Llamamiento de la Alcaldía para combatir la crisis obrera mediante obras de reparación urbana (22 de junio de 1932)
El 22 de junio de 1932, en uno de los momentos más difíciles que atravesaba la economía local durante los primeros meses de la Segunda República, la Alcaldía de La Línea de la Concepción, presidida por don Antonio Gil Ruiz, hizo público un llamamiento dirigido a los propietarios de fincas urbanas con el propósito de contribuir a paliar la grave situación de desempleo que afectaba a centenares de trabajadores linenses.
El documento, difundido oficialmente bajo el encabezamiento de la Alcaldía de La Línea, reflejaba con claridad la preocupación existente en aquellos momentos por el incremento constante del paro obrero. La autoridad municipal reconocía abiertamente que la crisis laboral estaba alcanzando en la ciudad unas dimensiones alarmantes, calificando la situación de extraordinariamente grave y afirmando que todos los esfuerzos de la Corporación se orientaban a mitigar sus consecuencias.
La Alcaldía señalaba que la magnitud del problema exigía la colaboración activa de todos los sectores sociales y económicos de la localidad. Consideraba insuficiente la actuación exclusiva de las instituciones públicas si no existía una respuesta solidaria por parte de quienes, debido a su posición económica y social, estaban en condiciones de contribuir a aliviar la falta de trabajo que padecían numerosos vecinos.
En este contexto, el Ayuntamiento dirigió un llamamiento expreso a los propietarios de inmuebles urbanos para que acometieran las reparaciones y mejoras que pudieran resultar necesarias en sus edificios. Según se indicaba, la ejecución de estas obras no solo contribuiría a generar empleo inmediato para los trabajadores desempleados, sino que además permitiría mejorar el aspecto urbano de la ciudad y corregir numerosos problemas de conservación existentes en muchas viviendas.
La Alcaldía subrayaba que el abandono de determinadas fincas ofrecía una imagen poco favorable de la población, circunstancia que consideraba especialmente preocupante en una ciudad que tradicionalmente se había distinguido por la buena presencia y el cuidado de sus construcciones. La realización de obras de reparación serviría simultáneamente para embellecer la localidad, mejorar las condiciones de salubridad de muchas viviendas y proporcionar ocupación a quienes carecían de recursos.
El escrito insistía en que las posibilidades económicas del Ayuntamiento resultaban limitadas. Los fondos municipales destinados a la realización de obras públicas no permitían absorber el elevado número de trabajadores que buscaban empleo, por lo que se hacía imprescindible encontrar fórmulas complementarias capaces de generar nuevas oportunidades laborales.
La Corporación consideraba que el esfuerzo solicitado a los propietarios era relativamente moderado si se comparaba con los beneficios colectivos que podía producir. Por ello apelaba al interés general de la población y a la responsabilidad social de los particulares, invitándoles a participar activamente en la resolución de un problema que afectaba al conjunto del municipio.
La Alcaldía informaba igualmente de las gestiones realizadas ante el Gobierno de la República para obtener recursos extraordinarios destinados a combatir el desempleo. En este sentido, anunciaba que el Estado había librado ya una primera cantidad de 50.000 pesetas, correspondiente al trimestre que finalizaba el 31 de julio, destinada a financiar la construcción del Camino Vecinal desde La Atunara hasta el Puerto del Higuerón.
Aquella obra pública representaba una importante esperanza para numerosos obreros desempleados, puesto que permitiría la contratación de mano de obra local durante varios meses. Sin embargo, el Ayuntamiento advertía que los trabajos no comenzarían de forma inmediata, estimándose un plazo aproximado de un mes para su inicio. Precisamente por ello se consideraba imprescindible que durante ese periodo transitorio los propietarios particulares contribuyeran mediante la ejecución de obras privadas capaces de absorber una parte del desempleo existente.
La Alcaldía manifestaba su confianza en que los titulares de inmuebles comprendieran la trascendencia social del momento y se apresuraran a contratar el mayor número posible de trabajadores, convencida de que esa colaboración permitiría reducir considerablemente la tensión social derivada de la falta de empleo.
El llamamiento incluía además una referencia expresa a la legislación laboral vigente. El Ayuntamiento recordaba la obligación de respetar la jornada legal de ocho horas y mostraba su interés en que las nuevas contrataciones beneficiaran prioritariamente a los obreros que realmente se encontraban sin trabajo.
Por ello recomendaba que las obras de reparación fueran ejecutadas preferentemente por trabajadores parados de la localidad y no por personas que ya disponían de empleo fuera del municipio y que, una vez concluida su jornada ordinaria, realizaban trabajos complementarios. Según entendía la Alcaldía, esta práctica perjudicaba directamente a quienes carecían por completo de ocupación y agravaba las dificultades económicas de numerosas familias.
La preocupación municipal por esta cuestión respondía a la creciente conflictividad social existente en aquellos años, en los que la escasez de oportunidades laborales constituía una de las principales inquietudes de la población trabajadora del Campo de Gibraltar. La Línea, debido a su dependencia económica de actividades estacionales, de la construcción y de los intercambios con Gibraltar, sufría especialmente los efectos de las fluctuaciones económicas y de las restricciones laborales.
El documento concluía con una apelación al espíritu de colaboración colectiva. La Alcaldía expresaba su convencimiento de que todos los destinatarios del llamamiento responderían favorablemente y contribuirían de manera decidida a aliviar una situación que calificaba como de máxima importancia para el bienestar de la ciudad.
Firmado por don Antonio Gil Ruiz, alcalde de La Línea de la Concepción, este escrito constituye un valioso testimonio de los esfuerzos realizados por las autoridades municipales republicanas para afrontar el problema del desempleo mediante fórmulas de cooperación entre la administración pública y la iniciativa privada. Asimismo, refleja las dificultades económicas que atravesaba la población durante los primeros años de la Segunda República y la importancia que se concedía a las obras públicas y a la actividad constructiva como instrumentos fundamentales para combatir el paro obrero y mantener la estabilidad social del municipio.
Tal día como hoy en La Línea
Este llamamiento municipal constituye un valioso testimonio de las dificultades económicas que vivía La Línea de la Concepción durante los primeros años de la década de 1930. La crisis del empleo preocupaba profundamente a las autoridades locales, que buscaban soluciones tanto a través de la inversión pública como mediante la movilización de la iniciativa privada.
El bando refleja asimismo la importancia que las corporaciones municipales concedían a las obras públicas como instrumento para combatir el paro, una política que se materializó en proyectos como el camino vecinal entre La Atunara y el Puerto del Higuerón, considerado entonces una de las principales actuaciones de infraestructura promovidas en el municipio.
Noventa y cuatro años después, aquel documento sigue mostrando cómo la ciudad afrontó uno de los problemas sociales más graves de su tiempo mediante la colaboración entre Ayuntamiento, propietarios, trabajadores y administraciones públicas, en un esfuerzo conjunto por mantener la actividad económica y mejorar las condiciones de vida de la población.
Transcripción del bando
ALCALDÍA DE LA LÍNEA
La crisis de trabajo está tomando en nuestra ciudad proporciones aterradoras, y a mitigarla en lo posible tienden todos los esfuerzos de esta Alcaldía. Pero poco ha de conseguirse si aquellos que por su posición vienen obligados a colaborar con esta Alcaldía en la solución de asunto de tanta importancia social, no se prestan de manera decidida y leal, a amortiguar los efectos desoladores del triste problema de los obreros parados.
Contando con que no se regateará el concurso de todos, esta Alcaldía, encarece a los señores propietarios de fincas urbanas la necesidad que existe de verificar las obras de reparaciones precisas, en bien del ornato, así como de la salubridad de las viviendas. Con ello se atenuará hasta donde sea posible la crisis de trabajo y se conseguirá el embellecimiento de la población, al desaparecer la desagradable visión de fincas que ofrecen un aspecto lamentable de abandono que hablan muy mal de una ciudad como la nuestra que siempre se ha distinguido por el aspecto agradable de sus construcciones, por modestas que fueran.
No estima preciso esta Alcaldía insistir más sobre las razones de conveniencia que obligan a hacer el presente llamamiento; ya que nadie ignora que, agotados los recursos que servían para colocar en las obras municipales determinado número de obreros, es obligado buscar otros medios para facilitar trabajo a los que de él necesitan.
Es un sacrificio, el que propone esta Alcaldía, muy moderado y todos deben prestarse a llevarlo a efecto en bien del interés general y del particular de cada uno. El Gobierno de la República, por su parte, también colabora en la resolución de la crisis obrera en nuestra ciudad, habiendo librado ya las primeras cincuenta mil pesetas correspondientes al trimestre que vence en 31 de julio, que se van a invertir en la construcción del Camino Vecinal de la Cala de la Atunara al Puerto del Higuerón, obras que habrán de dar comienzo en el plazo de un mes, aproximadamente. Pero es indispensable que entretanto se realicen las que encarece esta Alcaldía, a cuyo efecto los Sres. propietarios de fincas urbanas deben apresurarse a colocar el mayor número posible de obreros y el conflicto habrá quedado reducido a su mínima expresión.
Ahora bien, esta Alcaldía se cree obligada a interesar de los trabajadores exijan el cumplimiento de la jornada legal de ocho horas, y a recomendar a los propietarios que en las obras que se realicen se empleen sólo obreros parados y no a los que trabajando fuera de la localidad, después de la jornada se dedican a trabajar con evidente perjuicio de los que carecen de ocupación.
Para terminar, quiere hacer presente esta Alcaldía, su seguridad de que todos aquellos a quienes se dirige este llamamiento, contribuirán con su colaboración decidida a la solución de asunto de tanto interés.
La Línea, 22 de junio de 1932.
EL ALCALDE,
ANTONIO GIL RUIZ.
Imprenta OBRERA, La Línea.