La eliminación de los símbolos monárquicos y la sustitución de las coronas reales por murales republicanos en el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción (13 de junio de 1931 – 22 de enero de 1932)
La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 supuso una profunda transformación de la simbología institucional en toda España. Los nuevos Ayuntamientos surgidos tras el cambio de régimen iniciaron un proceso destinado a adaptar los edificios públicos, dependencias oficiales y elementos representativos de las Corporaciones a la nueva legalidad republicana. En La Línea de la Concepción, este proceso se desarrolló de manera gradual y quedó reflejado en diversos acuerdos municipales adoptados a lo largo de 1931 y comienzos de 1932.
Uno de los asuntos que ocupó la atención de la Corporación fue la sustitución de las coronas reales que figuraban en diversos muebles y elementos decorativos de la Casa Consistorial. Aquellas coronas, incorporadas durante la etapa monárquica, aparecían especialmente en los sillones del Salón de Sesiones, en la mesa presidencial y en distintos muebles representativos utilizados en los actos oficiales. Para los nuevos responsables municipales, dichos emblemas constituían vestigios de un régimen ya desaparecido y debían ser sustituidos por símbolos acordes con la nueva organización política del Estado.
El debate inicial sobre la sustitución de las coronas reales (13 de junio de 1931)
La cuestión fue abordada formalmente en la sesión municipal celebrada el 13 de junio de 1931. Durante aquella reunión, el Alcalde-Presidente, don Antonio Martínez Fuentes, ordenó la lectura del informe y del presupuesto elaborados por la Comisión de Gobierno Interior, integrada por su presidente, don José Manuel Serna Sánchez, y los vocales don Antonio Guerrero Ballesteros y don Antonio Gil Ruiz.
El informe proponía la sustitución de las coronas reales existentes en los principales muebles institucionales por coronas murales, símbolo tradicional del municipalismo español y emblema adoptado por numerosas instituciones republicanas. Junto al informe se presentó un presupuesto detallado de los gastos necesarios para ejecutar la reforma.
Abierto el debate, intervino en primer lugar el concejal don José Bernal Gil, quien manifestó compartir plenamente el espíritu de la iniciativa. Sin embargo, expresó ciertas reservas respecto a la oportunidad económica del gasto. Consideraba que el Ayuntamiento atravesaba momentos en los que debía atender numerosas necesidades urgentes y planteó la conveniencia de valorar si aquellos fondos podían destinarse a otras actuaciones consideradas prioritarias.
Su intervención no suponía una oposición al cambio simbólico, sino una reflexión sobre la situación financiera municipal y sobre la necesidad de administrar con prudencia los recursos disponibles.
La respuesta más contundente llegó de la mano del concejal don Antonio Marmolejo Flores, uno de los miembros más firmes defensores de las reformas republicanas. Marmolejo sostuvo que la cantidad presupuestada resultaba reducida en comparación con la importancia política y simbólica de la actuación.
Según manifestó durante el debate, no solo debían invertirse las trescientas cincuenta pesetas previstas, sino incluso cantidades muy superiores si ello fuera necesario para eliminar definitivamente de las dependencias municipales cualquier símbolo que recordara al régimen monárquico. A su juicio, la permanencia de aquellas coronas reales en el salón donde se reunía la Corporación republicana constituía una contradicción que debía resolverse cuanto antes.
Las intervenciones de don Milán y de don Antonio Gil Ruiz se produjeron en términos similares, mostrando ambos su respaldo a la propuesta formulada por la Comisión de Gobierno Interior. Los concejales coincidieron en señalar que la renovación de la simbología institucional representaba una consecuencia lógica de la transformación política experimentada por el país y que los edificios públicos debían reflejar fielmente la nueva realidad constitucional.
Finalizado el debate, la Corporación procedió a votar el asunto. El acuerdo fue aprobado por unanimidad.
La resolución autorizó la sustitución de las coronas reales existentes en los sillones del Salón de Sesiones, así como en la mesa presidencial y en el despacho de la Alcaldía. El presupuesto total quedó fijado en 350 pesetas, cantidad considerada suficiente para acometer la reforma prevista.
Las dificultades en la ejecución de los trabajos
Aunque la decisión había sido adoptada en junio de 1931, la ejecución práctica de la reforma resultó más compleja de lo inicialmente previsto.
La cuestión volvió a surgir durante la sesión celebrada el 18 de diciembre de 1931, cuando, dentro del apartado de Propuestas, Ruegos y Preguntas, la Presidencia se refirió nuevamente al asunto.
En aquella ocasión se trató específicamente la desaparición de las coronas existentes en los sillones del Salón de Sesiones y las dificultades encontradas para llevar a cabo la transformación proyectada.
Tomó entonces la palabra don José Manuel Serna Sánchez, miembro de la Comisión de Gobierno Interior, quien explicó las gestiones realizadas con la empresa encargada de estudiar la ejecución de los trabajos.
Serna informó de que había mantenido contactos con la casa constructora y con diversos profesionales capaces de realizar las modificaciones necesarias. No obstante, manifestó ciertas dudas acerca de la conveniencia de encomendar la obra a determinados artistas locales.
Según expuso, el resultado que previsiblemente se obtendría no le parecía plenamente satisfactorio desde el punto de vista artístico. Consideraba que la calidad del acabado debía estar a la altura de la importancia institucional de los muebles afectados y temía que una intervención inadecuada pudiera deteriorar piezas de notable valor decorativo.
La cuestión quedó entonces pendiente de una solución definitiva, continuándose las gestiones para encontrar una fórmula que garantizara un resultado acorde con las expectativas de la Corporación.
La propuesta de Cristóbal Rodríguez Pérez y la solución definitiva (22 de enero de 1932)
La solución llegó finalmente durante la sesión celebrada el 22 de enero de 1932.
En aquella reunión se dio lectura al informe elaborado por la Comisión de Gobierno Interior a raíz de una propuesta presentada por don Cristóbal Rodríguez Pérez, quien ofrecía realizar los trabajos de sustitución de las coronas existentes en los sillones del Salón de Sesiones.
El asunto fue objeto de un nuevo debate en el que intervinieron diversos concejales.
Tomaron la palabra don Mauricio Ortega Gavira, don José Agüero Baro, don Antonio Marmolejo Flores y la propia Presidencia, examinándose las condiciones técnicas y económicas de la propuesta presentada.
Tras las deliberaciones, la Corporación acordó por unanimidad aceptar el ofrecimiento de Cristóbal Rodríguez Pérez y autorizarle para ejecutar la sustitución de las coronas reales por coronas murales republicanas en los sillones de la Sala Capitular.
El acuerdo establecía varias condiciones precisas.
En primer lugar, los trabajos debían realizarse directamente sobre el cuero original de los sillones, conservando en lo posible la estructura y el aspecto general del mobiliario.
En segundo término, se fijó un precio de 25 pesetas por cada sillón, cantidad que la Corporación consideró razonable para la naturaleza del trabajo.
Además, antes de acometer la totalidad de la obra, se acordó realizar una prueba previa sobre uno de los sillones. Una vez terminada, los concejales podrían examinar personalmente el resultado y decidir si autorizaban la ejecución del resto.
Por último, Cristóbal Rodríguez Pérez se comprometió a entregar al Ayuntamiento un 10 por ciento del importe total de la obra, cantidad que revertiría en beneficio de los fondos municipales como muestra de colaboración con la Corporación.
La transformación simbólica de la Casa Consistorial
La sustitución de las coronas reales por coronas murales constituyó mucho más que una simple intervención decorativa. Representó la adaptación material del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción a la nueva realidad política surgida tras la proclamación de la República.
Los sillones de la Sala Capitular, la mesa presidencial y otros muebles de representación eran elementos visibles en todas las sesiones plenarias y actos oficiales. Su transformación tenía por tanto un evidente valor simbólico, pues convertía aquellos espacios en reflejo de los principios institucionales defendidos por la nueva Corporación.
A través de estos acuerdos puede apreciarse cómo los cambios políticos nacionales tuvieron una traducción concreta en la vida cotidiana de los municipios. La eliminación de las coronas reales y su sustitución por coronas murales republicanas no fue únicamente una cuestión estética, sino una manifestación visible de la voluntad de la Corporación de identificar plenamente las instituciones locales con el régimen republicano instaurado en España en abril de 1931.
De este modo, entre junio de 1931 y enero de 1932, el Ayuntamiento de La Línea llevó a cabo una de las transformaciones simbólicas más representativas de aquellos primeros años republicanos, dejando constancia en sus actas del debate, las dificultades técnicas encontradas y la solución finalmente adoptada para adaptar la imagen institucional de la Casa Consistorial a los nuevos tiempos políticos.
Tal día como hoy, 13 de junio de 1931, el Ayuntamiento de La Línea aprobó la eliminación de las Coronas Reales de su mobiliario oficial para sustituirlas por Coronas Murales republicanas, una decisión que simbolizaba la adaptación de la institución municipal al nuevo régimen nacido tras la proclamación de la Segunda República.