lunes, 27 de julio de 2026

«La Línea es tema en mi repertorio»: Camborio, el poeta gitano que convirtió el recitado flamenco en su forma de expresión















Entre las páginas de la prensa linense encontramos, en ocasiones, personajes que forman parte de una historia cultural que merece ser recuperada. Uno de ellos fue Fernando Camuña Canalejo, “Camborio”, presentado por el diario ÁREA como «el poeta gitano», un artista linense que encontró en la poesía flamenca y en el recitado una forma muy personal de expresar sus sentimientos.

El amplio reportaje que le dedicó el periódico Diario AREA llevaba un titular que resumía perfectamente su relación con nuestra ciudad:

«La Línea es tema en mi repertorio»

Y junto a él aparecía otra afirmación que definía su concepción artística:

«El recitador nace, no se hace».

La entrevista, firmada por José Vallecillo Ruiz, nos permite conocer no solamente al artista, sino también al hombre que había detrás de aquel personaje escénico de temperamento, gesto y palabra.

Un linense que llevaba su tierra en el repertorio

Fernando Camuña Canalejo era linense y residía en La Línea. El periodista señala que, sentado frente a él en la mesa de redacción, aparecía un hombre amable y cercano, muy diferente quizá de la imagen poderosa que ofrecía sobre los escenarios.

Camborio había conseguido hacerse un nombre especialmente en el ámbito del flamenco de la Costa del Sol.

Su propuesta artística consistía en llevar la poesía al terreno flamenco mediante el recitado, buscando que la palabra adquiriese ritmo, sentimiento y fuerza interpretativa.

El periodista lo describe como un artista capaz de «amasar» el sentimiento contenido en los versos y trasladarlo al público mediante la voz y el gesto.

Su actividad no se limitaba a La Línea. También había actuado en Algeciras y otros lugares, participando en festivales y convocatorias flamencas.

Pero La Línea ocupaba un lugar especial.



Desde los 16 años en el mundo de la canción flamenca

Camborio explicó que llevaba vinculado al mundo artístico desde muy joven:

«En el mundo de la canción flamenca estoy desde que tenía 16 años».

Inicialmente se encontraba relacionado con el cante, pero terminaría descubriendo que sus posibilidades artísticas estaban especialmente en el recitado.

Según relataba, fueron unos amigos de Marbella quienes primero repararon seriamente en aquellas cualidades.

Durante una reunión, después de escucharlo recitar «Pepe Pinto», le dijeron que tenía condiciones y posibilidades para dedicarse a ello.

Aquello terminó convirtiéndose en un camino artístico.

Camborio fue abandonando progresivamente el cante para concentrarse en la poesía flamenca, porque consideraba que en ella podía alcanzar una expresión mucho más amplia.

Para él, cante y poesía estaban muy próximos:

«Son dos cosas muy parecidas, ya que las dos cosas hay que sentirlas».

Esa palabra —sentir— aparece continuamente en su manera de comprender el arte.

Federico García Lorca y el «Prendimiento de Camborio»

Cuando el periodista le preguntó por sus preferencias literarias, apareció inevitablemente Federico García Lorca.

Camborio afirmaba tener prácticamente estudiado su repertorio flamenco y reconocía una especial predilección por el Romancero gitano.

Entre las piezas que acostumbraba a presentar al público destacaba:

«Prendimiento de Camborio», «La muerte de Camborio» y «Alma ausente», además de composiciones relacionadas con Antoñito el Camborio.

La identificación artística era evidente. Incluso el sobrenombre con el que era conocido remitía directamente al universo lorquiano.

Pero su repertorio no estaba limitado a García Lorca. También interpretaba obras de otros autores y mencionaba expresamente a Antonio Machado.



«Se gana más dinero con la poesía»

Uno de los pasajes más curiosos de la entrevista aparece cuando se habla de las diferencias económicas entre cantar flamenco y recitar poesía.

Camborio respondió sin demasiados rodeos:

«Yo estoy ganando más dinero en la poesía».

Incluso aportaba cifras.

Cuando le preguntaron cuál había sido la cantidad máxima obtenida por una actuación recitando, respondió:

«Treinta mil pesetas».

Y al preguntarle por el mínimo:

«Dos mil pesetas diarias».

No obstante, también reconocía que en determinadas ocasiones actuaba por amistad, sin convertir necesariamente cada intervención en una cuestión económica.

El público español, su preferido

Camborio afirmaba sentirse especialmente cómodo ante el público español.

Había tenido experiencias ante extranjeros, pero encontraba mayores dificultades para transmitir plenamente el significado de la poesía cuando existía una barrera idiomática.

Recordaba particularmente una actuación en un hotel de Málaga, ante un público mayoritariamente norteamericano.

Según explicaba, mientras recitaba los espectadores hablaban y no prestaban demasiada atención. Aquello terminó provocándolo artísticamente y realizó un enorme esfuerzo interpretativo.

Paradójicamente, aseguraba que aquella había sido:

«la vez que más a gusto he actuado en mi vida».

La guitarra era imprescindible

La guitarra ocupaba un lugar fundamental en su concepción del recital flamenco.

Cuando le preguntaron qué papel desempeñaba dentro de la poesía, respondió rotundamente:

«Todo».

Para Camborio, realizar un recital de poesía flamenca sin guitarra resultaba extraordinariamente difícil.

Pero tampoco servía cualquier acompañamiento.

El guitarrista debía conocer perfectamente el ritmo y acompañar tanto a cantaores como a bailaores para poseer la sensibilidad necesaria.

Su idea del espectáculo flamenco era prácticamente inseparable de tres elementos: el cantaor, el guitarrista y el público.

Y entre ellos, si tuviera que elegir uno imprescindible, señalaba:

«Las guitarras».

De ahí una de sus afirmaciones más contundentes:

«Sin guitarra no habría artistas».




 

«El recitador nace, no se hace»

Camborio defendía que podían aprenderse determinadas técnicas, pero consideraba que la verdadera capacidad de transmitir poesía debía existir previamente en el intérprete.

Por eso sostenía:

«El recitador nace, no se hace».

Podían ofrecerse explicaciones y orientaciones a quien quisiera aprender, pero si la persona no reunía determinadas condiciones naturales, difícilmente podría convertirse en un auténtico recitador.

La misma reflexión la trasladaba parcialmente al cante: podía aprenderse mucho, pero también debía existir una disposición natural.

La Línea convertida en poesía

Uno de los aspectos más interesantes del reportaje para nuestra historia local aparece cuando el periodista pregunta a Camborio si había escrito sus propias composiciones.

Respondió afirmativamente.

Y puso como ejemplo una obra titulada:

«Cádiz, con un gesto bravío».

La definía como una especie de documental poético dedicado a Cádiz y su provincia, construido con «ritmos de alegría».

Pero cuando le preguntaron cuánto tiempo hablaba del Campo de Gibraltar, respondió de una manera particularmente significativa:

«Naturalmente, un buen espacio, pues yo soy de La Línea de la Concepción».

Su ciudad natal estaba inevitablemente presente en su creación.

La herida del cierre de la frontera

El reportaje contiene además una referencia histórica de especial interés.

Camborio explicó que había compuesto una obra inspirada concretamente en el cierre de la frontera con Gibraltar.

No llegó entonces a registrarla en Autores porque, según decía, la había entregado a otras personas.

El episodio demuestra cómo los acontecimientos que afectaban directamente a La Línea encontraban también expresión artística.

Para un linense de aquellos años, el cierre fronterizo no constituía únicamente una cuestión política o económica. Había transformado profundamente la vida cotidiana de miles de familias y, en el caso de Camborio, aquella realidad terminó entrando también en su poesía.

Gibraltar y el Campo: «hermano de sol y mar»

Durante la entrevista le pidieron que recitara algo relacionado con La Línea.

Camborio respondió que podía hacerlo, aunque advertía que sin guitarra era mucho más difícil encontrar el ritmo.

Entonces surgieron unos versos dedicados a las localidades del entorno:

«Algeciras, San Roque y La Línea de la Concepción, guardan un vivo reproche cargadito de razón...»

Los versos continuaban hablando de gaditanos, esperanza, hermandad y de una tierra compartida.

Era una poesía nacida de un territorio que Camborio conocía perfectamente y al que pertenecía emocionalmente.

Su actuación más emocionante fue en La Línea

Cuando José Vallecillo le preguntó qué actuación le había dejado más satisfecho, la respuesta volvió a conducir directamente hasta nuestra ciudad.

Camborio recordó una actuación en La Línea en la que se encontraba especialmente nervioso.

Sentía una enorme responsabilidad porque actuaba delante de sus propios paisanos.

Sin embargo, aquella preocupación desapareció cuando comenzó el recital.

Explicaba que terminó:

«hasta lloré de alegría de poder catalogar la presentación ante mis paisanos como una actuación completa».

Probablemente pocas frases del reportaje resumen mejor su vinculación con La Línea.

Actuar fuera podía proporcionarle reconocimiento y dinero, pero hacerlo ante sus propios vecinos suponía una responsabilidad distinta.

El Festival Flamenco de La Línea

Camborio también hablaba de su participación en el Festival Flamenco de La Línea de la Concepción, donde había trabajado anteriormente.

Además anunciaba su intención de regresar:

«Estoy muy contento de estar hoy y estaré, en el periódico de La Línea y de volver otra vez con el Festival de Flamenco el 16 de agosto».

Quería mostrar públicamente su agradecimiento al guitarrista que lo acompañaba en los ensayos y al cantaor que también colaboraba con él.

Mencionaba expresamente a Joaquín Remangue, “El Quino”, y a Ramón Jiménez de los Reyes, artistas a los que afirmaba haber llevado consigo a diferentes lugares.

El testimonio nos permite vislumbrar aquella red de artistas flamencos locales que participaban conjuntamente en actuaciones y festivales.

Vocación antes que dinero

Aunque hablaba abiertamente de sus ingresos profesionales, Camborio insistía en que su carrera no estaba motivada únicamente por cuestiones económicas.

Cuando le preguntaron si había abandonado el cante por dinero, respondió que no.

Aseguraba encontrarse económicamente bien y afirmaba que su dedicación artística procedía fundamentalmente de una mezcla de vocación, sentimiento y necesidad expresiva.

La poesía era para él algo que debía sentirse y vivirse.

Precisamente por eso explicaba la escasez de recitadores flamencos: no bastaba con aprender un texto de memoria.

Había que darle vida.

Un artista del Campo de Gibraltar

El reportaje continuaba en otra página bajo un nuevo titular:

«Un auténtico recitador del Campo de Gibraltar»

Allí Camborio seguía hablando de sus experiencias, de los estilos flamencos que prefería y de las condiciones necesarias para subir a un escenario.

Cuando le preguntaron qué palo del cante prefería interpretar, respondió:

«Los tarantos, seguido de seguiriyas y soleá».

También hablaba de las peñas flamencas, que consideraba lugares especialmente adecuados para su estilo.

Camborio era plenamente consciente de que su arte dependía del ambiente.

Necesitaba silencio, atención, guitarra y conexión con quienes lo escuchaban.

Una voz artística nacida en La Línea

Al finalizar la extensa entrevista, José Vallecillo Ruiz definía a Camborio como un hombre de carácter constante y ejemplar, creador de un nuevo estilo dentro de la poesía flamenca.

Hoy, recuperando aquellas páginas amarillentas de ÁREA, encontramos algo más que una entrevista a un artista.

Encontramos el testimonio de una época de la cultura popular linense.

Una época de festivales flamencos, guitarristas, cantaores, peñas, recitales y artistas que recorrían La Línea, Algeciras, Marbella, Málaga y otros lugares llevando consigo una forma muy particular de entender el flamenco.

Fernando Camuña Canalejo, Camborio, llevó a los escenarios los versos de García Lorca y Antonio Machado, pero también quiso escribir sobre aquello que conocía personalmente: Cádiz, el Campo de Gibraltar, el cierre de la frontera y, sobre todo, su propia ciudad.

Por eso, entre todas las declaraciones conservadas en aquella entrevista, quizás ninguna resulte hoy tan apropiada para recordarlo como la que presidía, en grandes letras, todo el reportaje:

«LA LÍNEA ES TEMA EN MI REPERTORIO»

Una frase sencilla que, muchos años después, sigue dejando clara la relación de Camborio, el poeta gitano, con la ciudad donde había nacido y ante cuyo público confesaba haber vivido una de las mayores emociones de su carrera artística.

Fuente documental: Reportaje y entrevista de José Vallecillo Ruiz publicados en el diario ÁREA. del extraordinario de Feria del 11 de julio de 1975

Fotografías: archivo del propio reportaje.






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