viernes, 5 de junio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy, 6 de junio, el Teatro Parque proyectaba la espectacular película “Los últimos días de Pompeya”

 









El 6 de junio de 1936, los espectadores que acudieron al Teatro Parque de La Línea de la Concepción tuvieron la oportunidad de contemplar una de las grandes superproducciones históricas del cine de los años treinta: “Los últimos días de Pompeya”, una película estadounidense que recreaba la vida en el Imperio Romano y la célebre destrucción de la ciudad de Pompeya por la erupción del Vesubio.

El programa de mano conservado de aquella jornada constituye hoy un valioso documento histórico de la actividad cinematográfica linense. Estos pequeños impresos eran distribuidos gratuitamente por los cines y teatros locales para anunciar sus funciones, informar sobre los horarios y despertar el interés del público. En este caso, el folleto anunciaba la proyección en el Teatro Parque el sábado 6 de junio a las ocho y media de la tarde.

La publicidad empleaba expresiones grandilocuentes muy características de la época, presentando la película como una:

«Colosal e impresionante visión de la ciudad más cruel y perversa que haya existido jamás».

También prometía al público una:

«Visión de bárbaro esplendor», una «fiesta de salvaje orgía» y una «lucha de vida o muerte en el gran circo».

El propio programa nos permite conocer además los precios de entrada vigentes en aquellos años: 60 céntimos la butaca y 30 céntimos las localidades de grada, cantidades que hoy evocan una época en la que el cine constituía uno de los entretenimientos más accesibles y populares de la ciudad.

Una de las grandes producciones históricas de Hollywood

Estrenada internacionalmente en 1935, Los últimos días de Pompeya (The Last Days of Pompeii) fue una ambiciosa producción realizada por los estudios RKO Radio Pictures, que intentaban repetir el enorme éxito alcanzado dos años antes con King Kong.

Para ello reunieron prácticamente al mismo equipo creativo que había revolucionado el cine fantástico en 1933.

La dirección estuvo a cargo de Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, aunque este último ejerció principalmente labores de producción. Ambos formaban uno de los dúos más prestigiosos del Hollywood de la época gracias al éxito internacional de King Kong.

La película contó además con la participación del legendario especialista en efectos visuales Willis H. O’Brien, considerado uno de los grandes pioneros de la historia del cine.

Su trabajo en las secuencias finales de la destrucción de Pompeya fue extraordinario para la época y constituyó uno de los mayores logros técnicos del cine de los años treinta.

Ficha técnica de la producción

Título original: The Last Days of Pompeii
Año de estreno: 1935
País: Estados Unidos
Duración: 96 minutos
Dirección: Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper
Guion: Ruth Rose, Boris Ingster y James Ashmore Creelman
Basada en: la novela de Edward Bulwer-Lytton y una historia original de Melville Baker
Fotografía: J. Roy Hunt
Música: Roy Webb
Diseño de Producción: Van Nest Polglase
Vestuario: Aline Bernstein
Montaje: Archie Marshek
Efectos Especiales: Willis H. O’Brien

La tragedia de Marco, el herrero de Pompeya

A diferencia de otras versiones cinematográficas inspiradas en la novela de Bulwer-Lytton, esta película no se centraba en una historia romántica, sino en la transformación moral de su protagonista.

La narración comenzaba en la ciudad de Pompeya, donde vivía Marco, un humilde herrero interpretado por Preston Foster.

Marco llevaba una existencia sencilla y feliz junto a su esposa Julia y su pequeño hijo Flavio. Sin embargo, su vida cambiaba dramáticamente cuando una carroza perteneciente a la aristocracia romana atropellaba a su familia.

Desesperado por conseguir dinero para costear los tratamientos médicos necesarios, aceptaba combatir como gladiador.

Aunque conseguía la victoria en la arena, la recompensa llegaba demasiado tarde y tanto su esposa como su hijo fallecían.

A partir de ese momento nacía un nuevo Marco: un hombre amargado, convencido de que el dinero y el poder eran las únicas fuerzas verdaderamente importantes del mundo.

El gladiador convertido en comerciante

Transformado por el dolor, Marco se convertía en uno de los gladiadores más temidos de su tiempo.

Durante uno de sus combates daba muerte a un adversario y descubría que este había dejado huérfano a un niño llamado también Flavio.

Movido por el remordimiento, decidía adoptarlo y criarlo como si fuera su propio hijo.

Una grave herida obligaba después a Marco a abandonar definitivamente los combates, pero lejos de retirarse, utilizaba sus ganancias para iniciar una nueva carrera como comerciante de esclavos y caballos.

Con el paso de los años acumulaba una enorme fortuna y alcanzaba una posición privilegiada dentro del mundo romano.

El viaje a Judea y el encuentro con Jesucristo

La película incorporaba una singular dimensión religiosa que la diferenciaba de otras adaptaciones de la tragedia pompeyana.

Buscando nuevos negocios, Marco viajaba a Judea, donde entraba en contacto con Poncio Pilato, interpretado por Basil Rathbone.

Durante su estancia presenciaba algunos de los acontecimientos vinculados a la vida de Jesucristo, estableciendo un paralelismo entre la ambición material del protagonista y los valores espirituales representados por el cristianismo.

Esta combinación entre relato histórico, aventura romana y narrativa bíblica otorgaba a la película un carácter único dentro de las producciones épicas de su tiempo.

El reparto principal

La película reunió a un destacado elenco de actores:

  • Preston Foster como Marco, protagonista de la historia.
  • Basil Rathbone como Poncio Pilato.
  • Alan Hale como Burbix, inseparable amigo de Marco.
  • David Holt como Flavio niño.
  • John Wood como Flavio adulto.
  • Dorothy Wilson como Clodia.
  • Louis Calhern como el prefecto Alio Marcio.
  • Ward Bond como Murmex de Cartago, el formidable gladiador al que Marco debía enfrentarse en la arena.

La destrucción de Pompeya: un prodigio técnico

El momento culminante de la película llegaba con la erupción del Monte Vesubio.

Las secuencias finales fueron consideradas en su momento auténticos prodigios técnicos.

Willis O’Brien empleó complejas maquetas a gran escala, miniaturas y efectos ópticos para recrear el derrumbe de edificios, la caída de monumentales estatuas romanas y el colapso del anfiteatro.

Estas escenas impresionaron profundamente a los espectadores de los años treinta y continúan siendo admiradas por historiadores y especialistas en efectos especiales.

Muchas de las técnicas utilizadas en la película sirvieron posteriormente como referencia para futuras producciones de catástrofes y cine histórico.

El mismo equipo de “King Kong”

Uno de los aspectos más interesantes de la producción fue que prácticamente reunía al núcleo creativo responsable de King Kong (1933).

Participaban:

  • Merian C. Cooper
  • Ernest B. Schoedsack
  • Ruth Rose
  • Willis O’Brien

La intención de la RKO era repetir el éxito comercial obtenido con el gigantesco simio, trasladando ahora la espectacularidad visual al mundo de la antigua Roma.

Un acontecimiento cinematográfico en la La Línea de 1936

Cuando la película llegó al Teatro Parque el 6 de junio de 1936, apenas un mes antes del inicio de la Guerra Civil española, los espectadores linenses pudieron contemplar una de las mayores superproducciones internacionales proyectadas hasta entonces en la ciudad.

La combinación de grandes decorados romanos, combates de gladiadores, episodios bíblicos, efectos especiales innovadores y la espectacular destrucción final de Pompeya convirtió la sesión en un verdadero acontecimiento cinematográfico.

Aquella proyección formó parte de la intensa actividad cultural y de ocio que caracterizaba a La Línea durante los años treinta, cuando los teatros y cines constituían uno de los principales centros de reunión social de la población.

Tal día como hoy…

Tal día como hoy, 6 de junio de 1936, el Teatro Parque de La Línea de la Concepción proyectaba “Los últimos días de Pompeya”, una espectacular superproducción de Hollywood realizada por los creadores de King Kong. Los espectadores podían asistir a la función por tan solo 60 céntimos en butaca o 30 céntimos en grada y contemplar una historia de tragedia, redención y fe ambientada en la Roma imperial, culminada por una de las secuencias de destrucción más impresionantes que había visto el cine de la época.








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