sábado, 25 de julio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy 25 de julio en 1979 El incendio de Almacenes Mérida marcó para siempre la memoria de La Línea

 








Un impresionante incendio, se declaró en las primeras horas de la madrugada, del 25, en el establecimiento comercial de Almacenes Mérida, en la calle de San Pablo. Éste alcanzó pronto grandes proporciones y no ha podido ser controlado hasta pasadas las siete de la mañana.

El fuego, cuyas causas se desconocen y que provocó una gran alarma entre el vecindario, destruyó totalmente los almacenes de tejidos y la vivienda de su propietario, Andrés Mérida Morillo, habiendo afectado también las llamas a varios edificios de la calle contigua de Isabel la Católica. Muchos de ellos se hallaron gravemente dañados, principalmente los ocupados por los establecimientos Paños Álvarez, Calzados Maruenda y la hospedería El Descanso.

Gracias a la colaboración de los bomberos y de numerosos vecinos, el fuego no llegó a propagarse a otro edificio próximo que, al principio, pareció correr mayor riesgo.

Intervinieron en la extinción del fuego los Servicios de Bomberos de La Línea, de la refinería Gibraltar y de Petresa, así como los de Algeciras y Estepona, todos los cuáles realizaron un gran esfuerzo hasta controlar el siniestro.

Cuando se consumó, un retén de bomberos permaneció en la zona afectada, apagando los últimos rescoldos.

También prestaron servicios valiosos miembros de la Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Municipal, grupo de misiles «SAM y linenses anónimos que trabajaron incansablemente.

Desde; el principio del incendio estuvieron en el lugar el alcalde de la ciudad y casi todos los concejales, requiriéndose también la presencia de ambulancias de la Seguridad Social y de la Cruz Roja, aunque no fueron necesarios sus servicios.

Aunque se ignoran las causas del incendio, circularon varías versiones: por un lado, se dice que el fuego empezó en la calle; otros hablaron de que vieron algunos coches por el lugar momentos antes de iniciarse; otros, en fin, que las llamas partieron del interior de la planta baja que da a la calle de Isabel la Católica.

Se hicieron las oportunas indagaciones para determinar con exactitud cuáles fueron las causas verdaderas de lo que se calificó de desastre para la empresa, de la que dependían 110 familias linenses.

El propietario, Andrés Mérida, su esposa y una hermana de ésta pudieron abandonar el edificio gracias a una nieta de aquél, que al oír los ruidos que el fuego producía se asomó a una de las ventanas y vio que las llamas casi llegaban hasta donde ella se encontraba.

Inmediatamente, y sin apenas vestirse, las cuatro personas, pudieron salir de la vivienda por la puerta.

Las pérdidas se cifraron en varios centenares de millones de pesetas, y todo el establecimiento y la vivienda quedaron destruidos. Incluso fue pasto de las llamas la suma de alrededor, de un millón y media de pesetas en billetes que se hallaban en la caja del establecimiento como producto de las ventas de las últimas jornadas.

Según dice al ABC, Almacenes Mérida tenía concertada una póliza de seguros con la compañía La Unión Iberoamericana y Seguros IberbroK, con domicilio social en Sevilla.

Al día siguiente del Incendio. Un grupo subversivo que se autodenominaba con las siglas SO terminó con las especulaciones acerca de las causas de los incendios ocurridos el día anterior en La Línea, y que destruyeron total o parcialmente un centro y dos establecimientos comerciales, un hostal, un cine, la sucursal del Banco Central donde arrojaron un montón de paja impregnada en gasolina, en la sala de bingo de Real Balompédica y en dos solares de la calle Gibraltar.

Con esto se confirmaba las conclusiones a que se llegaba en el sentido de que las circunstancias que rodearon a los siniestros indicaban la intervención de mano airada más que achacarlo a la simple casualidad. Sobre las seis y media de la tarde la Policía Municipal de la población registraba una llamada telefónica efectuada por un hombre, al parecer Joven. Que dijo: «Somos SO. reivindicamos los sabotajes realizados hoy. Son los primeros de una larga lista. Diles que estáis todos condenados.»

La nota informativa de lo sucedido fue suministrada inmediatamente por la Alcaldía.

La prensa consultó a continuación diversos medios policiales acerca de la identidad del grupo subversivo que presumiblemente había efectuado el aviso, en los distintos medios de investigación y de Seguridad del Estado se afirmó que la identificación dada no se corresponde con ninguno de los ya detectados, ni a nivel local ni a nivel nacional, y que es la primera vez que conocía de la existencia del mismo, si es que existe.

En todo caso la llamada anónima pudo también haber sido efectuada por un psicópata con afán de notoriedad y que quisiera aprovecharse de las circunstancias, ya que no existía certeza absoluta sobre la existencia de los llamados SO.

Junto a evidencias como la Aparición de material combustible en una pared lateral al cine incendiado, la de personas que creyeron asimismo ver la presencia de dos automóviles en las cercanías de Almacenes Mérida (el más afectado de todos los edificios dañados), existía el testimonio de algunos vecinos que afirmaron haber oído una explosión antes de producirse el siniestro.

El alcalde de la Línea, señor Niebla, manifestó su sorpresa y desconocimiento de los autores de los hechos. «Lo que se pretende —dijo— es instrumentar a la opinión para fines ajenos y desconocidos y desestabilizar a la comarca.



El incendio declarado en Almacenes Mérida, de La Línea de la Concepción, constituyó uno de los siniestros más destacados por la magnitud de sus consecuencias. Las llamas se extendieron con rapidez por el establecimiento, provocando cuantiosos daños materiales y afectando incluso a otros locales y dependencias colindantes. La intensidad del fuego generó una gran columna de humo visible desde distintos puntos de la ciudad, mientras los vecinos contemplaban con preocupación la evolución del incendio.

La intervención de los bomberos resultó especialmente complicada, ya que a su llegada el fuego había alcanzado grandes proporciones, dificultando las labores de extinción y poniendo de manifiesto las limitaciones de los medios disponibles en aquel momento. La imagen refleja la dureza del siniestro, con los equipos de emergencia enfrentándose a un incendio que llegó a superar su capacidad inicial de respuesta y que dejó como recuerdo uno de los episodios más graves ocurridos en los comercios linenses.


Durante el incendio declarado en Almacenes Mérida, de La Línea de la Concepción, la gravedad del siniestro movilizó no solo a los equipos de bomberos, sino también a numerosos vecinos y voluntarios que acudieron para colaborar en las labores de auxilio y extinción. Su participación fue fundamental para apoyar a los servicios de emergencia, ayudando en las tareas necesarias ante la magnitud del fuego y el peligro que representaba para las instalaciones y los edificios próximos.

A pesar del esfuerzo conjunto de bomberos y voluntarios, la violencia de las llamas hizo que los trabajos de extinción resultaran especialmente difíciles. La fuerza del incendio superó los medios disponibles en aquellos momentos, prolongando una lucha contra el fuego que puso de manifiesto la solidaridad de los ciudadanos linenses, quienes se sumaron de forma espontánea para intentar controlar uno de los siniestros más importantes sufridos por la ciudad.



El incendio que arrasó Almacenes Mérida, de La Línea de la Concepción, dejó tras de sí un escenario de completa destrucción. Las llamas consumieron prácticamente todo el interior del establecimiento, acabando con las mercancías, instalaciones y enseres que se encontraban en su interior. La imagen muestra la magnitud del desastre, con un local reducido a restos calcinados y donde apenas permanecía en pie la estructura del edificio.

Tras la extinción del fuego, las consecuencias del siniestro evidenciaron la enorme pérdida sufrida por el comercio linense. Lo que durante años había sido un establecimiento en plena actividad quedó convertido en un espacio devastado por la acción de las llamas, conservándose únicamente algunos elementos estructurales como testimonio de la violencia del incendio y de la dificultad de las labores de emergencia desarrolladas durante la noche.


El incendio declarado en Almacenes Mérida, de La Línea de la Concepción, durante la madrugada, alcanzó rápidamente enormes proporciones, sorprendiendo a vecinos y comerciantes de la zona. Las llamas se extendieron con gran intensidad y llegaron a afectar a las inmediaciones del establecimiento, generando una situación de alarma ante el peligro de que el fuego pudiera propagarse a otros edificios próximos.

La magnitud del siniestro obligó a una intensa intervención de los servicios de emergencia, mientras la ciudad contemplaba con preocupación la evolución del incendio. La fuerza de las llamas provocó importantes daños materiales y unas pérdidas económicas de gran consideración, convirtiendo aquel suceso en uno de los incendios más recordados de la historia reciente de La Línea.





La imagen muestra el estado en que quedó la zona próxima a Eco-Prix, en la esquina de las calles Las Flores e Isabel la Católica, donde se produjo el derrumbe de las tres plantas del edificio que albergaba los Almacenes Mérida. La fuerza del siniestro provocó el colapso de la estructura, dejando a la vista un impresionante conjunto de escombros, restos de forjados y materiales desprendidos que ocupaban gran parte de la vía pública.

El derrumbe transformó por completo el entorno urbano, dejando una escena de gran impacto para los vecinos de La Línea. Los restos del inmueble evidenciaban la magnitud de los daños sufridos y la necesidad de acometer posteriormente importantes trabajos de retirada de materiales y recuperación del espacio afectado, mientras la ciudad contemplaba las consecuencias de uno de los sucesos más recordados de la historia comercial linense.


Los trabajos de emergencia continuaron durante toda la noche y se prolongaron durante la jornada siguiente, con los equipos de bomberos dedicados a controlar los últimos focos y asegurar la zona afectada. Entre los restos del edificio derrumbado se llevaron a cabo labores de retirada de materiales, vigilancia de posibles riesgos y revisión de la estabilidad de las estructuras que aún permanecían en pie.

La presencia de un retén de seguridad durante la mañana posterior permitió mantener la vigilancia sobre el lugar y evitar nuevos incidentes. La imagen refleja la dureza de las tareas desarrolladas, con los bomberos trabajando entre una gran acumulación de escombros y bajo la atenta mirada de los vecinos que acudieron a contemplar las consecuencias del suceso.



El desarrollo de las labores de extinción contó con la presencia de representantes institucionales que acudieron al lugar para conocer de primera mano la evolución del siniestro y apoyar las actuaciones de emergencia. Entre ellos se encontraba el alcalde de La Línea de la Concepción, señor Niebla Molina, quien permaneció presente durante los trabajos realizados por los equipos de bomberos.

Junto a él también acudió Manuel Aguilar Olivencia, teniente de alcalde de Algeciras, acompañado por efectivos del servicio de bomberos de aquella ciudad, que se desplazaron para colaborar en las tareas de extinción. La coordinación entre los distintos servicios de emergencia puso de manifiesto la importancia de la colaboración entre municipios ante una situación de especial gravedad para la ciudad linense.



Los bomberos continuaron durante las horas posteriores trabajando entre los restos del edificio para localizar y sofocar los últimos focos que aún permanecían activos. Entre los escombros y las estructuras dañadas, los equipos de emergencia realizaron una intensa labor de vigilancia y enfriamiento, evitando que las llamas pudieran reavivarse en las zonas más afectadas.

La escena mostraba la magnitud de la destrucción sufrida por Almacenes Mérida, con una gran acumulación de restos materiales y partes del inmueble completamente arruinadas. La actuación de los bomberos permitió finalmente dar por controlado el siniestro, culminando una larga intervención marcada por el esfuerzo, la dificultad y la peligrosidad de trabajar sobre una zona devastada.


La violencia del siniestro provocó el hundimiento de toda la estructura del moderno edificio de cuatro plantas que albergaba los Almacenes Mérida, quedando reducida a un conjunto de restos y escombros. La acción continuada de las llamas afectó gravemente a todos los elementos del inmueble, hasta provocar el colapso de la construcción y la desaparición de gran parte de sus instalaciones interiores.

La imagen refleja la magnitud alcanzada por el fuego y la difícil situación a la que tuvieron que enfrentarse los equipos de emergencia. Entre las ruinas del edificio, los bomberos continuaron con las labores de control y enfriamiento, trabajando sobre una zona completamente devastada y donde solo permanecían algunos restos de la estructura como testimonio de la importancia del suceso.



Ante la proximidad del peligro y la incertidumbre provocada por la evolución del siniestro, numerosos vecinos de las viviendas cercanas tuvieron que desalojar sus hogares como medida preventiva. La preocupación por la posible propagación del fuego llevó a muchas familias a trasladar sus pertenencias al exterior, colocando muebles y enseres en plena calle mientras se desarrollaban las labores de emergencia.

La escena refleja la angustia vivida por los residentes de la zona, que observaron cómo sus viviendas podían verse afectadas por la cercanía de las llamas. La rápida reacción de los vecinos permitió poner a salvo parte de sus bienes personales, en una jornada marcada por la alarma, la solidaridad y la colaboración ciudadana ante una situación de gran riesgo.


Las viviendas situadas en las inmediaciones de Almacenes Mérida también sufrieron las consecuencias del siniestro debido a la proximidad de las llamas y la intensidad alcanzada por el fuego. El calor, el humo y los desprendimientos provocaron importantes daños en estas construcciones, afectando especialmente a las casas más cercanas al lugar donde se originó el suceso.

La imagen muestra el estado de deterioro en que quedaron algunas de estas modestas viviendas, con sus estructuras seriamente dañadas y parte de sus elementos destruidos. Los vecinos de la zona tuvieron que afrontar no solo la pérdida material de sus hogares, sino también las difíciles horas de incertidumbre vividas mientras los equipos de emergencia trataban de controlar la situación.




Tras conocerse las consecuencias del siniestro, se vivieron momentos de profunda emoción y tristeza entre las personas relacionadas con el establecimiento. La llegada al lugar de familiares de los propietarios permitió comprobar de primera mano la magnitud de los daños y la pérdida sufrida, encontrándose con una escena de destrucción que reflejaba la gravedad de lo ocurrido.

La imagen recoge uno de esos momentos de dolor y desolación, con la conmoción de quienes contemplaban cómo un negocio reducido a escombros había desaparecido en pocas horas. El impacto humano del suceso se unió así a las pérdidas materiales, dejando una profunda huella entre los propietarios, trabajadores y vecinos que asistieron consternados a las consecuencias del desastre.




Tras los graves daños sufridos por la estructura del edificio, fue necesaria la intervención de maquinaria pesada para garantizar la seguridad de la zona. Las grúas comenzaron los trabajos de demolición controlada, retirando aquellos elementos que aún permanecían en pie y que podían suponer un peligro de nuevos desprendimientos.

La imagen refleja la fase posterior a la actuación de los equipos de emergencia, cuando el objetivo principal pasó a ser la eliminación de las partes inestables del inmueble y la recuperación de la normalidad en el entorno. Entre los restos del edificio se desarrollaron unas labores complejas, destinadas a asegurar la zona y evitar mayores riesgos para los vecinos y trabajadores que participaban en las tareas.



El incendio de Almacenes Mérida, ocurrido en La Línea de la Concepción, fue considerado una de las mayores tragedias comerciales vividas en la ciudad por la magnitud de los daños ocasionados. El siniestro provocó la destrucción prácticamente total del establecimiento, generando cuantiosas pérdidas económicas que fueron valoradas en varios centenares de millones de pesetas. La noticia causó una profunda consternación entre los linenses, que asistieron con preocupación al devastador alcance de las llamas.

El fuego, iniciado durante la madrugada, sorprendió a la ciudad por la rapidez con la que se extendió y por la dificultad que encontraron los equipos de emergencia para contenerlo. Los bomberos, con la colaboración de efectivos desplazados desde otras localidades y numerosos voluntarios, trabajaron intensamente durante horas para intentar reducir la fuerza del incendio y evitar que afectara a un mayor número de viviendas y establecimientos cercanos.

El desastre no solo supuso la desaparición de un importante comercio, sino también una grave pérdida personal y familiar para sus propietarios y trabajadores. Don Andrés Mérida y sus familiares lograron salvar sus vidas, aunque tuvieron que contemplar la destrucción de un negocio que representaba años de esfuerzo y actividad comercial en La Línea.

Las imágenes publicadas en la prensa reflejaban la dimensión del suceso: una parte central del edificio permanecía en pie mientras el resto de la construcción había quedado derrumbado por la acción del fuego. Los restos calcinados de Almacenes Mérida se convirtieron en el símbolo de una tragedia que permaneció durante mucho tiempo en la memoria colectiva de la ciudad.


La imagen muestra el estado de una construcción tras sufrir importantes daños estructurales, con parte de sus plantas y elementos exteriores derrumbados. Los restos de forjados, muros y cubiertas aparecen desprendidos, dejando al descubierto el interior del edificio y evidenciando la gravedad del deterioro sufrido.

En primer plano se observa la actividad cotidiana del entorno, con puestos de venta y vecinos que continúan con sus quehaceres mientras contemplan los efectos de la destrucción. La escena refleja el contraste entre la vida diaria de la calle y las consecuencias de un suceso que alteró profundamente el paisaje urbano de la zona, dejando una huella visible en sus edificaciones.


La imagen muestra una amplia panorámica del estado en que quedó la zona tras la desaparición de parte de las edificaciones afectadas, con grandes superficies cubiertas de escombros y restos de construcciones derruidas. En primer plano se aprecia un solar lleno de materiales procedentes de los derrumbes, mientras al fondo permanecen otros edificios que permiten observar la dimensión del espacio urbano afectado.

La escena refleja la fase posterior a la destrucción, cuando el lugar había quedado convertido en un área abierta de ruinas y restos constructivos. Las paredes parcialmente conservadas, los muros dañados y las estructuras aún en pie muestran la magnitud de los desperfectos y el profundo cambio que sufrió aquel entorno de la ciudad, antes de su posterior recuperación y transformación.

El recuerdo de una tragedia que marcó a La Línea

El incendio de Almacenes Mérida quedó grabado en la memoria colectiva de La Línea de la Concepción como uno de los sucesos más impactantes de su historia reciente. En pocas horas, un establecimiento que formaba parte de la vida comercial de la ciudad quedó reducido a ruinas, provocando una profunda conmoción entre comerciantes, trabajadores, vecinos y familias que contemplaron con impotencia cómo las llamas destruían años de esfuerzo y dedicación.

La tragedia no solo se midió en pérdidas materiales, valoradas en cientos de millones de pesetas, sino también en el impacto humano que dejó entre quienes vivieron aquellas horas de angustia. Propietarios, empleados y vecinos tuvieron que enfrentarse a la desaparición de un referente comercial y a la incertidumbre provocada por los daños ocasionados en las viviendas cercanas. La evacuación de familias, la presencia constante de los equipos de emergencia y la solidaridad de numerosos ciudadanos reflejaron el espíritu de colaboración de una ciudad unida ante la adversidad.

Durante aquella larga jornada, los bomberos de La Línea, con el apoyo de otros servicios desplazados desde localidades cercanas, trabajaron sin descanso para controlar un fuego que superó los medios disponibles. Entre humo, escombros y estructuras dañadas, realizaron una labor abnegada que permitió evitar consecuencias aún mayores. La intervención de voluntarios, autoridades y vecinos puso de manifiesto la capacidad de respuesta y la solidaridad de toda una comunidad.

Con el paso del tiempo, las ruinas de Almacenes Mérida fueron desapareciendo del paisaje urbano, pero las imágenes conservadas en la prensa permanecen como testimonio de aquel episodio. Fotografías de edificios hundidos, bomberos entre los restos, vecinos desalojados y calles cubiertas de escombros forman hoy parte de la memoria histórica de La Línea.

Aquel incendio no fue únicamente la pérdida de un edificio; fue la desaparición momentánea de un espacio ligado a la actividad económica y a la vida cotidiana de muchas personas. Sin embargo, también mostró la fortaleza de una ciudad capaz de levantarse después de los momentos más difíciles. La historia de Almacenes Mérida permanece así como un recuerdo de dolor, esfuerzo y solidaridad, un capítulo más de la historia de La Línea en Blanco y Negro.



miércoles, 22 de julio de 2026

¿Sabías que...? En la semana de Feria de 1970: El Teatro Cómico estrenaba en La Línea la película En un lugar de La Manga

 







Coincidiendo con la celebración de la Velada y Fiestas de La Línea de 1970, el Teatro Cómico ofrecía a los linenses uno de los estrenos cinematográficos más esperados del verano. El cartel anunciaba como gran atractivo de la feria la proyección de En un lugar de La Manga, una divertida comedia musical dirigida por Mariano Ozores y protagonizada por dos de los artistas más populares del momento: Manolo Escobar y Conchita Velasco.

La llegada de la película a La Línea suponía todo un acontecimiento social. Durante aquellos años era tradición que los principales cines de la ciudad aprovecharan la semana de feria para programar grandes estrenos nacionales, convirtiendo las sesiones cinematográficas en uno de los entretenimientos favoritos de vecinos y visitantes.

Una historia de amor entre el progreso y las tradiciones

La película desarrolla una trama ambientada en La Manga del Mar Menor, cuando el turismo comenzaba a transformar profundamente el litoral mediterráneo español.

La poderosa constructora Bel-Mar proyecta levantar un gigantesco complejo turístico en la zona. Sin embargo, sus planes encuentran un obstáculo inesperado: Juan, un humilde fabricante de guitarras y propietario de unas tierras heredadas de su familia —interpretado por Manolo Escobar—, se niega rotundamente a venderlas.

Ante el fracaso de las negociaciones, la empresa decide recurrir a un método poco convencional. Envía a Alicia (o Francisca, según algunas fuentes), interpretada por Conchita Velasco, una joven secretaria moderna y sofisticada, con la misión de ganarse la confianza del propietario y convencerlo para que firme el contrato de compraventa.

Lo que comienza como una estrategia empresarial acaba convirtiéndose en una auténtica historia de amor. Ambos terminan enamorándose sinceramente, dando lugar a una divertida sucesión de situaciones en las que chocan dos formas muy distintas de entender la vida: la modernidad y el desarrollo urbanístico frente a los valores tradicionales, el arraigo familiar y la defensa de la tierra heredada.

Como era habitual en las películas protagonizadas por Manolo Escobar, el argumento mezcla humor, romance, música y costumbrismo, ofreciendo una imagen optimista de la España del desarrollo económico de finales de los años sesenta.

Un reparto de auténtico lujo

El largometraje reunió a algunas de las figuras más destacadas del cine español de la época.

Encabezaban el reparto:

  • Manolo Escobar, como Juan, el propietario de las tierras cuya negativa desencadena toda la historia.
  • Conchita Velasco, como Alicia (Francisca), la secretaria enviada por la empresa inmobiliaria.

Junto a ellos participaban otros grandes nombres de la interpretación española:

  • José Luis López Vázquez, en el papel de Don Felipe, el ambicioso directivo de la constructora.
  • Manolo Gómez Bur, como Enrique Galfaña (Garralla), el peculiar contable de la empresa.
  • Gracita Morales, interpretando a Angustias, uno de esos personajes entrañables que caracterizaron su extensa carrera.
  • Joaquín Roa, como Casimiro, el abuelo del protagonista.
  • Álvaro de Luna, Rafael Hernández y Erasmo Pascual, formando parte del grupo de amigos de Juan.
  • Además, el inolvidable dúo humorístico Tip y Coll realizó varias apariciones cómicas interpretando a unos operarios del taller.

Las canciones que conquistaron España

Uno de los grandes atractivos de la película era su banda sonora, compuesta por algunos de los mayores éxitos de Manolo Escobar, grabados para la discográfica Belter.

Entre las canciones destacaban:

  • Mi carro, convertida poco después en uno de los mayores éxitos de toda la historia de la música española.
  • A la lima y al limón.
  • Viva el sol de España.
  • Guitarra con alma.
  • Moderno pero español.
  • Así soy yo.

Estas interpretaciones contribuyeron decisivamente al enorme éxito comercial de la película y consolidaron definitivamente la figura de Manolo Escobar como uno de los artistas más populares del país.

Ficha técnica

La película fue dirigida por Mariano Ozores, con guion del propio Ozores junto al dramaturgo Alfonso Paso.

La música original fue compuesta por Adolfo Waitzman, mientras que la fotografía corrió a cargo de Emilio Foriscot.

Fue producida por José Frade Producciones Cinematográficas y Arturo González Producciones Cinematográficas, dentro del género de la comedia musical, con una duración aproximada de 92 minutos.

El estreno durante la Velada de La Línea

El cartel anunciador informaba de que En un lugar de La Manga se proyectaría como "Magnífico estreno durante la semana de Feria" en el Teatro Cómico, uno de los cines más emblemáticos de La Línea durante buena parte del siglo XX.

La programación cinematográfica formaba parte inseparable de las fiestas patronales. Mientras durante el día las calles se llenaban de casetas, atracciones y actividades populares, por la noche los teatros y cines ofrecían espectáculos para todos los públicos, siendo los estrenos nacionales uno de los acontecimientos culturales más esperados.

La presencia de una película protagonizada por Manolo Escobar, que entonces se encontraba en el momento culminante de su popularidad, garantizaba una extraordinaria afluencia de espectadores.

Tal día como hoy en La Línea

En plena celebración del Centenario de La Línea de la Concepción y de su tradicional Velada y Fiestas, el Teatro Cómico ofrecía a los linenses el estreno de En un lugar de La Manga. Aquella proyección permitió al público disfrutar de una de las comedias musicales más populares del cine español de los años setenta, protagonizada por Manolo Escobar, Conchita Velasco y un extraordinario reparto de grandes actores. Fue una muestra más del intenso ambiente festivo que vivía la ciudad durante aquellas jornadas del verano de 1970, cuando el cine seguía siendo uno de los grandes entretenimientos colectivos y un punto de encuentro para varias generaciones de linenses.








martes, 21 de julio de 2026

¿Sabías que...? Tal día como hoy, 20 de julio de 1970: La Línea inauguró el monolito conmemorativo de su Primer Centenario

 









 (Publicado por el Diario ÁREA el 21 de julio de 1970)

El 20 de julio de 1970 quedó grabado para siempre en la historia de La Línea de la Concepción. Coincidiendo con el cumplimiento de los cien años de la constitución del Ayuntamiento de la ciudad, el municipio vivió uno de los actos institucionales más solemnes de cuantos se celebraron con motivo de su Centenario: la inauguración del monolito conmemorativo del Primer Centenario de La Línea, un monumento concebido para perpetuar la memoria de aquella jornada histórica en la que la localidad inició oficialmente su vida como municipio independiente.

La ceremonia reunió a las principales autoridades civiles y militares, representantes de instituciones, asociaciones y un numeroso público que quiso participar en un acontecimiento cargado de simbolismo. La presencia del alcalde de San Roque, Juan Jiménez Pérez, respondía al deseo de ambas corporaciones de convertir la efeméride en un acto de confraternidad entre dos municipios unidos por una historia común.



El descubrimiento del monumento





El acto comenzó con el descubrimiento del monolito por los alcaldes de La Línea y San Roque, quienes retiraron conjuntamente la enseña que cubría el monumento. Seguidamente, el secretario del Ayuntamiento dio lectura al acuerdo adoptado por el Pleno municipal el 4 de junio de 1970, mediante el cual se aprobó la erección del monumento destinado a conmemorar el Primer Centenario de la Ciudad.

El monolito se convirtió desde ese momento en el principal símbolo material de la celebración centenaria. Sobre la piedra quedó grabada una inscripción que resumía el motivo de su construcción:

«A la Ciudad en su Primer Centenario. 1870-1970.»

En la cara opuesta se recogía otra inscripción histórica:

«Alcaldes. 20 de julio de 1870: don Lutgardo López Muñoz. 20 de julio de 1970: don Juan Blasco Quintana.»

Además, el monumento incorporaba los escudos de España y de La Línea de la Concepción, reforzando su carácter institucional y conmemorativo.



El emotivo discurso del alcalde de San Roque



Tras la lectura del acuerdo municipal tomó la palabra el alcalde de San Roque, Juan Jiménez Pérez, quien pronunció un discurso de profundo contenido histórico y sentimental.

Comenzó recordando que, cuatro generaciones después, sanroqueños y linenses volvían a reunirse como lo habían hecho sus antepasados cuando, tras la pérdida de Gibraltar en 1704, compartieron un mismo destino y una misma esperanza de regresar algún día a la ciudad perdida.

Recordó cómo durante más de siglo y medio San Roque había acogido a quienes abandonaron Gibraltar, conservando el espíritu de la antigua ciudad mientras el núcleo de población que acabaría convirtiéndose en La Línea comenzaba lentamente a crecer junto a la frontera.

El alcalde sanroqueño evocó igualmente las palabras pronunciadas por Pío Baroja durante su visita a la comarca, cuando describió la estrecha relación existente entre ambas localidades. Explicó que, si en otro tiempo La Línea había sido considerada una "hija pequeña" de San Roque, con el paso del tiempo ambas ciudades habían desarrollado una personalidad propia sin perder los vínculos históricos que las unían.




Especial emoción despertó cuando afirmó:

«Nos une el trabajo, nos une la esperanza, nos une la ilusión, nos une el origen y el destino.»

Con estas palabras quiso transmitir que el Centenario no debía contemplarse como una separación entre municipios, sino como la celebración de una historia compartida.

Antes de finalizar, expresó públicamente el deseo de los sanroqueños de felicitar a La Línea por su primer siglo de existencia y formuló un emotivo brindis por su futuro:

«Que este segundo siglo de existencia que hoy comienza no conozca más que venturas y progreso.»

Sus últimas palabras fueron acogidas con una larga ovación cuando concluyó con un emocionado:

«¡Viva La Línea de la Concepción!»


La intervención del alcalde Juan Blasco Quintana



A continuación intervino el alcalde de La Línea, Juan Blasco Quintana, quien pronunció uno de los discursos institucionales más importantes de su mandato.

Comenzó evocando la jornada del 20 de julio de 1870, cuando en una modesta escuela de la entonces aldea quedó constituido el primer Ayuntamiento provisional que iniciaría la organización del nuevo municipio.

Recordó la enorme responsabilidad asumida por aquellos primeros concejales, quienes aceptaron el difícil reto de levantar una ciudad prácticamente desde cero, dotándola de administración, servicios públicos e identidad propia.

Blasco Quintana destacó que aquellos hombres supieron mirar al futuro con valentía y convertir un pequeño núcleo de población en una ciudad moderna gracias al esfuerzo de varias generaciones de linenses.



Uno de los momentos más significativos de su intervención fue el recuerdo del acuerdo adoptado apenas un día después de la constitución del Ayuntamiento, el 21 de julio de 1870, cuando la Corporación decidió sustituir la denominación inicialmente propuesta de «Villa de la Línea de la Victoria» por la de «La Línea de la Concepción», en honor a la Purísima Concepción, patrona de España y advocación profundamente arraigada entre los habitantes del nuevo municipio.



El alcalde repasó posteriormente algunos de los grandes hitos del desarrollo de la ciudad: la consolidación de su Ayuntamiento, el crecimiento urbano, la mejora de las comunicaciones y la constante aspiración de progreso que había caracterizado a La Línea desde su nacimiento.

Uno de los pasajes más emotivos de su discurso estuvo dedicado a la relación con San Roque. Afirmó que la inauguración del monolito representaba no solo un homenaje al pasado, sino también un símbolo de entendimiento entre ambas ciudades, unidas por vínculos históricos, familiares y humanos.

En ese contexto recordó un proyecto largamente deseado por la ciudad: la construcción del ferrocarril entre Algeciras y La Línea, cuya propuesta se remontaba a 1913. Señaló que aquel trazado debía entenderse como una infraestructura de interés común para toda la comarca y no como un motivo de enfrentamiento entre municipios.

Blasco Quintana insistió en que el progreso del Campo de Gibraltar solo podía alcanzarse mediante la colaboración entre todos sus pueblos y expresó su confianza en que el segundo siglo de vida de La Línea estuviera presidido por el desarrollo económico, la convivencia y el bienestar.

Concluyó afirmando que la mejor forma de honrar a quienes fundaron la ciudad consistía en continuar trabajando por engrandecerla y dejar a las generaciones futuras una La Línea aún más próspera.



La firma en el Libro de Oro

Finalizado el acto junto al monumento, las autoridades se trasladaron al Ayuntamiento, donde el alcalde de San Roque firmó en el Libro de Oro de la Ciudad, dejando constancia de su participación en los actos del Centenario.

Posteriormente, Juan Blasco Quintana agradeció públicamente la presencia de la representación sanroqueña, destacando que encuentros de este tipo fortalecían los lazos históricos entre ambas poblaciones.

El alcalde de San Roque respondió manifestando que nunca olvidarían la invitación recibida y expresó su deseo de que actos semejantes continuaran celebrándose en el futuro como ejemplo de cooperación y entendimiento.



Un símbolo para la historia de La Línea

La inauguración del monolito del Primer Centenario constituyó uno de los actos más representativos de las celebraciones de 1970. No fue únicamente la colocación de un monumento, sino la materialización del reconocimiento a un siglo de esfuerzo colectivo, protagonizado por varias generaciones de linenses que transformaron un pequeño núcleo fronterizo en una ciudad con identidad propia.

El monumento quedó desde entonces como un lugar de memoria, destinado a recordar el nacimiento del municipio el 20 de julio de 1870 y a rendir homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que hicieron posible el desarrollo de La Línea de la Concepción durante su primer siglo de existencia.

Tal día como hoy en La Línea

El 20 de julio de 1970, La Línea celebró mucho más que un aniversario. Celebró el reconocimiento a cien años de historia, de esfuerzo y de crecimiento. La inauguración del monolito del Centenario simbolizó la consolidación definitiva de la ciudad como municipio independiente y puso de manifiesto la voluntad de mirar al futuro sin olvidar sus raíces. La presencia conjunta de las corporaciones de La Línea y San Roque convirtió además la jornada en un emotivo gesto de reconciliación histórica y de reconocimiento mutuo, recordando que ambas ciudades comparten un origen común nacido tras la pérdida de Gibraltar en 1704 y una historia estrechamente vinculada desde entonces.




lunes, 20 de julio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy, 20 de julio, en 1872, La Línea dio un paso decisivo para definir oficialmente su término municipal

 








20 de julio de 1872: La Línea designó su comisión para el deslinde oficial de su término municipal con San Roque

La sesión celebrada por el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción el 20 de julio de 1872 abordó uno de los asuntos más trascendentales para la consolidación administrativa del joven municipio: el inicio de los trabajos destinados a fijar de forma precisa los límites de su término municipal con el vecino municipio de San Roque.

La Corporación dio lectura a un oficio fechado el 19 de julio de 1872, remitido por el Jefe de Brigada del Instituto Geográfico, organismo encargado de realizar los trabajos topográficos necesarios para establecer con exactitud la delimitación entre ambos términos municipales. En dicha comunicación se informaba al Ayuntamiento de que el lunes 22 de julio tendría lugar el acto oficial del deslinde, solicitándose que la Corporación designara una comisión que acudiese en representación del municipio linense.

La petición llegaba en un momento especialmente importante para La Línea de la Concepción. Apenas habían transcurrido algo más de dos años desde que la localidad obtuviera su independencia administrativa y comenzara a organizar su propio Ayuntamiento. La delimitación exacta del término municipal constituía un paso imprescindible para consolidar jurídicamente la nueva población, ya que de ella dependían cuestiones tan relevantes como la administración del territorio, la recaudación de impuestos, la ejecución de obras públicas, el aprovechamiento de terrenos comunales y el ejercicio de la autoridad municipal.

Abierto el debate sobre el asunto, la Corporación acordó elegir a los representantes que asistirían al acto oficial del deslinde. Fueron designados el segundo teniente de alcalde, don Antonio Bernal Sánchez, y el caballero regidor síndico, don Pedro García Castro, dos de los miembros del Ayuntamiento que asumirían la representación institucional del municipio durante los trabajos técnicos.

Consciente de que el conocimiento práctico del terreno resultaba indispensable para la correcta identificación de mojones, caminos, cañadas, accidentes geográficos y antiguos límites jurisdiccionales, el Ayuntamiento decidió que la comisión estuviera acompañada por dos vecinos especialmente conocedores del término municipal, actuando como peritos prácticos. Para esta función fueron nombrados don Juan López Muñoz y don Miguel Pizarro Morales, cuya experiencia sobre el terreno serviría de apoyo a los técnicos del Instituto Geográfico durante las operaciones de reconocimiento.

La presencia de estos peritos tenía una enorme importancia en una época en la que la cartografía moderna todavía se encontraba en pleno desarrollo y muchas delimitaciones territoriales descansaban sobre referencias tradicionales transmitidas por generaciones de vecinos, propietarios y agricultores. Su conocimiento directo del paisaje permitía identificar con precisión antiguos mojones, cursos de agua, veredas y otros elementos utilizados históricamente como límites entre municipios.

El Ayuntamiento también adoptó las medidas materiales necesarias para facilitar el desplazamiento de la comisión hasta los lugares donde habrían de desarrollarse los trabajos topográficos. Para ello acordó alquilar dos caballos a don Antonio Cabello, abonándole la cantidad de 7,50 pesetas, gasto que fue autorizado como parte de los costes derivados de la representación oficial del municipio.

Aunque pueda parecer un detalle menor, esta anotación refleja con claridad la forma en que se desarrollaban las comisiones municipales durante el siglo XIX. Los desplazamientos por amplias zonas del término se realizaban normalmente a caballo, especialmente cuando era necesario recorrer caminos rurales, terrenos arenosos o espacios aún poco comunicados. El alquiler de las monturas constituía un gasto habitual cuando los representantes municipales debían acudir a inspecciones, deslindes o actuaciones oficiales fuera del casco urbano.

La reunión prevista para el 22 de julio de 1872 suponía un paso decisivo dentro del proceso de organización territorial de La Línea de la Concepción. La intervención conjunta de los técnicos del Instituto Geográfico, los representantes de ambos ayuntamientos y los peritos conocedores del terreno permitía avanzar hacia la fijación oficial de unos límites municipales que aportarían seguridad jurídica y evitarían futuros conflictos de competencias entre ambos municipios.

Este acuerdo pone de manifiesto la importancia que el Ayuntamiento concedía a la defensa de los intereses territoriales del nuevo municipio. La correcta delimitación de su término no sólo afectaba a cuestiones administrativas, sino también a la propiedad de terrenos, al desarrollo urbano futuro y al ejercicio de las competencias municipales sobre una población que comenzaba entonces a consolidarse como una de las localidades de mayor crecimiento del Campo de Gibraltar.

La sesión del 20 de julio de 1872 constituye, por tanto, un valioso testimonio de los primeros esfuerzos institucionales realizados por el Ayuntamiento de La Línea para dotar al municipio de una delimitación territorial perfectamente definida, participando activamente en unos trabajos topográficos que resultarían fundamentales para la configuración definitiva del término municipal que, con diversas modificaciones posteriores, ha llegado hasta nuestros días.

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20 de julio de 1870 Comienza la Aventura para el Nuevo Municipio de La Línea

 






Breve Biografía de José Muñoz Molleda

 




martes, 14 de julio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy, 14 de julio, debutaba en la Velada de La Línea el espectacular Teatro Chino con el gran artista Gitano Blanco

 







El Teatro Chino llevó a La Línea el gran espectáculo de variedades "Estrellas del Mundo"

Cartel publicitario del Teatro Chino instalado en la Feria de La Línea de la Concepción.

Durante las décadas centrales del siglo XX, pocas atracciones despertaban tanta expectación en las ferias españolas como la llegada de los grandes teatros ambulantes de variedades. Entre ellos ocupaba un lugar destacado el Teatro Chino, una de aquellas compañías itinerantes que recorrían el país levantando enormes carpas de lona en los recintos feriales y ofreciendo espectáculos que reunían música, humor, baile, flamenco, magia y revista en una misma función. Cuando esta compañía llegó a La Línea de la Concepción, convirtió durante varios días el recinto ferial en uno de los principales focos de atracción de vecinos y visitantes.

El cartel conservado constituye un magnífico testimonio de aquella forma de entender el ocio popular. Impreso en los talleres de Imprenta Cañamero de La Línea, anunciaba el debut de la compañía un sábado 14, con dos representaciones nocturnas, a las 10:30 y 12:45, horarios habituales en las grandes ferias, cuando la actividad del Real alcanzaba su mayor intensidad y el público llenaba casetas, barracas y teatros.

La gran figura del espectáculo era Gitano Blanco, anunciado con enorme protagonismo como «el actor que canta». Su fotografía ocupaba buena parte del cartel y su nombre aparecía destacado como principal reclamo de una producción denominada «Estrellas del Mundo», definida por los empresarios como «la más fastuosa producción arrevistada». No era una frase casual. En la España de aquellos años la competencia entre compañías ambulantes era enorme y cada una trataba de presentarse como la más espectacular, prometiendo decorados llamativos, grandes números musicales y artistas de reconocido prestigio dentro de los circuitos de variedades.

Gitano Blanco era uno de esos artistas completos que tanto éxito alcanzaban entonces. No se limitaba a cantar; combinaba interpretación, humor, presencia escénica y dominio del público, convirtiéndose en el auténtico eje alrededor del cual giraba todo el espectáculo. Su presencia garantizaba la afluencia de espectadores y daba prestigio a la compañía allí donde actuaba.

Pero el cartel revela que el verdadero atractivo del Teatro Chino no descansaba únicamente en una estrella principal, sino en un elenco extraordinariamente amplio, pensado para que durante más de dos horas el público no encontrara un solo momento de aburrimiento. Cada número era distinto al anterior y cada artista aportaba un estilo diferente, de modo que la función avanzaba con un ritmo constante, alternando canciones, bailes, humor y números visuales.

Entre los intérpretes figuraba el trío vocal Los Tres del Mar, encargado de interpretar armonías y canciones de moda; la cantaora Sultana de Jerez, presentada como estrella de la canción flamenca; el cancionero Pepe Montes; la canzonetista Luci del Castillo; el humorista Artije; la extraordinaria pareja de baile formada por los Hermanos Sevilla; la bailarina África de Veracruz; la vedette Cristine, anunciada como escultural vedette; el artista Waldo, definido simplemente como polifacético; el cantante Jorge Carasso, presentado como el divo de la voz de oro; la elegante vedette Carmen Climent; el bailarín Diamante Negro; las Hermanas Vázquez, calificadas como bellísimas canzonetistas modernas; Geny y Reynet, conocidos como los reyes de la gracia; Mary Carmen Sala, vedette moderna; Paquita Vera, sugestiva vedette; Benjamín Salvador, fenomenal cancionero; Wong Maw Ting, fantasista y malabarista; Rafael Izquierdo, actor cómico y locutor; Chiquito de Cádiz, anunciado nada menos que como «la octava maravilla de la canción»; Kelo, definido como «el más genial humorista de todos», y el guitarrista Juan Zarzo, encargado del acompañamiento musical de buena parte de los artistas.

La composición del elenco permite comprender perfectamente cómo funcionaban aquellas compañías de variedades. No existía un único espectáculo, sino una sucesión continua de actuaciones breves cuidadosamente ordenadas para mantener la atención del público. Tras una actuación flamenca podía aparecer un humorista; después llegaba una vedette con un gran número coreográfico; inmediatamente intervenía un malabarista o un cantante de copla, para continuar con un dúo de baile y regresar finalmente a la figura principal de la compañía.

Aquellos teatros ambulantes eran auténticas empresas viajeras. Los artistas vivían prácticamente sobre la carretera, recorriendo durante meses el calendario de ferias de toda España. Al concluir las actuaciones en una ciudad desmontaban la enorme carpa durante la madrugada, cargaban todo el material en camiones y emprendían viaje hacia el siguiente destino. Su existencia era dura, marcada por los desplazamientos constantes, largas jornadas de trabajo y una intensa convivencia, pero también ofrecía una libertad y una cercanía con el público que difícilmente podían encontrarse en otros escenarios.

La llegada del Teatro Chino a una localidad constituía siempre un acontecimiento. Durante los días previos podían verse por las calles carteles como éste, repartirse programas de mano y anunciarse las funciones mediante vehículos con altavoces que recorrían la población invitando a asistir al espectáculo. La publicidad era esencial para llenar la enorme carpa, capaz de albergar a cientos de espectadores.

En el caso de La Línea de la Concepción, el Teatro Chino encontró un escenario especialmente favorable. La ciudad vivía intensamente sus fiestas patronales y el recinto ferial concentraba durante esos días miles de personas procedentes no sólo del municipio, sino también del resto del Campo de Gibraltar e incluso de Gibraltar. Las corridas de toros, los conciertos, las casetas, las atracciones mecánicas y los teatros ambulantes formaban parte inseparable del ambiente festivo.

La función comenzaba avanzada la noche, cuando el paseo de la Feria estaba completamente iluminado y las familias paseaban entre casetas, barracas y puestos. Tras la primera representación, muchos espectadores permanecían en el recinto esperando la segunda función, mientras otros aprovechaban para recorrer nuevamente el Real antes de regresar al teatro. Era una feria que apenas dormía y donde el espectáculo continuaba hasta bien entrada la madrugada.

El propio nombre de Teatro Chino no tenía relación con artistas procedentes de Asia. Se trataba de una denominación comercial muy utilizada en la época para transmitir exotismo y despertar la curiosidad del público. En realidad, la mayoría de los integrantes eran artistas españoles especializados en copla, flamenco, revista, humor o variedades, aunque algunos adoptaban nombres artísticos extranjeros para reforzar el carácter internacional del espectáculo.

Resulta igualmente interesante observar el lenguaje empleado en el cartel. Expresiones como «escultural vedette», «fenomenal cancionero», «extraordinaria pareja de baile» o «el más genial humorista de todos» formaban parte de una estrategia publicitaria destinada a impresionar al lector antes incluso de entrar en la carpa. Cada artista aparecía acompañado de un calificativo que exaltaba sus cualidades y contribuía a crear una sensación de espectáculo extraordinario.

Con el paso de los años, muchos de aquellos nombres han quedado prácticamente olvidados, ya que la mayoría desarrolló toda su carrera sobre los escenarios ambulantes, lejos de las grandes compañías discográficas o de la televisión. Su memoria ha sobrevivido gracias a programas de mano, fotografías, anuncios de prensa y carteles como éste, que permiten reconstruir una parte fundamental de la historia del espectáculo popular en España.

Hoy este cartel constituye mucho más que un simple anuncio publicitario. Es un documento histórico que refleja cómo eran las ferias de La Línea, cuáles eran las preferencias del público, cómo funcionaban las compañías itinerantes de variedades y qué ambiente se respiraba en aquellas noches de verano en las que la ciudad se transformaba por completo. El Teatro Chino representó durante aquellos días la ilusión del espectáculo, el brillo de las luces del Real y la capacidad de la feria para reunir sobre un mismo escenario música, humor, baile y fantasía, convirtiéndose en uno de los recuerdos más entrañables de la historia festiva de La Línea de la Concepción.

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