jueves, 4 de junio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy, 6 de junio, en 1935, el Ayuntamiento de La Línea inició los preparativos para la Velada y Fiestas de aquel año

 









La organización de la Velada y Fiestas de La Línea de 1935 y la regulación de los espacios para los feriantes (6 de junio de 1935)

El documento fechado el 6 de junio de 1935 constituye una interesante comunicación oficial emitida por el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, mediante la cual se anunciaban los preparativos para la celebración de las tradicionales Velada y Fiestas de La Línea, previstas para desarrollarse entre los días 20 y 28 de julio de 1935.

Firmado por el alcalde-presidente Rogelio Espinosa Álvarez, el escrito permite conocer algunos aspectos fundamentales de la organización de las fiestas locales durante la Segunda República y refleja la importancia económica, social y festiva que estos festejos tenían para la ciudad.

La Velada, principal acontecimiento festivo de la ciudad

Durante las primeras décadas del siglo XX, la Velada constituía el acontecimiento más importante del calendario festivo linense. Cada verano, miles de vecinos y visitantes acudían a la ciudad para participar en una celebración que combinaba actividades recreativas, espectáculos, atracciones populares, casetas, concursos, conciertos y numerosas iniciativas comerciales.

La organización de un evento de tal magnitud exigía meses de preparación. Por ello, cuando se publicó este anuncio, la Comisión de Fiestas ya se encontraba trabajando en la confección de un amplio programa destinado a atraer al público y consolidar el prestigio de las celebraciones.

El documento señala expresamente que la Comisión estaba elaborando un programa «variado y atrayente», expresión que refleja la intención municipal de ofrecer unas fiestas capaces de satisfacer tanto a los habitantes de la ciudad como a los numerosos visitantes que acudían desde otras localidades del Campo de Gibraltar y de la vecina colonia británica de Gibraltar.

La importancia de los feriantes en la Velada

Uno de los aspectos más relevantes del documento es la atención prestada a los feriantes.

Las ferias españolas de la época dependían en gran medida de la presencia de empresarios ambulantes dedicados a la instalación de:

  • Carruseles.
  • Tómbolas.
  • Casetas de tiro.
  • Barracas de espectáculos.
  • Atracciones mecánicas.
  • Puestos de comida y bebida.
  • Negocios de venta ambulante.
  • Juegos recreativos.

La presencia de estos establecimientos era esencial para el éxito de la Velada, ya que constituían uno de los principales atractivos para el público.

Consciente de ello, el Ayuntamiento dirigía especialmente este anuncio a los feriantes que habían ocupado espacios durante años anteriores, invitándolos a solicitar nuevamente terrenos para sus instalaciones.

La reserva de terrenos

El documento establecía un procedimiento formal para la asignación de espacios dentro del recinto ferial.

Los empresarios interesados debían presentar su solicitud antes de las doce de la noche del 30 de junio de 1935, fecha límite fijada por la Comisión de Fiestas.

Esta disposición revela que la demanda de espacios era considerable y que resultaba necesario establecer normas precisas para evitar conflictos entre los distintos solicitantes.

La reserva anticipada permitía a los organizadores diseñar el plano definitivo de la feria y distribuir adecuadamente las atracciones según sus dimensiones y características.

La autoridad de la Comisión de Fiestas

Uno de los aspectos más significativos del texto es la autoridad que se atribuía a la Comisión de Fiestas.

Aunque los feriantes podían solicitar terrenos concretos, el documento dejaba claro que la ubicación definitiva sería determinada exclusivamente por la Comisión.

La distribución de los espacios debía realizarse teniendo en cuenta:

  • Las necesidades de cada instalación.
  • Las dimensiones del terreno requerido.
  • La organización general del recinto.
  • La seguridad y circulación del público.
  • El interés general de la feria.

El anuncio especificaba además que ningún solicitante tendría derecho a reclamar contra las decisiones adoptadas por la Comisión.

Esta cláusula buscaba evitar disputas y garantizar que el diseño final del recinto respondiera a criterios organizativos y no a intereses particulares.

Un intento de evitar favoritismos

Resulta especialmente interesante la afirmación final del documento, donde se indica que las decisiones serían adoptadas con «estricta justicia».

La inclusión de esta expresión no era casual.

En numerosas ferias españolas existían frecuentes controversias relacionadas con la asignación de los mejores emplazamientos. Los espacios más próximos a las entradas principales o a las zonas de mayor tránsito resultaban mucho más rentables que aquellos situados en lugares secundarios.

Por ello, el Ayuntamiento consideró necesario insistir públicamente en la imparcialidad de la Comisión de Fiestas, transmitiendo confianza a los empresarios y evitando posibles acusaciones de favoritismo.

La Línea en vísperas de la Velada de 1935

El documento refleja también el ambiente de actividad que se vivía en La Línea durante las semanas previas a la Velada.

La ciudad se preparaba para recibir a miles de visitantes en una época en la que las fiestas populares constituían uno de los principales acontecimientos económicos del año.

La llegada de feriantes suponía:

  • Incremento de la actividad comercial.
  • Contratación de trabajadores temporales.
  • Aumento del consumo en establecimientos locales.
  • Mayor ocupación de fondas y hospedajes.
  • Incremento del tránsito de viajeros procedentes de poblaciones vecinas.

La feria generaba una importante inyección económica para numerosos sectores de la ciudad.

El papel del alcalde Rogelio Espinosa Álvarez

El anuncio aparece firmado por Rogelio Espinosa Álvarez, quien ejercía la Alcaldía de La Línea en aquellos momentos.

Como presidente de la Comisión de Fiestas, correspondía al alcalde supervisar los preparativos de una celebración que constituía una de las principales manifestaciones públicas de la vida municipal.

Su firma otorgaba carácter oficial al anuncio y garantizaba el respaldo del Ayuntamiento a las decisiones organizativas que posteriormente adoptaría la Comisión.

Un documento que refleja la organización de las fiestas republicanas

Más allá de su aparente sencillez, este bando constituye una valiosa fuente para conocer cómo se organizaban las fiestas locales durante la Segunda República.

Permite observar:

  • La existencia de una Comisión de Fiestas estructurada.
  • Los procedimientos administrativos para la asignación de espacios.
  • La importancia económica de los feriantes.
  • El papel regulador del Ayuntamiento.
  • La dimensión comercial y turística de la Velada.
  • La preocupación por garantizar criterios de equidad en la distribución del recinto ferial.

Asimismo, demuestra que la Velada y Fiestas de La Línea ya se encontraba plenamente consolidada en 1935 como la principal celebración popular de la ciudad, capaz de movilizar recursos municipales, atraer empresarios de espectáculos y convertir durante varios días a La Línea de la Concepción en uno de los principales centros festivos del Campo de Gibraltar.

Este anuncio constituye, por tanto, una pequeña pero significativa ventana a los preparativos de unas fiestas que formaban parte esencial de la identidad colectiva de los linenses y que, año tras año, transformaban la vida urbana de la ciudad durante los últimos días de julio.







miércoles, 3 de junio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy, 6 de junio, en 1937, La Línea acogió una final de fútbol infantil a beneficio de los “Flechas” en el Stadium Balompédica

 









La final del Campeonato Infantil a beneficio de los Flechas en el Stadium Balompédica (6 de junio de 1937)

El cartel que se conserva constituye un interesante testimonio de la vida deportiva y social de La Línea de la Concepción durante los primeros meses de la Guerra Civil Española. La convocatoria anunciaba la celebración de la final del Campeonato Infantil de Fútbol, organizada con fines benéficos a favor de los Flechas, organización juvenil vinculada a la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que en aquellos momentos comenzaba a desarrollar una intensa actividad de formación física, deportiva y premilitar entre la juventud.

El encuentro estaba programado para el domingo 6 de junio de 1937, a las cinco de la tarde, en el denominado Stadium Balompédica, el campo de juego de la Real Balompédica Linense, principal entidad futbolística de la ciudad.

Un partido entre jóvenes promesas

La final enfrentaba a los equipos infantiles del Sevilla F. C. y del Intrépido F. C., dos conjuntos juveniles que habían logrado alcanzar la última fase del campeonato.

La presencia del Sevilla F. C. otorgaba una relevancia especial al acontecimiento, ya que se trataba de una de las entidades deportivas más importantes de Andalucía. La participación de un club de esta categoría permitía atraer la atención de numerosos aficionados y confería prestigio al torneo.

Por su parte, el Intrépido F. C. representaba a uno de los equipos juveniles que desarrollaban una importante labor de promoción deportiva entre la juventud de la época.

El objetivo del campeonato no era únicamente deportivo. El torneo se concebía también como una actividad de carácter social y propagandístico, destinada a recaudar fondos para las organizaciones juveniles falangistas y, al mismo tiempo, fomentar la educación física y el espíritu competitivo entre los jóvenes.

El Stadium Balompédica como escenario

El encuentro se celebraría en el Stadium Balompédica, recinto que durante aquellos años constituía el principal escenario futbolístico de la ciudad.

El campo acogía habitualmente los partidos de la Real Balompédica Linense y era uno de los espacios públicos donde se desarrollaban las principales actividades deportivas de La Línea.

La elección de este recinto para la final demuestra la importancia que los organizadores concedían al acontecimiento, esperando una notable asistencia de público.

Los Flechas y la exhibición militar

Uno de los aspectos más significativos del cartel aparece reflejado en el programa del descanso.

Durante el intermedio del partido estaba previsto que desfilaran los Flechas, quienes realizarían una exhibición de ejercicios militares.

Esta actividad respondía a la filosofía educativa implantada por las organizaciones juveniles del nuevo régimen durante los primeros meses de la guerra. Los Flechas recibían formación física, deportiva y premilitar mediante ejercicios de orden cerrado, marchas, gimnasia y actividades al aire libre.

La exhibición tenía una doble finalidad:

  • Mostrar públicamente la disciplina y preparación de los jóvenes integrantes.
  • Servir como elemento de propaganda y captación de nuevos miembros.

Para muchos asistentes, especialmente familias y niños, estas demostraciones constituían un espectáculo tan atractivo como el propio encuentro futbolístico.

La copa para el vencedor

El cartel anunciaba igualmente que al equipo ganador le sería entregada una valiosa copa por el Jefe Local de Falange Española Tradicionalista.

El trofeo se encontraba expuesto previamente en el escaparate de la conocida panadería «La Africana», establecimiento muy popular en la ciudad.

Esta práctica era habitual en la época. Los trofeos permanecían expuestos durante días o semanas en comercios céntricos para despertar el interés del público y fomentar la asistencia al evento.

La exhibición de la copa convertía el campeonato en un asunto de conversación entre los vecinos y contribuía a aumentar la expectación ante la final.

Los precios de las localidades

El cartel permite conocer también los precios establecidos para presenciar el encuentro.

Las localidades se dividían en dos categorías:

  • Preferencia: 1 peseta.
  • Gradas: 0,50 pesetas.

Estas cantidades resultaban relativamente asequibles para buena parte de la población, lo que facilitaba una amplia asistencia.

Además, se incluía una curiosa disposición social propia de la época:

«Las señoras pueden presenciar este partido completamente gratis, siempre que asistan acompañadas de un caballero».

Este tipo de medidas eran frecuentes en numerosos espectáculos públicos de las décadas de 1930 y 1940, reflejando las normas sociales y costumbres vigentes en aquellos años.

El deporte como instrumento social durante la Guerra Civil

Aunque el país se encontraba inmerso en la Guerra Civil, la celebración de competiciones deportivas no desapareció completamente en las zonas controladas por las autoridades sublevadas.

Por el contrario, el deporte pasó a desempeñar una función adicional como instrumento de cohesión social, propaganda y formación de la juventud.

Los campeonatos infantiles, las exhibiciones gimnásticas y las actividades de los Flechas formaban parte de un amplio programa destinado a mantener la actividad pública y reforzar determinados valores considerados esenciales por las nuevas autoridades.

En este contexto, la final disputada en el Stadium Balompédica el 6 de junio de 1937 constituyó mucho más que un simple partido de fútbol. Representó una combinación de deporte, beneficencia, educación juvenil y proyección pública de las organizaciones juveniles falangistas.

Un documento de gran valor histórico

Este cartel posee un notable interés para la historia local de La Línea de la Concepción porque permite conocer varios aspectos de la vida cotidiana de la ciudad en 1937:

  • La actividad deportiva desarrollada durante la Guerra Civil.
  • La utilización del Stadium Balompédica como principal recinto futbolístico.
  • La presencia de equipos infantiles organizados.
  • La implantación de los Flechas en la ciudad.
  • La relación entre deporte y organizaciones juveniles.
  • Los precios de acceso a los espectáculos deportivos.
  • Las costumbres sociales vigentes en la época.

Más de ocho décadas después, este documento continúa siendo un valioso testimonio de cómo el fútbol, incluso en tiempos difíciles, seguía ocupando un lugar destacado en la vida de los linenses, convirtiéndose en un espacio de encuentro social y de participación ciudadana en una ciudad profundamente marcada por los acontecimientos históricos de aquellos años.








¿Sabías que...? Tal día como hoy, 29 de junio, en 1967, el Imperial Cinema proyectaba la espectacular producción bélica Escuadrón 633

 









El jueves 29 de junio de 1967, los aficionados al cine de La Línea de la Concepción disponían de una amplia oferta cinematográfica repartida entre las distintas salas que funcionaban entonces en la ciudad. Aquella jornada, el Imperial Cinema anunciaba en su cartelera el estreno en color de Escuadrón 633, una de las producciones bélicas más espectaculares de la década de 1960. La misma película también se exhibía en el Cine Nuevo de Verano, prueba de la expectación que despertaba entre el público local.

La programación publicada para ese día permite apreciar la intensa actividad cinematográfica que vivía La Línea durante aquellos años. Mientras el Imperial Cinema ofrecía la sesión infantil con Las Joyas de la Familia y posteriormente el estreno de Escuadrón 633, el Parque de Verano proyectaba igualmente Las Joyas de la Familia en sesión nocturna para todos los públicos. Por su parte, el Cine Levante exhibía el estreno de De tal palo, tal astilla, protagonizada por el popular actor mexicano Luis Aguilar, mientras que el Trimope Cinema presentaba la película de aventuras y ciencia ficción ¿Hacia el fin del mundo?. El Cine Nuevo de Verano completaba la cartelera con una nueva proyección de Escuadrón 633, permitiendo a los espectadores elegir entre varias salas para disfrutar de esta gran producción internacional.

El cine constituía entonces una de las principales formas de ocio para miles de linenses, que llenaban diariamente las butacas de los cines de invierno y de verano repartidos por toda la población. Las sesiones dobles, los programas infantiles y los grandes estrenos internacionales formaban parte inseparable de la vida social de la ciudad.

Una gran superproducción internacional

Escuadrón 633 (633 Squadron) había sido estrenada internacionalmente en 1964 como una ambiciosa coproducción británico-estadounidense dirigida por Walter Grauman. Su reparto reunía a figuras muy conocidas del cine internacional de la época, encabezadas por Cliff Robertson, George Chakiris, Maria Perschy, Harry Andrews y Donald Houston.

La película fue producida por Mirisch Films y distribuida por United Artists, utilizando un importante presupuesto que permitió rodar espectaculares escenas aéreas en color y formato panorámico Panavision, algo que impresionaba especialmente al público de mediados de los años sesenta. Su duración rondaba los 102 minutos y se encuadraba dentro del género bélico, aunque incorporaba también elementos dramáticos, románticos y de aventuras. La magnífica fotografía de Edward Scaife y la inolvidable banda sonora compuesta por Ron Goodwin contribuyeron decisivamente al éxito de la película.

La misión imposible del Escuadrón 633

La historia se desarrollaba durante la Segunda Guerra Mundial y giraba en torno a una misión militar extremadamente peligrosa.

Los servicios de inteligencia aliados descubrían que la Alemania nazi estaba desarrollando combustible especial para cohetes en una instalación secreta situada en un remoto fiordo noruego. Aquella fábrica se encontraba prácticamente protegida por la propia naturaleza, rodeada de elevadas montañas y defendida por numerosas baterías antiaéreas. Los bombardeos convencionales resultaban inútiles, por lo que el alto mando británico diseñaba un plan extraordinariamente arriesgado.

La responsabilidad recaía sobre el Escuadrón 633, una unidad de élite equipada con los rápidos cazabombarderos De Havilland Mosquito. La misión consistía en penetrar a ras del agua por el interior del fiordo y bombardear un punto concreto de la montaña para provocar un gigantesco desprendimiento de rocas que sepultara la fábrica alemana.

Roy Grant y la resistencia noruega

El protagonista principal era el comandante Roy Grant, interpretado por Cliff Robertson, un experimentado piloto estadounidense integrado en la RAF británica.

Para preparar el ataque, Grant colaboraba con la resistencia noruega encabezada por Erik Bergman, personaje interpretado por George Chakiris. Durante las operaciones previas, el comandante conocía también a Hilde Bergman, hermana del líder de la resistencia, interpretada por Maria Perschy, desarrollándose entre ambos una historia sentimental marcada por la tensión de la guerra.

La trama adquiría un tono dramático cuando Erik Bergman era capturado por la Gestapo. A partir de ese momento, los aliados debían enfrentarse a difíciles decisiones que reflejaban el elevado coste humano de las operaciones militares durante el conflicto mundial.

Los legendarios Mosquito

Uno de los aspectos más fascinantes de la película era la presencia de los célebres De Havilland DH.98 Mosquito, considerados entre los aviones más eficaces de la Segunda Guerra Mundial.

Conocidos popularmente como los "Wooden Wonder", estos aparatos estaban construidos principalmente con madera laminada, lo que les permitía alcanzar velocidades extraordinarias para su época. Para el rodaje se reunieron varios ejemplares auténticos todavía en condiciones de vuelo, algo excepcional en los años sesenta. Gracias a ello, las escenas aéreas poseían una autenticidad difícil de conseguir mediante maquetas o efectos especiales tradicionales.

Las secuencias de despegues, vuelos rasantes y ataques sobre el fiordo se rodaron utilizando aeronaves reales, otorgando a la película una espectacularidad que impresionó profundamente al público internacional.

El espectacular clímax final

La parte más recordada de la película era sin duda el ataque definitivo contra la fábrica nazi.

Los pilotos del Escuadrón 633 debían internarse en el fiordo volando a escasos metros sobre el agua mientras eran atacados simultáneamente por la artillería antiaérea y por cazas enemigos. Las escenas mostraban uno tras otro los sacrificios de los tripulantes, que caían abatidos mientras intentaban completar la misión. Finalmente, el comandante Grant conseguía alcanzar el objetivo y provocar el gigantesco desprendimiento que destruía la instalación alemana.

La película concluía con una mezcla de victoria y tragedia, mostrando que el éxito militar había sido alcanzado al precio de enormes pérdidas humanas, una visión que contribuyó a convertirla en una de las producciones bélicas más respetadas de su tiempo.

La película que inspiró Star Wars

Con el paso de las décadas, Escuadrón 633 adquirió una importancia histórica adicional por su influencia sobre una de las sagas cinematográficas más famosas de todos los tiempos.

Diversos especialistas han señalado que la secuencia final del ataque a través del fiordo inspiró directamente a George Lucas cuando diseñó el famoso asalto rebelde contra la Estrella de la Muerte en Star Wars (1977). Las similitudes son evidentes: una misión aparentemente imposible, pilotos avanzando por un estrecho corredor bajo intenso fuego enemigo, grandes pérdidas durante el ataque y un disparo final de precisión destinado a destruir una instalación estratégica.

Millones de espectadores han contemplado esa escena sin saber que una parte de su origen se encontraba en una película que pudo verse en las pantallas linenses durante el verano de 1967.

El cine en La Línea durante los años sesenta

La exhibición simultánea de títulos tan diversos como Escuadrón 633, Las Joyas de la Familia, De tal palo, tal astilla y ¿Hacia el fin del mundo? demuestra la extraordinaria vitalidad que mantenía la industria cinematográfica local.

En aquellos años coexistían numerosas salas: el Imperial Cinema, el Parque de Verano, el Cine Levante, el Trimope Cinema, el Cine Nuevo de Verano y otros locales que permitían a los vecinos disfrutar de los grandes estrenos nacionales e internacionales apenas unos años después de su lanzamiento.

Cada nueva cartelera se convertía en un auténtico acontecimiento social. Familias enteras acudían a las sesiones infantiles, mientras los jóvenes y adultos llenaban las funciones de estreno para contemplar las últimas novedades llegadas desde Hollywood, Gran Bretaña, México o España.

Tal día como hoy...

El 29 de junio de 1967, los espectadores de La Línea podían elegir entre la gran superproducción bélica Escuadrón 633 en el Imperial Cinema y el Cine Nuevo de Verano, la comedia familiar Las Joyas de la Familia en el Imperial y el Parque de Verano, De tal palo, tal astilla en el Cine Levante y la película de aventuras y ciencia ficción ¿Hacia el fin del mundo? en el Trimope Cinema, disfrutando de una de las carteleras más completas y variadas del verano de 1967.








¿Sabías que...? Tal día como hoy, 29 de junio, en 1929, La Esfera destacaba las grandes obras impulsadas por el Ayuntamiento de La Línea

 









La gran obra del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción bajo la alcaldía de Andrés Viña García (29 de junio de 1929)

El número 808 de la prestigiosa revista ilustrada La Esfera, publicado en Madrid el 29 de junio de 1929, dedicó un amplio reportaje a la situación y desarrollo urbano de La Línea de la Concepción, destacando especialmente la gestión municipal encabezada por Andrés Viña García, alcalde de la ciudad durante los últimos años de la Dictadura de Primo de Rivera.

El artículo, titulado «La gran obra del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción», constituye un interesante testimonio contemporáneo sobre la imagen que la administración municipal deseaba proyectar al exterior en un momento de importantes transformaciones urbanas. La publicación presentaba a La Línea como una población en plena expansión, necesitada de continuas mejoras debido a su condición fronteriza y al rápido crecimiento demográfico experimentado durante las primeras décadas del siglo XX.

Según señalaba el reportaje, la ciudad había alcanzado ya una población cercana a los 64.000 habitantes, cifra que la convertía en uno de los núcleos urbanos más importantes de la provincia gaditana. Este crecimiento, unido a las peculiaridades derivadas de su situación junto a Gibraltar, obligaba al Ayuntamiento a afrontar constantes problemas relacionados con la urbanización, la higiene pública, las comunicaciones y los servicios municipales.

La revista atribuía el impulso de estas actuaciones a la iniciativa de Andrés Viña García, cuya fotografía ocupaba el centro principal de la composición. Bajo su retrato se destacaba que era un «prestigioso alcalde de La Línea» y que a su iniciativa debía la población importantes mejoras.

El texto explicaba que el alcalde, junto a los miembros de la Corporación municipal, había abordado numerosos asuntos considerados de capital importancia para la población. La administración local había procurado atender las necesidades más urgentes sin descuidar el equilibrio presupuestario, realizando diversas obras públicas consideradas prioritarias para el desarrollo de la ciudad.

Entre las actuaciones ejecutadas se mencionaban las reparaciones efectuadas en distintas calles y caminos municipales, así como la mejora de la carretera del cementerio, una vía de especial importancia para las comunicaciones urbanas. También se destacaba la construcción del pabellón destinado a farmacia municipal, acompañado de diversas obras complementarias destinadas a mejorar el funcionamiento de los servicios sanitarios.

La revista señalaba igualmente la realización de importantes trabajos de urbanización en la calle Antonio Ramírez, una de las arterias principales del casco urbano. A ello se sumaba la ampliación del alumbrado público hacia los barrios más alejados del centro, medida que respondía al crecimiento constante de la población y a la expansión de nuevas zonas residenciales.

Otro de los proyectos resaltados era la adquisición de la Plaza de Toros por parte del Ayuntamiento. El artículo indicaba que esta operación constituía una importante fuente de ingresos para las arcas municipales y permitía asegurar el control de una de las instalaciones más representativas de la ciudad.

En materia de urbanismo, se destacaba el ensanche y alineación de varias calles relevantes del casco urbano, entre ellas las de Marqués de Estella, Águila, Isabel la Católica y Benito Pérez Galdós. Estas intervenciones formaban parte de un proceso de modernización urbana encaminado a mejorar la circulación, ordenar el crecimiento de la ciudad y ofrecer una imagen más acorde con la importancia que La Línea había adquirido en aquellos años.

Sin embargo, el reportaje insistía en que las obras ya ejecutadas constituían únicamente una parte de los proyectos previstos por la administración municipal. Entre las actuaciones futuras figuraban importantes iniciativas relacionadas con el abastecimiento de agua y el saneamiento urbano.

La revista anunciaba que el Ayuntamiento tenía previsto acometer la construcción de nuevas infraestructuras de abastecimiento de aguas y de alcantarillado, dos de los problemas más importantes que afectaban a la población. La mejora de estos servicios era considerada esencial para elevar las condiciones higiénicas de una ciudad que había experimentado un crecimiento muy rápido y que necesitaba adaptar sus infraestructuras a la nueva realidad demográfica.

Asimismo, se informaba de la intención de construir un edificio destinado a la Aduana Nacional, una obra lógica en una localidad cuya economía estaba profundamente vinculada al tráfico fronterizo con Gibraltar. Junto a este proyecto se contemplaba también la construcción de un inmueble destinado a albergar la futura Casa de Correos, otra infraestructura considerada fundamental para una ciudad en expansión.

Uno de los aspectos más llamativos del artículo es la insistencia en la calidad de los servicios municipales. El redactor afirmaba haber podido comprobar personalmente la buena organización existente en las distintas dependencias municipales, subrayando la atención prestada al público y el cuidado con que se desarrollaban las labores administrativas. Según la publicación, estos detalles reflejaban el elevado grado de responsabilidad y eficacia alcanzado por la administración local.

El reportaje incluía también una relación detallada de los miembros que integraban la Comisión Municipal Permanente, órgano encargado de la gestión cotidiana del Ayuntamiento. La presidencia recaía en Andrés Viña García, acompañado por los tenientes de alcalde y concejales Francisco Ramos Fernández de Córdoba, Francisco García Carrillo, Leopoldo Pérez Maffé, Rafael Valdivia Aguado, Miguel García Ramírez, Francisco Vera Carrasco, Guillermo González López y José Acebo del Olmo Villar.

La secretaría municipal estaba desempeñada por Francisco de Asís Cerón y Bohórquez, de quien la revista hacía una valoración muy elogiosa, describiéndolo como una persona competente y culta, dotada de méritos suficientes para desempeñar un cargo de tanta responsabilidad.

La composición gráfica del reportaje se completaba con varias fotografías de edificios emblemáticos de la ciudad. Una de ellas mostraba la Casa Consistorial, símbolo de la administración municipal y de la modernización institucional experimentada por La Línea durante aquellos años. Otra imagen reproducía la fachada de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción, principal templo de la localidad y uno de los referentes arquitectónicos más representativos del casco urbano.

Desde una perspectiva histórica, este artículo de La Esfera constituye una fuente de gran valor para comprender la imagen pública que La Línea proyectaba en 1929. Refleja una ciudad que aspiraba a consolidarse como uno de los núcleos urbanos más importantes del Campo de Gibraltar, modernizando sus infraestructuras, ampliando sus servicios públicos y acometiendo proyectos destinados a resolver los problemas derivados de su rápido crecimiento.

La figura de Andrés Viña García aparece presentada como el principal impulsor de estas transformaciones, en una época en la que la administración municipal intentaba responder a las necesidades de una población cada vez más numerosa y compleja. El reportaje muestra, además, cómo las cuestiones relacionadas con el saneamiento, el abastecimiento de agua, el alumbrado público, la urbanización de calles y la mejora de los servicios administrativos ocupaban un lugar central en las preocupaciones del Ayuntamiento.

Así, la publicación de La Esfera no sólo constituye un reconocimiento a las obras realizadas por la Corporación municipal, sino también un retrato de la La Línea de finales de la década de 1920, una ciudad en pleno proceso de transformación que buscaba adaptarse a las exigencias de la modernidad sin perder su condición de enclave estratégico en la frontera con Gibraltar.




Transcripción Literal

La gran obra del Ayuntamiento de la Línea de la Concepción

Desde la actuación del actual Ayuntamiento, La Línea ha mejorado notablemente en sus aspectos de urbanización y saneamiento.

Como población fronteriza reclamada, por decoro nacional, embellecimiento y atención en el desenvolvimiento de su vida urbana, y como población de sesenta y cuatro mil habitantes, la rápida solución de su problema de higienización.

Su alcalde, D. Andrés Viña García, en unión de sus compañeros de Concejo, haciéndose eco del sentir popular, abordaron los temas de capital interés para su población, llevando á ejecución aquellas obras y reformas que, según el orden de necesidades, exigía, atendiendo, desde luego, su presupuesto general.

Así, pues, en plazo relativamente corto, se han llevado á cabo la reparación en diversas calles, caminos municipales y carretera del cementerio; se han construido el pabellón destinado á farmacia municipal y obras complementarias para su buen funcionamiento; empedrado de la calle de Antonio Ramírez; ampliación del alumbrado público á los barrios extremos de la población; adquisición de la Plaza de Toros, lo que constituye una gran fuente de ingresos para el Ayuntamiento; ensanche y alineación de las calles Marqués de Estella, Águila, Isabel la Católica y Benito Pérez Galdós.

Además de todas estas grandes obras realizadas y otras que sentimos no recordar, tiene en proyecto el Ayuntamiento otras grandes obras de embellecimiento de la población, y pronto á comenzar sus trabajos, las de abastecimiento de aguas y alcantarillado, construcción de un edificio para Aduana Nacional y otro para Casa de Correos.

DON ANDRÉS VIÑA GARCÍA

Prestigioso alcalde de La Línea, á cuya iniciativa debe la población sus importantes mejoras.

Aparte de todas estas mejoras tan necesarias para la vida de tan importante población, hemos podido observar en nuestra visita á ésta hermosa ciudad la buena atención en los servicios municipales y escrupuloso celo en sus distintas dependencias, detalles que acusan gran conciencia y sentido de la administración municipal.

La Comisión Municipal Permanente está compuesta por los elementos sobresalientes de la población, y es como sigue:

Alcalde presidente, D. Andrés Viña García, y tenientes de alcalde, D. Francisco Ramos Fernández de Córdoba, D. Francisco García Carrillo, D. Leopoldo Pérez Maté, D. Rafael Valdivia Aguado, D. Miguel García Ramírez, D. Francisco Vera Carrasco, D. Guillermo González López y D. José Acedo del Olmo, siendo secretario D. Francisco de Asís Cerón y Bohórquez, persona competente y culta, de sobrados méritos para el importante cargo que ocupa.

Pie de foto izquierdo:
Vista de la Casa Consistorial de La Línea de la Concepción.

Pie de foto derecho:
Iglesia parroquial de La Línea.

Fuente: La Esfera (Madrid), 29 de junio de 1929, núm. 808.



¿Sabías que...? Tal día como hoy, 23 de junio, en 1932, los albañiles y peones de La Línea debatían empleo, obras públicas y el futuro económico de la ciudad

 










La reorganización de la Sociedad de Albañiles y Peones “El Trabajo” y sus reivindicaciones sociales y económicas (23 de junio de 1932)

El documento fechado en La Línea de la Concepción el 23 de junio de 1932 constituye un interesante testimonio de la actividad desarrollada por la Sociedad de Albañiles y Peones “El Trabajo”, una de las organizaciones obreras más representativas de la localidad durante los primeros años de la Segunda República. La comunicación, remitida al Ayuntamiento por el funcionario delegado encargado de asistir a las reuniones de las asociaciones obreras, recogía los acuerdos adoptados en una asamblea celebrada la noche anterior por dicha entidad.

El contenido del acta permite conocer no sólo el funcionamiento interno de la sociedad, sino también las preocupaciones económicas y sociales que afectaban a los trabajadores linenses en aquellos momentos, marcados por el desempleo, la crisis económica y la búsqueda de soluciones para impulsar el desarrollo de la ciudad.

La reunión comenzó con la aprobación del acta correspondiente a la sesión anterior, trámite habitual en el funcionamiento de las asociaciones obreras de la época. Seguidamente se abordaron varios asuntos relacionados con el empleo y la organización del trabajo, cuestiones que ocupaban una posición central en la actividad de estas sociedades.

Uno de los primeros temas debatidos fue la lectura de un escrito remitido por la sociedad obrera “El Abuglo”, de la Colonia. En dicho escrito se proponía que únicamente se concediese trabajo a quienes fueran vecinos de la localidad y figurasen inscritos en el último censo de población. Para acreditar esta condición se sugería la expedición de un documento o boleto por parte del Ayuntamiento.

La propuesta generó un amplio debate entre los asistentes. Tras intervenir diversos socios, la asamblea acordó rechazar la petición. Los miembros de la Sociedad “El Trabajo” consideraron que la única condición que debía exigirse a los obreros para acceder al empleo era estar asociados a la organización correspondiente, evitando así establecer diferencias basadas exclusivamente en la residencia o la antigüedad en el padrón municipal. Esta decisión reflejaba una concepción solidaria del movimiento obrero, que priorizaba la condición de trabajador organizado frente a otros criterios de selección.

Otro de los asuntos destacados fue la lectura de un oficio procedente del Ayuntamiento. El escrito respondía a una petición formulada anteriormente por la asociación, mediante la cual se solicitaba que los trabajos municipales sacados a concurso fueran adjudicados de manera que una parte de los beneficios repercutiera directamente en los trabajadores.

La propuesta obrera planteaba que el cincuenta por ciento de los beneficios obtenidos en dichas obras se destinara a la asociación y el otro cincuenta por ciento a los obreros encargados de ejecutarlas. Sin embargo, el informe emitido por la Comisión Municipal de Fomento y Obras se mostraba contrario a dicha petición.

La respuesta municipal provocó el descontento de la asamblea. Los asistentes acordaron dirigir una carta de protesta al Ayuntamiento manifestando su desacuerdo con el criterio mantenido por la comisión. Este episodio evidencia la tensión existente entre las organizaciones obreras y la administración local respecto a la gestión de las obras públicas y al reparto de los beneficios derivados de ellas.

A continuación se dio lectura a una comunicación procedente del presidente de la Comisión Municipal de Beneficencia y Sanidad, en la que se solicitaba una aportación económica destinada a una tómbola benéfica que debía instalarse durante la Velada y Fiestas de la ciudad.

Pese a las dificultades económicas por las que atravesaba la asociación, la asamblea acordó contribuir con la cantidad de cinco pesetas. La decisión fue adoptada teniendo en cuenta la situación financiera de la entidad, descrita expresamente como angustiosa, pero sin renunciar por ello a colaborar en una iniciativa de carácter benéfico.

La reunión continuó con asuntos internos relacionados con la afiliación. Se aprobó el ingreso de tres nuevos socios y el reingreso de otro trabajador que volvía a incorporarse a la organización. Este dato refleja que, a pesar de las dificultades económicas del momento, la sociedad continuaba manteniendo capacidad de atracción entre los obreros de la localidad.

Uno de los puntos más importantes de la sesión fue la elección de la nueva junta directiva. La asamblea decidió reelegir a buena parte de los dirigentes que ya venían desempeñando responsabilidades dentro de la entidad, lo que demuestra la confianza que los asociados mantenían en su gestión.

La presidencia continuó en manos de Francisco Gámez González, vecino de la calle Antonio Maura número 82. También fue reelegido como vicepresidente Juan Furcos Fernández, domiciliado en el patio de Ciriaco, en la calle Calderón de la Barca.

La secretaría quedó nuevamente a cargo de Víctor Pérez Santamaría, residente en la Avenida Moraita número 74, mientras que la tesorería permaneció en manos de Ignacio López Estero, domiciliado en Vista Alegre número 30.

El cargo de contador fue renovado para Salvador Ruiz Reyes, vecino de la calle López de Vega número 2. Como vocales fueron designados Francisco Palomo Gutiérrez, José Brías Romero y Antonio Holgado Gago, todos ellos igualmente reelegidos.

La comisión revisora quedó integrada por Andrés Benítez Navarro, Ignacio Jiménez Tirado y Sebastián Ripiales Jiménez, encargados de supervisar las cuentas y el funcionamiento administrativo de la sociedad.

En el apartado de asuntos generales surgieron varias cuestiones de notable interés para comprender la situación económica de La Línea en aquellos años.

Andrés Benítez Navarro informó sobre una reunión celebrada en el Teatro Cómico el día 17 del mismo mes, en la que habían participado representantes de las directivas de diversas sociedades obreras de la ciudad. Durante dicho encuentro se había planteado la necesidad de impulsar iniciativas capaces de proporcionar una base económica propia a La Línea y reducir la dependencia que la población mantenía respecto al trabajo vinculado a Gibraltar.

A raíz de este debate se formularon varias propuestas destinadas a estimular la actividad económica local. Entre ellas destacó la iniciativa de solicitar al Gobierno el establecimiento de una franquicia aduanera, medida que permitiría fomentar la instalación de industrias y fábricas en la ciudad. Los defensores de esta propuesta consideraban injusto que La Línea no disfrutara de determinadas ventajas económicas que sí existían en otros lugares, especialmente teniendo en cuenta su singular situación fronteriza.

Otra propuesta relevante fue presentada por Ignacio López, quien planteó la conveniencia de segregar de San Roque los núcleos de Puente Mayorga y Campamento, incorporándolos administrativamente a La Línea. La iniciativa pretendía aumentar la capacidad económica y territorial del municipio y reforzar su peso dentro de la comarca.

Tras debatir estas cuestiones, la asamblea acordó por unanimidad remitir todas las propuestas a la Federación correspondiente para que fueran estudiadas y defendidas ante las instancias superiores.

La reunión abordó también un asunto de carácter disciplinario y laboral. La presidencia propuso que un asociado que había sido dado de baja por fracasar en el turno correspondiente a la categoría de ayudante pudiera ser admitido nuevamente como peón y continuar formando parte de la organización.

La propuesta fue sometida a votación y aprobada por mayoría, registrándose únicamente el voto contrario de Antonio Reina. La decisión demuestra la voluntad de la asociación de mantener integrados a los trabajadores incluso cuando sufrían dificultades para conservar determinadas categorías profesionales.

Finalmente, al no existir más asuntos que tratar, la sesión quedó clausurada a las once horas y cuarenta y cinco minutos de la noche.

Desde una perspectiva histórica, esta reunión refleja con claridad las principales preocupaciones del movimiento obrero linense durante los primeros años de la Segunda República. Los problemas del empleo, la distribución de los beneficios derivados de las obras públicas, la necesidad de atraer industrias, la búsqueda de fórmulas para estimular la economía local y la solidaridad entre trabajadores ocuparon un lugar central en los debates de la asociación.

Asimismo, el documento muestra la intensa vida asociativa existente en La Línea en 1932. Las sociedades obreras no se limitaban a actuar como organismos de defensa laboral, sino que participaban activamente en la discusión de los grandes problemas económicos y sociales de la ciudad, proponiendo soluciones que afectaban al conjunto de la población.

La Sociedad de Albañiles y Peones “El Trabajo” aparece así como una entidad plenamente integrada en la realidad local, preocupada tanto por la situación inmediata de sus afiliados como por el futuro económico de La Línea de la Concepción. Su actividad constituye un ejemplo representativo del papel desempeñado por el asociacionismo obrero durante la Segunda República y de la importancia que estas organizaciones alcanzaron en la vida pública de la ciudad.







Transcripción literal

AYUNTAMIENTO DE LA LINEA

Tengo el deber de poner en conocimiento de V. S. que en la reunión celebrada en la noche del día de ayer por la Sociedad de Albañiles y Peones "El Trabajo", se adoptaron los siguientes acuerdos:

1º.- Se aprobó el acta de la reunión anterior.-

2º.- Se dió lectura a escrito de la Sociedad "El Abuelo" de la Colonia, pidiendo que unicamente se le dé trabajo a los que sean vecinos de la localidad incluidos en el último censo de población y que para tal objeto se provean de un boleto en el Ayuntamiento, que así lo acredite. Después de intervenir varios de los asistentes, se acuerda desestimar el escrito, por creer que lo único que debe exigirse a los obreros es la de estar asociados.-

Se leyó un oficio del Ayuntamiento contestación a escrito de la Asociación en el que se pedía que los trabajos que se sacaran a concurso se les adjudicaran, cediendo el 50% para beneficencia y el otro 50% para los obreros que ejecutaran aquellos, acordándose dirigir carta al Ayuntamiento protestando del informe emitido por la Comisión Municipal de Fomento y Obras, que muestra su disconformidad a la petición hecha.-

Dada lectura a besalamano del Presidente de la Comisión Municipal de Beneficencia y Sanidad, pidiendo se contribuya para la tómbola benéfica que ha de instalarse en la Velada, se acordó contribuir con cinco pesetas, dada la situación angustiosa porque atraviesa la Asociación.-

3º.- Se aprueba el ingreso de tres nuevos asociados; y el reingreso de otro.-

4º.- Se procede al nombramiento de Directiva, quedando constituída con los señores siguientes:

Presidente: Francisco Gámez González, domiciliado en Antonio Maura 82.-- Reelegido.

Vice-Presidente: Juan Furcos Fernández, Calderón de la Barca, patio de Ciriaco.- Reelegido.-

Secretario: Víctor Pérez Santamaría, con domicilio en Avenida M. Morayta 74.- Reelegido.

Tesorero: Ignacio López Estero, con domicilio en Vista Alegre 30.- Reelegido.

Contador: Salvador Ruiz Reyes, domiciliado en López de Vega 2.- Reelegido.

Vocales: Francisco Palomo Gutierrez, domiciliado en Acacia.- Reelegido. José Brias Romero, con domicilio en Buenos Aires 3 y Antonio Holgado Gago, con domicilio en Vista Alegre 45.-

COMISION REVISORA: Andrés Benitez Navarro, con domicilio Jaurés 15.- Ignacio Jimenez Tirado, Gabriel Miró 7.- y Sebastián Ripiales Jimenez en Faz 11.-

En asuntos generales Andrés Benitez Navarro dá cuenta reunión celebrada en el Teatro Cómico el día 17 del actual a las 10 de la noche por las Directivas de todas las Sociedades y pide se le dé iniciativa para llevarla a la Federación en nombre de la Asociación, para ver medio buscar vida propia al pueblo de La Línea.-

Propone el Secretario se pide al Gobierno por mediación de la Asociación, franquicia aduanera establecer fábricas no tener tanto derecho este pueblo resto Nación.-

Ignacio López se pide segregación Puerto Mayorga y Campamento de San Roque y se adicione a La Línea.-

Por unanimidad, se acuerda remitir estas propuestas a la Federación.-

Por la Presidencia se propone que a un compañero que se leido de baja por haber fracasado en el turno como ayudante se le admita como peón y continúe en la Asociación, acordándose por mayoría y con el voto en contra de Antonio Reina, acceder a la propuesta de la Presidencia.-

Y no habiendo mas asuntos de que tratar se dió por terminada siendo las once horas y cuarenta y cinco minutos.-

Que la vida de V. S. sea guardada muchos años.

La Línea, 23 junio de 1.932.

El Funcionario Delegado,

Rafael Carrillo (firma)

Señor Alcalde del Ayuntamiento, de esta CIUDAD.-






¿Sabías que...? Tal día como hoy 29 de junio, la Sociedad de Inquilinos de La Línea llamaba a reorganizarse para defender los derechos de los arrendatarios

 








La Sociedad de Inquilinos de La Línea y la defensa colectiva frente a los abusos en los alquileres (ca. década de 1920-1930)

El documento reproducido constituye un valioso testimonio de la actividad desarrollada por la Sociedad de Inquilinos de La Línea de la Concepción, una organización creada para la defensa de los derechos de los arrendatarios en una época marcada por el crecimiento urbano de la ciudad y por las frecuentes tensiones existentes entre propietarios, administradores de fincas e inquilinos.

El texto refleja un momento de reorganización interna de la entidad. Después de un largo período de inactividad, la sociedad anunciaba públicamente su intención de reanudar sus actividades y fortalecer su estructura mediante la incorporación de nuevos socios. El llamamiento estaba dirigido tanto a los afiliados antiguos como a quienes todavía no formaban parte de la organización, con el propósito de convertirla nuevamente en un instrumento eficaz para la defensa de los intereses de los arrendatarios.

Desde las primeras líneas puede apreciarse el tono reivindicativo del escrito. La dirección de la sociedad denunciaba la actuación de determinados administradores de fincas, a quienes acusaba de incumplir las disposiciones legales vigentes y de causar perjuicios a los inquilinos. Según expresaba el documento, algunos administradores actuaban ignorando la legislación protectora existente, provocando situaciones que afectaban directamente a quienes ocupaban viviendas alquiladas.

Esta circunstancia no era excepcional en la España de comienzos del siglo XX. El crecimiento demográfico y la expansión de muchas ciudades generaron una fuerte demanda de viviendas, situación que en numerosas ocasiones dio lugar a conflictos relacionados con los alquileres, los contratos de arrendamiento, los desahucios o el mantenimiento de las fincas. En respuesta a estos problemas surgieron asociaciones de inquilinos que buscaban actuar colectivamente para defender sus derechos frente a propietarios y administradores.

La Sociedad de Inquilinos de La Línea se presentaba precisamente como una herramienta de protección y representación. El documento señala que, con el fin de recuperar a antiguos asociados y fortalecer la organización, la última asamblea celebrada había acordado conceder una amnistía general a aquellos socios que se encontraban en situación irregular respecto al pago de sus cuotas.

La medida tenía una finalidad práctica y organizativa. Muchos afiliados habían dejado de participar activamente en la sociedad debido a encontrarse en descubierto en el pago de las cotizaciones. La amnistía les permitía reincorporarse plenamente a la entidad sin penalizaciones, facilitando así la recuperación de efectivos y el fortalecimiento de la organización.

La dirección de la sociedad justificaba esta decisión afirmando que era necesario contar con el mayor número posible de asociados para defender eficazmente los intereses comunes. La unión de los inquilinos aparecía presentada como la principal garantía frente a los abusos que podían producirse en el mercado del alquiler.

Especialmente significativa resulta la referencia a la necesidad de protegerse de la “codicia de administradores desaprensivos”, expresión que refleja el grado de enfrentamiento existente entre determinados sectores de propietarios y arrendatarios. El texto pone de manifiesto que la organización entendía la legislación vigente como una herramienta para equilibrar las relaciones entre ambas partes y evitar actuaciones consideradas abusivas.

El comité directivo aprovechaba además la ocasión para realizar un amplio llamamiento público dirigido a todos los inquilinos de la ciudad. Se les invitaba a ingresar en la sociedad y a colaborar activamente en su funcionamiento. Según el documento, la incorporación de nuevos socios permitiría contribuir al desarrollo de la labor que otras organizaciones similares estaban llevando a cabo en distintas localidades españolas.

Esta referencia evidencia que la Sociedad de Inquilinos de La Línea formaba parte de un movimiento más amplio de carácter nacional. Durante aquellos años existieron numerosas asociaciones de inquilinos repartidas por toda España, especialmente en ciudades donde el problema de la vivienda adquiría una importancia creciente. Estas entidades intercambiaban experiencias, impulsaban campañas reivindicativas y trataban de influir en las políticas públicas relacionadas con la vivienda y los arrendamientos urbanos.

El documento culminaba con la convocatoria de una Asamblea General, que debía celebrarse el domingo 29 del mes correspondiente a las cuatro de la tarde en la sede social de la organización, situada en la calle General Bazán número 18.

La elección de una asamblea general como instrumento de reorganización demuestra el funcionamiento democrático de la entidad. Las decisiones fundamentales se adoptaban colectivamente y la participación de los socios constituía la base de la actividad asociativa.

La dirección aparecía firmada simplemente por “El Comité”, lo que refuerza la idea de una organización colectiva en la que la actuación institucional prevalecía sobre el protagonismo individual de sus dirigentes.

El impreso fue realizado por la Imprenta Obrera, situada en las calles Clavel y Granada de La Línea, un dato que también resulta significativo. La utilización de una imprenta de carácter obrero revela la existencia de una red de asociaciones y entidades populares que disponían de medios propios para difundir sus convocatorias y comunicados.

Desde una perspectiva histórica, este documento constituye una fuente de gran interés para conocer la realidad social de La Línea durante las primeras décadas del siglo XX. Refleja las preocupaciones de amplios sectores de la población urbana, especialmente de aquellos trabajadores y familias que vivían en régimen de alquiler y que buscaban mecanismos de protección frente a situaciones que consideraban injustas.

Asimismo, pone de manifiesto el elevado grado de organización alcanzado por la sociedad civil linense, capaz de crear asociaciones especializadas para la defensa de intereses concretos. La existencia de una Sociedad de Inquilinos activa, con sede propia, asambleas y campañas de afiliación, demuestra que las cuestiones relacionadas con la vivienda ocupaban ya un lugar destacado entre las preocupaciones cotidianas de la población.

En definitiva, este llamamiento representa el esfuerzo de una organización ciudadana por reactivar su actividad, recuperar antiguos afiliados y fortalecer la defensa colectiva de los inquilinos en una época en la que el acceso y mantenimiento de la vivienda constituía una de las principales cuestiones sociales de la ciudad. Su contenido ofrece una valiosa ventana a las relaciones entre propietarios, administradores e inquilinos en la historia de La Línea de la Concepción y refleja la importancia que alcanzó el asociacionismo vecinal como instrumento de protección y reivindicación social.




Transcripción literal

en General

La Sociedad de Inquilinos después de un largo período de pasividad, apréstase a reunir a los elementos que la integran con los nuevos que la han robustecido para que en franco período de actividad poner coto a las exacciones que vienen cometiendo algunos administradores, que se olvidan de cumplir las vigentes disposiciones con graves perjuicios para nuestros intereses.

Por tal concepto y con el fin de que los inquilinos que pertenecen a esta asociación y que por hallarse en descubierto en la cotización no le es posible tomar parte activa en su marcha y desenvolvimiento, esta entidad acordó en la última asamblea celebrada, conceder una amnistía general e invitar a todos a reingresar a su seno para que escudados en el derecho y al amparo de la ley preservar nuestros intereses de la codicia de administradores desaprensivos.

Este comité aprovecha esta ocasión para invitar a todos los inquilinos de esta ciudad que ingresen en nuestra sociedad y así prestemos ayuda á la magnífica labor emprendida por sus filiales de España.

Para tal fin se convoca para la Asamblea general que se celebrará el Domingo 29 del corriente a las Cuatro de la Tarde en su domicilio social, General Bazán, 18.

Por la Sociedad de Inquilinos, EL COMITÉ

Imp. OBRERA, Clavel y Granada.- La Línea







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