sábado, 13 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 15 de junio, en 1925: Los propietarios de ganado estaban obligados a registrar nuevamente sus reses en La Línea

 









Edicto sobre el Registro Obligatorio del Ganado en La Línea de la Concepción (15 de junio de 1925)

El 15 de junio de 1925, la Administración del Impuesto de Consumos de La Línea de la Concepción hizo público un edicto destinado a informar a los propietarios y poseedores de ganado sobre la obligación de proceder a una nueva inscripción de sus reses con motivo del inicio del siguiente ejercicio económico municipal.

El documento fue suscrito por don José Escribano Román, quien desempeñaba el cargo de Administrador Accidental del Impuesto de Consumos en la ciudad. Su publicación respondía a las disposiciones establecidas en el vigente Reglamento de Consumos, normativa que regulaba diversos aspectos relacionados con el control fiscal y administrativo de productos y actividades sujetas a tributación municipal.

En el texto del edicto se comunicaba que, con el comienzo del nuevo ejercicio económico previsto para el día 1 de julio de 1925, todos los propietarios y poseedores de ganado existentes dentro del término municipal estaban obligados a efectuar nuevamente el registro de sus animales. La medida se adoptaba en cumplimiento de lo dispuesto por el artículo 29 del Reglamento de Consumos, que exigía la actualización periódica de estos censos ganaderos.

La obligación afectaba a los titulares de diferentes clases de ganado, comprendiendo expresamente las especies vacuna, cabría, lanar y porcina. De esta forma, quedaban incluidos tanto los propietarios dedicados profesionalmente a la actividad ganadera como aquellos vecinos que poseían animales para labores agrícolas, abastecimiento familiar o pequeñas explotaciones particulares.

Para facilitar el cumplimiento de esta disposición, la Administración de Consumos concedía un plazo de treinta días, contados desde la fecha de publicación del edicto, durante el cual los interesados debían comparecer ante las oficinas correspondientes para formalizar la inscripción de sus animales.

El documento advertía igualmente de las consecuencias derivadas del incumplimiento de esta obligación. En concreto, se recordaba que quienes no procedieran al registro dentro del plazo señalado quedarían sujetos a las responsabilidades y sanciones previstas en el artículo 170 del Reglamento de Consumos, precepto que regulaba las infracciones relacionadas con la ocultación o falta de declaración de bienes sujetos a control administrativo.

La publicación concluía indicando que el anuncio se hacía público para general conocimiento, conforme a la práctica habitual de la administración municipal de la época. El edicto fue fechado en La Línea de la Concepción el 15 de junio de 1925 y aparecía firmado por José Escribano, figurando además la fórmula administrativa habitual de “Fíjese”, destinada a ordenar su exposición pública para conocimiento de los vecinos.

Este documento constituye un interesante testimonio de los mecanismos de control fiscal y administrativo existentes en la España de comienzos del siglo XX. A través de él puede apreciarse la importancia que las autoridades concedían al conocimiento preciso de la cabaña ganadera existente en cada municipio, tanto por razones tributarias como por motivos estadísticos y de control económico. Asimismo, refleja la relevancia que todavía conservaban las actividades agropecuarias dentro de la economía local de La Línea de la Concepción durante la década de 1920, cuando una parte significativa de la población mantenía vínculos directos con la agricultura y la ganadería de la comarca.

Tal día como hoy en La Línea

Aquel 15 de junio de 1925, La Línea presentaba todavía una realidad muy diferente a la que alcanzaría décadas después. Aunque la ciudad había experimentado un importante crecimiento urbano desde finales del siglo XIX, gran parte de su entorno conservaba una marcada vinculación con las actividades agropecuarias desarrolladas en los terrenos próximos al municipio.

Las explotaciones de ganado vacuno, cabrío, lanar y porcino formaban parte del paisaje habitual de numerosas zonas periféricas y contribuían al abastecimiento de carne, leche y otros productos básicos destinados tanto al consumo local como al comercio comarcal. Muchos vecinos complementaban sus ingresos mediante pequeñas explotaciones ganaderas, mientras que otros desarrollaban una actividad profesional ligada directamente al sector.

El sistema de Impuestos de Consumos, vigente en aquellos años, constituía una de las principales fuentes de ingresos de los ayuntamientos españoles. A través de él se gravaban diversos productos destinados al abastecimiento de la población, así como determinadas actividades económicas. Por ello, mantener actualizado el censo ganadero resultaba fundamental para la administración municipal.

La publicación de este edicto permite conocer también el grado de organización administrativa alcanzado por La Línea durante la década de 1920. La existencia de registros periódicos, censos actualizados y procedimientos reglamentarios evidencia el esfuerzo de las autoridades locales por controlar y ordenar las actividades económicas que se desarrollaban dentro del término municipal.

Además, documentos como éste ofrecen una valiosa fotografía de la vida cotidiana de la ciudad. Detrás de cada inscripción figuraban pequeños propietarios, ganaderos, agricultores y familias que dependían directa o indirectamente de la actividad pecuaria para su sustento. El registro anual no era únicamente un trámite burocrático, sino también un reflejo de la importancia que la ganadería tenía en la economía local.

Así, aquel 15 de junio de 1925, mientras los propietarios de reses eran llamados a declarar nuevamente sus animales ante la Administración de Consumos, La Línea mantenía una estrecha relación con un mundo rural y ganadero que formaba parte esencial de su estructura económica y social, dejando constancia documental de una actividad que contribuyó al desarrollo de la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX.

Leyendo el Bando en el Zabal (IA)



Transcripción del documento:

Edicto

Don. José Escribano Roman.
Administrador Accidental del Impuesto de Consumos en esta Ciudad.

HAGO SABER: Que comenzando el día primero de Julio venidero el nuevo ejercicio económico y con él la obligación de registrar de nuevo todo el ganado existente en este término municipal, de conformidad con lo dispuesto en el Artículo 29 del vigente Reglamento de Consumos, se pone en conocimiento del público en general, a fin de que todos los dueños o poseedores de cabezas de ganado, Vacuno, Cabrío, Lanar y de Cerda, acudan a esta administración de Consumos, a registrarlo, en el plazo de 30 días, a contar de la fecha de la publicación de este edicto, apercibiéndoles de que si no lo verifican se les exigirán las responsabilidades a que se refiere el artículo 170 de dicho Reglamento.

Lo que se hace público para conocimiento general.

La Línea 15 de Junio de 1925

El Administrador,

José Escribano.

Fíjese
El Alcalde,

Imp. La Valenciana.- La Línea



¿Sabías que...? Tal día como hoy, 15 de junio, en 1957: El Teatro-Cinema Trino Cruz acogió el estreno de Tan perfecto no te quiero

 








Estreno de “Tan Perfecto no te Quiero” en el Teatro-Cinema Trino Cruz (15 de junio de 1957)

El sábado 15 de junio de 1957, el Teatro-Cinema Trino Cruz de La Línea de la Concepción acogió la actuación de una de las compañías teatrales más prestigiosas del momento: la Gran Compañía de Comedias Cómicas de Guadalupe Muñoz Sampedro, encabezada por la popular actriz Guadalupe Muñoz Sampedro y acompañada por el célebre actor Pepe Orjas, uno de los intérpretes más conocidos del teatro y del cine español de la época.

La representación se ofreció en dos funciones, una de tarde a las ocho y otra de noche a las once, siguiendo la costumbre habitual de los grandes espectáculos teatrales que recorrían la geografía española durante aquellos años. La visita de la compañía constituyó un acontecimiento destacado dentro de la programación cultural de la ciudad, pues reunía sobre el escenario a figuras ampliamente reconocidas por el público.

El programa anunciaba el estreno de la comedia “Tan Perfecto no te Quiero”, definida como un juguete cómico para matrimonios felices, estructurado en dos jornadas y un epílogo. La obra era original del dramaturgo Adrián Ortega, autor especializado en comedias ligeras y de situaciones, muy apreciadas por el público de la posguerra española.

La trama se desarrollaba en un hotel de El Escorial, durante la primavera o el verano, escenario que servía de marco para una sucesión de equívocos, situaciones humorísticas y conflictos sentimentales propios de la alta comedia de costumbres que triunfaba entonces en los escenarios españoles. El propio título de la obra anticipaba el tono desenfadado de la representación, centrado en las relaciones matrimoniales y en los contrastes entre las expectativas idealizadas y la realidad cotidiana de la vida en pareja.

La compañía presentaba un amplio reparto encabezado por Guadalupe Muñoz Sampedro en el papel de Dorotí, acompañada por Pepe Orjas, que interpretaba a Plácido. Junto a ellos figuraban destacados actores de la escena nacional como Paquita Ferrándiz, primera actriz de la compañía; Gregorio Alonso, primer galán; Antonio Martínez-Ferrer, Laura Alcoriza, Alberto Bové, Filo Borrero, Ángel Riberas, Ángeles Puchol, Irene Gutiérrez Caba y otros intérpretes que completaban el elenco.

La presencia de Irene Gutiérrez Caba resulta especialmente significativa desde una perspectiva histórica, ya que se encontraba en los primeros años de una carrera artística que la convertiría posteriormente en una de las grandes figuras de la interpretación española. Del mismo modo, la participación de Pepe Orjas garantizaba el componente cómico de la representación, gracias a su extraordinaria popularidad entre el público.

El cartel informaba igualmente de que la obra había sido autorizada para mayores de dieciséis años, indicación habitual en la programación teatral de la época. Los precios de las localidades se fijaron en quince pesetas para las butacas y siete pesetas para las localidades sin numerar, importes que permitían el acceso de un amplio sector de la población a los espectáculos teatrales.

Como era frecuente en las giras de las grandes compañías, el programa anunciaba además la obra prevista para el día siguiente, “Te engañaré si eres buena”, otra comedia de carácter humorístico que formaba parte del repertorio habitual de la compañía de Guadalupe Muñoz Sampedro.

Este cartel constituye hoy un valioso documento de la actividad cultural de La Línea de la Concepción durante la década de 1950. Refleja la importancia que tuvo el Teatro-Cinema Trino Cruz como escenario de representación para las principales compañías teatrales españolas y permite comprobar cómo la ciudad formaba parte de los circuitos nacionales por los que giraban los espectáculos más destacados del momento. La presencia de artistas de la talla de Guadalupe Muñoz Sampedro, Pepe Orjas, Paquita Ferrándiz o la joven Irene Gutiérrez Caba demuestra el elevado nivel de la oferta teatral que podía disfrutar el público linense en aquellos años.

Tal día como hoy en La Línea

La jornada del 15 de junio de 1957 reflejaba una época en la que el teatro continuaba siendo uno de los principales entretenimientos de la sociedad linense. Aunque el cine había alcanzado ya una enorme popularidad, las representaciones teatrales seguían congregando a centenares de espectadores atraídos por la presencia de artistas conocidos y por la posibilidad de asistir a estrenos recientes de la escena nacional.

El Teatro-Cinema Trino Cruz desempeñó durante aquellos años un papel fundamental en la vida social y cultural de la ciudad. Sus instalaciones acogieron funciones teatrales, proyecciones cinematográficas, festivales benéficos, veladas artísticas y numerosos actos públicos que contribuyeron a convertirlo en uno de los espacios de referencia para varias generaciones de linenses.

La presencia de compañías como la de Guadalupe Muñoz Sampedro evidenciaba además la integración de La Línea en los circuitos profesionales del teatro español. Los empresarios locales procuraban mantener una programación variada y atractiva, llevando hasta la ciudad a algunas de las figuras más destacadas del panorama escénico del momento.

A través de carteles como éste puede reconstruirse una parte importante de la historia cotidiana de La Línea. Más allá del simple anuncio de una función, estos documentos permiten conocer los gustos del público, los precios de las entradas, las compañías que visitaban la ciudad y el papel que desempeñaban los teatros como centros de reunión y convivencia.

Aquel 15 de junio de 1957, mientras los espectadores ocupaban sus localidades para asistir al estreno de Tan perfecto no te quiero, el Teatro-Cinema Trino Cruz volvía a convertirse en escenario de una noche de cultura, ocio y encuentro ciudadano, dejando una pequeña huella más en la memoria histórica de La Línea de la Concepción.







viernes, 12 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 14 de junio, en 1932, La Guardia Municipal de La Línea fue reorganizada y estrenó nueva jefatura

 







Reorganización y Acoplamiento de la Plantilla de la Guardia Municipal (14 de junio de 1932)

En la sesión municipal celebrada el día 14 de junio de 1932, la Corporación de La Línea de la Concepción examinó una propuesta presentada por la Comisión de Hacienda, relacionada con la reorganización y adaptación de la plantilla de la Guardia Municipal a las modificaciones introducidas por el nuevo presupuesto municipal recientemente aprobado.

La cuestión se enmarcaba dentro del proceso de reorganización administrativa que el Ayuntamiento venía desarrollando para adecuar los distintos servicios municipales a las nuevas disponibilidades económicas y a la estructura funcional prevista en el presupuesto en vigor. Una vez dado conocimiento del informe elaborado por la Comisión de Hacienda y examinados los antecedentes administrativos del expediente, los concejales procedieron a estudiar la situación del personal que integraba el cuerpo encargado de la vigilancia y seguridad urbana.

Tras la deliberación correspondiente, la Corporación acordó por unanimidad promover al entonces Sargento don Francisco González Reza al cargo de Jefe de la Guardia Municipal. Mediante este nombramiento, el Ayuntamiento reconocía los servicios prestados por el funcionario, así como la experiencia acumulada durante su permanencia en el cuerpo. La decisión suponía además garantizar la continuidad de la dirección del servicio mediante la promoción de un miembro que conocía en profundidad la organización interna y las necesidades de la vigilancia municipal.

El acuerdo reflejaba igualmente la confianza depositada por la Corporación en la capacidad profesional de don Francisco González Reza, cuya trayectoria dentro de la Guardia Municipal había permitido acreditar los méritos y condiciones necesarios para asumir la jefatura del cuerpo. Con ello se consolidaba una estructura jerárquica acorde con las nuevas previsiones organizativas contempladas en el presupuesto municipal.

Seguidamente, la Corporación abordó la situación administrativa de don Pablo Rodríguez Duarte, quien había desempeñado el empleo de Cabo en la desaparecida Policía Urbana. Como consecuencia de la reorganización de los servicios municipales y de la integración de efectivos en la Guardia Municipal, el citado funcionario había pasado a formar parte de este cuerpo.

Con el fin de regularizar su situación económica, se acordó que los jornales correspondientes a don Pablo Rodríguez Duarte fueran satisfechos con cargo a la consignación presupuestaria destinada a la plaza de Jefe de la Guardia Municipal. Esta medida permitía atender sus retribuciones dentro de la nueva estructura organizativa aprobada por el Ayuntamiento, garantizando al mismo tiempo la correcta aplicación de las partidas presupuestarias disponibles.

La Corporación dispuso además que tanto el ascenso de don Francisco González Reza como el reconocimiento económico acordado a favor de don Pablo Rodríguez Duarte produjeran efectos desde el día 18 de mayo de 1932, fecha en que había entrado en vigor el nuevo presupuesto municipal. Mediante esta retroactividad se aseguraba la plena regularización administrativa de las situaciones derivadas de la reorganización del cuerpo y se evitaban posibles discrepancias entre la realidad funcional del servicio y su reflejo presupuestario.

Con este acuerdo, el Ayuntamiento culminó una importante fase de adaptación de la Guardia Municipal a la nueva estructura económica y administrativa establecida para el ejercicio de 1932. La medida permitió consolidar la organización interna del cuerpo, regularizar la situación de sus integrantes y garantizar la continuidad de un servicio considerado esencial para el mantenimiento del orden y la vigilancia urbana en La Línea de la Concepción.

Tal día como hoy, 14 de junio de 1932, el Ayuntamiento de La Línea reorganizó la Guardia Municipal, nombró jefe del cuerpo a Francisco González Reza e integró definitivamente en la nueva estructura al antiguo cabo de la Policía Urbana Pablo Rodríguez Duarte, consolidando así la reorganización de los servicios de vigilancia de la ciudad.

Fotografía generada por IA




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 14 de junio, en 1930, La Corporación Municipal suspendió una sesión en señal de duelo por el fallecimiento del Teniente de Alcalde Julio de las Doblas Torrecilla

 











Fallecimiento del Teniente de Alcalde don Julio de las Doblas Torrecilla y acuerdos de la Corporación (14 de junio, 17 de junio y 2 de julio de 1930)

El mes de junio de 1930 estuvo marcado en la vida municipal de La Línea de la Concepción por el fallecimiento del Teniente de Alcalde don Julio de las Doblas Torrecilla, acontecimiento que causó una profunda impresión entre los miembros de la Corporación y motivó diversos acuerdos institucionales destinados a honrar su memoria y resolver las consecuencias administrativas derivadas de su desaparición.

En la sesión de la Comisión Municipal Permanente celebrada el día 14 de junio de 1930, los concejales se reunieron inmediatamente después de haber asistido al sepelio del Teniente de Alcalde fallecido. El ambiente de la reunión estuvo marcado por el sentimiento de pesar que embargaba a los asistentes, circunstancia que quedó reflejada en la intervención del concejal don Juan Borgoñón Florín.

Tomando la palabra, el Sr. Borgoñón manifestó que las circunstancias excepcionales que atravesaba la Corporación hacían improcedente la continuación de los trabajos ordinarios de la sesión. Consideró que el fallecimiento de quien había sido compañero de Ayuntamiento exigía una muestra pública de respeto y recogimiento por parte de todos los miembros municipales.

Durante su intervención realizó un emotivo elogio de la figura de don Julio de las Doblas Torrecilla, destacando tanto sus cualidades personales como su trayectoria política. Se refirió a él como un hombre leal, trabajador y caballeroso, virtudes que, según señaló, habían sido reconocidas por cuantos compartieron con él responsabilidades públicas. Recordó igualmente que había tenido la oportunidad de conocerlo en anteriores etapas de la vida política local, lo que le permitió apreciar de cerca su fidelidad en el ejercicio de los cargos públicos y la rectitud de su conducta.

El concejal evocó asimismo un episodio especialmente significativo de la vida del fallecido, al recordar la agresión de la que había sido víctima mientras cumplía con sus deberes ciudadanos. Este hecho fue mencionado como una prueba más de su compromiso con la vida pública y de la entereza con la que había afrontado las dificultades derivadas de sus responsabilidades.

A continuación, el Sr. Borgoñón propuso que el Ayuntamiento asumiera íntegramente los gastos ocasionados por el sepelio, considerando que la relevancia institucional de don Julio de las Doblas Torrecilla, en su condición de Teniente de Alcalde, justificaba plenamente que la Corporación rindiera este homenaje material a su memoria.

La propuesta fue acogida favorablemente por los miembros de la Comisión Municipal Permanente, que acordaron por unanimidad que los gastos funerarios fueran satisfechos con cargo al capítulo de imprevistos del presupuesto municipal. Del mismo modo, y como expresión de duelo oficial, se decidió levantar la sesión sin continuar con el despacho de los asuntos previstos, dejando constancia del homenaje rendido al fallecido.

Pocos días después, en la sesión de la Comisión Municipal Permanente celebrada el 17 de junio de 1930, la Corporación hubo de abordar las consecuencias administrativas derivadas del fallecimiento. Tomando en consideración la vacante producida, y atendiendo a las disposiciones vigentes en materia de régimen municipal, la Comisión acordó declarar oficialmente vacantes los cargos de Concejal y Teniente de Alcalde que venía desempeñando don Julio de las Doblas Torrecilla.

El acuerdo contempló igualmente que la vacante fuese cubierta conforme a los procedimientos establecidos por la legislación aplicable, garantizando así la continuidad del funcionamiento municipal y el normal desarrollo de las tareas de gobierno de la ciudad.

La Corporación volvió a pronunciarse sobre este asunto durante la sesión del Ayuntamiento Pleno celebrada el día 2 de julio de 1930, bajo la presidencia del Alcalde don Vicente Perales García. Una vez iniciados los trabajos ordinarios de la reunión, la Alcaldía dio cuenta oficialmente del fallecimiento del que había sido miembro destacado del Ayuntamiento.

Tras la exposición realizada por la Presidencia, el Pleno acordó por unanimidad dejar constancia expresa en el acta del profundo sentimiento de la Corporación por la pérdida sufrida. Los concejales reconocieron la participación de don Julio de las Doblas Torrecilla en la vida municipal y su contribución al gobierno de la localidad durante los años en que desempeñó responsabilidades públicas.

Como complemento de este acuerdo, se dispuso que se remitiera a la familia del fallecido una comunicación oficial de pésame en nombre del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción. Mediante dicha comunicación, la Corporación deseaba expresar su condolencia institucional, así como el respeto y consideración que merecía la memoria de quien había servido al municipio desde los cargos de Concejal y Teniente de Alcalde.

Estos acuerdos reflejaron el reconocimiento unánime que la Corporación Municipal otorgó a la figura de don Julio de las Doblas Torrecilla, cuya desaparición motivó tanto actos de homenaje y duelo como las actuaciones administrativas necesarias para garantizar la continuidad de la gestión municipal. Su fallecimiento constituyó uno de los acontecimientos más significativos de la vida política local durante el verano de 1930, quedando recogido en las actas municipales como una pérdida especialmente sentida por sus compañeros de Ayuntamiento.

Tal día como hoy, 14 de junio de 1930, la Comisión Municipal Permanente de La Línea suspendió su sesión en señal de duelo por el fallecimiento del Teniente de Alcalde Julio de las Doblas Torrecilla y acordó sufragar los gastos de su sepelio como homenaje a su trayectoria al servicio de la ciudad.


Fotografía generada por IA




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 14 de junio, Estrellita Castro presentó su espectáculo “¡Olé y Olé!” en el Teatro-Cinema Trino Cruz de La Línea

 








Olé y Olé: Estrellita Castro en el Teatro-Cinema Trino Cruz de La Línea de la Concepción

El folleto conservado del Teatro-Cinema Trino Cruz constituye un magnífico testimonio de la intensa actividad artística que desarrollaron los teatros españoles durante las décadas centrales del siglo XX. En sus páginas se anunciaba la representación del espectáculo ¡Olé y Olé!, encabezado por la célebre cantante y actriz Estrellita Castro, una de las figuras más populares de la canción española y del cine musical de su tiempo.

La programación estaba prevista para los días miércoles y jueves, con dos funciones diarias, una a las ocho de la tarde y otra a las diez y cuarenta y cinco de la noche. El precio de las localidades era de quince pesetas para las butacas numeradas y seis pesetas para las entradas sin numerar. La publicidad ocupaba también parte del programa, destacando la recomendación del Balneario de Fortuna, anunciado como poseedor de “las mejores aguas del mundo” y especialmente indicado para afecciones respiratorias y reumáticas.

La portada del folleto mostraba una gran fotografía de Estrellita Castro, acompañada por la leyenda “La Gloria de la Canción Española presenta su espectáculo”. Bajo la imagen aparecía el título ¡Olé y Olé!, obra original de Llabrés y Clemente, con música del maestro Federico Moreno Torroba, una de las figuras más prestigiosas de la composición española de la época. También se destacaba la participación de la primera bailarina María Amaya, presentada como artista procedente de importantes escenarios internacionales.

Lejos de tratarse de una obra teatral convencional con argumento dramático, Olé y Olé respondía al modelo de gran revista folclórica y espectáculo de variedades musicales que triunfó en España durante los años cuarenta y cincuenta. La función se construía sobre una sucesión de números musicales, coreográficos y flamencos unidos por un hilo conductor costumbrista que exaltaba la identidad andaluza, las tradiciones populares y el folclore español.

El desarrollo escénico recreaba el ambiente festivo de una feria andaluza o de un gran patio popular. El cuerpo de baile, los cantaores y los artistas de variedades iban dando paso a una sucesión de estampas donde alternaban el humor, la música y el baile. El objetivo no era narrar una historia concreta, sino ofrecer al espectador una experiencia continua de entretenimiento basada en la emoción, el colorido y la fuerza expresiva de la canción española.

El programa interior permitía conocer con detalle la composición del elenco artístico. En el centro figuraba el nombre de María Amaya, presentada como primera bailarina y una de las grandes atracciones del espectáculo. Su participación aportaba la fuerza del baile flamenco y de la escuela gitana, convirtiéndose en uno de los principales contrapuntos artísticos a la presencia de la estrella principal.

Junto a ella aparecía Niño de Orihuela, nombre artístico de Pedro Martínez Costa, reconocido como uno de los grandes cantaores flamencos de la época. Su intervención garantizaba la presencia del cante más tradicional y ortodoxo, aportando al espectáculo la profundidad de los fandangos, tarantas y malagueñas que formaban parte esencial de su repertorio.

El folleto anunciaba además la participación de numerosos artistas secundarios que completaban la compañía. Entre ellos figuraban Camilín, presentado como intérprete cómico de gran popularidad; Manolo Requena, descrito como “el gordo más gracioso del cine español”; Angelines Labra, vedette cómica; Pepe Rondeño, anunciado como una revelación del cante; Paco Medina, concertista de guitarra; y un importante conjunto de baile integrado por Carmen Xarrie, Martina Fernández, Tere Rodríguez, Carmen Mora, Fali Contreras-Nina Núñez, Conchita Blas y Consuelo Cerboles.

También participaban Gloria Navarrete, actriz de carácter, y Eduardo Ariza, actor, encargados de aportar presencia teatral a los distintos cuadros escénicos que articulaban la representación.

La dirección musical corría a cargo de Enrique Cases, maestro director y concertador de la compañía, mientras que se anunciaba la colaboración especial del popular cantante Jorge Sepúlveda, una de las voces más conocidas de la radio y del disco en aquellos años.

La ficha técnica incluida en el programa mostraba el elevado nivel de producción del espectáculo. La coreografía correspondía a María Amaya; la regiduría de escena estaba encomendada a A. Martín; la maquinaria escénica a Sangrero; el vestuario a H. Cornejo; y los decorados a Ressti. La instalación de megafonía era suministrada por Telefunken, mientras que la organización y dirección de la gira correspondían a D. Corbi, responsable de la explotación nacional del espectáculo.

El repertorio musical estaba concebido para reunir algunos de los mayores éxitos de Estrellita Castro, convertidos ya entonces en auténticos clásicos de la canción española. Entre las piezas más esperadas figuraban composiciones como Mi jaca, Suspiros de España, María de la O, Torero de Olé o Los piconeros, canciones que habían alcanzado enorme popularidad tanto en el teatro como en el cine y la radio.

La estructura del espectáculo alternaba varios bloques diferenciados. Los números de cante jondo interpretados por Niño de Orihuela aportaban solemnidad y profundidad artística; las intervenciones de María Amaya introducían la espectacularidad del baile flamenco; los cuadros humorísticos servían de transición entre escenas; y finalmente aparecía Estrellita Castro, cuya presencia constituía el verdadero clímax de la representación.

La escenografía recreaba ambientes típicamente andaluces mediante telones pintados que representaban patios, plazas de toros y tablaos flamencos. Los artistas lucían mantones de Manila, batas de cola, peinetas, sombreros cordobeses y otros elementos tradicionales que contribuían a reforzar el carácter folclórico de la función.

La llegada de una producción de estas características al Teatro-Cinema Trino Cruz reflejaba la importancia que alcanzó este local dentro de la vida cultural de La Línea de la Concepción. La contratación de una figura de la talla de Estrellita Castro, acompañada por un elenco de artistas flamencos y músicos de primer nivel, situaba a la ciudad dentro de los circuitos nacionales de espectáculos más destacados de la época.

Este programa constituye, por tanto, un valioso documento histórico que permite reconstruir cómo eran las grandes giras de variedades españolas, el funcionamiento de los teatros de posguerra y el extraordinario atractivo popular que ejercían artistas como Estrellita Castro, auténtica reina de la copla y una de las personalidades más influyentes del espectáculo español del siglo XX.

Tal día como hoy, 14 de junio, el Teatro-Cinema Trino Cruz abrió sus puertas para recibir a Estrellita Castro y su espectáculo “¡Olé y Olé!”, una gran producción de canción española, flamenco y variedades que reunió en La Línea a algunas de las figuras más populares del panorama artístico nacional.







¿Sabías que...? Tal día como hoy, el 14 de junio, en 1932, Un llamamiento sindical movilizó a los trabajadores de La Línea para un gran mitin en el Teatro del Parque

 










Mitin de afirmación sindical convocado por el Sindicato de Oficios Varios de la CNT en el Teatro del Parque

El cartel conservado constituye un valioso testimonio de la intensa actividad sindical y obrera que caracterizó a La Línea de la Concepción durante los años de la Segunda República. Impreso por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) a través de su Sindicato de Oficios Varios, el documento tenía como finalidad movilizar a los trabajadores de la localidad para asistir a un acto público de carácter sindical que debía celebrarse en el Teatro del Parque.

El texto estaba redactado en un tono combativo y apelaba directamente a la conciencia de clase de los trabajadores. Desde sus primeras líneas denunciaba la situación que, según sus autores, padecía la clase obrera, describiéndola como una clase “explotada y vilipendiada” por quienes vivían del trabajo ajeno. El llamamiento insistía en que los trabajadores linenses no debían permanecer pasivos mientras, según se afirmaba, los obreros de otras partes de España se preparaban para la lucha reivindicativa.

La proclama utilizaba un lenguaje característico del sindicalismo anarcosindicalista de la época, recurriendo a expresiones de fuerte carga emocional destinadas a despertar la participación obrera. Los redactores criticaban la inactividad y exhortaban a los trabajadores a demostrar su descontento mediante la asistencia masiva al acto convocado.

El mitin debía celebrarse un miércoles 14, a las nueve de la noche, en el Teatro del Parque, uno de los espacios más utilizados entonces para reuniones políticas, sindicales y actos públicos de gran concurrencia. La elección de este recinto respondía a su capacidad para albergar reuniones multitudinarias y a su importancia como centro de la vida social y política local.

El cartel concluía con una llamada directa a la movilización:

“¡Trabajadores! Todos al mitin de afirmación sindical.”

La convocatoria terminaba con varias consignas que reflejaban las alianzas y simpatías existentes dentro del movimiento obrero revolucionario de aquellos años:

  • ¡Viva la C.N.T.!
  • ¡Viva la F.A.I.!
  • ¡Viva la A.I.T.!

Estas siglas correspondían respectivamente a la Confederación Nacional del Trabajo, la Federación Anarquista Ibérica y la Asociación Internacional de los Trabajadores, organizaciones estrechamente vinculadas al movimiento anarcosindicalista.

El documento aparecía firmado por el Comité del sindicato y por su secretario general, identificado como J. González, y fue impreso en los talleres de la Imprenta Greco, situada en la calle Cadalso de La Línea.

Desde una perspectiva histórica, este cartel refleja la fuerte implantación que la CNT alcanzó en la ciudad durante los primeros años republicanos. La Línea contaba entonces con una importante población obrera vinculada al comercio, la construcción, los servicios, los trabajos portuarios y las actividades relacionadas con Gibraltar. En ese contexto, las organizaciones sindicales desempeñaban un papel fundamental en la defensa de las reivindicaciones laborales y en la movilización política de amplios sectores de la población.

La convocatoria constituye además un ejemplo representativo de la propaganda obrera de la época, caracterizada por su lenguaje directo, su apelación a la solidaridad de clase y su intención de convertir la asistencia a los actos públicos en una demostración de fuerza y cohesión del movimiento sindical organizado.

Tal día como hoy, 14 de junio de 1932, los trabajadores linenses fueron convocados por el Sindicato de Oficios Varios de la C.N.T. a un gran mitin de afirmación sindical en el Teatro del Parque, un acto que refleja la intensa actividad obrera y sindical que caracterizó a La Línea durante los primeros años de la Segunda República.


Fotografía generada por IA




Transcripción del documento:

C. N. T.

Por el Sindicato de Oficios Varios

Trabajadores: Los momentos porque atraviesa nuestra clase explotadas y vilipendiadas por tanto desaprensivo como viven á costa de nuestra sangre, son de una transcendencia tal, que no hemos de ser menos ni más cobardes los de esta Ciudad ya que mientras se están aprestando a la lucha todos los explotados de España aqui quedados inactivos como débiles mujerzuelas.

Ya que no otra cosa, demostremos nuestro descontento con nuestra presencia en el acto que se ha de celebrar

Hoy Miércoles 14

a las 9 de la noche en el

Teatro del Parque

¡Trabajadores! Todos al mitin de afirmación Sindical.

¡Viva la C. N. T.!  ¡Viva la F. A. I.!  ¡Viva la A. I. T.!

Por el Comité

El Secretario General

J. González

Imp. Greco. Calle Cadalso, 16 - La Línea




jueves, 11 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 14 de junio, en 1934, La Sociedad Unión de Pescadores acordó su disolución en La Línea de la Concepción

 










Disolución de la Sociedad Obrera Unión de Pescadores y cesión de sus bienes a la Sociedad de Oficios Varios Pablo Iglesias (14 de junio de 1934)

El 14 de junio de 1934 quedó formalizada en La Línea de la Concepción la desaparición de una de las entidades obreras vinculadas al sector pesquero local. En una reunión celebrada en el domicilio social situado en el número 25 de la calle Cristina Montes, varios de los miembros que permanecían activos en la Sociedad Obrera Unión de Pescadores acordaron proceder a la disolución de la organización, al considerar que la entidad ya no podía continuar desarrollando su actividad en condiciones normales.

Según consta en el acta levantada al efecto, acudieron a la reunión Vicente Núñez, Juan Puertos, Juan López, José Puertos, Manuel López y Rafael Gil, todos ellos asociados de la mencionada sociedad obrera. Durante la reunión analizaron la situación que atravesaba la organización y coincidieron en señalar que el reducido número de afiliados que aún permanecían en ella hacía imposible mantener su funcionamiento.

Los reunidos expusieron que la entidad atravesaba una situación económica insostenible. La disminución progresiva de socios había provocado que los gastos corrientes recayeran sobre un número cada vez menor de trabajadores, quienes carecían de recursos suficientes para seguir afrontando en solitario los costes derivados del mantenimiento del local social y de los bienes pertenecientes a la organización. Esta circunstancia hacía inviable la continuidad de la sociedad en las condiciones existentes.

Ante esta realidad, los asistentes acordaron formalmente dar de baja a la entidad y promover su disolución conforme a las disposiciones legales vigentes durante la Segunda República. El acuerdo se adoptó de manera unánime y quedó reflejado en el acta redactada durante la reunión.

Junto a la decisión de extinguir la sociedad, los presentes abordaron el destino que debía darse al mobiliario y demás bienes que aún pertenecían a la organización. Tras deliberar sobre la cuestión, resolvieron entregar dichos enseres a la Sociedad de Oficios Varios Pablo Iglesias, también establecida en el número 25 de la calle Cristina Montes. La elección de esta entidad no fue casual, pues contaba entre sus diferentes secciones con una dedicada específicamente a los trabajadores del mar, lo que garantizaba que el material continuara sirviendo a fines relacionados con la defensa y organización de los pescadores.

El acuerdo establecía que la cesión se realizaba en calidad de depósito, transfiriéndose a la Sociedad Pablo Iglesias la custodia del mobiliario y de los restantes bienes que habían pertenecido a la desaparecida Unión de Pescadores. De esta forma se evitaba la dispersión o pérdida de un patrimonio adquirido con el esfuerzo colectivo de los trabajadores afiliados durante los años de funcionamiento de la entidad.

Los comparecientes hicieron constar igualmente que la decisión se adoptaba en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 16 del reglamento de la propia sociedad. Amparándose en las facultades que dicho precepto concedía a los socios, declaraban actuar dentro de la legalidad y conforme a las normas internas que regían la organización. En consecuencia, formalizaban la donación de todos los enseres a la Sociedad de Oficios Varios Pablo Iglesias y solicitaban a las autoridades competentes que procedieran a reconocer oficialmente la disolución de la Sociedad Obrera Unión de Pescadores.

El documento fue firmado por Juan López, en calidad de presidente de la entidad, y por Vicente Núñez, como secretario, quedando posteriormente remitido a la Delegación Provincial de Trabajo para los trámites administrativos correspondientes.

Este acuerdo constituye un reflejo de las dificultades que atravesaron numerosas sociedades obreras durante los años treinta. La disminución de afiliados, las limitaciones económicas y los cambios en la organización sindical obligaron en muchos casos a fusionar recursos o a transferir el patrimonio de entidades especializadas a organizaciones de mayor amplitud. En el caso de La Línea de la Concepción, la desaparición de la Unión de Pescadores y la integración práctica de sus bienes en la Sociedad de Oficios Varios Pablo Iglesias evidencian la tendencia hacia estructuras sindicales más amplias, capaces de agrupar a trabajadores de distintos oficios bajo una misma organización y asegurar la continuidad de la actividad asociativa y reivindicativa en un contexto económico especialmente complejo.



Fotografía generada por IA





Transcripción del documento:


En la ciudad de La Línea a 14 de junio de 1934, se reunieron en la calle Cristino Martos, 25, los individuos siguientes: Vicente Núñez, Juan Puertas, Juan López, José Puertas, Manuel López, Rafael, Gil, todos ellos asociados en la disiminada Sociedad Unión de Pescadores, que después de explicar la situación insostenible de la entidad, por el ínfimo número de socios y encontrándose todos y cada uno de los presentes, imposibilitados económicamente para poder ellos solos pagar el local donde tienen el mobiliario de la desaparecida Sociedad, acuerdan por la presente Acta dar de baja a la antes mencionada entidad, poniéndose de esta forma dentro de las leyes vigentes de la República, además acuerdan donar el mobiliario en calidad de depósito a la Sociedad de Oficios Varios “Pablo Iglesias”, que tiene su domicilio social en la calle Cristino Martos, 25, por tener esta Sociedad una Sección de trabajadores del mar.

Lo que en cumplimiento del artículo 16 de nuestro Reglamento, declaramos por la presente Acta, que obrando dentro del derecho que nos concede el citado Reglamento de la Sociedad Unión de Pescadores, hacemos la mencionada donación de todos los enseres a la Sociedad Pablo Iglesias y ajustándonos a nuestros deberes con las leyes, pedimos a quien corresponda la disolución de la Sociedad Obrera Unión de Pescadores.

Firmado por el Presidente Juan López y el Secretario Vicente Núñez




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