La protesta de los braceros del carbón de La Línea ante el reparto del trabajo (Junio de 1929)
En junio de 1929, cuando La Línea de la Concepción vivía una intensa actividad económica ligada al puerto y al tráfico de carbón destinado principalmente al abastecimiento marítimo de la bahía de Algeciras y Gibraltar, los trabajadores del sector carbonero decidieron elevar una extensa y razonada petición a las autoridades gubernativas para denunciar la situación laboral que padecía el gremio.
El escrito fue presentado por Antonio Delgado Rodríguez y Miguel Arias Sánchez, presidente y secretario respectivamente de la Sociedad de Obreros del Carbón Mineral “La Igualdad”, organización que agrupaba a los trabajadores dedicados a las labores de carga y descarga de carbón. La petición iba dirigida al gobernador civil de la provincia y constituía una de las denuncias sociales más completas conservadas sobre las condiciones laborales existentes en La Línea durante los últimos años de la Dictadura de Primo de Rivera.
Un oficio duro que había dado sustento a miles de familias
Los representantes obreros comenzaban recordando la importancia histórica de su profesión. Durante décadas, explicaban, la actividad carbonera había proporcionado trabajo abundante a numerosos trabajadores procedentes de distintos puntos de España. La fama de los muelles linenses como lugar donde siempre era posible encontrar ocupación había atraído a hombres de muy diversos lugares, especialmente en épocas de necesidad económica.
Según relataban, cuando la miseria empujaba a muchos trabajadores a abandonar sus pueblos de origen, La Línea aparecía como una tierra de oportunidades. El movimiento de buques carboneros garantizaba una demanda constante de mano de obra y permitía que numerosos obreros encontraran un medio de subsistencia digno.
Sin embargo, los firmantes sostenían que aquella situación había cambiado profundamente y que las condiciones que antaño habían hecho prosperar al gremio se encontraban en franco deterioro.
La denuncia contra los capataces y reclutadores
Uno de los aspectos más duros de la exposición era la crítica dirigida a los capataces y reclutadores encargados de distribuir el trabajo.
Los representantes obreros afirmaban que aquellos intermediarios ejercían un poder excesivo sobre la contratación diaria. Según denunciaban, el sistema permitía arbitrariedades constantes y favorecía a determinados trabajadores en detrimento de la mayoría.
El documento describía un ambiente de humillación permanente. Los braceros afirmaban que el trato recibido por parte de algunos capataces era impropio y ofensivo, utilizando éstos expresiones vejatorias y comportamientos incompatibles con el respeto que merecían los trabajadores.
A juicio de los firmantes, la dignidad de los obreros era frecuentemente vulnerada. No sólo denunciaban el lenguaje empleado por algunos encargados, sino también la manera en que se ejercía la selección de los trabajadores llamados a realizar las faenas.
El antiguo abuso del pago en tabernas
La carta recordaba además prácticas que habían sido habituales años atrás y que el movimiento obrero había conseguido erradicar.
Entre ellas destacaba el sistema de pago en tabernas, una costumbre que los trabajadores consideraban especialmente perjudicial. Según relataban, en muchas ocasiones los jornales eran abonados en establecimientos vinculados a los propios reclutadores, donde buena parte del salario terminaba gastándose antes de llegar a manos de las familias.
Los autores del escrito señalaban que aquellos abusos habían sido combatidos mediante la organización obrera y gracias a la aprobación de normas que prohibieron el pago de salarios en tabernas y otros establecimientos similares.
Consideraban aquel avance como una conquista importante del movimiento obrero, aunque advertían que otros problemas continuaban sin resolverse.
La crisis de trabajo y el crecimiento del desempleo
La situación se había agravado notablemente, según explicaban, debido a la disminución del volumen de trabajo existente en los muelles.
Mientras que en épocas anteriores la abundancia de faenas permitía absorber a gran número de trabajadores, la realidad de finales de los años veinte era muy distinta. El descenso de la actividad económica había provocado una competencia creciente por los escasos jornales disponibles.
Los firmantes describían cómo numerosos trabajadores veteranos, que habían dedicado toda su vida a la carga y descarga de carbón, veían ahora reducidas drásticamente sus posibilidades de empleo.
Muchos de ellos mantenían familias enteras gracias a unos ingresos cada vez más irregulares. La incertidumbre se había convertido en una constante y el hambre comenzaba a afectar a numerosos hogares obreros.
Los “tickets” de trabajo y las escenas diarias de humillación
La parte más impactante del documento era la descripción del sistema utilizado para repartir el trabajo diario.
Según explicaban los representantes de la sociedad obrera, los capataces distribuían unos vales o “tickets” que daban derecho a participar en las faenas de carga y descarga.
Cada vez que aparecía una oportunidad de trabajo, los encargados recorrían las calles entregando aquellos vales entre los trabajadores seleccionados. A su alrededor se congregaban decenas e incluso centenares de hombres necesitados de empleo.
La escena descrita por los firmantes era dramática. Los obreros seguían a los capataces por las calles, rogando ser elegidos para trabajar aquel día. Algunos intentaban acercarse desesperadamente, otros suplicaban una oportunidad y no faltaban disputas entre quienes competían por obtener uno de aquellos escasos tickets.
El escrito relataba que en determinadas ocasiones aquellas concentraciones terminaban provocando altercados, peleas e incluso intervenciones de la fuerza pública. Había habido heridos, detenidos y situaciones violentas que, a juicio de los firmantes, podían evitarse mediante un sistema más justo de reparto del trabajo.
Aquellas escenas resultaban especialmente humillantes porque tenían lugar a la vista de toda la población, de visitantes extranjeros e incluso de las propias autoridades.
El favoritismo en la contratación
Los representantes de la Sociedad “La Igualdad” sostenían que el reparto de los jornales no se realizaba conforme a criterios objetivos.
Denunciaban que muchos capataces disponían de grupos fijos de trabajadores, compuestos por familiares, amigos o personas de su confianza, que eran llamados con preferencia una y otra vez.
Mientras tanto, otros muchos obreros permanecían largos periodos sin trabajar, a pesar de contar con experiencia y capacidad suficiente para realizar las mismas tareas.
El documento insistía en que la mayoría de los trabajadores del gremio poseía los conocimientos necesarios para desempeñar las labores carboneras, por lo que no existía razón técnica que justificara aquellas diferencias de trato.
La propuesta de un turno riguroso
Frente a esta situación, la Sociedad de Obreros del Carbón Mineral formulaba una propuesta concreta.
Solicitaba a la autoridad gubernativa la implantación de un sistema de turnos rigurosamente regulado para el reparto del trabajo.
La idea consistía en que todos los trabajadores capacitados tuvieran acceso a las faenas siguiendo un orden previamente establecido, de manera que los jornales se distribuyeran con mayor equidad entre los miembros del gremio.
Los firmantes consideraban que este procedimiento eliminaría favoritismos, evitaría enfrentamientos y permitiría que un mayor número de familias pudiera subsistir durante los periodos de escasez laboral.
Una apelación a la justicia social
El tono final del escrito adquiría una dimensión profundamente humana.
Los representantes obreros preguntaban a la autoridad si no resultaba inhumano contemplar diariamente aquellas escenas de hombres honrados compitiendo desesperadamente por un puesto de trabajo para alimentar a sus familias.
Subrayaban que no estaban reclamando beneficencia ni privilegios. Lo único que solicitaban era justicia en el reparto del trabajo disponible y el reconocimiento de la dignidad de quienes vivían exclusivamente de su esfuerzo físico.
Recordaban que aquellos trabajadores no pedían limosna, sino la posibilidad de ganarse la vida honradamente mediante su trabajo.
Un testimonio excepcional de la realidad social linense
La petición concluía solicitando formalmente la intervención del gobernador civil para implantar un sistema de reparto equitativo del trabajo y poner fin a las situaciones denunciadas.
Firmado en La Línea de la Concepción en junio de 1929 por Antonio Delgado Rodríguez y Miguel Arias Sánchez, en representación de la Sociedad de Obreros del Carbón Mineral “La Igualdad”, este documento constituye un extraordinario testimonio de la realidad social y laboral de la ciudad durante los años finales de la Dictadura de Primo de Rivera.
Más allá de su valor sindical, el escrito permite conocer las dificultades económicas que atravesaban numerosos trabajadores linenses, la importancia del sector carbonero en la economía local y las tensiones derivadas del desempleo y de los sistemas de contratación existentes en los muelles. Asimismo, refleja la creciente conciencia organizativa de los trabajadores y su voluntad de utilizar cauces legales y corporativos para reclamar reformas que garantizaran un reparto más justo del trabajo y una mayor protección de la dignidad obrera.
Transcripción literal:
(Se respeta la ortografía y redacción original en la medida en que permite la legibilidad del documento.)
Excmo. Señor:
Don Antonio Delgado Rodríguez, mayor de edad, casado, vecino de La Línea, de profesión bracero del carbón, con domicilio en barrio San Bernardo, Casa de Arias, y don Miguel Arias Sánchez, también mayor de edad, casado, de la misma profesión y domiciliado en calle Gibraltar, Patio del Croci; Presidente y Secretario respectivamente de la Sociedad de braceros del carbón mineral «La Igualdad», cuyo domicilio social consta en el Registro correspondiente, sito en calle de Ramón Carranza y Plaza de Cruz Herrera, de esta ciudad, a V.E. con el debido y superior respeto, tienen el honor de exponer en nombre de la Sociedad que por voluntad de la misma representan, lo que sigue:
Es verdaderamente lamentable y así se quiere verchornozo, lo que en este humilde pero honrado gremio, por el imperativo derecho de la necesidad del vivir, viene soportando, con menoscabo de la dignidad que debe ser nata en todo ser humano, y hasta para deshonra de un pueblo como La Línea, donde la buena voluntad y la hidalguía tuvo siempre su asiento.
Hace años Excmo. Señor; que este gremio, a pesar de la abundancia de trabajo, y dado que en sus rudas faenas, todo hombre tiene ocupación, desde los más remotos y apartados rincones de España, cuando el hambre los impulsaba, acudían a esta población, todas las desheredados de la fortuna, y en el rudo trabajo a que se dedica este gremio, encontraban siempre ocupación.
Los capataces del gremio, ya por tener que tratar a personal tan heterogéneo, ya por la forma tan brutal en se desarrolla el trabajo, usaban un léxico impropio de personas cultas y unas modales propios de entes tabernarios. Ni se respetaba los más sagrados derechos de la dignidad, ni se dejaba de zaherir a los familiares de los trabajadores caprichosamente...
Además se pagaban los jornales devengados, en tabernas, casi siempre propiedad de los reclutadores de hombres; aún las más de las veces, se quedaba casi todo el jornal, dándosele el trabajo con preferencia a los que más atendidos tenían, mientras los familiares del paria morían de necesidad y ellos se embrutecían con el alcohol.
Más tarde, por la unión del gremio, se pudo conseguir que se dictaran leyes, por el gobierno, por virtud de las cuales, se cortaron estos abusos prohibiéndose el pago de jornales en tabernas.
Y también por la organización, se lograron ciertas mejoras para el gremio, pero desgraciadamente, al iniciarse la escasez de trabajo, como consecuencia de la postguerra, habían aquella población flotante hecho marcha de continuar la errante vida por la senda de la miseria; los que aquí vivieron siempre y se crearon familia y se dedicaron exclusivamente a la faena de la carga y descarga del carbón, vienen sufriendo sus consecuencias, acentuándose más, por el abandono en que, a pesar de la gran profusión de leyes sociales dictadas por los gobiernos de la nación, se tiene a este gremio, que dicho sea en verdad, es el ajo de la vida económica local.
Los reclutadores de hombres pueden sacar a trabajar los que desean, sin ninguna clase de responsabilidad, en la formalidad de los contratos individuales o colectivos provisionales de trabajo aunque este sea eventual, ni por las condiciones en que éste se desarrolla, ni siquiera, como es corriente, sufren los obreros un accidente de trabajo. Y lo que es peor: como consecuencia de los pasados tiempos, cada capataz o reclutador de hombres tiene un número de adeptos fijos, compuestos de familiares y amigos, que son los que tienen el privilegio de hacer la mayor parte de los trabajos, a veces dos y tres en el día, mientras que la mayor parte del gremio perece de hambre, hasta a veces, por no decir siempre, se le da cartones a industriales parientes o amigos de los capataces, para que éstos los repartan entre los que les adeudan en su comercio, lo que ya tomaron a cuenta de este favor.
Y por acaso, por necesitar más personal, hay que reclutar más braceros, los capataces vuelven a hacer una selección nueva entre los desgraciados, repartiendo los tiket para el trabajo, por las calles, marchando por ellas seguidos de toda una legión de hombres, que deseosos de trabajar, y sabiendo que el que no se adelanta no alcanza el tiket, les van implorando, otros le cercan y hasta los atropellan, teniendo que intervenir la fuerza pública, ocasionándose con esto aglomeraciones vergonzosas, en las cuales más de una vez salen a relucir armas, hay heridos y detenidos, y todo esto por la forma en que se reparte el trabajo, dándose éste espectáculo, cada día y a cada hora, ante el público en general, ante los extranjeros, que con tanta frecuencia nos visitan y a veces ante las mismas autoridades.
Estas, se han ocupado de este lamentable asunto; pero siempre sin fortuna, ya que los únicos responsables de ello, o sean los capataces, adujeron siempre que el resto del personal no es competente.
Nada más incierto, Excmo. Señor; ya que todo el personal, dedicado hoy a este gremio, es competentísimo y avezado a esta clase de trabajo.
Nos permitimos preguntar: ¿No es inhumano, que en estos momentos difíciles porque atraviesa este pueblo, y ante la actitud humilde y correcta de una legión de desheredados de la fortuna, de hombres que tienen hambre y deseos de trabajar, que tienen la suficiente dignidad para no recurrir a la beneficencia pública y que solo piden trabajo o equidad en el reparto del poco o mucho que haya, vean como se les provoca y se les acucia, para que ejecuten actos y cosas reñidas con la moral y las buenas costumbres?
Señor: Este gremio, siguiendo el principio de sindicación forzosa, impuesto moralmente por el Gobierno de la Nación, al crear los comités Paritarios o Juntas Corporativas, tienen una organización, sin credo político ni filosófico, donde se amparan la mayoría de los braceros del carbón.
¿Porque siguiendo este principio de moral ciudadana, no se formula un turno, para que todos y cada uno de estos honrados trabajadores, puedan de vez en cuando y con arreglo al poco o mucho trabajo que haya, dar un golpe de trabajo, como decimos en nuestro argot gremial, al devengo de un jornal, para que los familiares de estos obreros, puedan ir sobrellevando la vida, hasta que el destino cambie la situación angustiosa de ésta población?
Señor: Podríamos aducir tantos argumentos, que harían interminable esta humilde súplica. Pero creemos suficientes los expuestos, para que a la clara inteligencia de V.E. no escape la razón que nos asiste y lo humano y social que sería atender a éstas razones, cosa que no dudamos, dado el espíritu de justicia demostrado por su digna autoridad.
Por todo lo expuesto, con todo el respeto y como mejor proceda,
SUPLICAMOS: Que amen de las medidas que sean adoptadas por la digna autoridad de V.E., se establezca un turno riguroso, para que todos los braceros del carbón —que sean competentes, y hoy lo son todos— puedan trabajar, con lo que se evitarían estos espectáculos vergonzosos al par que tristísimos, se pondría coto a posibles desgracias que puedan ocurrir, de seguir este sistema de reparto de trabajo de privilegio para unos cuantos, y sobre todo, sería un acto de verdadera justicia, dándose con ello un paso por la cultura de este pueblo, y un gran bien para éste gremio, tan humilde, como honrado y desamparado.
Dios guarde a V.E. muchos años.
La Línea, junio de 1929
Presidente
Antonio Delgado Rodríguez (firma)
Secretario
Miguel Arias Sánchez (firma)
Sello:
Sociedad de Obreros del Carbón Mineral «La Igualdad» – La Línea
Dirigido al:
Señor Gobernador Gubernativo de esta Ciudad (anotación manuscrita al pie del documento).