lunes, 8 de junio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy 11 de junio, en 1956, se convocaban los exámenes para obtener el Certificado de Estudios Primarios en La Línea

 









La obtención del Certificado de Estudios Primarios para alumnos de enseñanza privada y adultos (11 de junio de 1956)

El 11 de junio de 1956 se hizo público en La Línea de la Concepción un aviso emitido por el Consejo de Protección Escolar del Campo de Gibraltar, firmado por el alcalde Alfonso Cruz Herrera, mediante el cual se informaba a la población sobre la próxima celebración de los exámenes destinados a la obtención del Certificado de Estudios Primarios.

El anuncio iba dirigido especialmente a los padres de familia cuyos hijos cursaban estudios en escuelas privadas no reconocidas oficialmente o habían recibido enseñanza doméstica, así como a los adultos que necesitaban acreditar su formación elemental mediante la obtención del citado certificado.

La importancia de este documento era considerable dentro de la España de mediados del siglo XX. El Certificado de Estudios Primarios constituía un requisito indispensable para numerosos trámites relacionados con la educación y el empleo. Su posesión resultaba necesaria para formalizar contratos de trabajo, acceder al Instituto Laboral y continuar estudios en centros de enseñanza secundaria, entre otras posibilidades académicas y profesionales.

Con el fin de facilitar la obtención de dicho título, el Consejo de Protección Escolar anunció la constitución de la correspondiente Comisión Oficial examinadora. Esta debía reunirse el día 30 de junio, a partir de las diez de la mañana, en el Grupo Escolar «Sagrado Corazón», situado en el Paseo de la Velada. La organización de estas pruebas respondía a lo dispuesto en la Orden Ministerial de 22 de marzo de aquel mismo año, que regulaba el procedimiento para la expedición de estos certificados.

El aviso establecía igualmente que todos los aspirantes que debieran someterse a examen tendrían que inscribirse previamente en la relación abierta al efecto en el Negociado de Instrucción Pública del Excmo. Ayuntamiento de La Línea de la Concepción. La inscripción previa permitía a las autoridades educativas organizar adecuadamente las pruebas y determinar el número de candidatos que concurrirían a los exámenes.

La publicación de este anuncio pone de manifiesto la importancia que las administraciones educativas concedían a la acreditación oficial de los conocimientos básicos durante la década de 1950. En una época en la que todavía existían alumnos formados fuera de la red oficial de enseñanza y numerosos adultos carecían de certificaciones académicas, estas convocatorias constituían una vía fundamental para regularizar su situación educativa y mejorar sus posibilidades de acceso al empleo o a estudios superiores.

Desde una perspectiva histórica y administrativa, este documento refleja el esfuerzo de las autoridades educativas y municipales por extender la certificación oficial de la enseñanza primaria entre todos los sectores de la población, contribuyendo a la progresiva normalización educativa de la comarca del Campo de Gibraltar durante los años cincuenta.

¿Sabías que...?

En 1956 el Certificado de Estudios Primarios era mucho más que un simple diploma escolar. Para muchos jóvenes y adultos suponía la llave de acceso al empleo, a la formación profesional y a los estudios secundarios, convirtiéndose en uno de los documentos educativos más importantes de la época.


Leyendo el Bando en la calle Jardines (IA)



Transcripción Literal:

Consejo de Protección Escolar
del
Campo de Gibraltar

AVISO IMPORTANTE

Se pone en conocimiento de los padres de familia cuyos hijos asistan a escuelas privadas no reconocidas o que hayan recibido enseñanza doméstica, así como de los adultos en general que precisen el Certificado de Estudios Primarios, que para conferir el citado documento —como se sabe, necesario para formular contratos de trabajo, ingreso en el Instituto Laboral y centros de enseñanza secundaria, etc.—, se constituirá el día 30 del corriente mes, a partir de las 10 de la mañana, en el Grupo “Sagrado Corazón” del Paseo de la Velada, la Comisión Oficial correspondiente, según previene la Orden Ministerial de 22 de Marzo último.

Los alumnos que hayan de sufrir examen, deberán inscribirse en la lista que a estos efectos ha quedado abierta en el Negociado de Instrucción Pública de este Excmo. Ayuntamiento.

La Línea de la Concepción, a 11 de Junio de 1.956.

EL ALCALDE,

Alfonso Cruz Herrera.

IMP. VALLEJO.—PLAZA FARIÑAS.—LA LÍNEA.





¿Sabías que…? Tal día como hoy 11 de junio, en 1884, un visitante describía su paseo por La Línea de la Concepción


 






Un paseo a La Línea de la Concepción visto por un visitante en 1884 (11 de junio de 1884)

El periódico gibraltareño El Mono, en su edición del 11 de junio de 1884, publicó una curiosa crónica firmada por Serafín bajo el título «Un paseo a La Línea de la Concepción». El artículo relataba, con tono satírico y costumbrista, la visita realizada por el autor a la ciudad linense durante los días previos a la Velada y Fiestas, ofreciendo una visión muy particular de la población y de algunos de los problemas urbanos que presentaba en aquellos años.

La jornada comenzó en el establecimiento denominado Universal, propiedad de Federico Bado, donde el cronista tomó café y fumó un cigarro antes de recorrer la población. Desde allí descendió por la calle Real y realizó una breve parada en la plazuela del Mercado.

Según explicaba, uno de los principales objetivos de la visita era comprobar el funcionamiento de los llamados coches Ripert, un sistema de transporte urbano que había despertado gran curiosidad. Sin embargo, al llegar descubrió que aquellos vehículos todavía no estaban prestando servicio. Tras avanzar algunos pasos apareció finalmente uno de aquellos carruajes, descrito de forma poco elogiosa por el articulista, que ironizaba sobre su aspecto envejecido y desvencijado.

A pesar de las críticas, decidió subir al vehículo y completar el trayecto hasta la entrada de La Línea. Allí comenzó una de las partes más pintorescas de la narración. El cronista describía el intenso tráfico de carruajes que se concentraba en los accesos a la población y afirmaba que los peatones se veían obligados a realizar constantes maniobras para evitar ser atropellados. Aprovechaba la ocasión para reclamar una mayor vigilancia municipal que evitase posibles accidentes.

Superado aquel primer inconveniente, el visitante continuó su recorrido por la ciudad. Llamó especialmente su atención la abundancia de buñolerías instaladas en distintos puntos de la población, establecimientos que, según relataba con humor, despertaban inmediatamente el apetito de cualquier paseante.

Más tarde llegó a una plaza donde encontró dos grandes barracas dedicadas a espectáculos y diversiones populares. La descripción que realizaba de aquellas instalaciones resultaba elogiosa, destacando sus dimensiones, la calidad de su construcción y el ambiente festivo que comenzaba a respirarse con motivo de las celebraciones próximas.

Desde allí ascendió hacia la plaza principal y continuó recorriendo distintas calles. La calle Real fue objeto de una descripción especialmente detallada. El cronista quedó impresionado por la decoración instalada con motivo de las fiestas: arcos triunfales, escudos, farolillos venecianos y otros adornos embellecían el recorrido, ofreciendo una imagen que consideraba digna de admiración.

No obstante, también encontró aspectos criticables. En uno de los tramos observó que el suelo había sido cubierto con abundante hierba, una práctica habitual en determinadas festividades para reducir el polvo y refrescar el ambiente. Sin embargo, el articulista consideró que aquella solución resultaba incómoda para los viandantes, ya que producía tropiezos y dificultaba el tránsito.

El momento más polémico de la visita llegó cuando el autor contempló una manifestación pública de carácter religioso que se desarrollaba en plena calle. La escena provocó una dura crítica por parte del cronista, que expresaba abiertamente su desacuerdo con aquel tipo de actos y los interpretaba como una muestra de atraso cultural. Su comentario reflejaba claramente el tono satírico y anticlerical característico de buena parte de la prensa liberal y republicana de la época.

A partir de ese instante, confesaba que el entusiasmo inicial desapareció y que la alegría de la visita quedó empañada. Según relataba, abandonó la población con una impresión contradictoria: por un lado admiraba la belleza de los adornos festivos, la animación de las calles y el esfuerzo realizado para embellecer la ciudad; por otro, mantenía sus críticas hacia algunos aspectos de la organización urbana y determinadas manifestaciones sociales y religiosas que había presenciado.

La crónica concluía con una despedida sencilla —«Hasta otro día»— y constituye hoy un interesante testimonio sobre la imagen que ofrecía La Línea de la Concepción en junio de 1884, en vísperas de sus tradicionales fiestas. A través de las observaciones de aquel visitante pueden apreciarse tanto los esfuerzos de embellecimiento urbano realizados por las autoridades y vecinos como las peculiaridades de la vida cotidiana en una población que continuaba creciendo y consolidándose en las últimas décadas del siglo XIX.

¿Sabías que...?

El autor de este relato inició su visita tomando una taza de café en el Café Universal, uno de los establecimientos más conocidos de la calle Real, convertido ya en aquellos años en un punto de encuentro habitual para vecinos y visitantes de La Línea.


Paseando por La Línea en la calle Real (IA)



UN PASEO A LA LINEA DE LA CONCEPCION.

Comimos: tomamos una agradable taza de café en el espacioso y elegante Universal, propiedad de D. Federico Bado; encendimos un excelentísimo cigarro procedente de la tabaquería de los Sres. Stagueto y Silva, y veloces como el rayo tomamos Calle Real abajo hasta hacer una corta parada en la plazuela del Mercado.

Eran las cuatro.

Nuestra visita se afanaba por descubrir un algo, cuyo algo no existía, ó, al ménos, no estaba en estado de satisfacernos.

Este algo, eran los coches Ripert, que luego nos enteramos no habían empezado aún á funcionar, no sabemos por qué motivos.

Lamentando esta contrariedad, dimos algunos pasos y se nos presentó un cochero ¡qué cochero! de fijo había pasado sino toda su vida, la mayor parte, limpiando el hollín de las chimeneas, á juzgar por lo tiznado que estaba.

Acercó el vehículo, si así puede llamársele á un coche viejo y carcomido tirado por un penco muerto, y después de habernos advertido con cierta socarronería que cobraba á real de plata por asiento, entramos en el infernal carruaje (dimos con el nombre), y un salto aquí, una embestida allá, nos encontramos vivos, al parecer, en las puertas de La Línea.

Nos apeamos y… ¡aquí fué Troya! Ni Lagartijo, Cara-ancha, Mazantini y cuantos toreros célebres hay en España, dan más pases de muleta, verónicas y quites que los que nosotros nos vimos obligados á dar para evitarnos el ser atropellados por los carruajes; tal es la agitación pírra que se forma de estos en aquella entrada, atenuatoria en alto grado la vida del pacífico transeunte.

(Entre paréntesis, Sr. Alcalde: las puertas requieren alguna más vigilancia; estando los coches estacionados con orden pudieran evitarse desgracias que de otro modo son muy fáciles de acaecer.)

Pasado este peligroso peligro, que pudo haber sido causa de desgracias desagradables, (¡oh, Guardián!) y después de haber sufrido un ataque registratorio-descortés por un carabinero, entramos en la población.

Amantes ante todo al antropofagonismo (¡bonita frase!) nuestra vista se dilató en la inmensidad de las buñolerías que figuraban en primer término á la izquierda. ¡Qué ricas tiendas! ¡Qué buñoleras, tan regordetas y coloradas! Vamos, vamos, que la boca se nos hace agua. (No te sonrias maliciosamente, lector, que aludimos á los buñuelos, no á las buñoleras, sin embargo de que estas no nos desagradaban cuidado.)

Después… después fué ¡la mar! lo que vimos en aquella plazuela, mereciendo especial mención dos magníficas y bien suntuosas pabellón, adornado con elegancia y buen gusto, destinado, según nos dijeron, á albergar lo más distinguido y elegante de aquella villa. ¡Qué honor para una dechumbre improvisada! ¡Qué gozo no experimentaría aquel piso al sentir el divino efecto producido por las delicadas pisadas de las lindísimas jóvenes que al compás de los armoniosos acordes de la música se deleitarían esparciéndose en multitud de parejas!

Pero abandonemos estos embriagadores pensamientos, y con ellos la plaza alta y entremos en calle Real.

Ah!... bellísimo, sublime, encantador es el golpe de vista que presenta esta calle! Arcos triunfales, escudos, adornos de diversas formas, multitud de farolillos venecianos simétricamente colocados, en fin, el buen gusto desafiando á la elegancia, cuyo reto es admitido por ésta, á juzgar por las innumerables y agradabilísimas jóvenes que se pasean extasiadas de admirar tanta belleza.

¡Pum! tropezó y cayó! ¿Quién demonio tuvo la humorada de alfombrar la calle con estas yerbas? preguntó uno á nuestro lado. Y tenía razón el hombre, porque á los pocos pasos advertimos que la yerba se hacía montañas, capaces de hacer sufrir un rudo batacazo al más fornido transeunte.

Esperamos que yerbas criminales
no volverán á tapizar mas suelos.

Seguimos adelante, pero de pronto hirió nuestro oído una estentórea voz que decía: «¡guarde!» «moneda por moneda!» «¡peseta por peseta!» «¡duro por duro!». Un rayo que hubiera caído á nuestras plantas nos hubiera hecho menos efecto que las anteriores palabras.

Otro, paréntesis. Sr. Alcalde: el asqueroso vicio del juego, expuesto públicamente, es el más desgraciado antítesis de la cultura de los pueblos. Basta y sobra.

Pero aun el cielo nos tenía reservado el último golpe, el golpe más fatal. Cuando nos separábamos precipitadamente del antedicho lugar, donde se rendía culto al más depravado vicio, en presencia de las mismas autoridades, héte aquí que nos encontramos frente á frente con la procesión. Nuestro primer intento fué huir ó refugiarnos en cualquier establecimiento durante pasada ésta; más fué imposible; el inmenso gentío que se agolpó nos cortaba la retirada y tuvimos que resignarnos á presenciar un acto pantomímico revestido con la más supina ignorancia.

Y aquí nos tienen ustedes, carísimos lectores, obligatoriamente arrodillados, con la cabeza descubierta, tan solo sometidos á la razón de la fuerza, pues de otro modo, nuestras rodillas, aunque débiles, jamás se hubieran inclinado para reverenciar al más ridículo padrón de la civilización y el progreso.

Pero, señores; ¿no es una injusticia, una arbitrariedad que no conoce límites, el forzar la conciencia del individuo en medio de una vía pública, obligándole (si á manos viene á fuerza de sablazos) á inclinarse y reverenciar un acto en el cual no cree porque es una pura patraña y cuya tendencia concluye únicamente á ridiculizar la religión?

¡Y vergüenza tanta!

Desde este momento, el placer huyó de nosotros; la alegría se transformó en tristeza, y ni aún tuvimos gusto para detenernos á admirar los preciosos fuegos artificiales que, según nos cuentan, presentaron un efecto maravilloso.

Hasta otro día.

Serafín.

Publicado en el periódico gibraltareño El Mono, 11 de junio de 1884.




domingo, 7 de junio de 2026

Tal día como hoy… “La maja de Goya” llegaba al Teatro-Cinema Trino Cruz

 





La maja de Goya: pasión, arte y patriotismo en el Madrid de 1808

La zarzuela La maja de Goya, basada en los versos de Francisco Villaespesa y musicalizada por el Maestro Guillén, trasladaba al espectador al Madrid popular de comienzos del siglo XIX, en los días inmediatamente anteriores al levantamiento del 2 de mayo de 1808. La obra combinaba el lirismo romántico, el costumbrismo madrileño y el drama histórico para construir un relato donde el amor, el arte y el patriotismo se entrelazaban en medio de los acontecimientos que marcaron el inicio de la Guerra de la Independencia.

La protagonista era Benita Pastrana, conocida popularmente como «La Maja», una joven madrileña que representaba el espíritu castizo de la capital española. Hermosa, orgullosa y apasionada, Benita encarnaba el carácter indomable de las clases populares madrileñas que tanto fascinaban al pintor Francisco de Goya. Su figura aparecía rodeada por el ambiente alegre de verbenas, tabernas, bailes y reuniones populares, donde los majos y majas llenaban las calles con canciones, coplas y desafíos amorosos.

En este entorno se desarrollaban los primeros conflictos sentimentales de la obra. Benita atraía la atención de varios admiradores, mientras el propio Goya observaba en ella la esencia misma del pueblo español. El pintor no era presentado únicamente como un artista, sino como un testigo privilegiado de una época convulsa. A través de sus ojos, el público contemplaba un Madrid lleno de vida, pero también amenazado por los acontecimientos políticos que se aproximaban.

La acción incorporaba además a diversos personajes históricos que habían alcanzado gran relevancia durante la Guerra de la Independencia. Entre ellos figuraban el célebre torero Pedro Romero, símbolo del valor popular; el capitán Jacinto Ruiz, uno de los héroes del levantamiento de Monteleón; y la joven Manuela Malasaña, cuya figura se convertiría en uno de los símbolos más recordados de la resistencia madrileña frente a las tropas napoleónicas.

Mientras la trama sentimental avanzaba entre serenatas, bailes y escenas costumbristas, comenzaban a aparecer los primeros signos de tensión política. Las calles de Madrid se llenaban de rumores sobre la creciente presencia de tropas francesas. La población observaba con inquietud cómo los acontecimientos se precipitaban y cómo la influencia napoleónica amenazaba la independencia del país.

Los oficiales franceses, representados en la obra por personajes como los capitanes Moncey y Lefevre, simbolizaban la presión ejercida por el ejército invasor. Su presencia alteraba la tranquilidad de los barrios madrileños y provocaba enfrentamientos cada vez más frecuentes con los habitantes de la ciudad. El ambiente festivo de los primeros cuadros iba transformándose progresivamente en una atmósfera de incertidumbre y preocupación.

A medida que avanzaba la narración, las historias de amor y los conflictos personales quedaban eclipsados por la gravedad de los acontecimientos históricos. Los personajes comprendían que la defensa de Madrid exigía sacrificios que iban más allá de sus intereses particulares. Los majos, los artesanos, los toreros y los soldados comenzaban a organizarse para resistir la ocupación extranjera.

El clímax de la obra llegaba con el estallido del levantamiento del 2 de mayo de 1808. Las calles se convertían en escenario de combate. Los personajes que hasta entonces habían protagonizado escenas de amor y de costumbrismo popular empuñaban ahora armas improvisadas para enfrentarse a las tropas francesas. El pueblo madrileño aparecía unido en una lucha desesperada por la libertad.

La tragedia alcanzaba entonces su máxima intensidad. Diversos personajes sufrían las consecuencias de la represión napoleónica, mientras las escenas evocaban los episodios inmortalizados por los pinceles de Goya, especialmente los fusilamientos y las represalias posteriores al levantamiento. La alegría de los primeros actos daba paso al dolor, al heroísmo y al sacrificio.

En el desenlace, la figura de La Maja adquiría un significado simbólico. Ya no representaba únicamente a una mujer del pueblo madrileño, sino a la propia España que resistía frente a la invasión. El amor, la música y la vida cotidiana quedaban marcados por el sufrimiento de la guerra, pero también por la firme voluntad de defender la libertad y la identidad nacional.

La zarzuela concluía con una exaltación del espíritu popular español y con un homenaje a los héroes anónimos que participaron en la resistencia contra el ejército napoleónico. La obra utilizaba la figura de Goya como hilo conductor para unir el mundo del arte con los grandes acontecimientos históricos, ofreciendo una visión romántica y patriótica del Madrid de 1808.

De este modo, La maja de Goya se convirtió en una obra donde el costumbrismo madrileño, el lirismo modernista de Francisco Villaespesa y la música del Maestro Guillén se unían para recrear uno de los episodios más emblemáticos de la historia de España, transformando la figura de la maja goyesca en símbolo de un pueblo dispuesto a luchar por su independencia.












¿Sabías que…? Tal día como hoy, 10 de junio, en 1880, la prensa informaba del hallazgo de un niño y una niña asesinados entre San Roque y La Línea

 










El hallazgo de un niño y una niña asesinados entre San Roque y La Línea (10 de junio de 1880)

Las noticias publicadas por la prensa en junio de 1880 recogieron un estremecedor suceso ocurrido en el Campo de Gibraltar, relacionado con el asesinato de varios menores y unas creencias supersticiosas muy arraigadas en determinados ambientes populares de la época. La información fue difundida por el periódico El Diario de Lugo. Periódico Político y de Intereses Generales, Año V, número 1104, correspondiente al 10 de junio de 1880, que reprodujo noticias procedentes de otros diarios nacionales.

Según informaba el periódico El Popular, dos carabineros que patrullaban a caballo por las afueras de San Roque observaron movimientos sospechosos entre los trigales. Pensando que podía tratarse de una operación de contrabando, uno de los agentes se adelantó para investigar. Al aproximarse descubrió una escena estremecedora: dos hombres huían apresuradamente mientras dejaban abandonado a un niño que se encontraba atado a dos estacas clavadas en el suelo, con la boca tapada y una de sus manos abierta.

Uno de los sospechosos fue capturado por el segundo carabinero y conducido a San Roque. Durante los interrogatorios se supo que en el hecho habían participado tres individuos. Las declaraciones del menor permitieron reconstruir parte de lo sucedido. Los hombres lo habían llevado con ellos bajo diversos pretextos, alejándolo de su familia. El niño explicó además que se había negado a acompañarlos en determinadas ocasiones porque su padre se encontraba preso en San Roque y temía las consecuencias de sus actos. La desaparición del menor había provocado una gran angustia en su familia.

Mientras las autoridades trataban de esclarecer los hechos, se esperaba también la llegada a la Casa de Caridad de otro niño cuyo cadáver había sido encontrado en la sierra, circunstancia que aumentó la preocupación de la población ante la posibilidad de que existieran más crímenes relacionados.

Poco después llegó una nueva comunicación que agravó todavía más la situación. Desde La Línea de la Concepción se informó del hallazgo, entre unos cañaverales, del cadáver de una niña asesinada. Al examinar el cuerpo se comprobó que presentaba una mutilación similar a la observada en el caso anterior: las manos habían sido abiertas deliberadamente.

La prensa explicaba que el objetivo de los autores era obtener las denominadas «mantecas», una superstición muy extendida en algunos lugares de la época. Existía la creencia popular de que determinadas grasas humanas extraídas de los cadáveres podían servir para curar enfermedades o elaborar remedios milagrosos. Estas prácticas, asociadas a viejas supersticiones y a curanderismos clandestinos, provocaban periódicamente rumores y temores entre la población rural española del siglo XIX.

La noticia causó una profunda conmoción tanto en San Roque como en La Línea de la Concepción, donde el descubrimiento del cadáver de la niña entre los cañaverales despertó una enorme alarma social. Los periódicos presentaron ambos sucesos como posibles manifestaciones de una misma actividad criminal vinculada a aquellas creencias supersticiosas, reclamando una actuación decidida de las autoridades para localizar a todos los responsables y evitar nuevos crímenes.

El relato constituye uno de los testimonios periodísticos más impactantes conservados sobre la comarca durante la década de 1880, reflejando tanto la inseguridad que podía existir en determinadas zonas rurales como la persistencia de antiguas creencias populares que, en ocasiones, derivaban en hechos de extraordinaria gravedad.

Fuente: El Diario de Lugo. Periódico Político y de Intereses Generales, Año V, núm. 1104, 10 de junio de 1880, que reproducía informaciones procedentes de El Popular relativas a sucesos ocurridos en San Roque y La Línea de la Concepción.

Tal día como hoy...

El 10 de junio de 1880, la prensa española difundía la noticia del hallazgo de un niño rescatado y de una niña asesinada entre San Roque y La Línea de la Concepción, un trágico episodio vinculado a antiguas supersticiones populares que conmocionó profundamente a la sociedad de la época.

La Guardia Civil por los cañaverales de la Línea (IA)



Transcripción del texto

Dice El Popular:

«Nos dicen de San Roque;

Pasando dos carabineros a caballo por las afueras de la ciudad, observaron que el trigo hacía movimiento, comprendiendo que había allí alguna persona oculta; creyendo sería algún contrabando, uno de ellos se adelantó, encontrándose con dos hombres que huyeron y que tenían a un niño amarrado a dos estacas clavadas en el suelo y con la boca tapada y una mano abierta; uno de los hombres al huir fue preso por el otro carabinero y conducido a San Roque y, según sus declaraciones, eran tres los malhechores.

Según las declaraciones del niño, se encontró a estos hombres, que lo llevaron a beber aconsejándole se fuera con ellos, a lo que se negó por tener su padre preso en San Roque, el que está desesperado desde que tuvo noticia de lo sucedido.

Ayer se esperaba en la Caridad otro niño que había sido encontrado muerto en la Sierra.

Escrito lo que antecede se nos comunica esta mañana que en la Línea de la Concepción ha sido encontrada entre los cañaverales una niña asesinada y verificado en ella igual proceso de abrirle las manos, ya se sabe que el intento es secarle las mantecas, como le llaman, bajo la ilusión que existe entre ciertas gentes que curan ciertas enfermedades.»

«El Gobierno, según se indica hace días, y cediendo a reiteradas instancias de algunos importantes jefes militares que tienen mando, resolverá en esta semana la sustitución de los mismos.»


El hallazgo de un niño y una niña asesinados entre San Roque y La Línea (10 de junio de 1880)

Las noticias publicadas por la prensa española en junio de 1880 recogieron un estremecedor suceso ocurrido en el Campo de Gibraltar, relacionado con el asesinato de varios menores y con determinadas creencias supersticiosas que todavía persistían en algunos ambientes populares de la época.

La información fue difundida por el periódico El Diario de Lugo. Periódico Político y de Intereses Generales, Año V, número 1104, correspondiente al 10 de junio de 1880, reproduciendo una noticia procedente del diario El Popular.

Según relataba la crónica, dos carabineros que patrullaban a caballo por las inmediaciones de San Roque observaron movimientos extraños entre los trigales. Sospechando inicialmente que podía tratarse de una operación de contrabando, uno de los agentes se adelantó para investigar mientras su compañero permanecía atento en las cercanías.

Al aproximarse descubrió una escena alarmante. Dos hombres emprendieron la huida precipitadamente al verse sorprendidos, dejando atrás a un niño que se encontraba atado a dos estacas clavadas en el suelo. El menor tenía además la boca tapada. Uno de los sospechosos consiguió escapar, pero otro fue capturado por el segundo carabinero y trasladado inmediatamente a San Roque para ser interrogado por las autoridades.

Durante las diligencias practicadas, el detenido declaró que en los hechos habían participado tres individuos. El propio niño explicó que aquellos hombres lo habían abordado y lo habían llevado consigo tras ofrecerle bebida e intentar convencerlo para que los acompañara. Según la noticia, el menor se había resistido inicialmente porque tenía a su padre encarcelado en San Roque y no deseaba alejarse de la zona.

La gravedad del descubrimiento aumentó cuando comenzaron a conocerse otras informaciones relacionadas con el mismo caso. La prensa señalaba que se esperaba la llegada a la Casa de Caridad de otro niño hallado muerto en la sierra, mientras nuevas noticias procedentes de La Línea de la Concepción informaban del hallazgo de una niña asesinada entre los cañaverales.

La descripción de la víctima presentaba características semejantes a las observadas en el caso anterior. El periódico afirmaba que en la menor se había practicado el mismo procedimiento de abrir las manos, indicando que los autores perseguían obtener las llamadas «mantecas», una expresión utilizada en determinadas supersticiones populares para referirse a sustancias corporales a las que algunas personas atribuían propiedades curativas para determinadas enfermedades.

La noticia reflejaba así la alarma social generada por unos hechos que conmocionaron profundamente a la población del Campo de Gibraltar. Más allá de la veracidad de algunas interpretaciones difundidas por la prensa de la época, el documento constituye un valioso testimonio sobre la percepción del crimen, las creencias populares y la sensibilidad social existente en la comarca durante los últimos años del siglo XIX.

Fuente: El Diario de Lugo. Periódico Político y de Intereses Generales, Año V, núm. 1104, 10 de junio de 1880.



¿Sabías que…? Tal día como hoy, 10 de junio, en 1932, el Ayuntamiento reforzó las medidas contra la hidrofobia y reguló estrictamente la tenencia de perros en La Línea

 









El bando municipal sobre la hidrofobia y el control de perros en La Línea de la Concepción (10 de junio de 1932)

El 10 de junio de 1932, el alcalde-presidente de La Línea de la Concepción, Antonio Gil Ruiz, publicó un bando dirigido a toda la población con el propósito de combatir la propagación de la hidrofobia, enfermedad que en aquellos años constituía una seria amenaza para la salud pública. La medida respondía al aumento de casos detectados recientemente en la localidad y pretendía reforzar el cumplimiento de las normas municipales relativas a la tenencia y circulación de perros.

La autoridad municipal consideró necesario recordar al vecindario las disposiciones vigentes y advertir que su cumplimiento sería exigido con el máximo rigor.

La preocupación por los casos de hidrofobia

El documento comenzaba señalando que la diversidad de casos de hidrofobia producidos en fechas recientes hacía imprescindible adoptar medidas preventivas encaminadas a evitar nuevos contagios. Por acuerdo de la Corporación Municipal, se recordaba que continuaban plenamente vigentes todas las normas reguladoras de la circulación de perros por la vía pública.

La hidrofobia, conocida actualmente como rabia, era una enfermedad muy temida por la elevada mortalidad que presentaba una vez desarrollados sus síntomas, circunstancia que justificaba la severidad de las disposiciones adoptadas.

Obligación del uso de bozal

La primera medida establecía de forma terminante que ningún perro podía circular por las vías públicas sin ir provisto de su correspondiente bozal.

La disposición afectaba a perros de todas las clases y categorías, sin excepción, constituyendo el bozal un requisito indispensable para transitar por calles, plazas y demás espacios públicos.

Inscripción municipal y pago del arbitrio

Además del bozal, todos los perros debían portar una chapa acreditativa que demostrara que su propietario había satisfecho el arbitrio municipal correspondiente.

Las cuotas anuales fijadas por el Ayuntamiento eran las siguientes:

  • Cada perro de lujo: 25 pesetas al año.
  • Cada perro de caza: 5 pesetas al año.
  • Cada perro guardián: 3 pesetas al año.
  • Expedición de cada chapa de inscripción: 1 peseta.

La diferenciación de tarifas respondía al uso que se atribuía a cada animal, estableciendo una carga fiscal superior para los perros considerados de recreo o lujo.

Recogida de perros infractores

El bando advertía que todos los perros que circulasen por la vía pública incumpliendo cualquiera de los requisitos anteriores serían recogidos por los agentes municipales y trasladados al depósito del Ayuntamiento.

La actuación no requería denuncia previa, bastando la comprobación de la infracción por parte de la autoridad municipal.

Condiciones para recuperar los animales

Los propietarios que desearan recuperar a sus perros debían satisfacer varias cantidades:

  • El doble del importe de la chapa correspondiente.
  • El doble de los derechos anuales que no hubieran sido abonados.
  • Los gastos de manutención generados durante la estancia del animal en el depósito municipal, fijados en dos pesetas diarias.

Todo ello se imponía sin perjuicio de las sanciones gubernativas que pudieran corresponder por incumplimiento de las disposiciones municipales.

Sacrificio de los animales abandonados

La medida más severa del bando figuraba en su artículo quinto. En él se establecía que, una vez transcurridas veinticuatro horas desde el ingreso del perro en el depósito municipal, el animal sería sacrificado sin derecho a reclamación alguna por parte de su propietario.

Esta disposición reflejaba la preocupación existente ante el riesgo sanitario que representaban los animales sin control en una época en la que los medios de prevención y tratamiento de la rabia eran mucho más limitados que en la actualidad.

Una política de salud pública en la Segunda República

La publicación de este bando se enmarcó dentro de las políticas municipales de higiene y sanidad pública desarrolladas durante los años de la Segunda República. Los ayuntamientos asumían competencias directas en el control de animales, la limpieza urbana y la prevención de enfermedades transmisibles.

La vigilancia de perros vagabundos o no registrados era considerada una medida fundamental para proteger a la población y reducir los riesgos sanitarios derivados de posibles brotes de rabia.

Valor histórico del documento

El bando firmado por Antonio Gil Ruiz constituye un valioso testimonio de las preocupaciones sanitarias de la época y de la forma en que las autoridades locales afrontaban los problemas de salud pública. Asimismo, permite conocer el sistema de arbitrios municipales aplicados a la tenencia de animales y las severas medidas de control que podían adoptarse cuando se consideraba que existía un riesgo para la seguridad colectiva.

El documento refleja, en definitiva, la estrecha relación existente entre administración municipal, fiscalidad local y protección sanitaria en la La Línea de la Concepción de comienzos de la década de 1930.

Tal día como hoy...

El 10 de junio de 1932, el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción publicó un bando que obligaba a los perros a circular con bozal y chapa identificativa, establecía tasas municipales para su tenencia y reforzaba las medidas destinadas a prevenir la propagación de la hidrofobia en la ciudad. 

Leyendo el Bando en la Plaza de la Iglesia (IA)



Transcripción del Bando

BANDO

Don Antonio Gil Ruiz, Alcalde Presidente del Ayuntamiento de esta Ciudad

HAGO SABER:

Que la diversidad de casos de hidrofobia que se han producido recientemente en esta población hace precisa la adopción de medidas encaminadas a evitar estos peligrosos casos y, al efecto, por acuerdo de la Corporación Municipal se recuerda al vecindario que continúan en todo su vigor cuantas disposiciones existen dictadas para la tenencia y circulación por las vías públicas de los perros de todas clases, que entre otras son las siguientes:

1.ª Que está terminantemente prohibido el tránsito de perros por la vía pública a menos que vayan provistos de su correspondiente bozal.

2.ª Que todo perro debe ir provisto además de la chapa que acredite haber satisfecho su dueño el arbitrio municipal establecido, cuya cuantía es la siguiente:

ConceptoImporte anual
Cada perro de lujo25,00 pesetas
Cada perro de caza5,00 pesetas
Cada perro guardián3,00 pesetas
Por cada chapa de inscripción1,00 peseta

3.ª Los perros que circulen por la vía pública sin que hayan cumplido los requisitos señalados en los dos artículos anteriores serán recogidos por los agentes de este Ayuntamiento y conducidos al depósito municipal.

4.ª Los perros conducidos al depósito no podrán ser retirados del mismo sin que los respectivos dueños satisfagan el doble del importe de la chapa correspondiente y de los derechos anuales que no se hubiesen satisfecho, además de los gastos de manutención a razón de dos pesetas diarias. Todo ello sin perjuicio de las sanciones gubernativas que procedan por incumplimiento de lo dispuesto en este Bando.

5.ª Una vez transcurridas veinticuatro horas desde el ingreso del perro en el citado depósito será sacrificado dicho animal sin derecho a reclamación alguna.

Lo que se hace público para general conocimiento, con la advertencia de que se llevará con todo rigor el cumplimiento de estas disposiciones.

La Línea, 10 de junio de 1932

EL ALCALDE
ANTONIO GIL


Datos históricos más relevantes

  • Fecha: 10 de junio de 1932.
  • Autoridad emisora: Alcaldía de La Línea de la Concepción.
  • Alcalde firmante: Antonio Gil Ruiz.
  • Motivo del bando: La aparición de varios casos de hidrofobia (rabia) en la población.
  • Medida principal: Obligación de que todos los perros circulasen por la vía pública con bozal.
  • Control municipal: Implantación y exigencia de una chapa identificativa que acreditase el pago del arbitrio municipal.
  • Fiscalidad canina:
    • Perro de lujo: 25 pesetas anuales.
    • Perro de caza: 5 pesetas anuales.
    • Perro guardián: 3 pesetas anuales.
    • Chapa de inscripción: 1 peseta.
  • Sanciones:
    • Recogida de los animales por los agentes municipales.
    • Pago de recargos y gastos de manutención.
    • Sacrificio del animal tras 24 horas en el depósito si no era retirado.

Contexto histórico

Este bando refleja las medidas de salud pública y policía urbana adoptadas por el Ayuntamiento de La Línea durante los primeros años de la Segunda República. La preocupación por la hidrofobia, enfermedad mortal transmitida habitualmente por perros infectados, llevó a muchas corporaciones municipales españolas a reforzar los controles sobre los animales domésticos.

El documento también pone de manifiesto la existencia de un arbitrio municipal sobre perros, una figura fiscal habitual en numerosos municipios españoles durante el primer tercio del siglo XX. La clasificación entre perros de lujo, de caza y guardianes evidencia la consideración administrativa que se hacía de cada tipo de animal según su utilidad o función.

Asimismo, el bando ilustra el funcionamiento de los servicios municipales de recogida de animales y las severas medidas previstas para prevenir la propagación de enfermedades contagiosas, en una época en la que las campañas de vacunación y los medios veterinarios aún eran limitados.

Se trata de un testimonio significativo de las políticas municipales de higiene, sanidad y control urbano desarrolladas en La Línea de la Concepción durante el mandato de Antonio Gil Ruiz en 1932.




¿Sabías que…? Tal día como hoy, 10 de junio, en 1948, el Ayuntamiento publicó los precios oficiales de la carne en La Línea de la Concepción

 









Control de precios de la carne en La Línea de la Concepción (10 de junio de 1948)

El 10 de junio de 1948, la Delegación Local de Abastecimientos y Transportes de La Línea de la Concepción publicó un anuncio oficial destinado a regular y controlar los precios de venta de la carne en la ciudad. La medida respondía a las órdenes dictadas por la Superioridad, que establecían precios máximos para la carne de vacuno y ternera con el objetivo de garantizar el abastecimiento, evitar abusos y asegurar el cumplimiento de la normativa de intervención económica vigente durante los años de la posguerra.

El documento fue firmado por el Alcalde Delegado, Lautgardo Macías López, y difundido públicamente para conocimiento de comerciantes, ganaderos, tablajeros y consumidores.

Precio del kilo canal en matadero

El edicto fijaba en primer lugar los precios autorizados para la carne en canal dentro del matadero municipal:

  • Ternera: 10,36 pesetas por kilogramo.
  • Vacuno mayor: 7,85 pesetas por kilogramo.

Estos valores constituían la base sobre la que posteriormente se determinaban los precios máximos de venta al público.

Precios de venta al público

Los precios establecidos incluían todos los impuestos vigentes.

Vacuno mayor

  • Primera categoría sin hueso: 13,80 pesetas/kg
  • Segunda categoría sin hueso: 10,55 pesetas/kg
  • Riñones: 17,10 pesetas/kg
  • Sebo: 5,70 pesetas/kg
  • Hueso: 1,65 pesetas/kg

Ternera

  • Primera categoría sin hueso: 20,15 pesetas/kg
  • Segunda categoría sin hueso: 12,35 pesetas/kg
  • Riñones: 17,15 pesetas/kg
  • Sebo: 5,75 pesetas/kg
  • Hueso: 1,70 pesetas/kg

La notable diferencia entre los precios de la ternera y los del vacuno mayor reflejaba la consideración de la carne de ternera como un producto de mayor calidad y valor comercial.

Precios de la carne de ganado lanar

El anuncio también regulaba los precios de la carne de cordero, diferenciando dos periodos del año.

Del 16 de mayo al 31 de julio

  • Chuleta y pierna: 14,70 pesetas/kg
  • Paletilla, falda y pescuezo: 10,10 pesetas/kg

Desde el 1 de agosto en adelante

  • Chuleta y pierna: 15,30 pesetas/kg
  • Paletilla, falda y pescuezo: 10,50 pesetas/kg

La variación de precios respondía a las previsiones de disponibilidad y comercialización del ganado lanar durante las distintas épocas del año.

Vigilancia y denuncias

El documento insistía especialmente en el cumplimiento estricto de los precios fijados. Todos los agentes de la autoridad quedaban obligados a vigilar la observancia de estas disposiciones y a tramitar cualquier denuncia relacionada con su incumplimiento.

Asimismo, se solicitaba la colaboración ciudadana para comunicar cualquier infracción detectada, ya fuera ante los agentes de la autoridad o directamente ante la Delegación Local de Abastecimientos.

De manera específica, el edicto requería a los tablajeros que denunciaran a aquellos ganaderos que les hubieran vendido carne en canal por encima de los precios oficialmente autorizados, debiendo aportar el nombre y los apellidos del vendedor.

La economía intervenida de la posguerra

Este tipo de disposiciones formaba parte del sistema de intervención económica implantado en España durante los años cuarenta. La escasez de productos, las dificultades de abastecimiento y la política de control estatal obligaban a fijar precios máximos para numerosos artículos de primera necesidad.

La publicación periódica de tarifas oficiales como la de junio de 1948 refleja la importancia que las autoridades concedían al control del mercado alimentario y a la lucha contra la especulación en productos básicos para la población.

Valor histórico del documento

El edicto constituye una valiosa fuente para conocer el coste de los alimentos en La Línea de la Concepción durante la posguerra. Además de mostrar los precios oficiales de la carne, permite comprender los mecanismos de control económico, inspección y vigilancia que caracterizaron la vida cotidiana de la España de finales de los años cuarenta.

La relación detallada de categorías, productos y tarifas ofrece una imagen precisa de cómo se regulaba el comercio cárnico local y de las medidas adoptadas para garantizar el abastecimiento de la población en un contexto económico todavía marcado por las restricciones y el intervencionismo estatal.

Tal día como hoy...

El 10 de junio de 1948, el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción hacía públicos los precios oficiales de la carne de vacuno, ternera y cordero, ofreciendo una valiosa fotografía del coste de los alimentos y del sistema de control económico existente en la España de la posguerra.


Leyendo los nuevos precios de la carne en el Mercado de la Concepción (IA)



Transcripción del documento

Delegación Local de Abastecimientos y Transportes de La Línea de la Concepción

En virtud de órdenes de la Superioridad a que han de supeditarse los precios de carnes de ganado vacuno mayor y ternera, se hace público lo siguiente:

PRECIO KILO CANAL EN MATADERO

ProductoPrecio por kilo
Ternera10,36 pesetas
Vacuno Mayor7,85 pesetas

PRECIO DE VENTA AL PÚBLICO

(Incluidos todos los impuestos)

VACUNO MAYOR

ClasePrecio kg
1.ª sin hueso13,80 pts.
2.ª sin hueso10,55 pts.
Riñones17,10 pts.
Sebo5,70 pts.
Hueso1,65 pts.

TERNERA

ClasePrecio kg
1.ª sin hueso20,15 pts.
2.ª sin hueso12,35 pts.
Riñones17,15 pts.
Sebo5,75 pts.
Hueso1,70 pts.

LANAR

Del 16 de mayo al 31 de julio

ProductoPrecio kg
Chuleta y pierna14,70 pts.
Paletilla, falda y pescuezo10,10 pts.

Del 1.º de agosto en adelante

ProductoPrecio kg
Chuleta y pierna15,30 pts.
Paletilla, falda y pescuezo10,50 pts.

Lo que se hace público para su más exacto cumplimiento, dejando requerido a todos los agentes de mi Autoridad la observancia de estas disposiciones con el máximo rigor, tramitando con arreglo a la legislación vigente toda denuncia que signifique transgresión de los aludidos precios.

Espero de otra parte la máxima colaboración ciudadana para que sea denunciado a cualquier agente de mi Autoridad o a la mía directamente por escrito cuanto signifique infracción a los aludidos precios.

Los señores tablajeros a quienes les hayan sido cobrados por la carne en canal precios superiores a lo establecido deberán denunciármelo con el nombre y apellidos del ganadero vendedor.

La Línea de la Concepción, 10 de junio de 1948.

El Alcalde Delegado
Lutgardo Macías López


Datos históricos más relevantes

  • Fecha: 10 de junio de 1948.
  • Organismo emisor: Delegación Local de Abastecimientos y Transportes de La Línea de la Concepción.
  • Firmante: Lutgardo Macías López, Alcalde Delegado.
  • Finalidad: Fijación oficial y control de los precios máximos de venta de la carne al público.
  • Productos regulados: carne de vacuno mayor, ternera y ganado lanar.
  • Ámbito de control: precios en matadero y precios finales de venta al consumidor.
  • Medidas de vigilancia: se ordena a los agentes de la autoridad denunciar cualquier incumplimiento.
  • Participación ciudadana: se solicita la colaboración de comerciantes y consumidores para denunciar sobreprecios.
  • Contexto económico: el documento se enmarca en el sistema de intervención económica, racionamiento y control de precios vigente en la España de posguerra.

Contexto histórico

Este bando constituye un ejemplo del sistema de control económico implantado durante los años cuarenta. La escasez de productos básicos y la política de intervención estatal llevaron a la fijación administrativa de numerosos precios de consumo, especialmente los relacionados con la alimentación.

La Delegación de Abastecimientos y Transportes era el organismo encargado de supervisar el suministro de productos esenciales y evitar prácticas especulativas. En una ciudad fronteriza como La Línea de la Concepción, donde el abastecimiento constituía una cuestión especialmente sensible, las autoridades locales publicaban con frecuencia este tipo de disposiciones para garantizar el cumplimiento de los precios oficiales y combatir el mercado negro, fenómeno muy extendido durante la posguerra.

El documento permite conocer con precisión el valor oficial de distintos cortes de carne en junio de 1948 y constituye una fuente de gran interés para estudiar el coste de la vida, la alimentación y la política económica de la época en La Línea de la Concepción.




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