muchos poetas que no podían estar presentes en aquel momento. Sin embargo, utilizaba una hermosa metáfora para definir la labor colectiva de la tertulia. Según expresaba, cada poeta representaba un pétalo y todos juntos habían formado una flor llamada poesía. Con esta imagen sintetizaba el espíritu de colaboración y unión que caracterizaba al grupo.

La publicación de este artículo en el libreto festivo de 1988 demuestra que la Velada y Fiestas no solo constituía un acontecimiento lúdico y popular, sino también una oportunidad para dar visibilidad a las iniciativas culturales de la ciudad. La presencia de la Tertulia Literaria en sus páginas evidenciaba la existencia de un tejido cultural activo, integrado por personas que dedicaban parte de su tiempo a la creación poética, la reflexión literaria y la promoción de las letras.

Vista desde la actualidad, esta colaboración ofrece una valiosa instantánea de la vida cultural linense a finales de los años ochenta. Más allá de las celebraciones festivas, muestra a un grupo de hombres y mujeres unidos por su amor a la literatura y por el deseo de crear espacios de encuentro donde la poesía pudiera seguir teniendo un lugar destacado dentro de la sociedad local.

Tal día como hoy en La Línea

La presencia de la Tertulia Literaria en el libreto de la Velada de 1988 constituye un valioso testimonio de la intensa actividad cultural que vivía La Línea durante aquellos años. Mientras las calles se preparaban para la celebración de las fiestas, un grupo de poetas, escritores y aficionados a las letras mantenía vivo el interés por la creación literaria y el intercambio de ideas.

Décadas después, aquellas reuniones celebradas en el Círculo Mercantil siguen recordando una etapa en la que la poesía y la literatura encontraron en la ciudad un espacio de encuentro y convivencia. La Tertulia Literaria representó el esfuerzo de muchos linenses por mantener viva la cultura local y demostrar que, junto a la música, las tradiciones y las fiestas populares, las letras también formaban parte esencial de la identidad de La Línea de la Concepción.





¿Sabías que...? Tal día como hoy, en 1988: el libreto de la Velada publicó el poema “Pueblo Mío”, un homenaje literario a La Línea

 









“Pueblo Mío”: una declaración poética de amor a La Línea en la Velada y Fiestas de 1988

Entre las colaboraciones literarias incluidas en el Libreto Oficial de la Velada y Fiestas de La Línea de 1988 figuró el poema “Pueblo Mío”, obra de Blas Bañón, una composición que se integraba dentro de la tradición de textos dedicados a exaltar la ciudad durante los días grandes de sus celebraciones estivales.

El poema se presentaba como una auténtica declaración de afecto hacia La Línea de la Concepción. A través de un lenguaje cargado de imágenes líricas y referencias al paisaje, el autor describía a la ciudad como la “última ciudad del Sur”, situada simbólicamente junto al Peñón de Gibraltar y abierta al mar, convirtiéndola en un lugar singular dentro de la geografía andaluza.

Desde sus primeros versos, Blas Bañón construía una visión idealizada de La Línea, asociando su identidad a elementos característicos de su entorno natural. El mar, la arena de sus playas, el cielo luminoso y la herencia gaditana aparecían unidos para formar una imagen armónica de la ciudad. La Línea era presentada como un espacio donde la luz, el agua y la proximidad del Mediterráneo y el Atlántico conformaban un paisaje único.

La composición dedicaba también una parte importante a la descripción de sus habitantes. El autor utilizaba recursos propios de la poesía tradicional para destacar la belleza femenina, describiendo a las mujeres linenses mediante comparaciones con elementos naturales y rasgos idealizados. Aquellas referencias respondían al estilo literario empleado habitualmente en los poemas festivos de la época, donde la ciudad y sus vecinos eran objeto de elogio y admiración.

A lo largo del texto, La Línea aparecía personificada como una ciudad joven y acogedora. El poeta resaltaba su capacidad para atraer al visitante, señalando que quienes llegaban a ella quedaban cautivados por su encanto y hospitalidad. La ciudad era representada como refugio para el viajero y lugar de descanso para quien buscaba tranquilidad junto al mar.

Resulta especialmente significativo que el poema reconociera que La Línea no destacaba por poseer grandes monumentos históricos en comparación con otras ciudades españolas. Sin embargo, lejos de considerarlo una limitación, el autor defendía que su verdadera grandeza residía en sus gentes, en su carácter abierto y en la capacidad de acoger y proteger a quienes vivían o llegaban hasta ella. Esta idea constituía uno de los ejes centrales de la composición.

El texto también hacía referencia a la proyección exterior de la ciudad. Según el autor, las virtudes de La Línea trascendían sus fronteras y eran conocidas más allá de su término municipal. De este modo, la localidad aparecía presentada como un lugar cuya identidad y personalidad alcanzaban reconocimiento fuera de sus propios límites geográficos.

En los versos finales, el poema enlazaba directamente con la celebración de la Velada y Fiestas. El mes de julio era descrito como el embajador que acudía cada año para rendir homenaje a la ciudad. Durante esos días festivos, La Línea se revestía de nuevas galas y mostraba su mejor imagen a vecinos y visitantes. La Feria aparecía entonces como la culminación de todas las virtudes que el autor había ido enumerando a lo largo de la composición.

La publicación de este poema en el libreto de 1988 respondía a una tradición muy arraigada en las fiestas linenses. Cada edición solía incluir colaboraciones literarias de autores locales que aprovechaban la ocasión para expresar sentimientos de pertenencia, orgullo y afecto hacia la ciudad. Estas páginas permitían combinar el programa festivo con manifestaciones culturales que contribuían a reforzar la identidad colectiva de los linenses.

Visto desde la actualidad, “Pueblo Mío” constituye un interesante testimonio de cómo era percibida La Línea a finales de la década de 1980. Más allá de su valor literario, el poema refleja el deseo de presentar una imagen positiva de la ciudad, destacando su entorno, sus habitantes y el ambiente festivo que cada verano transformaba las calles durante la celebración de la Velada y Fiestas. Se trataba, en definitiva, de una composición concebida para rendir homenaje a La Línea de la Concepción y a quienes la consideraban su hogar.

Tal día como hoy en La Línea

La publicación de “Pueblo Mío” en el libreto oficial de la Velada y Fiestas de 1988 constituye un valioso testimonio de cómo muchos linenses contemplaban su ciudad a finales de la década de 1980. Más allá de su valor literario, el poema reflejaba un profundo sentimiento de pertenencia y orgullo local, destacando el paisaje, la hospitalidad y el carácter humano como las principales señas de identidad de La Línea.

Años después, estas composiciones continúan formando parte de la memoria cultural de las fiestas linenses, recordando una época en la que los programas oficiales no solo anunciaban actos y espectáculos, sino que también servían como vehículo para expresar el cariño y la admiración hacia la ciudad y sus habitantes.






¿Sabías que...? Tal día como hoy, 23 de junio, en 1983: comenzaba la Verbena de San Juan de la Barriada San Bernardo

 








La Verbena de San Juan de la Barriada San Bernardo (23 al 26 de junio de 1983)

Durante los días 23 al 26 de junio de 1983, la popular barriada de San Bernardo celebró una nueva edición de su tradicional Verbena de San Juan, organizada por la Asociación de Vecinos Esperanza con el patrocinio del Excmo. Ayuntamiento de La Línea de la Concepción. Aquellas jornadas constituyeron uno de los acontecimientos festivos más importantes del calendario vecinal linense, combinando actividades culturales, deportivas, infantiles y musicales con las tradicionales hogueras de la noche de San Juan.

La comisión organizadora editó un programa en el que, además de anunciar los actos previstos, dirigía un mensaje a los vecinos del barrio. En él se recordaba que la asociación trabajaba no solo para organizar las fiestas, sino también para impulsar mejoras permanentes para la barriada. Entre las aspiraciones recogidas figuraban la creación de un local social, una guardería infantil, zonas verdes, espacios de recreo para la infancia y equipamientos destinados a las personas mayores. La directiva insistía en la importancia de la participación vecinal como instrumento para conseguir nuevas mejoras y fortalecer la vida comunitaria.

La publicación incluía también un breve texto dedicado a las tradicionales Hogueras de San Juan, recordando el origen ancestral de esta costumbre. Se explicaba cómo las hogueras habían estado presentes desde tiempos remotos en numerosas culturas europeas y americanas, asociadas a ritos de purificación, renovación y celebración de las cosechas. El programa destacaba que estas antiguas tradiciones seguían vivas en el folclore popular y que las hogueras de San Juan constituían una de las manifestaciones festivas más antiguas y universales.

La verbena comenzó el jueves 23 de junio. A las nueve de la noche una banda de música recorrió las calles de la barriada anunciando el inicio de los festejos. Media hora más tarde tuvo lugar el pregón oficial, pronunciado por el escritor linense Guillermo Fonseca, quien además participó en la presentación de la Reina de la Verbena. Posteriormente se celebró un baile popular amenizado por la orquesta Yuli y Aguacate, formación muy conocida en las fiestas locales de aquellos años. El momento culminante de la jornada llegó a medianoche con el encendido de las Hogueras de San Juan y un gran castillo de fuegos artificiales que iluminó el cielo de la barriada.

Las actividades continuaron el viernes 24 de junio con una programación especialmente dedicada al deporte y a la participación popular. Se disputó un partido de fútbol femenino entre los equipos de la Peña Joselito-Manolete y San Bernardo, seguido por el III Concurso de Pesca Infantil. También comenzaron las competiciones de fútbol entre los equipos San Bernardo, Racimo de Oro C.F., Gibraltar C.F. y Castillo C.F.. A ello se sumaron las tradicionales carreras de sacos para niños y adultos y una popular prueba de recogida de cintas en bicicleta por parejas. La jornada concluyó nuevamente con baile público en la plaza de la verbena.

El sábado 25 de junio estuvo marcado por las competiciones juveniles y las actividades familiares. Durante la tarde se celebraron encuentros del Campeonato Juvenil de Fútbol entre los equipos Santiago, R.T.V.O. Linense, San Bernardo y Castillo. Los más pequeños disfrutaron de una representación de teatro infantil y guiñol a cargo del grupo Los Pastores. Asimismo se disputó la final del campeonato de futbito y tuvo lugar el IV Marathón Popular San Bernardo, recorrido que atravesó las calles de la barriada y que contó con una notable participación vecinal.

La noche del sábado ofreció una importante programación cultural. El grupo de teatro Calpe representó el sainete original de Guillermo Fonseca, titulado El Barbero de Cebolla. Tras la función, la plaza volvió a convertirse en pista de baile gracias a la actuación de la orquesta Yuli y Aguacate, finalizando la velada con una espectacular mascletá de 400 detonaciones.

La clausura de la verbena tuvo lugar el domingo 26 de junio, jornada que concentró algunos de los actos más concurridos. Después del habitual recorrido musical por las calles del barrio y de la final del campeonato juvenil de fútbol, actuó el grupo rociero Luceros del Alba, acompañado de un concurso de sevillanas. Los asistentes pudieron degustar gratuitamente vino y gazpacho, manteniendo una costumbre muy arraigada en las celebraciones populares andaluzas.

Por la tarde se desarrolló una gran gala infantil protagonizada por Palmerines y el Profesor Robert Jr., así como por el grupo de baile Amanecer, convocándose además un concurso de disfraces para niños. La programación continuó con concursos de baile, entrega de premios a los vencedores de las distintas competiciones y la actuación del Ballet del Maestro Ayala.

Entre las actividades más esperadas figuraba el sorteo de cuatro cenas ofrecidas por el chiringuito La Barca, uno de los establecimientos colaboradores de la verbena. Finalmente, la actuación de la comparsa Los Jinetes de la Pampa y la tradicional traca pusieron el broche final a cuatro días de intensa actividad festiva.

El programa recogía además las bases de los diferentes concursos organizados durante aquellas jornadas. Destacaba el concurso de calles adornadas, cuyo premio consistía en una placa cerámica conmemorativa y 25.000 pesetas destinadas a mejoras de la vía ganadora. Las mejores hogueras recibirían una excursión en autobús para todos los participantes en su construcción. También se establecían premios para las pruebas deportivas, concursos de baile, sevillanas, disfraces infantiles, pesca y carreras populares.

Las páginas finales del programa incluían la situación económica de la asociación vecinal. Según el balance presentado, los ingresos alcanzaban las 90.779,94 pesetas, procedentes de cuotas, ingresos extraordinarios y remanentes del ejercicio anterior. Los gastos ascendían a 56.756 pesetas, quedando un saldo disponible de 34.023,94 pesetas. Esta transparencia económica reflejaba el carácter participativo y comunitario con el que funcionaban muchas asociaciones vecinales durante aquellos años.

La publicación se completaba con numerosos anuncios comerciales de empresas locales, entre ellas Muebles Sebas, Muebles Henry, Super Eco Campo de Gibraltar S.A., Eco Mateo y el chiringuito El Amanecer, especializado en pescados, mariscos y sardinas al espeto en la Playa de Levante.

La Verbena de San Juan de 1983 constituyó así un magnífico ejemplo de la intensa vida asociativa que caracterizó a los barrios linenses durante los primeros años de la democracia municipal. Más allá de los festejos, aquellas jornadas reflejaron el esfuerzo de los vecinos por fortalecer la convivencia, promover mejoras urbanas y mantener vivas unas tradiciones populares que seguían ocupando un lugar destacado en la vida social de La Línea de la Concepción.

al día como hoy en La Línea

La Verbena de San Juan de 1983 simbolizó una etapa especialmente activa del movimiento vecinal linense durante los primeros años de la democracia municipal. Más allá de la música, los concursos y las tradicionales hogueras, aquellas jornadas reflejaron el esfuerzo colectivo de los vecinos por mejorar su barrio y fortalecer la convivencia.

Cuatro décadas después, la Verbena de San Bernardo continúa siendo recordada como uno de los mejores ejemplos de participación ciudadana y de la intensa vida social que caracterizó a los barrios de La Línea durante los años ochenta, cuando las asociaciones vecinales desempeñaron un papel fundamental en la transformación y desarrollo de la ciudad.





sábado, 20 de junio de 2026

Sabías que...? Tal día como hoy, 22 de junio, en 1934: los empleados de banca de La Línea reorganizaron su representación sindical

 









Reorganización de la Delegación de Trabajadores de Banca de La Línea de la Concepción (22 y 24 de junio de 1934)

Durante los últimos días de junio de 1934 quedó reflejada en la documentación oficial remitida a la autoridad gubernativa de La Línea de la Concepción una importante reorganización interna de la Delegación de Trabajadores de Banca, entidad integrada en la Asociación de Empleados de Banca de Cádiz y su Provincia, organización que agrupaba a los empleados del sector bancario y financiero de la provincia.

Los documentos conservados permiten conocer con detalle el desarrollo de los acontecimientos que condujeron a la renovación de la dirección local de la organización y constituyen un interesante testimonio de la actividad asociativa y sindical existente entre los trabajadores bancarios durante los años de la Segunda República.

Con fecha 22 de junio de 1934, la Delegación de Trabajadores de Banca comunicó oficialmente al Alcalde Delegado Gubernativo de La Línea la convocatoria de una Junta General Extraordinaria que habría de celebrarse al día siguiente, 23 de junio, en su domicilio social situado en la calle Primero de Mayo número 18.

La convocatoria establecía que la reunión tendría lugar a las cuatro y media de la tarde en primera convocatoria y a las cinco de la tarde en segunda. El orden del día constaba de un único asunto, aunque de gran trascendencia para la organización.

El punto a tratar era la visita del compañero Vicepresidente del Sindicato Provincial y, especialmente, la dimisión del Subcomité Directivo que hasta aquel momento dirigía la Delegación local.

La comunicación, redactada en términos formales, fue firmada por los responsables de la organización y llevaba estampado el sello oficial de la Asociación de Empleados de Banca. Delegación de La Línea. Cádiz y su Provincia, acreditando el carácter oficial del escrito.

La convocatoria anunciaba así un cambio importante en la estructura dirigente de la entidad, circunstancia que refleja la intensa actividad interna desarrollada por las organizaciones profesionales y sindicales durante aquellos años.

La reunión extraordinaria se celebró efectivamente el 23 de junio de 1934, y tan solo un día después, el 24 de junio, la Delegación remitió una nueva comunicación a la autoridad gubernativa informando de los acuerdos adoptados.

En dicho escrito se daba cuenta de que la Junta General había aceptado la dimisión presentada por el Subcomité que hasta entonces dirigía la organización local. Los cargos cesantes eran:

  • Delegado: Antonio Serrano Jiménez.
  • Subdelegado: Francisco Serrano Navarro.
  • Secretario: Francisco Guzmán Sanz.

Aceptadas las renuncias, la asamblea procedió inmediatamente a la elección de una nueva dirección, conforme a los procedimientos internos establecidos por la organización.

Como resultado de la votación fueron designados los siguientes trabajadores para asumir la representación de la Delegación de La Línea:

  • Delegado: Rogelio García Sánchez, con domicilio en la calle Pablo Iglesias número 5.
  • Subdelegado: Félix Arceh Gracia, domiciliado en Lunares Bonet número 14.
  • Secretario: Francisco González Perujo, con domicilio en la calle Pablo Iglesias número 1.

La comunicación informaba igualmente de que el nombramiento había sido realizado por los afiliados reunidos en Junta General, quedando así constituido el nuevo Subcomité Directivo encargado de representar a los trabajadores bancarios de la localidad.

El documento concluía con la fórmula habitual de la época, «Salud y República», expresión característica utilizada por numerosas organizaciones obreras, sindicales y asociaciones profesionales durante la Segunda República, reflejo del contexto político y social existente en aquellos años.

La presencia de la Delegación de Trabajadores de Banca en La Línea evidencia el grado de organización alcanzado por los empleados del sector financiero local durante la década de 1930. Aunque numéricamente constituían un colectivo reducido en comparación con otros sectores económicos de la ciudad, los trabajadores bancarios mantenían estructuras asociativas sólidas y una estrecha vinculación con las organizaciones provinciales de Cádiz.

La existencia de un domicilio social propio en la calle Primero de Mayo, la celebración periódica de juntas generales y la obligación de comunicar oficialmente los cambios directivos a la autoridad gubernativa muestran el elevado nivel de formalización alcanzado por estas organizaciones profesionales.

Desde el punto de vista histórico, estos documentos ofrecen una valiosa información sobre la vida interna del movimiento asociativo de los empleados de banca en La Línea durante la Segunda República, permitiendo conocer tanto los mecanismos democráticos de elección de dirigentes como la identidad de algunos de los trabajadores que asumieron responsabilidades representativas dentro de una de las organizaciones profesionales más activas de la ciudad en aquellos años.

Tal día como hoy en La Línea

La existencia de una activa Delegación de Trabajadores de Banca en La Línea demuestra el grado de organización alcanzado por los empleados de oficina y del sector financiero durante los años republicanos. Aunque la ciudad era conocida principalmente por sus actividades comerciales, portuarias y relacionadas con Gibraltar, también contaba con una importante presencia de trabajadores vinculados a entidades bancarias y financieras.

Estas asociaciones profesionales no solo defendían los intereses laborales de sus afiliados, sino que mantenían una estrecha relación con las autoridades civiles mediante la comunicación periódica de sus reuniones, elecciones internas y acuerdos corporativos. La documentación conservada permite conocer hoy la estructura organizativa de estos colectivos y la participación de numerosos linenses en la vida asociativa de la época.

Noventa y dos años después, aquellos escritos constituyen un valioso testimonio de la actividad sindical y profesional existente en La Línea durante la Segunda República, así como del funcionamiento cotidiano de unas organizaciones que formaban parte esencial de la vida económica y social de la ciudad.










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