miércoles, 3 de junio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 29 de junio, en 1929, La Esfera destacaba las grandes obras impulsadas por el Ayuntamiento de La Línea

 









La gran obra del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción bajo la alcaldía de Andrés Viña García (29 de junio de 1929)

El número 808 de la prestigiosa revista ilustrada La Esfera, publicado en Madrid el 29 de junio de 1929, dedicó un amplio reportaje a la situación y desarrollo urbano de La Línea de la Concepción, destacando especialmente la gestión municipal encabezada por Andrés Viña García, alcalde de la ciudad durante los últimos años de la Dictadura de Primo de Rivera.

El artículo, titulado «La gran obra del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción», constituye un interesante testimonio contemporáneo sobre la imagen que la administración municipal deseaba proyectar al exterior en un momento de importantes transformaciones urbanas. La publicación presentaba a La Línea como una población en plena expansión, necesitada de continuas mejoras debido a su condición fronteriza y al rápido crecimiento demográfico experimentado durante las primeras décadas del siglo XX.

Según señalaba el reportaje, la ciudad había alcanzado ya una población cercana a los 64.000 habitantes, cifra que la convertía en uno de los núcleos urbanos más importantes de la provincia gaditana. Este crecimiento, unido a las peculiaridades derivadas de su situación junto a Gibraltar, obligaba al Ayuntamiento a afrontar constantes problemas relacionados con la urbanización, la higiene pública, las comunicaciones y los servicios municipales.

La revista atribuía el impulso de estas actuaciones a la iniciativa de Andrés Viña García, cuya fotografía ocupaba el centro principal de la composición. Bajo su retrato se destacaba que era un «prestigioso alcalde de La Línea» y que a su iniciativa debía la población importantes mejoras.

El texto explicaba que el alcalde, junto a los miembros de la Corporación municipal, había abordado numerosos asuntos considerados de capital importancia para la población. La administración local había procurado atender las necesidades más urgentes sin descuidar el equilibrio presupuestario, realizando diversas obras públicas consideradas prioritarias para el desarrollo de la ciudad.

Entre las actuaciones ejecutadas se mencionaban las reparaciones efectuadas en distintas calles y caminos municipales, así como la mejora de la carretera del cementerio, una vía de especial importancia para las comunicaciones urbanas. También se destacaba la construcción del pabellón destinado a farmacia municipal, acompañado de diversas obras complementarias destinadas a mejorar el funcionamiento de los servicios sanitarios.

La revista señalaba igualmente la realización de importantes trabajos de urbanización en la calle Antonio Ramírez, una de las arterias principales del casco urbano. A ello se sumaba la ampliación del alumbrado público hacia los barrios más alejados del centro, medida que respondía al crecimiento constante de la población y a la expansión de nuevas zonas residenciales.

Otro de los proyectos resaltados era la adquisición de la Plaza de Toros por parte del Ayuntamiento. El artículo indicaba que esta operación constituía una importante fuente de ingresos para las arcas municipales y permitía asegurar el control de una de las instalaciones más representativas de la ciudad.

En materia de urbanismo, se destacaba el ensanche y alineación de varias calles relevantes del casco urbano, entre ellas las de Marqués de Estella, Águila, Isabel la Católica y Benito Pérez Galdós. Estas intervenciones formaban parte de un proceso de modernización urbana encaminado a mejorar la circulación, ordenar el crecimiento de la ciudad y ofrecer una imagen más acorde con la importancia que La Línea había adquirido en aquellos años.

Sin embargo, el reportaje insistía en que las obras ya ejecutadas constituían únicamente una parte de los proyectos previstos por la administración municipal. Entre las actuaciones futuras figuraban importantes iniciativas relacionadas con el abastecimiento de agua y el saneamiento urbano.

La revista anunciaba que el Ayuntamiento tenía previsto acometer la construcción de nuevas infraestructuras de abastecimiento de aguas y de alcantarillado, dos de los problemas más importantes que afectaban a la población. La mejora de estos servicios era considerada esencial para elevar las condiciones higiénicas de una ciudad que había experimentado un crecimiento muy rápido y que necesitaba adaptar sus infraestructuras a la nueva realidad demográfica.

Asimismo, se informaba de la intención de construir un edificio destinado a la Aduana Nacional, una obra lógica en una localidad cuya economía estaba profundamente vinculada al tráfico fronterizo con Gibraltar. Junto a este proyecto se contemplaba también la construcción de un inmueble destinado a albergar la futura Casa de Correos, otra infraestructura considerada fundamental para una ciudad en expansión.

Uno de los aspectos más llamativos del artículo es la insistencia en la calidad de los servicios municipales. El redactor afirmaba haber podido comprobar personalmente la buena organización existente en las distintas dependencias municipales, subrayando la atención prestada al público y el cuidado con que se desarrollaban las labores administrativas. Según la publicación, estos detalles reflejaban el elevado grado de responsabilidad y eficacia alcanzado por la administración local.

El reportaje incluía también una relación detallada de los miembros que integraban la Comisión Municipal Permanente, órgano encargado de la gestión cotidiana del Ayuntamiento. La presidencia recaía en Andrés Viña García, acompañado por los tenientes de alcalde y concejales Francisco Ramos Fernández de Córdoba, Francisco García Carrillo, Leopoldo Pérez Maffé, Rafael Valdivia Aguado, Miguel García Ramírez, Francisco Vera Carrasco, Guillermo González López y José Acebo del Olmo Villar.

La secretaría municipal estaba desempeñada por Francisco de Asís Cerón y Bohórquez, de quien la revista hacía una valoración muy elogiosa, describiéndolo como una persona competente y culta, dotada de méritos suficientes para desempeñar un cargo de tanta responsabilidad.

La composición gráfica del reportaje se completaba con varias fotografías de edificios emblemáticos de la ciudad. Una de ellas mostraba la Casa Consistorial, símbolo de la administración municipal y de la modernización institucional experimentada por La Línea durante aquellos años. Otra imagen reproducía la fachada de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, principal templo de la localidad y uno de los referentes arquitectónicos más representativos del casco urbano.

Desde una perspectiva histórica, este artículo de La Esfera constituye una fuente de gran valor para comprender la imagen pública que La Línea proyectaba en 1929. Refleja una ciudad que aspiraba a consolidarse como uno de los núcleos urbanos más importantes del Campo de Gibraltar, modernizando sus infraestructuras, ampliando sus servicios públicos y acometiendo proyectos destinados a resolver los problemas derivados de su rápido crecimiento.

La figura de Andrés Viña García aparece presentada como el principal impulsor de estas transformaciones, en una época en la que la administración municipal intentaba responder a las necesidades de una población cada vez más numerosa y compleja. El reportaje muestra, además, cómo las cuestiones relacionadas con el saneamiento, el abastecimiento de agua, el alumbrado público, la urbanización de calles y la mejora de los servicios administrativos ocupaban un lugar central en las preocupaciones del Ayuntamiento.

Así, la publicación de La Esfera no sólo constituye un reconocimiento a las obras realizadas por la Corporación municipal, sino también un retrato de la La Línea de finales de la década de 1920, una ciudad en pleno proceso de transformación que buscaba adaptarse a las exigencias de la modernidad sin perder su condición de enclave estratégico en la frontera con Gibraltar.




Transcripción Literal

La gran obra del Ayuntamiento de la Línea de la Concepción

Desde la actuación del actual Ayuntamiento, La Línea ha mejorado notablemente en sus aspectos de urbanización y saneamiento.

Como población fronteriza reclamada, por decoro nacional, embellecimiento y atención en el desenvolvimiento de su vida urbana, y como población de sesenta y cuatro mil habitantes, la rápida solución de su problema de higienización.

Su alcalde, D. Andrés Viña García, en unión de sus compañeros de Concejo, haciéndose eco del sentir popular, abordaron los temas de capital interés para su población, llevando á ejecución aquellas obras y reformas que, según el orden de necesidades, exigía, atendiendo, desde luego, su presupuesto general.

Así, pues, en plazo relativamente corto, se han llevado á cabo la reparación en diversas calles, caminos municipales y carretera del cementerio; se han construido el pabellón destinado á farmacia municipal y obras complementarias para su buen funcionamiento; empedrado de la calle de Antonio Ramírez; ampliación del alumbrado público á los barrios extremos de la población; adquisición de la Plaza de Toros, lo que constituye una gran fuente de ingresos para el Ayuntamiento; ensanche y alineación de las calles Marqués de Estella, Águila, Isabel la Católica y Benito Pérez Galdós.

Además de todas estas grandes obras realizadas y otras que sentimos no recordar, tiene en proyecto el Ayuntamiento otras grandes obras de embellecimiento de la población, y pronto á comenzar sus trabajos, las de abastecimiento de aguas y alcantarillado, construcción de un edificio para Aduana Nacional y otro para Casa de Correos.

DON ANDRÉS VIÑA GARCÍA

Prestigioso alcalde de La Línea, á cuya iniciativa debe la población sus importantes mejoras.

Aparte de todas estas mejoras tan necesarias para la vida de tan importante población, hemos podido observar en nuestra visita á ésta hermosa ciudad la buena atención en los servicios municipales y escrupuloso celo en sus distintas dependencias, detalles que acusan gran conciencia y sentido de la administración municipal.

La Comisión Municipal Permanente está compuesta por los elementos sobresalientes de la población, y es como sigue:

Alcalde presidente, D. Andrés Viña García, y tenientes de alcalde, D. Francisco Ramos Fernández de Córdoba, D. Francisco García Carrillo, D. Leopoldo Pérez Maté, D. Rafael Valdivia Aguado, D. Miguel García Ramírez, D. Francisco Vera Carrasco, D. Guillermo González López y D. José Acedo del Olmo, siendo secretario D. Francisco de Asís Cerón y Bohórquez, persona competente y culta, de sobrados méritos para el importante cargo que ocupa.

Pie de foto izquierdo:
Vista de la Casa Consistorial de La Línea de la Concepción.

Pie de foto derecho:
Iglesia parroquial de La Línea.

Fuente: La Esfera (Madrid), 29 de junio de 1929, núm. 808.



¿Sabías que...? Tal día como hoy, 23 de junio, en 1932, los albañiles y peones de La Línea debatían empleo, obras públicas y el futuro económico de la ciudad

 










La reorganización de la Sociedad de Albañiles y Peones “El Trabajo” y sus reivindicaciones sociales y económicas (23 de junio de 1932)

El documento fechado en La Línea de la Concepción el 23 de junio de 1932 constituye un interesante testimonio de la actividad desarrollada por la Sociedad de Albañiles y Peones “El Trabajo”, una de las organizaciones obreras más representativas de la localidad durante los primeros años de la Segunda República. La comunicación, remitida al Ayuntamiento por el funcionario delegado encargado de asistir a las reuniones de las asociaciones obreras, recogía los acuerdos adoptados en una asamblea celebrada la noche anterior por dicha entidad.

El contenido del acta permite conocer no sólo el funcionamiento interno de la sociedad, sino también las preocupaciones económicas y sociales que afectaban a los trabajadores linenses en aquellos momentos, marcados por el desempleo, la crisis económica y la búsqueda de soluciones para impulsar el desarrollo de la ciudad.

La reunión comenzó con la aprobación del acta correspondiente a la sesión anterior, trámite habitual en el funcionamiento de las asociaciones obreras de la época. Seguidamente se abordaron varios asuntos relacionados con el empleo y la organización del trabajo, cuestiones que ocupaban una posición central en la actividad de estas sociedades.

Uno de los primeros temas debatidos fue la lectura de un escrito remitido por la sociedad obrera “El Abuglo”, de la Colonia. En dicho escrito se proponía que únicamente se concediese trabajo a quienes fueran vecinos de la localidad y figurasen inscritos en el último censo de población. Para acreditar esta condición se sugería la expedición de un documento o boleto por parte del Ayuntamiento.

La propuesta generó un amplio debate entre los asistentes. Tras intervenir diversos socios, la asamblea acordó rechazar la petición. Los miembros de la Sociedad “El Trabajo” consideraron que la única condición que debía exigirse a los obreros para acceder al empleo era estar asociados a la organización correspondiente, evitando así establecer diferencias basadas exclusivamente en la residencia o la antigüedad en el padrón municipal. Esta decisión reflejaba una concepción solidaria del movimiento obrero, que priorizaba la condición de trabajador organizado frente a otros criterios de selección.

Otro de los asuntos destacados fue la lectura de un oficio procedente del Ayuntamiento. El escrito respondía a una petición formulada anteriormente por la asociación, mediante la cual se solicitaba que los trabajos municipales sacados a concurso fueran adjudicados de manera que una parte de los beneficios repercutiera directamente en los trabajadores.

La propuesta obrera planteaba que el cincuenta por ciento de los beneficios obtenidos en dichas obras se destinara a la asociación y el otro cincuenta por ciento a los obreros encargados de ejecutarlas. Sin embargo, el informe emitido por la Comisión Municipal de Fomento y Obras se mostraba contrario a dicha petición.

La respuesta municipal provocó el descontento de la asamblea. Los asistentes acordaron dirigir una carta de protesta al Ayuntamiento manifestando su desacuerdo con el criterio mantenido por la comisión. Este episodio evidencia la tensión existente entre las organizaciones obreras y la administración local respecto a la gestión de las obras públicas y al reparto de los beneficios derivados de ellas.

A continuación se dio lectura a una comunicación procedente del presidente de la Comisión Municipal de Beneficencia y Sanidad, en la que se solicitaba una aportación económica destinada a una tómbola benéfica que debía instalarse durante la Velada y Fiestas de la ciudad.

Pese a las dificultades económicas por las que atravesaba la asociación, la asamblea acordó contribuir con la cantidad de cinco pesetas. La decisión fue adoptada teniendo en cuenta la situación financiera de la entidad, descrita expresamente como angustiosa, pero sin renunciar por ello a colaborar en una iniciativa de carácter benéfico.

La reunión continuó con asuntos internos relacionados con la afiliación. Se aprobó el ingreso de tres nuevos socios y el reingreso de otro trabajador que volvía a incorporarse a la organización. Este dato refleja que, a pesar de las dificultades económicas del momento, la sociedad continuaba manteniendo capacidad de atracción entre los obreros de la localidad.

Uno de los puntos más importantes de la sesión fue la elección de la nueva junta directiva. La asamblea decidió reelegir a buena parte de los dirigentes que ya venían desempeñando responsabilidades dentro de la entidad, lo que demuestra la confianza que los asociados mantenían en su gestión.

La presidencia continuó en manos de Francisco Gámez González, vecino de la calle Antonio Maura número 82. También fue reelegido como vicepresidente Juan Furcos Fernández, domiciliado en el patio de Ciriaco, en la calle Calderón de la Barca.

La secretaría quedó nuevamente a cargo de Víctor Pérez Santamaría, residente en la Avenida Moraita número 74, mientras que la tesorería permaneció en manos de Ignacio López Estero, domiciliado en Vista Alegre número 30.

El cargo de contador fue renovado para Salvador Ruiz Reyes, vecino de la calle López de Vega número 2. Como vocales fueron designados Francisco Palomo Gutiérrez, José Brías Romero y Antonio Holgado Gago, todos ellos igualmente reelegidos.

La comisión revisora quedó integrada por Andrés Benítez Navarro, Ignacio Jiménez Tirado y Sebastián Ripiales Jiménez, encargados de supervisar las cuentas y el funcionamiento administrativo de la sociedad.

En el apartado de asuntos generales surgieron varias cuestiones de notable interés para comprender la situación económica de La Línea en aquellos años.

Andrés Benítez Navarro informó sobre una reunión celebrada en el Teatro Cómico el día 17 del mismo mes, en la que habían participado representantes de las directivas de diversas sociedades obreras de la ciudad. Durante dicho encuentro se había planteado la necesidad de impulsar iniciativas capaces de proporcionar una base económica propia a La Línea y reducir la dependencia que la población mantenía respecto al trabajo vinculado a Gibraltar.

A raíz de este debate se formularon varias propuestas destinadas a estimular la actividad económica local. Entre ellas destacó la iniciativa de solicitar al Gobierno el establecimiento de una franquicia aduanera, medida que permitiría fomentar la instalación de industrias y fábricas en la ciudad. Los defensores de esta propuesta consideraban injusto que La Línea no disfrutara de determinadas ventajas económicas que sí existían en otros lugares, especialmente teniendo en cuenta su singular situación fronteriza.

Otra propuesta relevante fue presentada por Ignacio López, quien planteó la conveniencia de segregar de San Roque los núcleos de Puente Mayorga y Campamento, incorporándolos administrativamente a La Línea. La iniciativa pretendía aumentar la capacidad económica y territorial del municipio y reforzar su peso dentro de la comarca.

Tras debatir estas cuestiones, la asamblea acordó por unanimidad remitir todas las propuestas a la Federación correspondiente para que fueran estudiadas y defendidas ante las instancias superiores.

La reunión abordó también un asunto de carácter disciplinario y laboral. La presidencia propuso que un asociado que había sido dado de baja por fracasar en el turno correspondiente a la categoría de ayudante pudiera ser admitido nuevamente como peón y continuar formando parte de la organización.

La propuesta fue sometida a votación y aprobada por mayoría, registrándose únicamente el voto contrario de Antonio Reina. La decisión demuestra la voluntad de la asociación de mantener integrados a los trabajadores incluso cuando sufrían dificultades para conservar determinadas categorías profesionales.

Finalmente, al no existir más asuntos que tratar, la sesión quedó clausurada a las once horas y cuarenta y cinco minutos de la noche.

Desde una perspectiva histórica, esta reunión refleja con claridad las principales preocupaciones del movimiento obrero linense durante los primeros años de la Segunda República. Los problemas del empleo, la distribución de los beneficios derivados de las obras públicas, la necesidad de atraer industrias, la búsqueda de fórmulas para estimular la economía local y la solidaridad entre trabajadores ocuparon un lugar central en los debates de la asociación.

Asimismo, el documento muestra la intensa vida asociativa existente en La Línea en 1932. Las sociedades obreras no se limitaban a actuar como organismos de defensa laboral, sino que participaban activamente en la discusión de los grandes problemas económicos y sociales de la ciudad, proponiendo soluciones que afectaban al conjunto de la población.

La Sociedad de Albañiles y Peones “El Trabajo” aparece así como una entidad plenamente integrada en la realidad local, preocupada tanto por la situación inmediata de sus afiliados como por el futuro económico de La Línea de la Concepción. Su actividad constituye un ejemplo representativo del papel desempeñado por el asociacionismo obrero durante la Segunda República y de la importancia que estas organizaciones alcanzaron en la vida pública de la ciudad.







Transcripción literal

AYUNTAMIENTO DE LA LINEA

Tengo el deber de poner en conocimiento de V. S. que en la reunión celebrada en la noche del día de ayer por la Sociedad de Albañiles y Peones "El Trabajo", se adoptaron los siguientes acuerdos:

1º.- Se aprobó el acta de la reunión anterior.-

2º.- Se dió lectura a escrito de la Sociedad "El Abuelo" de la Colonia, pidiendo que unicamente se le dé trabajo a los que sean vecinos de la localidad incluidos en el último censo de población y que para tal objeto se provean de un boleto en el Ayuntamiento, que así lo acredite. Después de intervenir varios de los asistentes, se acuerda desestimar el escrito, por creer que lo único que debe exigirse a los obreros es la de estar asociados.-

Se leyó un oficio del Ayuntamiento contestación a escrito de la Asociación en el que se pedía que los trabajos que se sacaran a concurso se les adjudicaran, cediendo el 50% para beneficencia y el otro 50% para los obreros que ejecutaran aquellos, acordándose dirigir carta al Ayuntamiento protestando del informe emitido por la Comisión Municipal de Fomento y Obras, que muestra su disconformidad a la petición hecha.-

Dada lectura a besalamano del Presidente de la Comisión Municipal de Beneficencia y Sanidad, pidiendo se contribuya para la tómbola benéfica que ha de instalarse en la Velada, se acordó contribuir con cinco pesetas, dada la situación angustiosa porque atraviesa la Asociación.-

3º.- Se aprueba el ingreso de tres nuevos asociados; y el reingreso de otro.-

4º.- Se procede al nombramiento de Directiva, quedando constituída con los señores siguientes:

Presidente: Francisco Gámez González, domiciliado en Antonio Maura 82.-- Reelegido.

Vice-Presidente: Juan Furcos Fernández, Calderón de la Barca, patio de Ciriaco.- Reelegido.-

Secretario: Víctor Pérez Santamaría, con domicilio en Avenida M. Morayta 74.- Reelegido.

Tesorero: Ignacio López Estero, con domicilio en Vista Alegre 30.- Reelegido.

Contador: Salvador Ruiz Reyes, domiciliado en López de Vega 2.- Reelegido.

Vocales: Francisco Palomo Gutierrez, domiciliado en Acacia.- Reelegido. José Brias Romero, con domicilio en Buenos Aires 3 y Antonio Holgado Gago, con domicilio en Vista Alegre 45.-

COMISION REVISORA: Andrés Benitez Navarro, con domicilio Jaurés 15.- Ignacio Jimenez Tirado, Gabriel Miró 7.- y Sebastián Ripiales Jimenez en Faz 11.-

En asuntos generales Andrés Benitez Navarro dá cuenta reunión celebrada en el Teatro Cómico el día 17 del actual a las 10 de la noche por las Directivas de todas las Sociedades y pide se le dé iniciativa para llevarla a la Federación en nombre de la Asociación, para ver medio buscar vida propia al pueblo de La Línea.-

Propone el Secretario se pide al Gobierno por mediación de la Asociación, franquicia aduanera establecer fábricas no tener tanto derecho este pueblo resto Nación.-

Ignacio López se pide segregación Puerto Mayorga y Campamento de San Roque y se adicione a La Línea.-

Por unanimidad, se acuerda remitir estas propuestas a la Federación.-

Por la Presidencia se propone que a un compañero que se leido de baja por haber fracasado en el turno como ayudante se le admita como peón y continúe en la Asociación, acordándose por mayoría y con el voto en contra de Antonio Reina, acceder a la propuesta de la Presidencia.-

Y no habiendo mas asuntos de que tratar se dió por terminada siendo las once horas y cuarenta y cinco minutos.-

Que la vida de V. S. sea guardada muchos años.

La Línea, 23 junio de 1.932.

El Funcionario Delegado,

Rafael Carrillo (firma)

Señor Alcalde del Ayuntamiento, de esta CIUDAD.-






¿Sabías que...? Tal día como hoy 29 de junio, la Sociedad de Inquilinos de La Línea llamaba a reorganizarse para defender los derechos de los arrendatarios

 








La Sociedad de Inquilinos de La Línea y la defensa colectiva frente a los abusos en los alquileres (ca. década de 1920-1930)

El documento reproducido constituye un valioso testimonio de la actividad desarrollada por la Sociedad de Inquilinos de La Línea de la Concepción, una organización creada para la defensa de los derechos de los arrendatarios en una época marcada por el crecimiento urbano de la ciudad y por las frecuentes tensiones existentes entre propietarios, administradores de fincas e inquilinos.

El texto refleja un momento de reorganización interna de la entidad. Después de un largo período de inactividad, la sociedad anunciaba públicamente su intención de reanudar sus actividades y fortalecer su estructura mediante la incorporación de nuevos socios. El llamamiento estaba dirigido tanto a los afiliados antiguos como a quienes todavía no formaban parte de la organización, con el propósito de convertirla nuevamente en un instrumento eficaz para la defensa de los intereses de los arrendatarios.

Desde las primeras líneas puede apreciarse el tono reivindicativo del escrito. La dirección de la sociedad denunciaba la actuación de determinados administradores de fincas, a quienes acusaba de incumplir las disposiciones legales vigentes y de causar perjuicios a los inquilinos. Según expresaba el documento, algunos administradores actuaban ignorando la legislación protectora existente, provocando situaciones que afectaban directamente a quienes ocupaban viviendas alquiladas.

Esta circunstancia no era excepcional en la España de comienzos del siglo XX. El crecimiento demográfico y la expansión de muchas ciudades generaron una fuerte demanda de viviendas, situación que en numerosas ocasiones dio lugar a conflictos relacionados con los alquileres, los contratos de arrendamiento, los desahucios o el mantenimiento de las fincas. En respuesta a estos problemas surgieron asociaciones de inquilinos que buscaban actuar colectivamente para defender sus derechos frente a propietarios y administradores.

La Sociedad de Inquilinos de La Línea se presentaba precisamente como una herramienta de protección y representación. El documento señala que, con el fin de recuperar a antiguos asociados y fortalecer la organización, la última asamblea celebrada había acordado conceder una amnistía general a aquellos socios que se encontraban en situación irregular respecto al pago de sus cuotas.

La medida tenía una finalidad práctica y organizativa. Muchos afiliados habían dejado de participar activamente en la sociedad debido a encontrarse en descubierto en el pago de las cotizaciones. La amnistía les permitía reincorporarse plenamente a la entidad sin penalizaciones, facilitando así la recuperación de efectivos y el fortalecimiento de la organización.

La dirección de la sociedad justificaba esta decisión afirmando que era necesario contar con el mayor número posible de asociados para defender eficazmente los intereses comunes. La unión de los inquilinos aparecía presentada como la principal garantía frente a los abusos que podían producirse en el mercado del alquiler.

Especialmente significativa resulta la referencia a la necesidad de protegerse de la “codicia de administradores desaprensivos”, expresión que refleja el grado de enfrentamiento existente entre determinados sectores de propietarios y arrendatarios. El texto pone de manifiesto que la organización entendía la legislación vigente como una herramienta para equilibrar las relaciones entre ambas partes y evitar actuaciones consideradas abusivas.

El comité directivo aprovechaba además la ocasión para realizar un amplio llamamiento público dirigido a todos los inquilinos de la ciudad. Se les invitaba a ingresar en la sociedad y a colaborar activamente en su funcionamiento. Según el documento, la incorporación de nuevos socios permitiría contribuir al desarrollo de la labor que otras organizaciones similares estaban llevando a cabo en distintas localidades españolas.

Esta referencia evidencia que la Sociedad de Inquilinos de La Línea formaba parte de un movimiento más amplio de carácter nacional. Durante aquellos años existieron numerosas asociaciones de inquilinos repartidas por toda España, especialmente en ciudades donde el problema de la vivienda adquiría una importancia creciente. Estas entidades intercambiaban experiencias, impulsaban campañas reivindicativas y trataban de influir en las políticas públicas relacionadas con la vivienda y los arrendamientos urbanos.

El documento culminaba con la convocatoria de una Asamblea General, que debía celebrarse el domingo 29 del mes correspondiente a las cuatro de la tarde en la sede social de la organización, situada en la calle General Bazán número 18.

La elección de una asamblea general como instrumento de reorganización demuestra el funcionamiento democrático de la entidad. Las decisiones fundamentales se adoptaban colectivamente y la participación de los socios constituía la base de la actividad asociativa.

La dirección aparecía firmada simplemente por “El Comité”, lo que refuerza la idea de una organización colectiva en la que la actuación institucional prevalecía sobre el protagonismo individual de sus dirigentes.

El impreso fue realizado por la Imprenta Obrera, situada en las calles Clavel y Granada de La Línea, un dato que también resulta significativo. La utilización de una imprenta de carácter obrero revela la existencia de una red de asociaciones y entidades populares que disponían de medios propios para difundir sus convocatorias y comunicados.

Desde una perspectiva histórica, este documento constituye una fuente de gran interés para conocer la realidad social de La Línea durante las primeras décadas del siglo XX. Refleja las preocupaciones de amplios sectores de la población urbana, especialmente de aquellos trabajadores y familias que vivían en régimen de alquiler y que buscaban mecanismos de protección frente a situaciones que consideraban injustas.

Asimismo, pone de manifiesto el elevado grado de organización alcanzado por la sociedad civil linense, capaz de crear asociaciones especializadas para la defensa de intereses concretos. La existencia de una Sociedad de Inquilinos activa, con sede propia, asambleas y campañas de afiliación, demuestra que las cuestiones relacionadas con la vivienda ocupaban ya un lugar destacado entre las preocupaciones cotidianas de la población.

En definitiva, este llamamiento representa el esfuerzo de una organización ciudadana por reactivar su actividad, recuperar antiguos afiliados y fortalecer la defensa colectiva de los inquilinos en una época en la que el acceso y mantenimiento de la vivienda constituía una de las principales cuestiones sociales de la ciudad. Su contenido ofrece una valiosa ventana a las relaciones entre propietarios, administradores e inquilinos en la historia de La Línea de la Concepción y refleja la importancia que alcanzó el asociacionismo vecinal como instrumento de protección y reivindicación social.




Transcripción literal

en General

La Sociedad de Inquilinos después de un largo período de pasividad, apréstase a reunir a los elementos que la integran con los nuevos que la han robustecido para que en franco período de actividad poner coto a las exacciones que vienen cometiendo algunos administradores, que se olvidan de cumplir las vigentes disposiciones con graves perjuicios para nuestros intereses.

Por tal concepto y con el fin de que los inquilinos que pertenecen a esta asociación y que por hallarse en descubierto en la cotización no le es posible tomar parte activa en su marcha y desenvolvimiento, esta entidad acordó en la última asamblea celebrada, conceder una amnistía general e invitar a todos a reingresar a su seno para que escudados en el derecho y al amparo de la ley preservar nuestros intereses de la codicia de administradores desaprensivos.

Este comité aprovecha esta ocasión para invitar a todos los inquilinos de esta ciudad que ingresen en nuestra sociedad y así prestemos ayuda á la magnífica labor emprendida por sus filiales de España.

Para tal fin se convoca para la Asamblea general que se celebrará el Domingo 29 del corriente a las Cuatro de la Tarde en su domicilio social, General Bazán, 18.

Por la Sociedad de Inquilinos, EL COMITÉ

Imp. OBRERA, Clavel y Granada.- La Línea







¿Sabías que...? Tal día como hoy 29 de junio, en 1936, la Sociedad de Operadores de Cine y Similares de La Línea reorganizaba su dirección y adaptaba sus estatutos a la legislación republicana

 










La Sociedad de Operadores de Cine y Similares de La Línea reorganiza su dirección y adapta sus estatutos a la legislación republicana (29 de junio de 1936)

El documento fechado en La Línea de la Concepción el 29 de junio de 1936 constituye un interesante testimonio de la organización profesional existente en torno a la industria cinematográfica local durante los últimos días de la Segunda República. Se trata de una comunicación dirigida al Delegado Provincial de Trabajo de Cádiz, mediante la cual la Sociedad de Operadores de Cine y Similares informaba oficialmente de la modificación de sus estatutos, de la renovación de su junta directiva y del traslado de su sede social.

La fecha del escrito resulta especialmente significativa. Apenas habían transcurrido unos días desde la celebración de diversas reuniones y asambleas de carácter político y sindical en la ciudad y faltaban menos de tres semanas para el inicio de la Guerra Civil. En ese contexto de intensa actividad asociativa, las organizaciones profesionales continuaban desarrollando su funcionamiento ordinario y adaptándose a la normativa vigente.

La comunicación comenzaba informando de que había sido parcialmente modificado el reglamento por el que se regía la sociedad. Esta reforma se realizaba con el propósito de ajustarse a lo dispuesto en el artículo 11 de la Ley de Asociaciones Gremiales de 8 de abril de 1932, una de las normas promulgadas durante la República para regular el funcionamiento de las entidades profesionales y sindicales.

Los responsables de la sociedad remitían tres ejemplares del reglamento reformado a la Delegación Provincial de Trabajo, solicitando que uno de ellos fuese devuelto una vez inscrito y registrado oficialmente. Este trámite administrativo pone de manifiesto el grado de formalización que habían alcanzado muchas asociaciones profesionales de la época, obligadas a mantener actualizada su documentación y a comunicar cualquier modificación estatutaria a las autoridades laborales.

El documento revela asimismo la existencia en La Línea de una organización específica que agrupaba a los trabajadores vinculados al sector cinematográfico. Bajo la denominación de Sociedad de Operadores de Cine y Similares, la entidad reunía a profesionales relacionados con la proyección cinematográfica y otras actividades complementarias de un sector que experimentaba un notable crecimiento durante las décadas de 1920 y 1930.

La importancia de esta asociación se comprende mejor al recordar que en aquellos años La Línea contaba con una intensa actividad cinematográfica. Salas como el Teatro Cómico, el Teatro del Parque, el Imperial Cinema, el Trino Cruz y otros locales menores formaban parte de una oferta de ocio cada vez más amplia. El funcionamiento de estos establecimientos requería operadores especializados encargados de manejar los proyectores, mantener los equipos, supervisar las sesiones y garantizar la seguridad de las instalaciones.

Uno de los aspectos más relevantes del escrito era la comunicación de los resultados de la reunión celebrada por la sociedad el 28 de junio de 1936, durante la cual fueron elegidos los nuevos cargos directivos.

La presidencia recayó en Pedro Cobos Aranega, domiciliado en la calle Ferrer número 36.

Como secretario fue elegido Francisco Alfalome González, con domicilio en la calle Doctor Pulido número 27.

La tesorería quedó a cargo de Guillermo Fares Aguila, vecino de la calle T. Roncero número 27.

El puesto de contador fue confiado a Aurelio García Pérez, domiciliado en la calle José Vera número 1.

Como vocal primero fue designado Juan Martínez Díaz, residente en la calle García Lacuy número 15.

El cargo de vocal segundo correspondió a Eleuterio Pérez Espinosa, vecino de la calle General de Vaquero.

Finalmente, fue nombrado vocal tercero Emilio Lozano Higuera, domiciliado en la calle Antonio M. Guerrero número 50.

La relación de nombres proporciona una valiosa información sobre algunos de los trabajadores vinculados al mundo del espectáculo cinematográfico en La Línea durante los años treinta. También permite observar la dispersión geográfica de sus miembros por distintas zonas de la ciudad, reflejo de una organización integrada por profesionales procedentes de diversos barrios y entornos sociales.

Otro aspecto de interés recogido en la comunicación era el traslado de la sede social de la entidad. La sociedad informaba oficialmente de que había fijado su nuevo domicilio en la calle Méndez Núñez número 9.

Esta dirección posee una notable relevancia histórica, ya que aparece también vinculada a otras actividades asociativas y políticas desarrolladas en la ciudad durante aquellos mismos meses. La ubicación de diferentes organizaciones en inmuebles compartidos era una práctica frecuente en la época, especialmente entre entidades con recursos económicos limitados.

El documento constituye igualmente una prueba del grado de organización alcanzado por los profesionales del sector cinematográfico en una ciudad donde el cine se había convertido en una de las principales formas de entretenimiento po
pular. La existencia de una sociedad específica demuestra que los operadores cinematográficos habían desarrollado una conciencia profesional propia y buscaban defender sus intereses laborales mediante estructuras asociativas reconocidas legalmente.

Desde una perspectiva histórica más amplia, esta comunicación refleja la consolidación del cine como una actividad económica de importancia creciente en La Línea. La proliferación de salas de proyección durante las décadas anteriores había generado la necesidad de formar personal especializado y de organizar corporativamente a quienes desempeñaban funciones técnicas relacionadas con la exhibición cinematográfica.

El escrito adquiere además un valor singular por su cronología. Fue redactado el 29 de junio de 1936, en uno de los últimos momentos de normalidad administrativa de la Segunda República. Apenas veinte días después, el levantamiento militar del 18 de julio alteraría profundamente la vida política, sindical y asociativa de toda España. Muchas organizaciones profesionales tendrían que reorganizarse o desaparecer como consecuencia de la nueva situación.

Por ello, esta sencilla comunicación administrativa trasciende su contenido burocrático y se convierte en un valioso testimonio de la actividad cotidiana de los trabajadores del espectáculo cinematográfico linense en vísperas de uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia contemporánea española. Representa la imagen de una profesión organizada, integrada en la vida económica de la ciudad y plenamente incorporada a los mecanismos legales y administrativos vigentes en la Segunda República.




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 28 de junio, el Teatro-Cinema Trino Cruz acogía el estreno de la revista musical “¡Timoteo!... ¿qué las das?”

 









A finales de junio de la década de 1950, el Teatro-Cinema Trino Cruz de La Línea de la Concepción anunciaba la llegada de uno de los espectáculos de revista más populares del momento: “¡Timoteo!... ¿qué las das?”, una producción encabezada por dos grandes figuras de la escena española, Antonio Garisa y Mary Begoña.

El programa de mano conservado muestra la importancia de aquella visita. La compañía, titular del histórico Teatro La Latina de Madrid, ofrecía en La Línea el estreno de una revista musical que ya había cosechado un enorme éxito en la capital y que representaba a la perfección el género teatral más popular de la España de los años cincuenta.

La edad de oro de la revista musical

Durante los años cincuenta, la revista musical constituía uno de los grandes espectáculos de masas en España.

Estos montajes combinaban:

  • Comedia.
  • Música.
  • Baile.
  • Humor.
  • Escenografías espectaculares.
  • Vestuarios llamativos.

La fórmula permitía ofrecer varias horas de entretenimiento continuo donde los números musicales se alternaban con escenas humorísticas y situaciones de enredo.

El público acudía en masa a los teatros para ver a las grandes estrellas de la revista, auténticos ídolos populares antes de la expansión definitiva de la televisión.

Antonio Garisa, el rey de la comicidad popular

La gran atracción del espectáculo era Antonio Garisa (1916-1989).

Dotado de una extraordinaria capacidad cómica, Garisa se había convertido en uno de los actores más queridos del panorama español.

Su físico peculiar, su voz inconfundible y su capacidad para interpretar personajes ingenuos, pícaros y entrañables lo habían transformado en una figura imprescindible del teatro de variedades.

En “¡Timoteo!... ¿qué las das?” interpretaba al protagonista absoluto de la historia, un personaje aparentemente corriente cuya vida se convertía en una sucesión interminable de situaciones absurdas y cómicas.

Mary Begoña, vedette y estrella de la escena española

Junto a Garisa aparecía Mary Begoña, una de las vedettes más destacadas de su generación.

Nacida en Bilbao, había iniciado su carrera muy joven y terminó convirtiéndose en una de las figuras más populares del teatro musical español.

Su éxito no se debía únicamente a su belleza o a sus cualidades como bailarina y cantante.

Poseía además una notable capacidad interpretativa que le permitía desenvolverse con soltura en las escenas humorísticas junto a actores cómicos como Garisa.

La combinación de ambos artistas constituía una garantía de éxito para cualquier producción teatral.

¿Quién era Timoteo?

La trama giraba alrededor de un personaje llamado Timoteo, interpretado por Garisa.

Ambientada en una ciudad española de principios del siglo XX, la historia recreaba una atmósfera llena de nostalgia donde aparecían:

  • Faroleros.
  • Cocheros.
  • Vecinos curiosos.
  • Personajes populares.
  • Ambientes urbanos tradicionales.

Timoteo poseía una extraña cualidad que desencadenaba toda la acción dramática: un magnetismo especial que parecía despertar la atención de todas las mujeres que se cruzaban en su camino.

Lo que inicialmente parecía una ventaja terminaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla cómica.

La llegada de unos familiares adinerados procedentes de La Habana complicaba todavía más la situación, provocando una cascada de malentendidos, engaños y situaciones disparatadas que mantenían al público entre carcajadas durante toda la representación.

Un espectáculo lleno de música

Como toda gran revista musical de la época, la historia servía principalmente como hilo conductor para una sucesión de números musicales.

El programa anunciaba canciones y cuadros escénicos entre los que figuraban:

  • ¡Cómo está el patio!
  • ¡Vaya usted con Dios, morena!
  • Las bordadoras
  • Los lunares
  • ¡Cariño!
  • Maxixa
  • Cuando subas al tranvía
  • Los platillos
  • Estampa cubana
  • Tardes del Prado
  • Verbena
  • Fantasía en blanco y negro

Estos números permitían alternar distintos estilos musicales, desde pasodobles hasta ritmos internacionales, ofreciendo un espectáculo muy variado para todos los públicos.

Veinte bellísimas modelos

Uno de los grandes reclamos publicitarios de la producción era la presencia de “20 bellísimas modelos”, destacadas expresamente en el programa.

Aquellas artistas formaban el cuerpo de baile y constituían una parte esencial de la puesta en escena.

Sus apariciones permitían desarrollar grandes cuadros coreográficos, cambios rápidos de vestuario y espectaculares números musicales que eran una de las señas de identidad del género.

Entre los nombres que integraban el elenco figuraban:

  • Rosita Montobbio.
  • Purita Marañón.
  • Pepita Prado.
  • Esperanza Camacho.
  • Laura Ripoll.

Muchas de ellas desarrollarían posteriormente carreras propias dentro del teatro musical español.

Un reparto de auténtico lujo

La compañía reunía además a algunos de los nombres más conocidos del teatro de variedades de la época.

Entre ellos destacaban:

  • Paquito Camoiras, futuro referente del humor español.
  • Elisa Wardon.
  • Enriqueta de la Cámara.
  • Luis Oar.
  • Katy Alonso.
  • Francisco Villena.
  • Víctor Corraliza.

Se trataba de un reparto muy sólido que permitía mantener el ritmo de la función y sostener la compleja estructura de la revista musical.

Un gran despliegue técnico

Detrás del escenario trabajaba un amplio equipo profesional.

La dirección musical recaía en Isidro Molas y Julián Pinilla, mientras que la coreografía era responsabilidad de Jerónimo Díaz.

Los decorados habían sido realizados por la prestigiosa firma Viuda de López y Muñoz, habitual colaboradora de los grandes teatros españoles.

La famosa Sastrería Cornejo, una de las más importantes de España, confeccionó gran parte del vestuario, incluyendo los diseños especiales para Mary Begoña creados por Andrés Anguiano.

La despedida con “Las 7 Mujeres de Adán”

El programa anunciaba además que la compañía cerraría su estancia en La Línea con otra revista musical titulada “Las 7 Mujeres de Adán”, autorizada para mayores de 18 años.

Este sistema era habitual en las giras teatrales de la época: una misma compañía permanecía varios días en una ciudad representando distintos espectáculos para atraer repetidamente al público.

La importancia del Trino Cruz

La llegada de producciones como “¡Timoteo!... ¿qué las das?” demuestra el papel fundamental que desempeñó el Teatro-Cinema Trino Cruz dentro de la vida cultural linense.

Durante décadas fue escenario de:

  • Estrenos cinematográficos.
  • Compañías de zarzuela.
  • Revistas musicales.
  • Espectáculos de variedades.
  • Funciones teatrales de primer nivel.

Gracias a ello, los vecinos de La Línea podían disfrutar de los mismos artistas que triunfaban en Madrid, Barcelona o Valencia, convirtiendo al Trino Cruz en uno de los grandes centros de ocio y cultura de la comarca.

Tal día como hoy...

Tal día como hoy, el Teatro-Cinema Trino Cruz anunciaba la presentación de la gran revista musical “¡Timoteo!... ¿qué las das?”, protagonizada por Antonio Garisa y Mary Begoña, un espectáculo que representaba la época dorada de la revista española y que llevó a La Línea una de las producciones teatrales más exitosas de finales de los años cincuenta.








¿Sabías que...? Tal día como hoy, 28 de junio, en 1935 La Línea convocaba un Gran Concurso de Rondallas para las Veladas y Fiestas

 









El 28 de junio de 1935, la Comisión de Fiestas de La Línea de la Concepción, presidida por el alcalde Rogelio Espinosa Álvarez, hacía pública la convocatoria de un Gran Concurso de Rondallas que debía celebrarse durante las tradicionales Veladas y Fiestas de la ciudad. El objetivo era claro: enriquecer el programa festivo con manifestaciones de cultura popular y fomentar la participación de las agrupaciones musicales de La Línea, Gibraltar y todo el Campo de Gibraltar.

A través de un elegante cartel oficial impreso por la imprenta “La Valenciana”, el Ayuntamiento invitaba a las rondallas de la comarca a competir en un certamen que unía música, tradición y convivencia popular.

Las rondallas, protagonistas de la vida cultural

Durante las primeras décadas del siglo XX, las rondallas constituían una de las expresiones musicales más populares de Andalucía y del resto de España.

Formadas habitualmente por guitarras, bandurrias, laúdes y voces masculinas o mixtas, estas agrupaciones participaban en fiestas patronales, carnavales, verbenas, serenatas, certámenes musicales y actos benéficos.

En ciudades como La Línea, las rondallas formaban parte del paisaje sonoro cotidiano. Sus actuaciones amenizaban celebraciones públicas y privadas, convirtiéndose en auténticos embajadores de la música popular.

El concurso convocado en 1935 pretendía precisamente dar visibilidad a esta tradición y convertirla en uno de los actos más destacados de las fiestas estivales.

Una competición abierta a toda la comarca

Una de las características más interesantes de la convocatoria era su amplitud geográfica.

Las bases establecían que podían participar:

  • Las rondallas de La Línea.
  • Las agrupaciones de Gibraltar.
  • Los conjuntos procedentes del Campo de Gibraltar.

Esta circunstancia otorgaba al certamen una dimensión comarcal poco habitual para la época y reforzaba los vínculos culturales existentes entre las distintas poblaciones de la zona.

La organización permitía además que cada agrupación eligiera libremente el número de integrantes que considerara oportuno, favoreciendo así la participación de conjuntos de diferentes tamaños y características.

La obra obligatoria: una jota del maestro Serrano

El reglamento establecía una pieza obligatoria para todos los participantes:

La Jota de “El Trust de los Tenorios”

Esta popular composición pertenecía al maestro José Serrano, uno de los compositores más importantes de la zarzuela española.

La obra procedía de la célebre zarzuela cómica El Trust de los Tenorios, estrenada en Madrid en 1910 y convertida rápidamente en un éxito nacional.

La elección de esta jota no era casual.

Además de ser una pieza muy conocida por el público, permitía al jurado valorar con facilidad aspectos fundamentales como:

  • Afinación.
  • Coordinación instrumental.
  • Calidad de las voces.
  • Capacidad interpretativa.

Junto a esta interpretación obligatoria, cada rondalla debía ejecutar otras dos piezas de libre elección, lo que permitía mostrar la personalidad artística de cada agrupación.

La gran noche del concurso

El certamen quedó fijado para el martes 23 de julio de 1935, a las diez de la noche.

La sede elegida fue la Caseta del Ayuntamiento, instalada en el Paseo de la Velada, centro neurálgico de las celebraciones estivales linenses.

Aquella noche el recinto municipal se transformaría en un gran auditorio popular donde vecinos y visitantes podrían escuchar las interpretaciones de las mejores rondallas de la comarca.

El jurado técnico se encontraría reunido en el mismo lugar para valorar las actuaciones y determinar los ganadores.

Premios importantes para la época

La Comisión de Fiestas estableció dos premios en metálico:

Primer premio

200 pesetas

Segundo premio

100 pesetas

Aunque hoy puedan parecer cantidades modestas, en 1935 representaban una recompensa económica considerable.

Para muchas agrupaciones musicales, estos premios suponían una importante ayuda para sufragar gastos de instrumentos, uniformes o desplazamientos.

Además del premio principal, el director de la rondalla vencedora recibiría una distinción especial:

Batuta de Honor

Esta batuta conmemorativa llevaría una inscripción alusiva a las fiestas y constituía un reconocimiento simbólico al mérito musical del conjunto ganador.

La Línea en vísperas de las fiestas de 1935

La convocatoria del concurso se produjo en un momento especialmente intenso de la vida local.

Durante el verano de 1935, La Línea vivía los últimos meses de la Segunda República antes de los profundos cambios que traerían los acontecimientos del año siguiente.

Las Veladas y Fiestas seguían siendo el principal acontecimiento social de la ciudad.

Las autoridades municipales buscaban continuamente nuevas actividades para enriquecer el programa festivo:

  • Concursos musicales.
  • Certámenes artísticos.
  • Exposiciones.
  • Actividades deportivas.
  • Bailes populares.
  • Actuaciones teatrales.

El Concurso de Rondallas se integraba perfectamente en esa estrategia de promoción cultural.

La música popular como patrimonio colectivo

Más allá de la competición, el certamen reflejaba la importancia que las administraciones locales otorgaban a la cultura popular.

Las rondallas no eran consideradas simples grupos de entretenimiento.

Representaban una tradición musical transmitida de generación en generación y constituían una parte esencial de la identidad colectiva de muchas localidades.

A través de estos concursos se fomentaba:

  • La conservación del repertorio tradicional.
  • La formación musical de los jóvenes.
  • El intercambio cultural entre municipios.
  • La participación ciudadana en las fiestas.

Un fallo inapelable

Las bases concluían con una cláusula habitual en los concursos de la época:

“El fallo que dicte el Jurado será inapelable.”

De esta manera se evitaban reclamaciones posteriores y se garantizaba la autoridad de los especialistas encargados de evaluar las actuaciones.

Asimismo, las rondallas interesadas debían formalizar su inscripción antes del 20 de julio de 1935, presentándose en el Negociado de Fiestas del Ayuntamiento bajo la denominación que cada grupo estimara conveniente.

Tal día como hoy...

Tal día como hoy, 28 de junio de 1935, la Comisión de Fiestas de La Línea anunciaba la celebración de un Gran Concurso de Rondallas para las Veladas y Fiestas de aquel año, invitando a participar a las agrupaciones musicales de La Línea, Gibraltar y el Campo de Gibraltar en un certamen que buscaba convertir la música popular en una de las grandes protagonistas del verano linense.

Imagen generada por IA


Leyendo el Bando en la calle de Las Flores (IA)






Transcripción literal

Comisión de Fiestas

DE

LA LÍNEA

Gran Concurso de Rondallas

ESTA COMISIÓN DE FIESTAS, DESEANDO CONTINUAR EN EL PRESENTE AÑO, IMPRIMIENDO A SUS FIESTAS EL MAYOR NÚMERO DE FESTEJOS DE CULTURA POPULAR, HA ESTIMADO CONVENIENTE ORGANIZAR ESTE GRAN CONCURSO DE RONDALLAS, EN EL CUAL HAN DE REGIR LAS SIGUIENTES

BASES

1.ª— Las Rondallas que tomen parte en este Concurso, quedan a libre elección de presentar el número de individuos que estimen conveniente.

2.ª— La pieza de concurso, obligada será la Jota del Trust de los Tenorios, del Maestro Serrano, debiéndose ejecutar además otras dos piezas a libre elección de cada Grupo.

3.ª— Podrán concurrir a este Concurso todas las Rondallas de la localidad y de Gibraltar y su Campo.

4.ª— Este concurso tendrá lugar el martes veintitrés de julio próximo, a las diez de la noche, en la Caseta del Ayuntamiento, sita en el paseo de la Velada, donde se hallará constituido el Jurado Técnico que ha de otorgar los premios correspondientes.

5.ª— Se concederán dos premios, en metálico, a los dos Grupos que a juicio del Jurado lo merezcan, siendo el primero de doscientas pesetas y el segundo de cien.

6.ª— También se otorgará una Batuta de honor, con inscripción alusiva a la fiesta, al Director de la Rondalla que haya obtenido el primer premio.

7.ª— Para tomar parte en este Concurso será condición indispensable que los Grupos se inscriban en el Negociado de Fiestas del Ayuntamiento y bajo la denominación que estime cada uno de ellos, durante los días que comprenden desde esta fecha hasta las catorce horas del día veinte del expresado julio.

8.ª— El fallo que dicte el Jurado será inapelable.

La Línea a 28 de Junio de 1.935.

EL ALCALDE-PRESIDENTE,

Rogelio Espinosa Álvarez

Imp. “LA VALENCIANA” La Línea





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