lunes, 27 de julio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como el, 4 de abril en 1958: homenaje de la afición taurina linense a Ciriaco de Vicente y «Justo Preciso»

 















El 4 de abril de 1958, el diario ÁREA publicaba una extensa crónica dedicada a un acto celebrado pocos días antes en La Línea de la Concepción, en el que la afición taurina local quiso rendir públicamente su admiración y afecto a dos conocidos críticos taurinos: Ciriaco de Vicente y Adolfo Beaty, popularmente conocido por el seudónimo de «Justo Preciso».

El homenaje había tenido lugar el sábado 29 de marzo de 1958, en el local de la Peña Taurina Linense, y había sido organizado por su directiva. La convocatoria reunió a socios de la entidad, representantes de otras peñas taurinas, miembros de la prensa y la radio y numerosos aficionados.

No era simplemente una comida o reunión entre amigos. La crónica refleja todo un acontecimiento social alrededor de una de las grandes pasiones de la ciudad en aquellos años: los toros.

Dos críticos estrechamente relacionados con la afición del Campo de Gibraltar

Los homenajeados eran Ciriaco de Vicente, crítico taurino de Radio Juventud del Campo de Gibraltar y del periódico ÁREA, y Adolfo Beaty, «Justo Preciso», reconocido igualmente por su actividad como comentarista y conocedor de la Fiesta.

El periódico señalaba que ambos habían sabido ganarse el reconocimiento de los aficionados, hasta el punto de que aquel homenaje surgía de manera espontánea como expresión de agradecimiento por su trabajo.

La Peña Taurina Linense quiso convertir aquella noche en una demostración pública de reconocimiento hacia quienes, desde los medios de comunicación, contribuían a mantener viva la afición taurina.

Pasodobles para comenzar una noche taurina

El acto comenzó, como correspondía al ambiente, con música.

Una orquesta interpretó el pasodoble «España cañí», al que siguió un repertorio de música eminentemente taurina.

La escena que describe ÁREA permite imaginar perfectamente el ambiente de aquella noche: socios de las peñas, aficionados, periodistas y amigos reunidos alrededor de los homenajeados mientras sonaban pasodobles estrechamente ligados a la plaza de toros.

Posteriormente tomó la palabra Manuel Guerrero Escrivá, presidente de la Peña Taurina Linense, quien dirigió unas palabras a los numerosos asistentes resaltando los méritos de ambos críticos.

Adhesiones llegadas desde distintos puntos

El secretario de la Peña, Gabriel Millán, procedió después a leer las numerosas adhesiones recibidas con motivo del homenaje.

Entre ellas figuraba una especialmente cariñosa del alcalde de La Línea, Alfonso Cruz Herrera.

También aparecían nombres destacados del mundo taurino y social, entre ellos el presidente honorario de la Peña, Emilio de Villar Lima; el ganadero Salvador Gavira; el apoderado de toreros José González Román, además de empresarios, ganaderos, aficionados y otras personalidades.

Para el periódico, aquella cantidad de adhesiones demostraba la repercusión que había alcanzado el homenaje.

La Peña «Joselito-Manolete»

También intervino José Rodríguez Moya, presidente de la Peña «Joselito-Manolete», quien manifestó la satisfacción de sus socios por participar en el reconocimiento.

Sus palabras destacaron especialmente el mantenimiento de la afición taurina en La Línea y el entusiasmo con el que la ciudad seguía viviendo todo cuanto rodeaba a la Fiesta Nacional.

La presencia de distintas peñas en una misma celebración constituye además un pequeño testimonio de la importancia que estas asociaciones tuvieron durante aquellos años como lugares de reunión, convivencia y difusión de la cultura taurina.

«Grana y Oro»

La crónica menciona igualmente al presidente de la Peña «Grana y Oro», Juan Castro, quien expresó también su satisfacción por participar en el homenaje.

El periódico resaltaba el entusiasmo existente entre quienes amaban el mundo de los toros y recordaba que ese sentimiento era precisamente el que permitía mantener vivo el fuego de la afición tradicional.

También intervino el secretario de esta peña, José de la Corte, quien dedicó unas palabras a los homenajeados y destacó su labor como defensores y representantes del prestigio de las corridas de toros.

Un minuto de silencio por Manuel Rodríguez «Manolete»

Uno de los momentos más emotivos de la reunión se produjo cuando, ante el micrófono de Ángel Rincón, un aficionado linense llamado Rafael Molina «Lagartijo» solicitó guardar un minuto de silencio en recuerdo de Manuel Rodríguez «Manolete».

La petición fue acogida unánimemente por los presentes.

El detalle resulta especialmente significativo: habían transcurrido más de diez años desde la muerte del torero cordobés en Linares, pero su recuerdo continuaba extraordinariamente presente entre los aficionados.

Tras aquel momento de recogimiento, la orquesta volvió a interpretar alegres piezas taurinas.

Una intervención sobre la crítica taurina

Otro de los asistentes, Manuel Pérez Pérez, realizó lo que la propia crónica calificaba como un «retrato psicológico» del crítico taurino.

Durante su intervención habló de las dificultades que entrañaba ejercer la crítica y de cómo la opinión de quien escribía o hablaba sobre una corrida podía generar adhesiones entre unos aficionados y descontento entre otros.

Defendió, además, la belleza, la bravura y la tradición de la Fiesta Nacional.

Era una reflexión interesante sobre una profesión que, en aquellos años, tenía una enorme influencia entre los aficionados: el crítico taurino podía contribuir con sus crónicas radiofónicas y periodísticas a crear opinión alrededor de toreros, ganaderías y festejos.

Entrega de los títulos de socios de honor

Llegó después uno de los momentos principales de la velada.

El presidente de la Peña Taurina Linense, Manuel Guerrero, hizo entrega a Ciriaco de Vicente y «Justo Preciso» de sus respectivos títulos de Socios de Honor.

El reconocimiento fue recibido con alegría por los homenajeados y acompañado por los aplausos de los presentes.

Pero todavía quedaba la intervención principal de la noche.

Ciriaco de Vicente toma la palabra

Tras las salvas de aplausos y vítores, se levantó Ciriaco de Vicente.

Según la crónica, pronunció una intervención en la que hizo gala de su dominio de la palabra y de sus conocimientos taurinos. Comenzó dedicando el homenaje a su compañero y amigo «Justo Preciso», de quien destacó sus cualidades personales y su condición de excelente escritor y estudioso del mundo de los toros.

Después se adentró en cuestiones relacionadas con la tauromaquia y con algunos de sus protagonistas.

El periódico lo describía como un gran conocedor de la Fiesta Brava y destacaba la facilidad con la que desarrollaba sus explicaciones ante los radioyentes y aficionados.

Joselito y Rafael «El Gallo»

Durante su intervención, Ciriaco de Vicente recordó diversas anécdotas relacionadas con Joselito y Rafael «El Gallo».

Aquellas evocaciones despertaron especialmente el interés de los aficionados presentes.

La charla fue interrumpida en varias ocasiones por los aplausos, hasta convertirse prácticamente en una conferencia taurina improvisada dentro del propio homenaje.

Una curiosa convocatoria: Ciriaco de Vicente frente a «Justo Preciso»

Uno de los momentos más llamativos llegó cuando se anunció públicamente una peculiar cita para los dos homenajeados.

Se proponía celebrar una especie de competencia dialéctica, mano a mano, entre Ciriaco de Vicente y «Justo Preciso».

La convocatoria se fijaba para el sábado 29 de marzo, a las nueve de la noche, en la Plaza de Toros de la Peña Taurina Linense, describiéndola humorísticamente como una «extraordinaria mano a mano, en noble y leal competencia».

La propia terminología taurina servía así para presentar un enfrentamiento que no sería con capotes y muletas, sino mediante la palabra y los conocimientos sobre la Fiesta.

Ciriaco de Vicente declina los honores

En la parte final de su intervención, Ciriaco de Vicente agradeció los elogios recibidos, aunque los rechazó modestamente.

La crónica explica que prefería considerarse simplemente un amigo y colaborador de todos.

Para cerrar su intervención realizó además una extensa evocación de lo que significaba para él la Fiesta Nacional, acompañando sus palabras con referencias literarias y taurinas.

La charla concluyó entre una prolongada ovación y numerosas felicitaciones.

«España torera» y «Mi jaca campera» para cerrar la reunión

El homenaje terminó nuevamente con música.

Manolo Corrales y Gabriel Millán pusieron el epílogo a la reunión recitando «España torera», obra del poeta linense Pepe Durán, y «Mi jaca campera», respectivamente.

El acompañamiento musical del pasodoble de la Peña contribuyó a cerrar una velada que ÁREA calificaba de entrañable y entusiasta.

Una fotografía de la enorme afición taurina de La Línea

Más allá del homenaje a dos críticos, la noticia constituye hoy un interesante documento sobre la vida asociativa y taurina de La Línea de la Concepción en 1958.

En una sola reunión encontramos varias peñas taurinas —la Peña Taurina Linense, «Joselito-Manolete» y «Grana y Oro»—, críticos de prensa y radio, ganaderos, apoderados, aficionados, músicos y representantes de la sociedad linense.

Todo ello demuestra hasta qué punto el mundo taurino formaba parte de la vida social de la ciudad.

El artículo terminaba señalando que Ciriaco de Vicente y «Justo Preciso» recibieron aquella noche uno de sus homenajes más importantes, ofrecido precisamente a dos figuras muy vinculadas a estas latitudes.

Una noche de marzo de 1958 en la que La Línea reunió alrededor de una misma mesa amistad, periodismo, radio, peñas, pasodobles y afición taurina.

Fuente: diario ÁREA, 4 de abril de 1958.



Los concursos de cante flamenco de la Feria linense, una tradición refrendada por el público

 






Publicado en el Extraordinario de Feria del diario ÁREA, el viernes 11 de julio de 1975. Entrevista realizada por José Riquelme Sánchez.

Entre las muchas páginas que forman parte de la historia de nuestra Velada y Fiestas, encontramos esta interesante publicación del Extraordinario de Feria del diario ÁREA, del 11 de julio de 1975, dedicada a los concursos de cante flamenco que venían celebrándose durante la Feria de La Línea de la Concepción.

El reportaje, titulado «Los concursos de cante flamenco de la Feria linense, refrendados por el éxito popular», incluía una amplia e interesante entrevista realizada por el periodista José Riquelme Sánchez al guitarrista linense Juan Mesa Serrano, figura estrechamente vinculada a aquellos certámenes.

A través de aquella conversación, Riquelme Sánchez fue repasando con Juan Mesa Serrano el nacimiento de los concursos flamencos de la Feria, la extraordinaria afición existente en La Línea, los cantes que formaban parte de los certámenes, los artistas que habían participado en ellos y la importancia que el guitarrista concedía al fandango dentro del flamenco.

Una historia que había comenzado en 1970

El periódico situaba el origen de aquellos certámenes cinco años antes. En 1970, coincidiendo con el Centenario de la fundación de La Línea de la Concepción, se organizó el primer certamen flamenco de la Feria.

La experiencia tuvo continuidad.

Desde entonces, según explicaba ÁREA, los concursos se habían celebrado en años sucesivos y habían conseguido un notable éxito, tanto por la calidad de los participantes como por el numeroso público que acudía para escucharlos y premiaba las actuaciones con prolongados aplausos.

Aquellos concursos no eran, por tanto, un acontecimiento aislado dentro de la programación ferial. En apenas cinco años habían conseguido hacerse un hueco propio y convertirse en uno de los atractivos culturales de la Velada.

El escenario también tenía su importancia. El artículo menciona expresamente la Plaza de Fariñas, convertida durante aquellas jornadas en punto de encuentro para los aficionados.




Juan Mesa Serrano, una figura ligada al certamen

Para hablar de aquellos concursos, el periodista recurrió a una persona estrechamente vinculada a ellos: el guitarrista linense Juan Mesa Serrano.

El propio periódico lo presentaba como uno de los artistas más destacados de los concursos de cante de la Feria y recordaba que había sido maestro de los cuatro certámenes celebrados hasta entonces.

La entrevista tuvo lugar en un escenario especialmente relacionado con el mundo flamenco: «La Cuadra», establecimiento situado en la calle Jardines.

La descripción que realiza el periodista resulta muy evocadora. Habla de una mañana calurosa de julio y de un establecimiento cuyas paredes estaban decoradas con carteles taurinos, figuras de toreros y poesías enmarcadas, creando un ambiente profundamente andaluz.

Allí, entre referencias al toro, la guitarra y el cante, comenzó la conversación.

«En La Línea existe más afición al flamenco que en ninguna otra parte del Campo de Gibraltar»

Una de las preguntas más interesantes fue precisamente cómo había respondido el público linense a aquellos certámenes.

La contestación de Juan Mesa Serrano fue rotunda:

«Muy bien. Maravillosamente.»

Y añadía una afirmación todavía más significativa:

«No olvides que en La Línea existe más afición al flamenco que en ninguna otra parte del Campo de Gibraltar.»

Sus palabras reflejan la importancia que el flamenco tenía en la sociedad linense de aquellos años. No se trataba únicamente de organizar un espectáculo durante la Feria, sino de responder a una afición que ya existía en la ciudad y que encontraba en estos concursos un espacio donde reunirse.

Precisamente por ello, cuando se le preguntaba por las dificultades para organizar un certamen, Mesa Serrano señalaba que nunca habían tenido problemas para encontrar participantes.

La dificultad era casi la contraria: eran tantos los aspirantes que había que contar con un jurado competente e idóneo capaz de valorar las actuaciones.




¿Cuántos cantaores debían participar?

El periodista también planteaba una cuestión práctica: cuál debía ser el número ideal de concursantes.

Juan Mesa Serrano consideraba que cuatro cantaores era el máximo adecuado.

Podían participar cinco, explicaba, pero entonces el certamen resultaba demasiado largo. Dos cantes por profesional podían hacerse cortos, mientras que cinco aficionados prolongaban excesivamente la velada.

Era la experiencia acumulada durante aquellos años la que permitía ir perfeccionando la organización.

En esta tarea, Mesa Serrano recordaba además la colaboración de Ramón Gallardo, Juan Martínez y, en todo lo relacionado con la decoración, del pintor Luis Mariscal.

Cantaores llegados desde distintos lugares

Los concursos de La Línea habían ido reuniendo a numerosos artistas procedentes de diferentes puntos de Andalucía.

El reportaje recuerda una larga relación de participantes, entre ellos nombres llegados desde Pilas, El Puerto, Dolores Vargas, Pastora de Algeciras, García Montes, Manolo Caracol, Fosforito, Caracolillo, Ángel Pericet, Naranjito de Triana, Enrique Montoya y Gabriel Ortega, entre otros.

La enumeración que realiza el periódico permite comprender el ambiente flamenco que rodeaba aquellos certámenes y la variedad de artistas que habían pasado por ellos.

Los participantes acudían desde diferentes lugares, aunque Juan Mesa Serrano señalaba que las bases estaban pensadas fundamentalmente para quienes residían en la comarca.

Los cantes básicos del concurso

Preguntado por los estilos fundamentales que debían estar presentes en un certamen de estas características, el guitarrista señalaba varios:

seguiriyas, soleares, tarantas y malagueñas.

Eran, según explicaba, algunos de los cantes esenciales que debía dominar quien aspirara a participar seriamente en un concurso flamenco.

Pero durante la entrevista surgió un asunto que todavía hoy genera debate entre los aficionados: el fandango.

La defensa del fandango

El periodista preguntó directamente:

«¿Por qué se le da tan poca valoración al fandango? ¿Acaso es un cante menor?»

Juan Mesa Serrano respondió que no.

A su juicio, lo que ocurría era que el fandango se había cantado mucho y, en ocasiones, se había asociado a una música excesivamente popular o corriente. Pero eso no significaba que careciera de categoría.

Mesa recordaba grandes nombres relacionados con este cante y citaba, entre otros, a Manolo Caracol, Juanito Valderrama, Antonio Chacón y Manuel Torres, además de recordar figuras como El Niño Gloria, Fosforito y Naranjito de Triana.

Para el guitarrista, el fandango poseía una enorme riqueza y había dado intérpretes extraordinarios.

La Línea y su afición flamenca

Más allá de nombres concretos, el reportaje de 1975 tiene especial interés porque nos permite observar la relación existente entre La Línea, la Feria y el flamenco.

Aquellos concursos constituían una manifestación cultural nacida alrededor de la Velada, pero habían conseguido mantenerse gracias a la respuesta de los aficionados.

La Feria no era únicamente atracciones, casetas, festejos taurinos o celebraciones populares. También era un lugar donde el cante encontraba su escenario y donde podían escucharse algunos de los estilos más profundos del flamenco.

Y alrededor de esos concursos aparecía toda una pequeña organización formada por guitarristas, cantaores, jurados, aficionados y colaboradores que contribuían a mantener viva aquella actividad.

Juan Mesa Serrano y el disco «Ronda»

La segunda parte del reportaje se detenía especialmente en la trayectoria artística de Juan Mesa Serrano.

En aquellos momentos preparaba un proyecto discográfico junto al flamencólogo Manuel Barrios.

El disco llevaría por título:

«Ronda»

y estaría compuesto por diferentes piezas inspiradas en Andalucía.

Entre los títulos que se mencionaban figuraban «Caña», «Media granaína», «Alegría», «Fandango de Huelva», «Tarantas» y «Bulerías», entre otras composiciones.

Mesa Serrano expresaba su satisfacción por aquel trabajo y explicaba que una de sus composiciones estaba dedicada a la Bahía.

La entrevista nos muestra así no solamente al guitarrista relacionado con los concursos de Feria, sino a un músico inmerso en sus propios proyectos artísticos.

La guitarra, imprescindible

Para Juan Mesa Serrano, la guitarra ocupaba naturalmente un lugar fundamental dentro del flamenco.

En otra de sus respuestas venía a dejar clara la importancia del instrumento dentro del cante: sin guitarra resultaba difícil concebir plenamente determinados ambientes flamencos.

La fotografía que acompañaba el artículo reforzaba precisamente esa imagen. En ella aparecía el guitarrista entregado a la interpretación en el ambiente de «La Cuadra».

El pie de fotografía decía:

«Siempre que le es posible, el guitarrista Juan Mesa Serrano se entrega a la creación artística en el ambiente andaluz de “La Cuadra”.»

Una Feria que también se escuchaba

Cincuenta y un años después de aquella publicación, estas páginas del ÁREA nos permiten recuperar otra faceta de nuestra Feria.

La Velada linense también tuvo sonido de guitarra, soleares, seguiriyas, tarantas, malagueñas y fandangos.

Desde aquel primer certamen organizado en 1970, con motivo del Centenario de la ciudad, los concursos fueron consolidándose hasta que, en 1975, el propio periódico podía afirmar que habían quedado «refrendados por el éxito popular».

Pero quizá la frase que mejor resume el documento sea la pronunciada por el propio Juan Mesa Serrano:

«En La Línea existe más afición al flamenco que en ninguna otra parte del Campo de Gibraltar.»

Una afirmación pronunciada en 1975 que nos habla de una ciudad donde el flamenco no era simplemente un espectáculo incorporado al programa de Feria. Formaba parte de la afición, de las reuniones, de los establecimientos, de los artistas y, en definitiva, de la vida cultural de muchos linenses.

La entrevista concluía dejando el testimonio de un artista profundamente vinculado a La Línea y a su ambiente flamenco. José Riquelme Sánchez, autor de aquella extensa conversación publicada en ÁREA, presentaba a Juan Mesa Serrano como un guitarrista entregado a la creación artística y como una de las personas que habían contribuido a consolidar los concursos de cante de la Feria linense.

Gracias a reportajes y entrevistas como esta podemos recuperar hoy una faceta quizá menos recordada de nuestra Velada: la de una Feria que también se vivía y se escuchaba a través del flamenco.

Fuente: Diario ÁREA, Extraordinario de Feria, 11 de julio de 1975.
Entrevista: José Riquelme Sánchez.







«La Línea es tema en mi repertorio»: Camborio, el poeta gitano que convirtió el recitado flamenco en su forma de expresión















Entre las páginas de la prensa linense encontramos, en ocasiones, personajes que forman parte de una historia cultural que merece ser recuperada. Uno de ellos fue Fernando Camuña Canalejo, “Camborio”, presentado por el diario ÁREA como «el poeta gitano», un artista linense que encontró en la poesía flamenca y en el recitado una forma muy personal de expresar sus sentimientos.

El amplio reportaje que le dedicó el periódico Diario AREA llevaba un titular que resumía perfectamente su relación con nuestra ciudad:

«La Línea es tema en mi repertorio»

Y junto a él aparecía otra afirmación que definía su concepción artística:

«El recitador nace, no se hace».

La entrevista, firmada por José Vallecillo Ruiz, nos permite conocer no solamente al artista, sino también al hombre que había detrás de aquel personaje escénico de temperamento, gesto y palabra.

Un linense que llevaba su tierra en el repertorio

Fernando Camuña Canalejo era linense y residía en La Línea. El periodista señala que, sentado frente a él en la mesa de redacción, aparecía un hombre amable y cercano, muy diferente quizá de la imagen poderosa que ofrecía sobre los escenarios.

Camborio había conseguido hacerse un nombre especialmente en el ámbito del flamenco de la Costa del Sol.

Su propuesta artística consistía en llevar la poesía al terreno flamenco mediante el recitado, buscando que la palabra adquiriese ritmo, sentimiento y fuerza interpretativa.

El periodista lo describe como un artista capaz de «amasar» el sentimiento contenido en los versos y trasladarlo al público mediante la voz y el gesto.

Su actividad no se limitaba a La Línea. También había actuado en Algeciras y otros lugares, participando en festivales y convocatorias flamencas.

Pero La Línea ocupaba un lugar especial.



Desde los 16 años en el mundo de la canción flamenca

Camborio explicó que llevaba vinculado al mundo artístico desde muy joven:

«En el mundo de la canción flamenca estoy desde que tenía 16 años».

Inicialmente se encontraba relacionado con el cante, pero terminaría descubriendo que sus posibilidades artísticas estaban especialmente en el recitado.

Según relataba, fueron unos amigos de Marbella quienes primero repararon seriamente en aquellas cualidades.

Durante una reunión, después de escucharlo recitar «Pepe Pinto», le dijeron que tenía condiciones y posibilidades para dedicarse a ello.

Aquello terminó convirtiéndose en un camino artístico.

Camborio fue abandonando progresivamente el cante para concentrarse en la poesía flamenca, porque consideraba que en ella podía alcanzar una expresión mucho más amplia.

Para él, cante y poesía estaban muy próximos:

«Son dos cosas muy parecidas, ya que las dos cosas hay que sentirlas».

Esa palabra —sentir— aparece continuamente en su manera de comprender el arte.

Federico García Lorca y el «Prendimiento de Camborio»

Cuando el periodista le preguntó por sus preferencias literarias, apareció inevitablemente Federico García Lorca.

Camborio afirmaba tener prácticamente estudiado su repertorio flamenco y reconocía una especial predilección por el Romancero gitano.

Entre las piezas que acostumbraba a presentar al público destacaba:

«Prendimiento de Camborio», «La muerte de Camborio» y «Alma ausente», además de composiciones relacionadas con Antoñito el Camborio.

La identificación artística era evidente. Incluso el sobrenombre con el que era conocido remitía directamente al universo lorquiano.

Pero su repertorio no estaba limitado a García Lorca. También interpretaba obras de otros autores y mencionaba expresamente a Antonio Machado.



«Se gana más dinero con la poesía»

Uno de los pasajes más curiosos de la entrevista aparece cuando se habla de las diferencias económicas entre cantar flamenco y recitar poesía.

Camborio respondió sin demasiados rodeos:

«Yo estoy ganando más dinero en la poesía».

Incluso aportaba cifras.

Cuando le preguntaron cuál había sido la cantidad máxima obtenida por una actuación recitando, respondió:

«Treinta mil pesetas».

Y al preguntarle por el mínimo:

«Dos mil pesetas diarias».

No obstante, también reconocía que en determinadas ocasiones actuaba por amistad, sin convertir necesariamente cada intervención en una cuestión económica.

El público español, su preferido

Camborio afirmaba sentirse especialmente cómodo ante el público español.

Había tenido experiencias ante extranjeros, pero encontraba mayores dificultades para transmitir plenamente el significado de la poesía cuando existía una barrera idiomática.

Recordaba particularmente una actuación en un hotel de Málaga, ante un público mayoritariamente norteamericano.

Según explicaba, mientras recitaba los espectadores hablaban y no prestaban demasiada atención. Aquello terminó provocándolo artísticamente y realizó un enorme esfuerzo interpretativo.

Paradójicamente, aseguraba que aquella había sido:

«la vez que más a gusto he actuado en mi vida».

La guitarra era imprescindible

La guitarra ocupaba un lugar fundamental en su concepción del recital flamenco.

Cuando le preguntaron qué papel desempeñaba dentro de la poesía, respondió rotundamente:

«Todo».

Para Camborio, realizar un recital de poesía flamenca sin guitarra resultaba extraordinariamente difícil.

Pero tampoco servía cualquier acompañamiento.

El guitarrista debía conocer perfectamente el ritmo y acompañar tanto a cantaores como a bailaores para poseer la sensibilidad necesaria.

Su idea del espectáculo flamenco era prácticamente inseparable de tres elementos: el cantaor, el guitarrista y el público.

Y entre ellos, si tuviera que elegir uno imprescindible, señalaba:

«Las guitarras».

De ahí una de sus afirmaciones más contundentes:

«Sin guitarra no habría artistas».




 

«El recitador nace, no se hace»

Camborio defendía que podían aprenderse determinadas técnicas, pero consideraba que la verdadera capacidad de transmitir poesía debía existir previamente en el intérprete.

Por eso sostenía:

«El recitador nace, no se hace».

Podían ofrecerse explicaciones y orientaciones a quien quisiera aprender, pero si la persona no reunía determinadas condiciones naturales, difícilmente podría convertirse en un auténtico recitador.

La misma reflexión la trasladaba parcialmente al cante: podía aprenderse mucho, pero también debía existir una disposición natural.

La Línea convertida en poesía

Uno de los aspectos más interesantes del reportaje para nuestra historia local aparece cuando el periodista pregunta a Camborio si había escrito sus propias composiciones.

Respondió afirmativamente.

Y puso como ejemplo una obra titulada:

«Cádiz, con un gesto bravío».

La definía como una especie de documental poético dedicado a Cádiz y su provincia, construido con «ritmos de alegría».

Pero cuando le preguntaron cuánto tiempo hablaba del Campo de Gibraltar, respondió de una manera particularmente significativa:

«Naturalmente, un buen espacio, pues yo soy de La Línea de la Concepción».

Su ciudad natal estaba inevitablemente presente en su creación.

La herida del cierre de la frontera

El reportaje contiene además una referencia histórica de especial interés.

Camborio explicó que había compuesto una obra inspirada concretamente en el cierre de la frontera con Gibraltar.

No llegó entonces a registrarla en Autores porque, según decía, la había entregado a otras personas.

El episodio demuestra cómo los acontecimientos que afectaban directamente a La Línea encontraban también expresión artística.

Para un linense de aquellos años, el cierre fronterizo no constituía únicamente una cuestión política o económica. Había transformado profundamente la vida cotidiana de miles de familias y, en el caso de Camborio, aquella realidad terminó entrando también en su poesía.

Gibraltar y el Campo: «hermano de sol y mar»

Durante la entrevista le pidieron que recitara algo relacionado con La Línea.

Camborio respondió que podía hacerlo, aunque advertía que sin guitarra era mucho más difícil encontrar el ritmo.

Entonces surgieron unos versos dedicados a las localidades del entorno:

«Algeciras, San Roque y La Línea de la Concepción, guardan un vivo reproche cargadito de razón...»

Los versos continuaban hablando de gaditanos, esperanza, hermandad y de una tierra compartida.

Era una poesía nacida de un territorio que Camborio conocía perfectamente y al que pertenecía emocionalmente.

Su actuación más emocionante fue en La Línea

Cuando José Vallecillo le preguntó qué actuación le había dejado más satisfecho, la respuesta volvió a conducir directamente hasta nuestra ciudad.

Camborio recordó una actuación en La Línea en la que se encontraba especialmente nervioso.

Sentía una enorme responsabilidad porque actuaba delante de sus propios paisanos.

Sin embargo, aquella preocupación desapareció cuando comenzó el recital.

Explicaba que terminó:

«hasta lloré de alegría de poder catalogar la presentación ante mis paisanos como una actuación completa».

Probablemente pocas frases del reportaje resumen mejor su vinculación con La Línea.

Actuar fuera podía proporcionarle reconocimiento y dinero, pero hacerlo ante sus propios vecinos suponía una responsabilidad distinta.

El Festival Flamenco de La Línea

Camborio también hablaba de su participación en el Festival Flamenco de La Línea de la Concepción, donde había trabajado anteriormente.

Además anunciaba su intención de regresar:

«Estoy muy contento de estar hoy y estaré, en el periódico de La Línea y de volver otra vez con el Festival de Flamenco el 16 de agosto».

Quería mostrar públicamente su agradecimiento al guitarrista que lo acompañaba en los ensayos y al cantaor que también colaboraba con él.

Mencionaba expresamente a Joaquín Remangue, “El Quino”, y a Ramón Jiménez de los Reyes, artistas a los que afirmaba haber llevado consigo a diferentes lugares.

El testimonio nos permite vislumbrar aquella red de artistas flamencos locales que participaban conjuntamente en actuaciones y festivales.

Vocación antes que dinero

Aunque hablaba abiertamente de sus ingresos profesionales, Camborio insistía en que su carrera no estaba motivada únicamente por cuestiones económicas.

Cuando le preguntaron si había abandonado el cante por dinero, respondió que no.

Aseguraba encontrarse económicamente bien y afirmaba que su dedicación artística procedía fundamentalmente de una mezcla de vocación, sentimiento y necesidad expresiva.

La poesía era para él algo que debía sentirse y vivirse.

Precisamente por eso explicaba la escasez de recitadores flamencos: no bastaba con aprender un texto de memoria.

Había que darle vida.

Un artista del Campo de Gibraltar

El reportaje continuaba en otra página bajo un nuevo titular:

«Un auténtico recitador del Campo de Gibraltar»

Allí Camborio seguía hablando de sus experiencias, de los estilos flamencos que prefería y de las condiciones necesarias para subir a un escenario.

Cuando le preguntaron qué palo del cante prefería interpretar, respondió:

«Los tarantos, seguido de seguiriyas y soleá».

También hablaba de las peñas flamencas, que consideraba lugares especialmente adecuados para su estilo.

Camborio era plenamente consciente de que su arte dependía del ambiente.

Necesitaba silencio, atención, guitarra y conexión con quienes lo escuchaban.

Una voz artística nacida en La Línea

Al finalizar la extensa entrevista, José Vallecillo Ruiz definía a Camborio como un hombre de carácter constante y ejemplar, creador de un nuevo estilo dentro de la poesía flamenca.

Hoy, recuperando aquellas páginas amarillentas de ÁREA, encontramos algo más que una entrevista a un artista.

Encontramos el testimonio de una época de la cultura popular linense.

Una época de festivales flamencos, guitarristas, cantaores, peñas, recitales y artistas que recorrían La Línea, Algeciras, Marbella, Málaga y otros lugares llevando consigo una forma muy particular de entender el flamenco.

Fernando Camuña Canalejo, Camborio, llevó a los escenarios los versos de García Lorca y Antonio Machado, pero también quiso escribir sobre aquello que conocía personalmente: Cádiz, el Campo de Gibraltar, el cierre de la frontera y, sobre todo, su propia ciudad.

Por eso, entre todas las declaraciones conservadas en aquella entrevista, quizás ninguna resulte hoy tan apropiada para recordarlo como la que presidía, en grandes letras, todo el reportaje:

«LA LÍNEA ES TEMA EN MI REPERTORIO»

Una frase sencilla que, muchos años después, sigue dejando clara la relación de Camborio, el poeta gitano, con la ciudad donde había nacido y ante cuyo público confesaba haber vivido una de las mayores emociones de su carrera artística.

Fuente documental: Reportaje y entrevista de José Vallecillo Ruiz publicados en el diario ÁREA. del extraordinario de Feria del 11 de julio de 1975

Fotografías: archivo del propio reportaje.






¿Sabías que...? Tal día como hoy, 27 de julio de 1931: los albañiles y peones de La Línea reclamaban mejoras salariales y elegían una nueva Directiva













Entre la documentación histórica relacionada con el movimiento obrero de La Línea de la Concepción encontramos esta interesante acta de la Sociedad de Albañiles y Peones «El Trabajo», fechada el 27 de julio de 1931, apenas unos meses después de la proclamación de la Segunda República.

El documento nos permite acercarnos a la vida cotidiana de una organización obrera linense y conocer de primera mano algunas de las preocupaciones que ocupaban a sus afiliados: los salarios, las relaciones con los patronos, el trabajo de linenses en Gibraltar, las obligaciones con la Federación y la propia organización interna de la Sociedad.

Una reunión celebrada a las nueve y cuarto de la noche

Según comienza el acta, aquella noche del 27 de julio de 1931, a las nueve y cuarto, se reunió en Junta General ordinaria la Sociedad de Albañiles y Peones «El Trabajo».

La sesión estuvo presidida por el vicepresidente, Antonio Holgado. Una vez abierta la reunión, se procedió a la lectura del acta anterior, que fue aprobada, pasando inmediatamente al apartado de correspondencia.

Y es precisamente aquí donde aparece uno de los asuntos más interesantes del documento.

Los trabajadores linenses y los patronos de Gibraltar

Durante la reunión se dio lectura a dos cartas procedentes de patronos de Gibraltar, concretamente los señores Morelo y Totana, según se aprecia en el manuscrito.

La Sociedad se había dirigido previamente a estos patronos para solicitarles un aumento de sueldo para los compañeros que trabajaban en aquellas casas.

Este detalle resulta especialmente significativo porque demuestra hasta qué punto la actividad laboral de numerosos obreros de La Línea estaba vinculada a Gibraltar. Las organizaciones obreras linenses no limitaban necesariamente sus reivindicaciones al término municipal, sino que intervenían también en defensa de aquellos afiliados que diariamente cruzaban la frontera para trabajar.

Uno de los presentes, el compañero Juan Benítez, tomó la palabra y manifestó que el señor Morelo había concedido ya el aumento solicitado.

Por su parte, Antonio Holgado explicó que el señor Totana también había prometido incrementar los salarios cuando dispusiera de nuevas obras, ya que en aquellos momentos únicamente tenía algunos trabajos en marcha.

La cuestión salarial aparece así en el centro de las preocupaciones de aquella organización.

Gestiones ante el Ayuntamiento

Otro de los asuntos tratados estaba relacionado con un trabajador de la construcción.

El acta señala que se había presentado un oficio del Ayuntamiento solicitando un albañil, y durante la reunión se informó de que el compañero Secretario ya había sido enviado para atender aquella petición.

Es un pequeño detalle, pero enormemente ilustrativo sobre el funcionamiento de estas sociedades obreras. No solamente defendían reivindicaciones colectivas, sino que podían actuar también como intermediarias en cuestiones relacionadas directamente con la contratación y colocación de trabajadores.

Las cuotas de la Federación

La reunión abordó igualmente las relaciones de la Sociedad con su organización federativa.

Se leyó una carta de la Federación convocando una reunión para el miércoles siguiente y preguntando si la Sociedad iba a abonar la correspondiente cuota federativa.

La respuesta recogida en el acta resulta especialmente reveladora de las dificultades económicas que podían atravesar estas organizaciones.

El compañero López, que desempeñaba el cargo de tesorero, explicó que la cuota todavía no se había pagado debido a los atrasos existentes en la propia Sociedad. No obstante, manifestó que se realizarían las cuentas necesarias para comprobar si podía hacerse frente a las cantidades pendientes.

Estamos, por tanto, ante una organización que debía sostenerse fundamentalmente mediante las aportaciones de sus propios afiliados, de modo que cualquier retraso en las cuotas podía repercutir directamente en su funcionamiento.

Durante aquella misma sesión fueron presentadas además dos propuestas de ingreso de nuevos compañeros, que resultaron aceptadas.

Elección de una nueva Junta Directiva

Llegó entonces uno de los asuntos principales de la reunión: la elección de la Junta Directiva que debía encargarse de la Sociedad durante el segundo semestre de 1931.

La votación dio como resultado la elección, por mayoría, de varios compañeros cuyos nombres quedaron cuidadosamente anotados en el acta junto con sus domicilios.

Entre ellos figuraba como presidente Francisco Gómezx González, domiciliado en calle Sol, 88.

Como vicepresidente resultó elegido Antonio Díaz Jaime, domiciliado en Vista Alegre, 11.

La relación continúa en la segunda página del documento con el resto de integrantes de la Directiva. Entre los nombres que pueden leerse aparecen Secretario Víctor Pérez Santamaría, de la barriada de La Atunara, 74 (reelegido); Vicesecretario Antonio Luque Guerrero, con domicilio en Azcarate n.º 5; Tesorero Ignacio López Estévez, en Vista Alegre, Patio Canaria (reelegido); Contador Andrés Benítez Navarro, en Padre Perpen, Patio Serruya; Vocales 1.º Salvador Ruiz Reyes, en Lope de Vega n.º 22; 2.º Juan Furco Fernández, en Plaza de Toros, Patio Limpio; y 3.º Juan Benítez Domínguez, también domiciliado en la zona de la Plaza de Toros, n.º 7

Algunos cargos y grafías del manuscrito presentan dificultades de lectura, por lo que conviene mantener cierta prudencia en la interpretación exacta de todos los nombres y direcciones.

Una fotografía escrita de la sociedad linense de 1931

Más allá de la elección de una Directiva, este documento constituye una pequeña fotografía de la La Línea obrera de comienzos de los años treinta.

En apenas dos páginas aparecen Gibraltar, el Ayuntamiento, los salarios, los patronos, las cuotas sindicales, la incorporación de nuevos socios y las calles y patios donde residían aquellos trabajadores.

Nombres de calles como Sol, Vista Alegre, López de Vega, Aguacate o Padre Perpén, junto a referencias como La Atunara, la Plaza de Toros, el Patio Limpio o el Patio Serrano, convierten el acta en algo más que un documento administrativo. Nos permite situar físicamente a aquellos hombres dentro de la ciudad y aproximarnos a los barrios y espacios populares donde vivía buena parte de la clase trabajadora linense.

También resulta especialmente interesante la relación con Gibraltar. La reclamación salarial dirigida a patronos gibraltareños confirma documentalmente una realidad que durante generaciones formó parte de la vida económica de La Línea: trabajadores residentes en la ciudad que encontraban su sustento al otro lado de la frontera.

La sesión terminó a las once y media

Una vez proclamados los integrantes de la nueva Directiva y no existiendo más asuntos que tratar, la reunión llegó a su fin.

El propio documento señala:

«...se levanta la sesión a las 11 1/2 de la noche...»

Después de más de dos horas de reunión terminaba aquella Junta General del 27 de julio de 1931.

El acta quedó certificada por el secretario y aparecen al pie las correspondientes firmas, además del sello ovalado de la organización, donde todavía puede leerse:

«Sociedad de Albañiles y Peones – EL TRABAJO – LA LÍNEA (Cádiz)»

Firmado por el Presidente Salvador Amaya y el Secretario Víctor Pérez

Un documento para nuestra historia

Noventa y cinco años después, estas hojas manuscritas nos permiten poner nombres y domicilios a una parte de aquella La Línea trabajadora de 1931.

No estamos únicamente ante la historia de una sociedad obrera. Estamos ante hombres que buscaban trabajo, reclamaban aumentos salariales, pagaban sus cuotas cuando podían, trabajaban tanto en La Línea como en Gibraltar, asistían por la noche a las reuniones de su organización y elegían democráticamente a quienes debían representarlos.

Pequeños testimonios documentales como este ayudan a reconstruir una historia que rara vez aparece en los grandes relatos: la historia cotidiana de los trabajadores linenses y de las sociedades que crearon para defender colectivamente sus intereses.

Fuente documental: Acta de la Sociedad de Albañiles y Peones «El Trabajo». La Línea de la Concepción, 27 de julio de 1931.

La Línea en Blanco y Negro Blog







domingo, 26 de julio de 2026

¿Sabías Que...? En la Velada de 1975 Antonio Cruz de los Santos escribió "Don Cascarrabia y su Esposa en la Feria"

 






DON CASCARRABIA Y SU ESPOSA EN LA FERIA

Los personajes de esta fábula no son ficticios, son tan reales como ustedes y como yo. Pero no trate de localizarlos, porque están reproducidos infinidad de veces en los cincuentones que, pese a todos los pesares, sienten la llamada de la fiesta como si sólo tuviesen veinte años. Oigámosles.

CASCARRABIA: Aquí hay demasiada gente; no se puede andar. ¡Eh!, oiga, a ver si mira donde pone los pies! ¡No te digo?... ¡Pero si todavía no saben ni andar!

ESPOSA: Déjalo, hombre, no hagas caso.

—Tú como siempre; que no haga caso. Si por ti fuera no te importaría que nos aplastasen.

—Vamos a ver, ¿qué adelantas con protestar, si esto es lo normal en las muchedumbres?

—¿Pero tú comprendes que se puede aguantar que lo pisen a uno? (Una voz) ¡Cerveza fresca!... ¡No quiero cerveza! ¡Agua fresca de la fuente del Avellano!... ¡No, no quiero agua, ni quiero cerveza!

EN LA PLAZA DE TOROS

—Atiende a la corrida, hombre, que va a empezar.

—Pues eso es lo que hace falta, que empiece, pero que dando cates a los que molesten a los demás.

—Mira, mira, ya están desfilando;

—¿A eso llamas tú desfile?, eso es una birria, ¿no ves a ese torero que parece ir detrás de un arado? ¡Pero, hombre, quién ha visto... (Suena el clarín) Y ahora que salga un becerro... ¡no lo digo yo! ¡eso es una cabra!

—Cállate, hombre, vaya tarde que me estás dando. Te vas a quedar ronco.

—¿Pero tú no ves que el bicho está en la edad del biberón? (Suenan aplausos). ¡No, señor, no! ¿De qué? Esas faenas no están bien... ¡El pie, que está metiendo el pie...!

—Tú sí que estás metiendo la pata. ¡Cállate de una vez!

—¿No ves que tío más malo? (Voces de olé y aplausos) ¿Qué es lo que aplauden? ¿pero cuándo ha visto esta gente torear toros de verdad, no ahora! (Una voz: Y ahora, que dice usted) (Palmas) —Yo digo que (Palmas) Yo digo que esa faena no vale na. Usted sí que no entiende de toros ni de na.—El que no sabe lo que habla es usted... ¿Qué yo no entiendo de toros? El ignorante es usted, so tío malage...

—¡Cállese si no quiere que le dé un guantazo!

—¿A mí, un guantazo a mí?

—¡Ay! qué irritación me estás dando. Por Dios, deja a la gente en paz.

—¡Sí!, a usted le doy yo un guantazo! (Suena un bofetón) —¡Ay!, que ese tío me ha dado una torta...

—Ay, madrecita, qué sufrimiento.

—¡Soltarme! ¡Soltarme, que a ese tío me lo como. Que a mí no ma habido quién me toque la cara... Y ese tío, dejadme! ¡que no se vaya! ¡que no se vaya, que voy a devolverle la torta!...

—Déjalo; ya se fue. ¡Qué tarde me estás dando!

—¿Sí? Pues mira la que me han dado a mí. (Una voz) —Y que ha sido una torta de las de ahora... —¿Quién ha sido ese que ha hablado! ¡Venga, que yo le vea!

—No salgo contigo más ni a coger monedas de cinco duros. ¡Ay, qué tarde me estás haciendo sufrir!

—Ya te lo decía yo: hoy no se puede ir a ninguna parte; el mundo está lleno de gamberros, (Palmas y música) Vámonos, esto no se puede aguantar.

EN LA BULLA DEL PASEO

—¡Ea, ahora metidos en la bulla!... y lo peor es que no avanzamos un paso... Y aguante usted empujones... ¡no lo digo yo! ¡Esto no se puede tolerar!

—Cálmate, hombre, ya saldremos de aquí.

—Sí, saldremos, saldremos... naturalmente que saldremos, no faltaría más! Y tú, como siempre, que aguante que espere... ¡Ay, ay, ay que pisotón me han dado! ¿Quién, quién ha sido?

—No hagas caso, hombre; a mí también me han pisado y no digo nada.

—No quiero que le hagas nada pobrecito, ¿no ves que es un niño?

—Que no le haga nada ¿eh?

—¡Ay! Me ha dao una patá en la espinilla y se me escapa! (una voz) —No empuje usted, amigo.— ¿Amigo? Yo no soy amigo de usted.— Ni hace falta que lo diga.

—No hagas caso; sigue, hombre, salgamos de aquí...

EN UN BAR

—¿Tú crees que esta bien pagar doce duros por cuatro gambas y dos cervezas calientes? ¿está eso ni medio bien?

—Estamos en feria, todo se pone más caro, es natural ¿no te parece?

—Me parece natural que suban algo, pero elevar los precios al mil por cien es un robo descarado.

—Por favor, hombre, que ya tengo las gambas en la boca del estómago ¿un trabuco? Allí, cuando menos tiene uno la oportunidad de defenderse.

—¿Quién, yo?! ¡Ni hablar del peluquín! ¡ni faltaría más! ¡no faltaría más! Los gastos corren a cuenta del novio de tu hija, que me dio mil pesetas y las entradas de la corrida.

—De nuestro futuro yerno, debes decir.

—Eso, déjalo para otra ocasión, que la niña es muy pava, y mientras no la vea ante el cura en el altar, no debemos cantar victoria.

—Calla, no digas eso... nos pueden oír, habla más bajo.

—Vaya, que tampoco puede uno decir lo que siente, ni desahogarse siquiera. Está buena la cosa. (Voces de pregoneros) ¡Patatas fritas!... No queremos patatas. ¡Agua fresca!... No, no queremos agua.— El limpia, ¿Le limpio caballero? —No, no quiero que me limpien, no quiero, ¡no! A ver si se enteran de una vez! —El globito, el pitito, para el nene, para la nena— No queremos globitos; no queremos nada, no tenemos nene.

—No hagas caso, hombre. Los vendedores no te ofrecen para que les contestes si no quieres; ellos pasan de largo y en paz.

—No me negarás que es chocante esta invasión de vendedores... ¡No, no quiero retratarme, ni quiero gaseosa, ni caramelos, ni agua, ni pitos, ¡¡¡NO QUIERO NADA!!! —El globito para el nene, para la nena... Eh! oiga eche para otro lado el palo ¿Pues no me iba metiendo el palo en un ojo? Habrése visto... ni que estuviera ciego. ¡Ea, vámonos ya, quitémonos de aquí. Vamos a sentarnos en cualquier sitio donde estemos tranquilos.

—Yo también quiero sentarme, me duelen los pies. El novio de la niña dijo que fuéramos a la caseta por si queríamos bailar un poco.

—Bueno, sí, pero...

—Pero, ¿qué?

EN LA CASETA

¡Ay que ver! Me has hecho salir a la pista... estoy avergonzado ¡Mira qué bailando a mis años!

—No gruñas. ¡Ya no te acuerdas de tus buenos tiempos, cuando nos traías locas a las muchachas de la calle?

—No me lo recuerdes, parienta. Si volvieran aquellos tiempos... con la experiencia que hoy tenemos y con muchos años menos... Si las cartas se jugaran dos veces...

—Termina las frases ¿qué es lo que quieres dar a entender? ¡Vamos, habla!

—Pues... que no me volvería a casar si no es contigo, so fea, que no sé de dónde sacas la paciencia para aguantar a este cascarrabia.

—No es paciencia, es que te quiero tal como eres, sin quitarte ni ponerte nada.

—La verdad; no te entiendo.

—Está clarito, hijo mío. Con tu carácter de erizo chamuscado no hay peligro de que otra mujer te haga cucamonas ¿me entiendes ahora? Y además porque eres un ogro de pega, porque después de gruñir un poco te vuelves suave y dulce como un niño.

—¡Ay! ¡ayyyyy!

—¿Qué te pasa?... ¡me has asustado!

—Que me has pisado el callo, ea caramba... y tú pesas como un hipopótamo aburrido.

—Dispensa, hombre, ha sido sin querer.

—No faltaba más que eso, que hubiera sido queriendo... ¡No lo digo yo!

EN LA BUÑOLERÍA

—Mozo!... aquí, por favor. Sí, aquí. Sírvanos cuatro docenas de buñuelos.

—¿Cuatro? ¿te has vuelto loco?

—Tú te callas. He dicho cuatro docenas y basta.

—¿Pero quién se los va a comer?

—Lo he dicho, o te callas o pido ocho docenas.

—Es que tú no sabes lo que dices...

—Sshhiisss, a callar... o pido dieciséis docenas.

—Está bien, tú ganas, me callo.

—Así me gusta.

—¿Qué haces ahora?

—Busco las gafas, quiero leer la lista de precios, y no las encuentro.

—Te las dejarías en casa. Yo te lo leeré. Café, 15 pesetas; Cacao, 15 pesetas.

—Oye, rica, ¿has leído bien?

—Copa de coñac, 30 pesetas...

—Nada hombre, que está resultando cierto lo del atraco sin trabuco.

—Aguardiente, 30 pesetas. Los precios de las bebidas varían según las marcas. Buñuelos, la docena cuarenta pesetas...

—¡Buff! ¡Buff!...

—¡Qué te pasa! ¡qué te ocurre!... toma un poco de agua...

—Ay, Ay, vidita, ya... ya se me pasó... creí que me ahogaba ¿Qué, que dijiste de los buñuelos; creo que no oí bien. ¿No te has equivocado? Lee, bien por tu salud.

—He leído bien, no me he equivocado. Aquí dice: docena de buñuelos cuarenta pesetas.

—Que me vuelve... que me vuelve el ahogo... agua, dame agua.

—Bebe y serénate que no es para tanto.

—Ya, ya pasó ¡Qué abuso! esto es el colmo. Oiga camarero...

—¿Para qué quieres el camarero?

—Para decirle las cuatro verdades que nadie le ha dicho.

—Antes de irnos voy a decirle al camarero que estos precios son un robo descarado. Quiero desahogarme diciéndole lo que se merece.

EN CASA

¡Qué cansada vengo!

—Y yo. ¡mira ésta! O tú no crees que a nuestros años un día de feria es cualquier cosa?

—Estoy muertecita. Los pies me hierven.

—Ahora que...

—No digas nada; sé lo que ibas a decir: que en casa lo hubiéramos pasado mejor, que ya no estamos para estos trotes; que has pasado una tarde de perros, que...

—Mujer, que no es por ahí.

—Como si yo no te conociera. ¡Vamos, hombre!

—Que no, caramba, que estás equivocada, lo que quiero decir es que hoy no me cambio ni por el marajá de Karputala; he disfrutado, me he paseado con mi vieja al brazo por el real de la Feria, he bailado como si tuviera veinte años y... me he peleado con todo el mundo.

—¿Te has vuelto loco?

—Ni lo co ni nada, lo que has oído. Dile a tu hija y a su novio que el próximo domingo iremos a los toros, después de cenar en cualquier caseta, bailaremos, nos subiremos en los carruseles, nos divertiremos, porque yo convido y eso estoy dispuesto a echar la casa por la ventana.

ANTONIO CRUZ

ÁREA — Viernes, 11 de julio de 1975

Extraordinario de Feria — La Línea






.




¿Sabías que...? Tal día como hoy, 26 de julio de 1932: el Sindicato de Transportes de La Línea llamaba a la unión de los trabajadores

 







Tal día como hoy, 26 de julio de 1932, hace 94 años, circulaba por La Línea de la Concepción un manifiesto que nos permite asomarnos a una faceta especialmente interesante de la historia social de nuestra ciudad: la organización del movimiento obrero linense durante los primeros años de la Segunda República.

El documento, impreso en La Línea y encabezado por las siglas F.N.T., llevaba un título que no dejaba lugar a dudas sobre sus destinatarios:

«A los obreros del ramo del Transporte»

Era un llamamiento realizado por el Sindicato de Transportes de La Línea, organización adherida a la Federación Nacional del Transporte, dirigido principalmente a aquellos trabajadores del sector que todavía permanecían al margen de la organización sindical.

No estamos únicamente ante una hoja reivindicativa. Leída casi un siglo después, constituye una pequeña fotografía de la realidad laboral, política y social de aquella La Línea de 1932, una población donde los trabajadores de numerosos oficios comenzaban a organizarse en sociedades, sindicatos y agrupaciones profesionales para defender colectivamente sus intereses.

Un llamamiento a los trabajadores que todavía no estaban organizados

El manifiesto comienza dirigiéndose directamente al trabajador con un significativo «Compañero...».

A partir de ahí, la Directiva explica que el Sindicato de Transportes, cumpliendo lo que considera un deber social, quiere dirigirse especialmente a «todos los obreros no organizados».

Según los redactores del documento, permanecer fuera de una organización obrera provocaba un doble perjuicio: afectaba al propio trabajador y, al mismo tiempo, debilitaba al conjunto de sus compañeros.

El sindicato entendía que la dispersión de los trabajadores facilitaba que la denominada en el documento «clase patronal» pudiera aprovechar esa falta de organización para obtener el máximo rendimiento del trabajo en beneficio de sus propios intereses.

Frente a esa situación, el manifiesto proponía una solución muy concreta: organizarse y actuar colectivamente.

El Sindicato de Transportes se presentaba así como el instrumento a disposición de los trabajadores para defender sus intereses y reivindicaciones.

Un sindicato formado por diferentes oficios

Otro detalle interesante del documento es la manera en que describe su propia organización.

No se trataba únicamente de agrupar a trabajadores dedicados exactamente a una misma ocupación. El Sindicato de Transportes estaba estructurado mediante secciones afines de oficios y profesiones, intentando reunir bajo una misma organización a diferentes trabajadores vinculados de una u otra manera con el sector.

La intención era crear una estructura sólida en la que las distintas actividades relacionadas con el transporte pudieran actuar conjuntamente.

El manifiesto defendía además una amplia libertad de pensamiento entre sus integrantes, aunque siempre dentro de la orientación sindical y de clase que caracterizaba a la organización.

Su lenguaje refleja perfectamente el clima político y sindical de aquellos años. Aparecen conceptos como lucha de clases, emancipación obrera, explotación, organización gremial o socialización de la industria, expresiones habituales en buena parte de la propaganda obrera del periodo.

El transporte como pieza fundamental de la economía

El texto contiene además una reflexión particularmente interesante sobre la importancia económica del transporte.

Los responsables del Sindicato lo definían como un:

«factor primordial en el desenvolvimiento comercial».

Esta afirmación adquiere especial significado si pensamos en la situación de La Línea de la Concepción y el Campo de Gibraltar en aquellos años.

El transporte era indispensable para el movimiento de personas y mercancías, para el abastecimiento, para las comunicaciones y para una actividad comercial estrechamente relacionada con la posición geográfica de la ciudad y su proximidad a Gibraltar.

Por ello, los redactores consideraban contradictorio que quienes desempeñaban una actividad tan necesaria para el funcionamiento económico permanecieran dispersos y sin una organización común capaz de defender sus intereses.

Su propuesta era clara: unificar a los trabajadores del ramo.

Una generación nacida en plena transformación

El manifiesto señala igualmente que los trabajadores del transporte estaban viviendo un periodo de profunda «revolución técnica y económica».

Resulta una expresión muy reveladora.

Durante las primeras décadas del siglo XX, los sistemas tradicionales de transporte convivían con nuevas formas de movilidad y comunicación. El desarrollo del automóvil, los camiones y los servicios mecanizados estaba transformando progresivamente las ciudades y las relaciones comerciales.

Los redactores del manifiesto consideraban que aquella nueva generación de trabajadores, precisamente por su juventud y entusiasmo, debía avanzar al mismo ritmo que esos cambios.

Pero para hacerlo —según defendían— era imprescindible organizarse en secciones gremiales, coordinadas bajo una dirección común.

Una reivindicación que iba mucho más allá de La Línea

Aunque el documento estaba dirigido específicamente a los trabajadores linenses, sus autores situaban aquella iniciativa dentro de un proyecto sindical mucho más amplio.

La Federación Nacional del Transporte pretendía, según se explica en el manifiesto, extender sus organizaciones por todo el país e incorporar a trabajadores de las diferentes actividades relacionadas con el transporte.

De esta manera, el sindicato local se concebía como una pieza de una estructura de mayor alcance.

Lo que estaba ocurriendo en La Línea formaba parte, por tanto, de un fenómeno que se desarrollaba simultáneamente en numerosas ciudades españolas: la expansión de las organizaciones obreras y la agrupación de los trabajadores por ramas profesionales.

El Sindicato de Transportes tenía su sede en Pablo Iglesias, 9

Y entre las grandes declaraciones políticas y sindicales encontramos uno de esos pequeños detalles que convierten estos documentos en fuentes extraordinariamente valiosas para reconstruir la historia cotidiana de nuestra ciudad.

El manifiesto proporciona la dirección exacta del Sindicato:

Pablo Iglesias, número 9.

Allí se encontraba en julio de 1932 el domicilio social del Sindicato de Transportes de La Línea.

El documento anunciaba que, desde el mismo momento de hacerse pública aquella hoja, se recibirían en esa sede las adhesiones de todos aquellos trabajadores que quisieran incorporarse a la organización.

Es fácil imaginar aquel local sindical en la La Línea de 1932: trabajadores entrando y saliendo, reuniones, conversaciones sobre salarios y condiciones laborales, afiliaciones, asambleas y discusiones sobre los problemas de los diferentes oficios.

Una simple dirección conservada en un documento nos permite hoy situar físicamente una pequeña parte de aquella intensa vida asociativa.

«Solamente la unión constituye la fuerza»

Todo el contenido del manifiesto desembocaba finalmente en una frase que resumía perfectamente la filosofía de sus redactores.

La Directiva se dirigía nuevamente a los trabajadores y les advertía:

«Tened en cuenta compañeros, que los obreros diseminados no tienen ningún valor y que solamente la unión constituye la fuerza.»

Era, en definitiva, la idea central de todo el documento: frente a la actuación individual, organización colectiva.

El manifiesto terminaba firmado simplemente por:

LA DIRECTIVA

y debajo aparecía la fecha:

La Línea, 26 de julio de 1932.

Impreso también en La Línea

Hay todavía otro pequeño detalle que merece ser destacado.

En la parte inferior de la hoja aparece:

«Imprenta OBRERA – La Línea»

Por tanto, no solo nos encontramos ante un documento producido por una organización sindical linense, sino también ante una publicación impresa en nuestra propia ciudad.

Este tipo de impresos —manifiestos, reglamentos, convocatorias, hojas informativas y proclamas— desempeñaba un papel fundamental en una época en la que no existían los actuales medios de comunicación.

Las hojas podían repartirse entre los trabajadores, colocarse en determinados establecimientos o circular de mano en mano.

Gracias a la conservación de algunos de aquellos documentos podemos conocer hoy directamente, sin intermediarios, qué decían aquellas organizaciones y cómo se dirigían a los trabajadores de La Línea.

La Línea obrera de 1932

El documento del 26 de julio debe contemplarse además dentro de una realidad mucho más amplia.

La Línea de comienzos de los años treinta era una ciudad en la que existía una importante tradición de sociedades obreras, agrupaciones profesionales, sindicatos y entidades de socorro y ayuda mutua.

Trabajadores pertenecientes a distintos gremios se organizaban para afrontar problemas que individualmente resultaban mucho más difíciles de resolver: condiciones laborales, accidentes de trabajo, enfermedad, desempleo, asistencia a las familias o defensa de determinadas reivindicaciones profesionales.

Algunas organizaciones tenían un carácter fundamentalmente asistencial; otras eran claramente sindicales y reivindicativas. En muchos casos ambas funciones podían encontrarse estrechamente relacionadas.

El manifiesto del Sindicato de Transportes pertenece claramente a esta segunda vertiente. Su lenguaje no es simplemente mutualista: plantea una concepción política y social del trabajo y reivindica la organización de los trabajadores como instrumento para transformar sus condiciones.

Por eso este documento tiene un interés que supera ampliamente la historia de un sindicato concreto.

Nos habla de cómo pensaban, cómo se organizaban y cómo se expresaban algunos sectores del movimiento obrero linense en 1932.

Un pequeño papel que conserva una parte de nuestra historia

Han transcurrido 94 años desde aquel 26 de julio de 1932.

Muchos de los nombres, establecimientos, asociaciones y locales que formaban parte de aquella ciudad han desaparecido. Las calles han cambiado, también las formas de trabajar y, naturalmente, las relaciones laborales.

Pero documentos como este permanecen.

Una sencilla hoja impresa nos proporciona una fecha, una organización, una dirección, una imprenta y, sobre todo, el pensamiento y las reivindicaciones de un grupo de trabajadores de nuestra ciudad.

Es precisamente ahí donde reside buena parte del valor de estos documentos aparentemente modestos.

Porque la historia de La Línea de la Concepción no está formada únicamente por grandes acontecimientos, autoridades, edificios o celebraciones. También la construyeron los trabajadores, sus asociaciones, sus reuniones, sus problemas cotidianos y las organizaciones que crearon para intentar mejorar sus condiciones de vida.

Y aquel 26 de julio de 1932, desde su domicilio social de Pablo Iglesias, número 9, el Sindicato de Transportes lanzaba a los trabajadores linenses un mensaje que resumía toda su filosofía:

la fuerza estaba en la unión.





Páginas