Durante el último fin de semana de mayo de 1951, el Teatro del Parque de La Línea de la Concepción acogió uno de los espectáculos de variedades más llamativos y originales de aquellos años: la revista musical “¡Los Platillos Volantes atacan!”, anunciada como una producción de “Música y Fantasía” inspirada en el fenómeno internacional de los supuestos ovnis y platillos volantes que comenzaba a fascinar al mundo entero tras la Segunda Guerra Mundial.
El espectáculo se representó el sábado 26 de mayo, en una única función nocturna a las diez y cuarto, y el domingo 27, en dos sesiones, a las siete y media y a las diez y cuarenta y cinco de la noche. La producción estaba presentada como un “original espectáculo de lujo, alegría, música y mujeres bellas”, fórmula muy característica de las grandes revistas teatrales españolas de comienzos de los años cincuenta.
El cartel anunciaba como principales figuras a las vedettes Ros Mari y Delia Rubens, descritas como “primerísimas vedettes” y presentadas con el habitual tono espectacular y glamuroso de la época. La publicidad destacaba especialmente a Ros Mari como “escultural belleza americana”, recurso promocional muy frecuente en las revistas musicales del franquismo para atraer al público masculino adulto.
Junto a ellas actuaban otras artistas como Julita del Valle, Lilian Mer, el actor cómico Daniel Benítez y el actor genérico Ismael Barry, además del conjunto de atracciones denominado Trío Brasil, integrado por Carmina García, Candelaria, Paquito Pastor, Ina y Fred y diversos artistas de baile y acrobacia.
El programa aparecía dividido en dos grandes partes. La primera incluía cuadros y números con títulos tan llamativos como ¡Noches de España!, ¿Adónde vas chiquillo?, Mujeres de Portugal, ¡Los Platillos Volantes atacan!, Una tarde en la venta o Yo he visto un platillo. La segunda parte ofrecía otros números de ambiente internacional y tropical, como Noches de Haway, Samba de los besos, Zambra o Las atracadoras, finalizando con una gran “Apoteosis Final”.
La revista utilizaba el fenómeno de los “platillos volantes” —tema enormemente popular en aquellos años tras las primeras noticias sobre avistamientos de ovnis en Estados Unidos— como excusa argumental para desarrollar un espectáculo lleno de humor, fantasía, música ligera y coreografías visuales. El propio programa definía la obra como “un conjunto maravilloso con cuadros de revista y juveniles, músicas de Mary y Asencio y el original libro de Bernal y Samuel”.
Este tipo de producciones formaban parte de la llamada “revista musical española”, un género teatral híbrido que mezclaba canción popular, humor, danza, sketches cómicos y grandes cuadros coreográficos. Durante la posguerra, estas compañías recorrían continuamente los teatros del país ofreciendo espectáculos vistosos y desenfadados que servían como vía de evasión para el público español de la época.
La puesta en escena de “¡Los Platillos Volantes atacan!” destacaba además por su importante despliegue técnico y escenográfico. El programa mencionaba la participación de modistos, decoradores, técnicos de iluminación, coreógrafos y responsables musicales procedentes de Madrid, reflejando el alto nivel de profesionalización que habían alcanzado las compañías de variedades durante aquellos años.
Las localidades oscilaban entre las 5 pesetas de entrada general y las 15 pesetas de butaca numerada, precios relativamente accesibles que permitían llenar el teatro con un público muy diverso.
La llegada de este espectáculo al Teatro del Parque evidencia el importante papel que desempeñaba La Línea dentro de los circuitos nacionales de revistas musicales y variedades durante la década de 1950. La ciudad mantenía entonces una intensa actividad cultural y nocturna, recibiendo continuamente compañías teatrales, artistas de copla, humoristas y grandes producciones escénicas que convertían sus teatros en auténticos centros de ocio y sociabilidad para los linenses de la época.
Realizado por:
Luis Javier Traverso