La campaña extraordinaria contra la rabia en La Línea de la Concepción (21 de junio de 1948)
El 21 de junio de 1948, la Alcaldía de La Línea de la Concepción publicó un importante edicto sanitario firmado por el alcalde-presidente accidental, Emilio Gómez Montejo, mediante el cual se adoptaban medidas urgentes para combatir un brote de rabia detectado en el término municipal.
El documento constituye un valioso testimonio de las políticas de salud pública desarrolladas en la ciudad durante la posguerra y refleja la preocupación existente ante una enfermedad que, en aquella época, representaba una grave amenaza tanto para los animales como para las personas.
La detección de varios casos de rabia
El edicto comenzaba señalando que los servicios de Ganadería y de Inspección de Sanidad Veterinaria habían comprobado la existencia de diversos casos de:
- Rabia canina.
- Rabia felina.
Ante el riesgo de propagación de la enfermedad a la población humana, las autoridades consideraron imprescindible adoptar medidas inmediatas destinadas a erradicar el foco infeccioso.
La resolución se dictó además en cumplimiento de las instrucciones recibidas del Gobernador Civil de la Provincia, siguiendo las disposiciones establecidas en el vigente Reglamento de Epizootias.
Declaración oficial de término infecto
La medida más importante adoptada por el Ayuntamiento fue la declaración oficial de todo el término municipal de La Línea como:
“Término infecto de rabia”
Esta declaración obligaba a aplicar las medidas sanitarias previstas en los artículos 218 al 223 del Reglamento de Epizootias.
La decisión afectaba a la totalidad del municipio y suponía la puesta en marcha de una campaña sanitaria sin precedentes en la ciudad.
Obligación de censar todos los perros
La primera medida establecida consistía en la elaboración de un censo completo de perros existentes en el municipio.
Todos los propietarios disponían de un plazo de quince días para declarar los animales de su propiedad.
Las inscripciones debían realizarse en la Secretaría Municipal, dentro del Negociado de Policía Urbana, donde se expediría el correspondiente certificado de inscripción.
La finalidad era conocer con exactitud el número de perros existentes en la ciudad para organizar adecuadamente la campaña de vacunación.
Vacunación obligatoria
Una vez cerrado el censo y recibidas las dosis necesarias, el Ayuntamiento procedería a vacunar a todos los animales inscritos.
El edicto advertía expresamente que los propietarios debían elegir entre:
- Someter a sus perros a la vacunación antirrábica.
- O aceptar el sacrificio obligatorio del animal.
La medida, aunque severa desde una perspectiva actual, respondía a los criterios sanitarios vigentes en la época, cuando la rabia continuaba siendo una enfermedad prácticamente mortal una vez desarrollados sus síntomas.
Medallas identificativas y certificados
Los perros vacunados recibirían una identificación oficial consistente en:
- Una chapa.
- O una medalla colocada en el cuello.
Además, sus propietarios obtendrían un certificado acreditativo de la vacunación realizada durante el año 1948.
Tanto la medalla como la documentación debían ser presentadas ante los agentes municipales cuando fueran requeridas.
Control de animales en la vía pública
El Ayuntamiento estableció igualmente medidas estrictas para la circulación de perros por las calles.
Todo animal que transitara por la vía pública debía llevar obligatoriamente:
- Bozal.
- Medalla acreditativa de vacunación.
Los perros que incumplieran estas condiciones serían recogidos por los agentes municipales.
Si no eran reclamados en un plazo de tres días serían sacrificados.
Incluso en caso de reclamación, los animales no serían devueltos a sus propietarios hasta haber sido vacunados y abonadas las correspondientes multas y gastos de custodia.
Vigilancia de animales sospechosos
El edicto contemplaba también medidas especiales para los animales que presentaran síntomas compatibles con la rabia.
Estos serían sometidos a observación veterinaria con el fin de determinar la existencia o no de la enfermedad.
La vigilancia sanitaria se convirtió así en una prioridad municipal durante aquellas semanas.
Sanciones para los infractores
El Ayuntamiento advirtió que cualquier incumplimiento de las normas establecidas sería severamente sancionado.
La Alcaldía apeló tanto a las autoridades como a los particulares para colaborar activamente en la aplicación de las medidas acordadas.
La finalidad era evitar que la enfermedad alcanzara dimensiones mayores y proteger la salud pública de toda la población.
La figura de Emilio Gómez Montejo
El documento aparece firmado por Emilio Gómez Montejo, que ejercía entonces como alcalde-presidente accidental de La Línea.
Durante aquellos años la ciudad afrontaba importantes problemas derivados de la posguerra, entre ellos las dificultades sanitarias y el control de enfermedades transmisibles, tanto humanas como animales.
La rápida actuación municipal ante la aparición de casos de rabia demuestra la importancia que las autoridades concedían a la prevención sanitaria.
La rabia en la España de mediados del siglo XX
Aunque hoy la rabia está prácticamente erradicada en España gracias a las campañas sistemáticas de vacunación, durante la primera mitad del siglo XX constituía una enfermedad temida.
La infección podía transmitirse a través de mordeduras y tenía una elevadísima mortalidad una vez aparecían los síntomas clínicos.
Por ello, los ayuntamientos desarrollaban periódicamente campañas extraordinarias como la llevada a cabo en La Línea en junio de 1948.
Tal día como hoy en La Línea
La publicación de este edicto el 21 de junio de 1948 refleja una de las actuaciones sanitarias más importantes emprendidas por el Ayuntamiento de La Línea durante la posguerra. La declaración oficial del municipio como zona infectada de rabia, la elaboración de un censo obligatorio de perros, la vacunación masiva y las estrictas medidas de control adoptadas muestran el esfuerzo realizado por las autoridades para proteger a la población frente a una enfermedad que entonces representaba un serio peligro para la salud pública. El documento constituye hoy un valioso testimonio de la historia sanitaria de la ciudad y de las medidas preventivas que marcaron la vida cotidiana de los linenses en la década de 1940.
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