Tal día como hoy, 30 de mayo de 1934, se firmó en La Línea de la Concepción un importante Contrato Transitorio entre la Asociación de Dependientes de Comercio, Industria y Escritorio y la Asociación Patronal Mercantil e Industrial de La Línea, con el objetivo de regular temporalmente los horarios comerciales durante los meses de verano y afrontar las dificultades derivadas de la crisis económica que atravesaba el país.
El acuerdo establecía que, desde el 1 de junio hasta el 31 de agosto de 1934, los establecimientos comprendidos dentro de la jurisdicción de la Delegación Local del Consejo del Trabajo abrirían sus puertas al público a las nueve de la mañana, cerrarían a la una de la tarde y volverían a abrir a las cuatro, manteniendo la actividad hasta las ocho de la noche. Quedaban excluidos de esta disposición los gremios de ferretería y droguería, que conservarían su régimen particular de funcionamiento.
Una de las cláusulas más destacadas del contrato era la referente a la protección de los trabajadores. La patronal se comprometía expresamente a no mantener a los dependientes en los establecimientos una vez concluido el horario fijado, salvo el tiempo imprescindible para efectuar operaciones de caja o pequeños arreglos internos. El documento reconocía que, tras las concesiones realizadas por los trabajadores, debía respetarse estrictamente la jornada legal de trabajo, evitando prolongaciones abusivas de la misma.
El texto reflejaba claramente el contexto económico y social de la Segunda República. La crisis comercial que afectaba a numerosos negocios obligaba a empresarios y empleados a buscar fórmulas de entendimiento que permitieran mantener la actividad económica sin perjudicar los derechos laborales conquistados en aquellos años. Lejos de tratarse de una imposición unilateral, el acuerdo nacía de la negociación entre ambas organizaciones representativas.
Asimismo, se establecía que el contrato tendría vigencia únicamente hasta el 1 de septiembre de 1934, fecha en la que quedaría extinguido automáticamente. Para garantizar su cumplimiento, la Asociación Patronal asumiría los gastos de impresión del documento y distribuiría ejemplares que debían exhibirse en lugar visible en los establecimientos afectados, de manera que comerciantes, trabajadores y clientes pudieran conocer las condiciones pactadas.
El acuerdo fue firmado por Juan Fajardo, presidente de la Asociación de Dependientes de Comercio, y Francisco Berrocal, como secretario de la misma entidad. Por parte de la Asociación Patronal suscribieron el documento Francisco Montes, presidente, y Miguel Cañamero, secretario.
Este contrato constituye hoy un interesante testimonio de la vida económica y laboral de La Línea de la Concepción durante la Segunda República. A través de él puede apreciarse cómo comerciantes y trabajadores intentaban encontrar soluciones consensuadas para compatibilizar la actividad mercantil, las necesidades de los negocios y el respeto a los derechos laborales en una etapa de profundas transformaciones sociales y económicas.