domingo, 12 de julio de 2026

¿Sabías Que...? Tal día como hoy 12 de julio, en 1922, el Periódico Sol publicó un amplio reportaje sobre La Línea

 





«La Patria y La Línea»: el gran reportaje que el diario Sol dedicó a La Línea de la Concepción en julio de 1922


Comienza el Reportaje con una palabras del discurso del diputado a Cortes D. José Luis de Torres Beleña, en el Congreso, en la sesión del día 30 de junio ultimo, defendiendo la concesión de la zona 
franca a La Línea de la Concepción.

.... Y así, poco a poco, dignificados por el trabajo, los habitantes de La Línea dirigieron todas sus iniciativas a engrandecer la población en que vivían, y, por lo mismo que estaban tan inmediatos a suelo extranjero, en ellos existió siempre. Con intensidad admirable, el cariño para su Patria, para su España ....

El miércoles 12 de julio de 1922, el prestigioso diario madrileño Sol, considerado uno de los periódicos de mayor influencia política, económica y cultural de la España de comienzos del siglo XX, publicó en su página sexta un extenso reportaje dedicado íntegramente a La Línea de la Concepción bajo un significativo título: «La Patria y La Línea». No era habitual que un periódico de difusión nacional dedicara una página completa a una ciudad de reciente creación, circunstancia que pone de manifiesto el interés que despertaba entonces la localidad linense dentro del panorama político español.

El origen inmediato del reportaje se encontraba en la intervención realizada pocos días antes por el diputado a Cortes José Luis de Torres durante el debate celebrado en el Congreso acerca de la necesidad de conceder a La Línea la Zona Franca y habilitar plenamente su Aduana para el comercio internacional. Sin embargo, el periodista fue mucho más allá de la mera crónica parlamentaria. Aprovechó aquella iniciativa para elaborar una auténtica radiografía de la ciudad, describiendo con extraordinario detalle su evolución histórica, su crecimiento demográfico, sus actividades económicas, sus instituciones, sus principales obras públicas y las aspiraciones de una población que consideraba injustamente olvidada por los sucesivos Gobiernos.

Desde las primeras líneas del trabajo se aprecia un tono claramente favorable hacia La Línea. El periodista presenta la ciudad como uno de los ejemplos más llamativos de desarrollo urbano producido en España durante las últimas décadas del siglo XIX. Recuerda que apenas medio siglo antes aquel lugar era poco más que una franja de terreno arenoso situada frente a Gibraltar y que, gracias exclusivamente al esfuerzo de sus habitantes, se había transformado en una ciudad moderna, dinámica y perfectamente organizada.

El artículo contenía un pequeño error cronológico al indicar que la constitución del municipio había tenido lugar en 1872, cuando realmente la segregación administrativa de San Roque se produjo mediante Real Decreto de 17 de enero de 1870. No obstante, esa imprecisión no altera el verdadero propósito del reportaje, que consistía en destacar el extraordinario crecimiento experimentado por una población que, en apenas cincuenta años de existencia, había alcanzado una dimensión económica y urbana difícilmente comparable con la de otras ciudades españolas de similar antigüedad.

El periodista subrayaba que La Línea reunía entonces unos sesenta mil habitantes, cifra que la convertía en uno de los municipios más poblados de Andalucía y en la segunda localidad de la provincia de Cádiz. Esa evolución demográfica era presentada como consecuencia directa de su extraordinaria capacidad para atraer trabajadores, comerciantes e industriales procedentes de muy diversos lugares de España e incluso del extranjero.

Especial interés concede el reportaje a la composición humana de la ciudad. Explica que la población estaba formada por familias procedentes de San Roque, Los Barrios, Algeciras, Jimena, Castellar y otras localidades del Campo de Gibraltar, a las que se habían unido numerosos inmigrantes llegados de otras provincias andaluzas, así como comerciantes y empresarios extranjeros, especialmente italianos de origen genovés. Esa mezcla de procedencias había dado lugar a una sociedad especialmente dinámica, abierta y emprendedora.

Lejos de interpretar esa diversidad como un elemento negativo, el periodista la presenta como una de las grandes fortalezas de La Línea. Considera que aquella convivencia había favorecido el desarrollo de una mentalidad moderna y comercial, sin que ello hubiera supuesto nunca una disminución del sentimiento de pertenencia a España.


Precisamente uno de los aspectos que más llama la atención del artículo es la apasionada defensa que realiza del patriotismo de los linenses. Durante muchos años la proximidad de Gibraltar había provocado que desde determinados sectores políticos y administrativos se contemplara con cierta desconfianza a la población fronteriza. Frente a esa visión, el periodista afirma rotundamente que quienes vivían diariamente junto a la colonia británica eran, precisamente, quienes mejor sabían valorar su condición de españoles.

El trabajo insiste en que los linenses no habían construido su prosperidad mediante privilegios, sino exclusivamente mediante el trabajo. Repite en varias ocasiones que aquella ciudad era fruto del esfuerzo colectivo de miles de obreros, pescadores, comerciantes, agricultores e industriales que habían levantado prácticamente desde la nada uno de los municipios más activos del sur peninsular.

La descripción física de la ciudad ocupa igualmente un amplio espacio dentro del reportaje. El periodista elogia la amplitud y rectitud de sus calles, la limpieza de sus plazas, el aspecto moderno de sus edificios y la excelente ventilación que proporcionaban las continuas brisas procedentes del Mediterráneo y del Atlántico. Considera que pocas poblaciones españolas reunían unas condiciones climáticas tan favorables, circunstancia que contribuía notablemente a la buena salud pública de sus habitantes.

La Línea aparecía descrita como una ciudad luminosa, abierta al mar, perfectamente comunicada con Gibraltar y situada en un punto estratégico excepcional entre Europa y África. El periodista no ocultaba su admiración por el paisaje que rodeaba la localidad, dominado por la presencia del Peñón, la Bahía de Algeciras, la Sierra Carbonera y las montañas del Rif marroquí visibles en los días despejados.

Uno de los capítulos más desarrollados del reportaje es el dedicado a la economía local. El periodista explica que miles de trabajadores cruzaban diariamente la Verja para desempeñar sus labores en Gibraltar, especialmente en el Arsenal, los muelles, los almacenes portuarios y las instalaciones militares británicas. Sin embargo, insiste repetidamente en que sería un grave error reducir toda la economía de La Línea a esa circunstancia.

Describe una ciudad con un importante tejido industrial donde funcionaban fábricas de pastas alimenticias, aserraderos de madera, talleres metalúrgicos, industrias de cemento, piedra artificial, pinturas y otros establecimientos fabriles que daban empleo a numerosos trabajadores. Igualmente destaca la intensa actividad pesquera desarrollada por los barrios marineros y la calidad de las huertas que abastecían tanto a Gibraltar como a buena parte del Protectorado español de Marruecos.

Especial entusiasmo muestra al referirse al potencial comercial de la ciudad. El periodista considera que la privilegiada situación geográfica de La Línea la convertía en un enclave idóneo para el establecimiento de una gran zona de intercambio internacional. Precisamente por ello critica con dureza la negativa del Estado a conceder la habilitación aduanera y la creación de la Zona Franca, medidas que, a su juicio, transformarían por completo la economía local.

En este punto el artículo adquiere un tono claramente reivindicativo. Sostiene que el Estado español estaba desaprovechando una oportunidad excepcional para convertir La Línea en uno de los principales centros comerciales del Mediterráneo occidental. Argumenta que el temor al contrabando no podía seguir utilizándose como excusa para impedir el progreso de toda una población y recuerda que otras ciudades españolas disfrutaban ya de ventajas semejantes sin que ello hubiera generado problemas insalvables para la Hacienda Pública.

El periodista dedica también un amplio espacio a describir el elevado nivel de equipamientos alcanzado por la ciudad. Enumera sus tres teatros, los salones de espectáculos, la plaza de toros, las escuelas nacionales, la Escuela de Artes y Oficios, el moderno Hospital Municipal, el Instituto de Vacunación y Análisis Químicos, el mercado de abastos, los jardines públicos, las instalaciones eléctricas y el nuevo cuartel de Infantería, presentando a La Línea como una ciudad perfectamente equipada para afrontar un futuro de crecimiento.

Especial relevancia concede a la nueva Casa Consistorial, recientemente adquirida por el Ayuntamiento a los herederos de Jerónimo Saccone. La describe como uno de los edificios municipales más elegantes de España y anuncia que su inauguración oficial tendrá lugar durante la inminente Velada de julio, convirtiéndose en el símbolo visible del progreso alcanzado por la ciudad.

Como complemento a esta completa descripción institucional, el periódico ofrece la composición íntegra de la Corporación Municipal, encabezada por el alcalde José Cayetano Ramírez Galuzo, junto con la relación de tenientes de alcalde, regidores síndicos, concejales y principales autoridades civiles, militares, judiciales y religiosas, proporcionando una auténtica fotografía administrativa de La Línea en el verano de 1922.

El reportaje concluye anunciando la inminente celebración de la Velada y Fiestas, que aquel año adquiriría un significado especial por coincidir con la inauguración de la nueva Casa Consistorial y con el descubrimiento del monumento dedicado a Luis Ramírez Galuzo, sufragado mediante suscripción popular. Para el periodista, ambos actos simbolizaban el reconocimiento que la ciudad rendía a quienes habían contribuido decisivamente a su progreso.

Más de un siglo después, este extraordinario trabajo publicado por el diario Sol sigue constituyendo uno de los retratos más completos de La Línea de la Concepción durante el primer tercio del siglo XX. No sólo describe cómo era la ciudad en 1922, sino que transmite la imagen que desde uno de los principales periódicos españoles se proyectaba sobre ella: una población joven, moderna, trabajadora, profundamente española y llena de posibilidades económicas que reclamaba, con argumentos sólidos, el reconocimiento y el apoyo que consideraba merecer por parte del Estado. Por su amplitud, riqueza descriptiva y calidad informativa, este reportaje constituye hoy una fuente histórica de primer orden para comprender la evolución de La Línea en los años de la Restauración y las aspiraciones de una ciudad que buscaba consolidarse como uno de los grandes centros económicos del Campo de Gibraltar.


«Cómo se hace un pueblo»: la apasionada reivindicación de La Línea publicada por el diario Sol en 1922

Dentro del amplio reportaje que el diario madrileño Sol dedicó a La Línea de la Concepción el 12 de julio de 1922, el periódico incluyó un texto independiente bajo el significativo título de «Cómo se hace un pueblo». No se trataba de una información redactada por la redacción del periódico, sino de la reproducción de un fragmento del folleto La Línea se reivindica ante España, cuyo autor era G. Sánchez Cabeza, una obra de marcado carácter reivindicativo que pretendía llamar la atención de la opinión pública nacional sobre la realidad económica, social e histórica de la ciudad.

El artículo comenzaba con una reflexión filosófica atribuida a Pitágoras: «La necesidad hace a la fuerza», una frase que el autor convertía en el eje de toda su argumentación. Según exponía, la historia de La Línea no podía entenderse únicamente como la creación de un nuevo núcleo urbano, sino como la consecuencia directa de la necesidad de supervivencia de miles de familias andaluzas obligadas a abandonar sus pueblos por la pobreza y la falta de oportunidades.

El autor iniciaba su razonamiento invitando al lector a observar la geografía de Andalucía. Recordaba cómo muchas poblaciones antiguas se habían levantado en lugares abruptos, en las laderas de montañas o sobre terrenos poco favorables para el cultivo y la comunicación. A primera vista, aquella elección podía parecer poco lógica; sin embargo, respondía a las circunstancias históricas de cada época, cuando la defensa frente a invasiones o ataques tenía prioridad sobre cualquier otra consideración. Del mismo modo, sostenía que la creación de La Línea tampoco podía explicarse mediante criterios convencionales, sino entendiendo las circunstancias excepcionales que dieron origen a la ciudad.

A partir de ese planteamiento, el texto desarrollaba una dura crítica a la situación que atravesaba Andalucía durante finales del siglo XIX y comienzos del XX. Sánchez Cabeza describía una región extraordinariamente rica por naturaleza, pero profundamente castigada por el abandono administrativo, la pobreza rural y la falta de inversiones públicas. En su opinión, los sucesivos gobiernos españoles habían sido incapaces de ofrecer soluciones eficaces a los problemas estructurales de la región y se habían limitado a mantener una pesada carga fiscal, enviando funcionarios encargados de recaudar impuestos sin preocuparse verdaderamente por mejorar las condiciones de vida de la población.

Con un lenguaje claramente literario y muy propio del periodismo político de comienzos del siglo XX, el autor describía el esfuerzo de los campesinos andaluces trabajando durante interminables jornadas en tierras poco productivas. Aquellos hombres, escribía, permanecían inclinados durante horas sobre los surcos hasta parecer "figuras mecánicas" que besaban continuamente la tierra, obteniendo a cambio únicamente miseria y hambre. Esa imagen pretendía transmitir la dureza de la vida agrícola y explicar por qué miles de familias decidieron abandonar sus pueblos en busca de una oportunidad mejor.

Según el relato, aquellas auténticas caravanas humanas descendían desde el interior de Andalucía hacia el Campo de Gibraltar atraídas por la posibilidad de encontrar trabajo en la colonia británica o de embarcar hacia otros destinos. Gibraltar aparecía descrito como un símbolo de esperanza para quienes huían del hambre, aunque el propio autor aclaraba que la ciudad calpense apenas disponía de espacio suficiente para acoger a todos aquellos emigrantes.

Precisamente esa circunstancia explicaría, según Sánchez Cabeza, el nacimiento de La Línea. Los numerosos trabajadores que no podían establecerse en Gibraltar comenzaron a asentarse sobre el arenal situado frente al Peñón, formando poco a poco un núcleo de población que acabaría transformándose en una ciudad. De ahí que volviera a insistir en la máxima inicial: «La necesidad hace a la fuerza». Para el autor, La Línea no había sido fruto de un plan urbanístico ni de una decisión política, sino de la necesidad imperiosa de sobrevivir.

La descripción que realiza del istmo resulta especialmente expresiva. Lo presenta como un inmenso arenal extendido a los pies del histórico Peñón de Gibraltar, donde la bandera española y la británica parecían encontrarse visualmente a muy corta distancia. Con evidente licencia literaria, escribía que ambas enseñas estaban tan próximas que sus flecos parecían besarse o incluso golpearse mutuamente, como si aún recordaran antiguas disputas entre las dos naciones.

En ese escenario situaba el verdadero origen de La Línea, afirmando que la Providencia había sido compasiva con España al permitir que aquel asentamiento absorbiera a miles de personas necesitadas. A juicio del autor, la existencia de La Línea había evitado conflictos sociales mucho mayores, proporcionando trabajo y sustento a una enorme cantidad de españoles que, de otro modo, habrían quedado completamente abandonados.

Uno de los pasajes más llamativos del artículo es aquel en el que afirma que la ciudad "había salvado a muchos Gobiernos". Con esta expresión pretendía señalar que, gracias a la posibilidad de trabajar en Gibraltar, decenas de miles de andaluces pudieron evitar situaciones extremas de hambre y conflictividad social que, inevitablemente, habrían repercutido sobre la estabilidad política del país.

Tras esa introducción histórica, Sánchez Cabeza pasaba a describir el impresionante crecimiento experimentado por la ciudad. Recordaba que apenas habían transcurrido cincuenta y un años desde su creación oficial y afirmaba que durante ese breve periodo La Línea se había convertido en una de las mayores poblaciones de Andalucía, llegando incluso a señalar una población superior a ochenta mil habitantes, cifra claramente exagerada respecto a los datos demográficos oficiales de la época, aunque utilizada por el autor como recurso para poner de relieve la magnitud del desarrollo alcanzado.

A continuación afirmaba rotundamente que ninguna otra ciudad del mundo había nacido de una forma tan espontánea y extraordinaria. Según su interpretación, el crecimiento de La Línea había sido heroico porque sus habitantes habían tenido que luchar no sólo contra las dificultades económicas propias de cualquier población nueva, sino también contra el permanente desinterés de los distintos gobiernos españoles.

El texto se transforma entonces en una durísima crítica a la Administración del Estado. Sánchez Cabeza sostiene que La Línea no debía prácticamente nada al Gobierno español, ya que todas sus mejoras habían sido realizadas gracias al esfuerzo exclusivo de sus vecinos y de su Ayuntamiento. Para reforzar esa idea, enumera los escasos gastos que, según él, soportaba el Estado en la ciudad: los sueldos de los carabineros, algunos policías, guardias civiles, unos pocos funcionarios de Aduanas, el inspector de Emigración, el comandante militar, un ayudante, un escribiente y el párroco con sus coadjutores.

La enumeración pretendía demostrar que una ciudad de enorme importancia económica apenas recibía recursos estatales, lo que el autor consideraba una injusticia difícilmente explicable.

Como ejemplo de ese abandono, recordaba que hasta 1902 la oficina del comandante militar carecía incluso de un mobiliario digno. Según relataba, fue el Ayuntamiento presidido por Juan Fariñas quien decidió adquirir el mobiliario necesario, pues hasta entonces el despacho se componía de una caja de municiones utilizada como mesa, un cajón de petróleo empleado como asiento y una exigua asignación mensual de nueve pesetas para material de oficina.

El autor utilizaba este episodio como símbolo del abandono sufrido por la ciudad durante décadas y criticaba duramente la falta de visión de los gobiernos españoles, a quienes acusaba de no comprender el potencial económico que representaba La Línea para el conjunto del país.

Especialmente interesante resulta la referencia final al contrabando. Sánchez Cabeza reconocía que, antes incluso de la creación de La Línea, el comercio de Gibraltar era muy superior al existente en 1922 y afirmaba que algunas de las grandes fortunas españolas habían tenido precisamente su origen en el contrabando desarrollado en torno al Peñón. Llegaba incluso a sostener que entre los beneficiarios de aquellas actividades figuraban personas pertenecientes a la nobleza, antiguos consejeros de la Corona y altos cargos palatinos, utilizando este argumento para denunciar la hipocresía de quienes culpaban exclusivamente a La Línea de un fenómeno que, según él, había enriquecido a destacadas personalidades del país.

La publicación de este texto por el diario Sol otorgó una enorme difusión nacional a una interpretación profundamente reivindicativa de la historia de La Línea. Aunque muchas de sus afirmaciones responden claramente a la intención de defender los intereses de la ciudad y algunas cifras deben entenderse como recursos retóricos propios del lenguaje político de la época, el artículo constituye un documento excepcional para conocer cómo determinados sectores de la sociedad linense entendían su propia historia a comienzos del siglo XX. Más que un simple relato histórico, «Cómo se hace un pueblo» es una apasionada defensa de La Línea de la Concepción, de sus habitantes y de su derecho a ocupar el lugar que, a juicio de su autor, merecía dentro del conjunto de España.




La Línea preparó en 1922 una de las Veladas más brillantes de su historia

El periódico madrileño Sol, en la extensa información dedicada a La Línea de la Concepción publicada el miércoles 12 de julio de 1922, reservó un amplio espacio para reproducir íntegramente el programa oficial de la Velada y Fiestas, que se celebrarían entre los días 16 y 23 de julio. La inclusión de este programa dentro de un diario de difusión nacional no era un hecho casual. Respondía al propósito de mostrar al resto de España el elevado nivel organizativo alcanzado por la ciudad y la importancia que sus fiestas patronales habían adquirido en apenas medio siglo de existencia del municipio.

La publicación permitía comprobar que las fiestas de La Línea se habían consolidado ya como uno de los acontecimientos más destacados del verano andaluz, capaces de atraer a miles de visitantes procedentes no sólo del Campo de Gibraltar, sino también de Gibraltar, de diversos puntos de la provincia de Cádiz e incluso de otras regiones españolas. El programa revelaba una organización extraordinariamente cuidada, donde se combinaban espectáculos taurinos de primer nivel, concursos populares, actividades deportivas, actos infantiles, conciertos musicales, fuegos artificiales y bailes nocturnos, ofreciendo entretenimiento prácticamente ininterrumpido durante más de una semana.

Las celebraciones comenzarían oficialmente el sábado 15 de julio, víspera de la inauguración de la Velada. A las nueve de la noche tendría lugar una gran retreta protagonizada por las bandas de música, que recorrerían las principales calles de la ciudad anunciando el comienzo de las fiestas. Este desfile musical constituía una de las tradiciones más esperadas por los vecinos, ya que marcaba simbólicamente el inicio de los festejos.

Una hora más tarde, a las diez de la noche, se prendería una gran traca valenciana que recorrería la calle Miguel Villanueva, continuando por la calle General Bazán hasta finalizar en el Paseo de la Feria, donde quedaría oficialmente inaugurada la Velada. Desde ese momento comenzarían los tradicionales conciertos nocturnos y el recinto ferial permanecería abierto al público, iluminado y animado por las diferentes casetas instaladas para la ocasión.

El domingo 16 de julio, primer día oficial de las fiestas, se iniciaría a las seis de la mañana con las tradicionales dianas floreadas, interpretadas por diversas bandas de música que recorrerían las calles despertando a la población e invitando a participar en la jornada festiva.

La tarde estaría dedicada al espectáculo que tradicionalmente constituía el eje principal de la feria: la corrida de toros. A las cinco de la tarde se lidiarían seis toros de la acreditada ganadería de Fernando Villalón, vecino de Sevilla, para los prestigiosos matadores Dominguín, Nacional II y el joven Marcial Lalanda, que por entonces comenzaba a consolidarse como una de las grandes figuras del toreo español. La jornada concluiría con la apertura nocturna de la Velada y los habituales conciertos musicales.

El lunes 17 de julio volvería a estar presidido por una gran corrida de toros. En esta ocasión se lidiarían seis reses pertenecientes a la prestigiosa ganadería del Marqués de Guadalest, estoqueadas por Larita, Ignacio Sánchez Mejías y nuevamente Marcial Lalanda, formando uno de los carteles más brillantes que podían reunirse en aquellos años. La noche finalizaría con la primera gran exhibición de fuegos artificiales, acompañada de los conciertos que diariamente amenizaban el recinto de la Velada.

El martes 18 de julio el protagonismo recaería sobre los más pequeños. A las seis de la tarde se celebraría en la plaza de toros un gran festival infantil, organizado por las compañías de los circos ecuestres que actuaban durante aquellos días en la ciudad. El espectáculo estaba dedicado especialmente a los niños de las escuelas públicas y del Asilo, reflejando el carácter benéfico que acompañaba a muchas de las actividades organizadas durante la feria.

La función estaría amenizada por la prestigiosa Banda de Música de los Exploradores de Gibraltar, cuya participación pone de manifiesto las intensas relaciones sociales y culturales que existían entonces entre Gibraltar y La Línea, muy anteriores a los conflictos fronterizos posteriores. Aquella colaboración resultaba completamente habitual durante los años veinte y contribuía a enriquecer notablemente la programación musical de las fiestas.

La jornada del miércoles 19 de julio estaría dedicada a uno de los concursos más elegantes y originales del programa. A las siete de la tarde se celebraría, en el Real del Paseo, un concurso y cogida de cintas por señoritas en automóviles, una competición que unía la moda, la habilidad en la conducción y el creciente protagonismo del automóvil como símbolo de modernidad. Las participantes competirían por la obtención de tres valiosos premios.

Aquella misma noche tendría lugar la segunda gran exhibición de fuegos artificiales, seguida nuevamente de los conciertos musicales y del ambiente festivo que caracterizaba las noches de la Velada.

El jueves 20 de julio se reservaba para dos actividades muy diferentes entre sí. A las cinco de la tarde se celebraría una gran becerrada, protagonizada por la cuadrilla juvenil linense, demostrando el interés que despertaba la formación de nuevos toreros dentro de la propia ciudad.

Posteriormente, a las siete y media de la tarde, la Caseta de las Sociedades acogería uno de los actos más representativos de la elegancia femenina de la época: un gran concurso de mantones y peinetas, en el que se premiaría a las participantes que mejor representaran la indumentaria tradicional andaluza. El certamen contribuía a reforzar el carácter regional de la feria y a poner en valor una de las manifestaciones más características del folclore andaluz.

El viernes 21 de julio estaría dedicado al esplendor visual de la feria. A las siete de la tarde comenzaría un concurso de automóviles y carruajes artísticamente adornados, al que seguiría una vistosa batalla de flores, acompañada por el lanzamiento de confeti y serpentinas, uno de los espectáculos más esperados por el público y que llenaba de colorido el recinto ferial.

Aquella noche tendría lugar además la tercera gran sesión de fuegos artificiales, que volvería a congregar a miles de personas en el Paseo de la Velada.

El sábado 22 de julio el deporte ocuparía el centro de la programación. A las cinco de la tarde la plaza de toros acogería un importante partido de balompié entre el Europa F. C. de Gibraltar y la Real Balompédica Linense, disputándose un valioso trofeo. Este encuentro constituye un magnífico ejemplo de las intensas relaciones deportivas existentes entre ambos lados de la Verja durante los años veinte.

Al finalizar el partido se celebraría un velousel infantil, una atracción especialmente destinada a los niños.

La actividad continuaría a las siete de la tarde con un gran concierto ofrecido en la Caseta de las Sociedades por la Orquesta Filarmónica Linense, dirigida por el prestigioso profesor Luis Criado. Durante el mismo acto tendría lugar la entrega oficial de los premios correspondientes a todos los concursos celebrados a lo largo de la semana.

Finalmente, el domingo 23 de julio, último día de la Velada, comenzaría nuevamente con las tradicionales dianas musicales. A las cinco de la tarde se celebraría la última gran corrida del programa, en la que se lidiarían seis novillos-toros de la ganadería de Ramón y Cristóbal Gallardo, vecinos de Los Barrios. Actuarían como espadas Zurito, Alfonso Jordán y Algabeño, poniendo el broche taurino a una feria especialmente brillante.

La jornada concluiría con los tradicionales conciertos nocturnos y, ya a las dos de la madrugada, tendría lugar la gran retreta final, que simbolizaba la clausura oficial de unas fiestas que durante más de una semana habían llenado de música, color y alegría las calles de La Línea.

El programa terminaba con una serie de notas dirigidas al público. La Junta de Festejos informaba de que durante todos los días de la Velada el paseo luciría una profusa y artística iluminación, uno de los principales atractivos de las noches festivas. Del mismo modo, se hacía constar que el firme del recinto sería cuidadosamente arreglado y regado para evitar el polvo y facilitar el paseo de los miles de vecinos y visitantes que diariamente acudirían a disfrutar de las celebraciones.

La publicación de este programa en un periódico de ámbito nacional pone de manifiesto la importancia que las Veladas de La Línea habían alcanzado en apenas medio siglo de existencia de la ciudad. La calidad de los carteles taurinos, la variedad de actividades culturales, deportivas y populares, la participación de artistas y músicos de prestigio, la colaboración de entidades locales y gibraltareñas y el extraordinario cuidado puesto por la Junta de Festejos en todos los detalles organizativos reflejan el notable grado de desarrollo alcanzado por la ciudad en los años veinte. Más allá de una simple relación de actos, este programa constituye hoy un valioso documento histórico que permite reconstruir cómo eran las fiestas linenses en una de sus etapas de mayor esplendor, cuando La Línea comenzaba a consolidarse como uno de los principales centros festivos y culturales del Campo de Gibraltar.




El Casino de La Línea: el gran centro social y económico de la ciudad según el diario Sol (1922)

Entre los numerosos aspectos que el periódico madrileño Sol quiso destacar en el amplio reportaje dedicado a La Línea de la Concepción, publicado el 12 de julio de 1922, ocupó un lugar preferente el Casino de La Línea, institución que el periodista presentaba como una de las entidades más representativas e influyentes de la vida social, económica y cultural de la ciudad. Lejos de limitarse a describirlo como un simple lugar de recreo, el artículo lo definía como uno de los auténticos motores de la sociedad linense, donde se reunían las principales fuerzas vivas de la población y desde donde partían numerosas iniciativas encaminadas al progreso del municipio.

El periódico comenzaba afirmando que resultaba imposible hablar de La Línea sin hacer referencia al Casino. Consideraba que aquella sociedad representaba mucho más que un edificio o un salón de reuniones, pues se había convertido en uno de los símbolos del crecimiento alcanzado por la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX. En sus dependencias coincidían diariamente comerciantes, industriales, profesionales liberales, propietarios y representantes de las distintas actividades económicas que daban vida a la población fronteriza.

El periodista destacaba especialmente el ambiente de cordialidad que caracterizaba al Casino. Según explicaba, cualquier visitante que llegara a La Línea encontraba en aquella institución una acogida especialmente afectuosa, reflejo del carácter hospitalario propio de Andalucía. Los forasteros eran recibidos con naturalidad y podían disfrutar de unas instalaciones que, según el artículo, nada tenían que envidiar a las existentes en los grandes casinos y círculos recreativos de las principales capitales españolas.

La publicación hacía hincapié en que el Casino había conseguido convertirse en el verdadero punto de encuentro de la sociedad linense. En sus salones no sólo se desarrollaba la vida recreativa de los socios, sino que también se debatían los principales asuntos económicos de la ciudad, se intercambiaban iniciativas empresariales y se impulsaban muchas de las actuaciones destinadas a favorecer el desarrollo local. De esta forma, el Casino actuaba como un auténtico foro ciudadano donde coincidían las personas más representativas del comercio, la industria y las profesiones liberales.

El artículo recordaba que la fundación del Casino de La Línea se había producido en 1911, apenas once años antes de la publicación del reportaje. A pesar de su relativa juventud, el periodista afirmaba que desde el mismo momento de su creación la entidad había adquirido un protagonismo extraordinario dentro de la vida pública de la ciudad. En muy poco tiempo había pasado a situarse al frente de numerosos movimientos cívicos y económicos encaminados a defender los intereses de La Línea ante las distintas administraciones del Estado.

El periódico señalaba que cuando surgía cualquier iniciativa destinada a mejorar las condiciones económicas del municipio, reclamar nuevas infraestructuras o solicitar reformas beneficiosas para la población, el Casino figuraba siempre entre las primeras instituciones en apoyar dichas gestiones. Gracias a ello, la entidad había alcanzado un notable prestigio entre los vecinos, convirtiéndose en uno de los principales interlocutores de las llamadas fuerzas vivas de la ciudad.

Especial relevancia concedía el reportaje a la figura de José Luis de Torres, diputado a Cortes por el distrito, quien ostentaba el cargo de presidente de honor del Casino. El periodista justificaba esta distinción afirmando que el parlamentario había mantenido una actividad constante en defensa de los intereses de La Línea, impulsando numerosas campañas políticas destinadas a mejorar la situación económica y administrativa de la ciudad.

Según explicaba el artículo, muchas de aquellas iniciativas habían culminado con éxito, circunstancia que había otorgado a José Luis de Torres una enorme popularidad entre los linenses. El nombramiento como presidente honorario del Casino era presentado como un reconocimiento público a su labor parlamentaria y como una muestra del agradecimiento que la sociedad linense deseaba expresar hacia quien consideraba uno de sus principales defensores en Madrid.

El periódico aprovechaba igualmente para dar a conocer la composición completa de la Junta Directiva que regía la institución durante el año 1922, ofreciendo así una interesante relación de algunas de las personalidades más influyentes de la ciudad.

La presidencia correspondía a José Ortega Cerón, mientras que la vicepresidencia era desempeñada por José Vegazo. El cargo de depositario recaía en Antonio Garrese Rodríguez, la biblioteca estaba bajo la responsabilidad de Miguel García Ramírez y la secretaría era ejercida por Ángel Torres González.

Como vocales figuraban José Ramírez Maresco, Eligio Fernández Quiñones, Maximiliano Ramírez González, Rogelio Ramírez González, Trinidad Cruz Herrera, José Trujillo Delgadillo, Laureano Amaya Zamora, Aurelio Danino Peliza, Jacinto Jurado Durán y Manuel J. Gómez, nombres todos ellos estrechamente vinculados al comercio, la industria, la medicina, la cultura y la vida pública linense.

La presencia entre los vocales de figuras tan destacadas como el pintor Trinidad Cruz Herrera, el médico Maximiliano Ramírez González o destacados empresarios y comerciantes demuestra hasta qué punto el Casino reunía a buena parte de la élite económica e intelectual de La Línea durante aquellos años.

El periodista no se limitaba a enumerar los cargos. Añadía que todos los miembros de la Junta Directiva desempeñaban sus funciones con verdadero entusiasmo y dedicaban buena parte de su tiempo a mejorar continuamente el funcionamiento de la sociedad. Su objetivo era ofrecer a los socios un ambiente agradable, unas instalaciones cómodas y un servicio cuidadosamente atendido por el personal encargado del mantenimiento de la entidad.

Sin embargo, el aspecto que el periódico consideraba más admirable era el carácter benéfico del Casino.

Según relataba el reportaje, una de las principales razones del enorme prestigio alcanzado por la institución había sido su constante preocupación por las clases más necesitadas. Cada vez que la ciudad atravesaba momentos especialmente difíciles desde el punto de vista económico, el Casino organizaba campañas de ayuda destinadas a socorrer a las familias más humildes.

El artículo señalaba expresamente que la entidad invertía importantes cantidades de dinero en proporcionar alimentos abundantes y de calidad a las personas que sufrían las consecuencias del desempleo o de las crisis económicas. Esta labor asistencial contribuía notablemente a reforzar el prestigio social de la institución, que no limitaba su actividad al ocio de sus asociados, sino que asumía también una importante función solidaria dentro de la ciudad.

Debe recordarse que durante aquellos años La Línea atravesaba frecuentes periodos de dificultades laborales motivadas por la dependencia del empleo en Gibraltar y por las crisis económicas que periódicamente afectaban a toda la comarca. En ese contexto, la ayuda prestada por entidades como el Casino adquiría una importancia extraordinaria para numerosas familias.

La publicación dedicaba igualmente un amplio espacio a describir la intensa actividad recreativa desarrollada por la sociedad. A lo largo del año se organizaban numerosos bailes, conciertos, veladas musicales, recepciones y fiestas familiares destinadas tanto a los socios como a sus allegados.

El periodista destacaba el ambiente de cordialidad que presidía todos aquellos actos sociales. Según explicaba, reinaba siempre una extraordinaria armonía entre los asistentes, circunstancia que atribuía directamente al esfuerzo realizado por la Junta Directiva para atender personalmente a todos los invitados y procurar que cada celebración constituyera un éxito.

Aquellas reuniones contribuían además a fortalecer las relaciones personales entre comerciantes, industriales y profesionales, favoreciendo la creación de una auténtica comunidad social unida por intereses comunes y por el deseo compartido de impulsar el progreso de La Línea.

Especial importancia adquiría el Casino durante la celebración de la Velada y Fiestas de julio, precisamente en las fechas en que el periódico publicaba este reportaje.

Según afirmaba el artículo, durante esos días los amplios salones del Casino se convertían en el principal punto de encuentro de cuantos visitantes llegaban a La Línea. Comerciantes, empresarios, autoridades, viajeros y numerosos invitados encontraban allí un ambiente especialmente acogedor que contribuía a reforzar la excelente imagen de la ciudad ante quienes la visitaban por primera vez.

El periodista describía con especial admiración la hospitalidad dispensada por los socios del Casino a todos los forasteros. Consideraba que aquella acogida constituía una de las mejores expresiones del carácter andaluz y afirmaba que cualquier persona que hubiera permanecido siquiera unas horas en Andalucía conocía perfectamente la generosidad y la cordialidad con que eran recibidos los visitantes.

Para el diario Sol, el Casino de La Línea representaba mucho más que una sociedad recreativa. Era una institución profundamente integrada en la vida de la ciudad, comprometida con su desarrollo económico, implicada en la defensa de sus intereses colectivos y solidaria con los sectores más desfavorecidos de la población. Al mismo tiempo, actuaba como centro de convivencia para las principales personalidades locales y como carta de presentación ante cuantos viajeros acudían a conocer una ciudad que, apenas medio siglo después de su nacimiento, sorprendía por su dinamismo económico, su intensa vida social y la extraordinaria capacidad organizativa demostrada por instituciones como el Casino.

Más de un siglo después, este reportaje constituye una fuente documental de extraordinario interés para comprender el papel desempeñado por las sociedades recreativas en la España de comienzos del siglo XX. En el caso de La Línea, el Casino aparece retratado no sólo como un espacio dedicado al ocio y al esparcimiento, sino como una auténtica institución cívica que participó activamente en la construcción de la identidad de la ciudad, en la defensa de sus reivindicaciones y en la articulación de una sociedad que encontraba en sus salones uno de los principales centros de encuentro, representación y solidaridad.


  La Patria y La Línea

Artículo publicado en el periódico SOL de Madrid el miércoles 12 de julio de 1922 en su página 6



(Palabras del discurso del diputado a Corles D. José Luis de Torres, en el Congreso, en la sesión del día 30 de junio último, defendiendo la concesión de la zona franca a La Línea de la  Concepción.).

                                     ..................................................................................
                                     ..................................................................................
Y así, poco a poco, dignificados por el trabajo, los habitantes de La Línea dirigieron todas sus iniciativas a engrandecer la población en que vivían, y, por lo mismo que estaban tan inmediatos a suelo extranjero, en ellos existió siempre, con intensidad admirable, el cariño para su Patria, para su España . . .........

                                     ..................................................................................
                                     ..................................................................................

La Línea es una población de sesenta mil almas; es la ciudad española más próxima a. Gibraltar. Su fundación data del año 1872*, en que se segregó de la
 ciudad de San Roque;  constituyendo el primer Municipio.



Es, de entre todas las poblaciones de la provincia de Cádiz, la segunda en importancia.

Sus primeros moradores fueron un grupo de familias de los pueblos inmediatos y otro de familias extranjeras, en su mayoría genoveses.


El clima es excelente: se vive constantemente en primavera, y cuando visitan la población los extranjeros les encanta la temperatura tan agradable de que se goza y su bellísimo cielo.

Su situación geográfica es muy especial; situada en el confín sur de la Península, está lindando con un país extranjero y tiene enfrente la costa de Marruecos, de la que se halla separada por el Estrecho.


Enclavada en un istmo arenoso que une a nuestra Península con Gibraltar, goza de las brisas constantes del Mediterráneo y el Atlántico. Esta circunstancia y la de que sus edificaciones son de reciente construcción y escasa altura hacen que sea un pueblo sano, comprobado por sus estadísticas, en las que la mortalidad es bien escasa, atendiendo a la importancia de su población.

Como dista solamente mil quinientos metros de Gibraltar, la vida  es casi común entre ambas ciudades.


La población es eminentemente obrera. Está durante el día en Gibraltar ocupada en las obras públicas, arsenales del Estado y en las importantes operaciones del abastecimiento de carbón a los vapores que hacen allí escala, pasando aquellas horas de la noche hasta el día siguiente que vuelven a su trabajo cotidiano.

La principal industria es la pesquera, de la que viven exclusivamente dos barriadas de las más populosas, llegando a tal importancia, que exportan diariamente pescado a Sevilla y Madrid en fabulosas cantidades.

Hay grandes fábricas de aserrar maderas, de pastas para sopas, de pinturas, de cemento, piedra artificial y otras.


Su comercio es importantísimo, pero está circunscrito a las necesidades de la población, no pudiendo realizar ninguna clase de negocios de exportación, por impedirlo el sistema de régimen fiscal, que, como losa de plomo, mata todas las iniciativas.

En varias ocasiones se ha pedido a los Poderes públicos la habilitación de la Aduana y la modificación del régimen fiscal, y siempre ha sido denegado, fundándose sus detractores en los temores que existen en la Dirección de Aduanas de que esa habilitación daría margen a grandes defraudaciones a la Hacienda. Razón que les favorece bastante poco, porque parece que dudan de la fidelidad de los funcionarios administrativos, cometiéndose la grave injusticia de privar a esta región de unos beneficios que a otras en iguales condiciones se les tiene otorgado.


El incansable y simpático diputado por el distrito D. José Luis de Torres no cesa de hacer gestiones para conseguirlo, y hace varios dos días ha presentado al Congreso una proposición incidental, solicitando del Gobierno estudie los medios de solucionar la actual crisis obrera, otorgando, la habilitación de la Aduana, la zona franca.


En el radio y extrarradio de la población existen primorosas fincas rústicas, huertas dedicadas al cultivo de las hortalizas, que sirven para el abastecimiento de la plaza de Gibraltar y las más importantes  de Marruecos, siendo muy celebrados, entre otros productos, la patata, que es de una calidad excelente; el fresón, fruta exquisita y aromática, que, por su buena calidad, es exportada a las principales poblaciones de la Península, y la uva de mesa, una clase tan  fina y agradable, que, adémás de ser exportada al interior, lo es en gran cantidad a Inglaterra.

Existen tres teatros y varios salones de "varietés'', actuando casi constantemente; una magnífica plaza de toros, cuarenta escuelas de instrucción primaria, entre nacionales, municipales y privadas; una Escuela de Artes y Oficios, perfectamente instalada, y un Instituto de vacunación y análisis químico, bajo la dirección del ilustre doctor D. Maximiliano Ramírez.

Hay un magnífico mercado de abastos y un espacioso paseo donde se celebran las fiestas de la Velada anual.Varias plazas públicas y, entre éstas, una de original belleza, adornada con elegantes palmeras y vistosos parterres, denominada plaza de Fariñas.

Una iglesia parroquial y dos fábricas de alumbrado eléctrico, estando casi al terminarse un cuartel de Infantería, cuyo presupuesto es de un millón y medio de pesetas, y un hermoso hospital, de estructura modernísima y capaz para cien cama, costeado por una Asociación local de beneficencia.

La Casa capitular es, sin disputa, el mejor edificio de la población. Adquirida recientemente por el actual Ayuntamiento, va a ser inaugurada el día 16 del mes actual. Es, sin duda, la Casa Consistorial más original de España, por su situación especialísima, pues está totalmente rodeada de bosques y jardines.

La finca, compuesta de grandes jardínes de estilo italiano y de varíos edificios de pureza arquitectónica, fué construida por un prócer de Gibraltar, D. Jerónimo Saccone, y adquirida por el Ayuntamiento de sus ilustres herederos. Se están instalando las dependencias municipales con mobiliario lujoso, del siglo XVII, reformándose y embelleciendo sus jardines.

Dentro de estas notas agradables de color he de dar también una triste: el abandono en que el Gobierno tiene a esta región tan vigorosa y pujante, atreviéndonos a calificarlo, más que de abandono, de desprecio.

Este pueblo, con todas las características de los demás de España, es, sin duda, el que más ha sufrído, el que más ha luchado para poderse sostener contra los malos propósitos de los gobernantes y las malas intenciones de sus enemigos, nacidas de la envidia de su prosperidad. Este pueblo, que jamás encontró un débil apoyo en las altas esferas, por grandes y poderosas que fueran sus razones, no ha sido vencido; no perdió por un sólo momento la esperanza y la serenidad, y triunfó como triunfan los que defienden las causas grandes y justas.

Veinte años estuvieron solicitando la construcción de una humilde carretera de tercer orden que los uniese con la madre patria, de la que se encontraban totalmente incomunicados.

Veinte años de humillaciones y de luchas para limpiar la roña formada por la rutina estúpida y absurda de los centros oficiales que se oponían rotundamente a que les hicieran (mejor dicho, les autorizaran) para poder hacer aquella vía de comunicación, porque entendían que aquello era patriotismo.

Veinte años, al cabo de los cuales se les presentó como figura bajada del cielo el que desde entonees es su diputado a Cortes, don José Luis de Torres, que, rompiendo aquellos moldes, hizo entender a los que se negaban a enterarse lo razonable de sus pretensiones, poniéndolos en contacto con España.

Es triste lo que sucede, es lamentable la conducta equivocada que observan los Gobiernos con ese pueblo, que contribuye religiosamente con todos los tributos, incluso con el sagrado de sangre, que cumple con todos sus deberes y se le niegan tantos de sus derechos.


Los Gobiernos deben fijar su atención en La Línea, como ventana desde la que los extranjeros nos miran, prestarle su apoyo y atención, para dar la sensación a todos de ser un pueblo moderno, floreciente y sano, digna antesala de nuestro país.

La leyenda del contrabando es otra de.las cosas que me parecería natural que hubiese desaparecido, por lo absurda, y que aún persiste en el ánimo de mucha gente. Aquí no existe el contrabando, propiamente dicho, ni hay contrabandistas. Eso es una fábula. Esta es una población puramente trabajadora y laboriosa, que vive de sus trabajos en la vecina plaza de Gibraltar, de sus industrias, de su agricultura y de su comercio.

El contrabando que por aquí se hace no es tal contrabando, es el matute, que  indefectiblemente se hace en todas las poblaciones que, como ésta, tienen Aduana fronteriza. Ya es tiempo que desaparezca totalmente ese error y el estigma vergonzoso que algunos tan injustamente aplican a esta localidad.


La administración del Municipio de esta ciudad es verdaderamente un modelo. Tienen pagadas religíosamente todas sus atenciones, y se realizan constantemente obras de urbanización y saneamiento. Los recursos con que cuenta el Municipio son escasos con relación a la importancia de la población. El impuesto de Consumos, que es el más importante, produce mucho menos de lo que debiera, por pasar un gran número de sus  habitantes el día en Gibraltar.

Como población nueva, carece de término municipal, de montes, productos de pastos, y no posee láminas de la Deuda pública. Atiende todas sus obligaciones con la mayor puntualidad, y tiene perfectamente dotados sus servicios, especializante el de Beneficencía, que carece de los limites que existen en los demás Ayutamientos.

Allí no se forma el padrón de pobres porque los auxilios  benéficos se suministran a todos los que lo solicitan, sean éstos vecinos o no lo sean.

Hace tres años adquirió el Ayuntamiento el Mercado público de Abastos, para pagarlo en quince anualidades, y en el mes de abril último ha adquirido en propiedad la finca donde se ha de instalar la Casa Capitular, habiendo satisfecho al otorgarse la escritura pesetas 125.000, como primer plazo de los cuatro en los que ha de ser satisfecho el importe de su compra.

Sus obligaciones para con el Estado y la provincia siempre las tiene al corriente, gozando de un gran prestigio ante ambas entidades.

La Corporación municipal se compone actualmente de los señores siguientes:

Alcalde-presidente, D. José Cayetano Ramírez Galuzo.
Primer teniente de alcalde, don Ricardo Ruiz Cuadro;
Segundo, don Francisco Berenguer Gutiérrez;
Tercero, D. Luis López Ramírez;
Cuarto, D. Martín Serrano Guerrero;
Quinto, D. Manuel Paredes Ramirez;
Sexto, D. Sebastián Seliva Soriano

Regidores síndicos:
D. Julio de las Doblas. Torrecilla y
D. Manuel Pérez. Pianno.

Concejales: 
D.   José González Rodríguez,
D. Fernando González  Marrero,
D. José del Villar González,
D. Rafael Naranjo Marín,
D. Miguel Framit González, 

D. Juan Borgoñón Florín,
D. Jacinto Jurado  Duran,
D.  Luis Castillo Cerván, 
D. León Toledano Díaz,
D. Emilio Fernández Madrid,

D. Francisco  Ramos  Fernández de Córdoba,
D. Laureano Amaya Zamora, 
D. Francisco Domínguez Molina,
D. José Acedo del Olmo Villar,
D. Gabriel Moreno Romero,
D. Juan Muñoz Cano y 
D. Francisco Ramírez Galty.
El juez municipal:
D. Juan Infantes Carrero.

El comandante militar, subdelegado gubernativo:
D. Guillermo Wosolosky y Revuelta.

E1 cura párroco:
D. Juan Rodríguez Cantizano.

Administrador de Correos:
D. Antonio García.

Jefe de Teléfonos:
D. Ricardo Calderón.

Dentro de breves días entrará la población en un plan de fiestas y festejo con motivo de la Velada de julio; se anuncian magníficas corridas de toros, fuegos artificiales, concurso de automóviles, Conciertos musicales y veladas literarias.


Coincidiendo con esa fecha, tomará posesión oficialmente el Ayuntamiento de la nueva Casa Capitular, y tendrá lugar el acto solemne del descubrimiento del monumento erigido por suscripción popular ante la fachada de dicho edificio al hijo predilecto de 1a población D. Luis Ramírez Galuzo.

A este acto asistirán comisiones y Representaciones de toda la provincia. El monumento es obra del notable escultor D. Mateo Inurria, y la suscripción que se abrió para ese objeto alcanzó una cifra doble de la cantidad que importaba. Eso solo da idea del cariño y simpatía de que goza el interesado.

Tal acto de civismo realizado por este pueblo es una prueba más de sus excelentes cualidades. Los pueblos  que honran a sus hijos se honran a sí mismos, y al erigir ese monumento han realizado un acto de justicia perpetuando la memoria del gran ciudadano que al frente de su pueblo, como general en campaña, luchó durante toda su vida por el bien general, olvidándose de su bienestar y de su prosperidad y porvenir.

El ha servido de antorcha que guió y trazó la senda para llegar al lugar de prosperidad y progreso de que hoy disfruta la población, y a él deben tributarse en tal fecha, como siempre, todos los homenajes y respetos. Y en este punto damos por terminada nuestra labor informativa, expresando nuestros deseos de que sirva de norma para rectificar errores pasados, colocando a ese pueblo hospitalario y noble en el puesto que entre todos debe ocupar.

* errata en la fecha ya que es 1870









Páginas