miércoles, 10 de junio de 2026

¿Sabías que…? Tal día como hoy 12 de junio, en 1940, el azúcar, el café y los garbanzos seguían distribuyéndose mediante cartillas de racionamiento en La Línea

 









Racionamiento de azúcar, café y garbanzos en La Línea de la Concepción (12 de junio de 1940)

El día 12 de junio de 1940, apenas concluida la Guerra Civil española y en un contexto marcado por las dificultades económicas, la escasez de productos básicos y el estricto sistema de intervención estatal sobre el abastecimiento, la Delegación Local de Abastecimientos y Transportes de La Línea de la Concepción hizo público un aviso dirigido a toda la población mediante el cual se regulaba la distribución de diversos artículos de primera necesidad a través del sistema de cartillas de racionamiento.

El documento, emitido por el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción y firmado por el alcalde Luis Aguiló Piña, constituye un valioso testimonio de las condiciones de vida existentes en la ciudad durante los primeros años de la posguerra, cuando el acceso a numerosos productos alimenticios dependía de los cupos fijados por las autoridades y de la utilización obligatoria de las cartillas de abastecimiento.

El aviso informaba a los vecinos de que, desde la fecha de su publicación y hasta el día 22 de junio de 1940, podrían retirar en todos los establecimientos de comestibles determinados productos que habían sido asignados para su distribución entre la población. La entrega debía realizarse necesariamente mediante la correspondiente cartilla de racionamiento, documento indispensable para adquirir los artículos sujetos al control estatal.

Los productos distribuidos en aquella ocasión eran tres de los alimentos más demandados por las familias españolas de la época: azúcar, café y garbanzos. Cada uno de ellos aparecía sometido a una cantidad máxima por persona, establecida por las autoridades de abastecimiento con el propósito de repartir de forma equitativa las existencias disponibles.

En el caso del azúcar, se autorizaba la entrega de 150 gramos por persona. Aunque esta cantidad podía parecer reducida, representaba una de las pocas formas legales de acceso a un producto que se había convertido en escaso y cuya distribución se encontraba cuidadosamente controlada por la administración.

Para el café, artículo especialmente apreciado y de difícil obtención debido a las limitaciones comerciales y a las dificultades de importación, se fijaba una asignación de tan solo 10 gramos por persona. Esta cifra evidencia la extraordinaria escasez existente en aquellos años y explica la proliferación de sucedáneos elaborados a partir de cebada, achicoria u otros productos que intentaban sustituir al café auténtico en muchos hogares españoles.

Por su parte, los garbanzos, base fundamental de la alimentación popular y componente esencial de numerosos guisos tradicionales, podían adquirirse en una cantidad de 200 gramos por persona. Su importancia en la dieta cotidiana era considerable, especialmente en un periodo en el que la carne, el pescado y otros alimentos resultaban inaccesibles para una gran parte de la población debido a los elevados precios o a la falta de disponibilidad.

La retirada de estos productos debía efectuarse utilizando el cupón número 10 de Ultramarinos, sistema que permitía controlar el consumo y evitar que una misma persona obtuviera más cantidad de la autorizada. Cada cupón era cuidadosamente revisado y anulado una vez utilizada la asignación correspondiente, garantizando así el cumplimiento de las normas establecidas por la Delegación de Abastecimientos.

El aviso no solo regulaba las cantidades disponibles, sino también los precios oficiales a los que debían venderse los productos. De esta manera se pretendía impedir la especulación y asegurar que los artículos llegaran a la población a los precios fijados por las autoridades.

Según el documento, el azúcar se vendería a 2,60 pesetas el kilogramo, los garbanzos a 2,30 pesetas el kilogramo y el café a 20 pesetas el kilogramo, una cifra notablemente superior a la de los otros productos debido a su escasez y a las dificultades para su importación.

La publicación de estos precios oficiales formaba parte de la política de control económico implantada por el Estado durante aquellos años. Las autoridades trataban de evitar que comerciantes o intermediarios aprovecharan la escasez para elevar artificialmente los precios, aunque en la práctica la existencia del mercado negro o estraperlo terminaría convirtiéndose en una realidad habitual en muchas localidades españolas.

La situación de La Línea de la Concepción en aquellos momentos presentaba además características particulares. La ciudad se encontraba en una zona fronteriza con Gibraltar, territorio británico que mantenía un sistema económico diferente y donde podían encontrarse productos difíciles de obtener en el resto de España. Esta circunstancia favoreció el desarrollo de actividades de contrabando y pequeños intercambios fronterizos que complementaban, en ocasiones, las limitadas posibilidades de abastecimiento legal de la población.

Sin embargo, para la inmensa mayoría de los vecinos, la cartilla de racionamiento seguía siendo el principal instrumento para acceder a los alimentos básicos. Cada familia dependía de las cantidades asignadas periódicamente por las autoridades y debía organizar su economía doméstica en función de los productos que llegaban a los comercios autorizados.

La emisión de avisos como el publicado el 12 de junio de 1940 era una práctica habitual en todas las localidades españolas. Estos anuncios permitían informar a la población sobre las nuevas distribuciones, las fechas de retirada, los cupones que debían utilizarse y los precios oficiales establecidos para cada artículo.

Desde una perspectiva histórica, el documento refleja con claridad las dificultades económicas de la inmediata posguerra y la profunda intervención estatal en la vida cotidiana de los ciudadanos. La necesidad de regular incluso pequeñas cantidades de azúcar, café o garbanzos pone de manifiesto el nivel de escasez existente y las limitaciones que afectaban al consumo de productos básicos.

Al mismo tiempo, el aviso constituye un testimonio de la realidad diaria de miles de familias linenses que, en los años posteriores al conflicto civil, debieron adaptarse a un sistema de racionamiento prolongado y a unas condiciones económicas marcadas por la falta de recursos, la incertidumbre y la constante preocupación por el abastecimiento alimentario.

La disposición firmada por Luis Aguiló Piña el 12 de junio de 1940 representa, por tanto, una pequeña pero significativa muestra de cómo las autoridades locales gestionaban la distribución de alimentos en una época en la que la supervivencia cotidiana dependía en gran medida de las decisiones adoptadas por los organismos de Abastecimientos y Transportes. A través de este sencillo aviso administrativo puede apreciarse la compleja realidad social y económica que vivía La Línea de la Concepción en los primeros compases de la década de 1940, cuando el racionamiento formaba parte inseparable de la vida diaria de sus habitantes.

¿Sabías que...?

En 1940 España se encontraba todavía en los difíciles años de la posguerra, caracterizados por la escasez de productos básicos. Las cartillas de racionamiento, implantadas en 1939, regulaban la compra de alimentos esenciales y permanecerían en vigor durante más de una década, convirtiéndose en una de las imágenes más representativas de la vida cotidiana de aquellos años.


Leyendo el Bando en el Mercado de la Concepción (IA)




Transcripción del Documento:

AYUNTAMIENTO DE LA LINEA DE LA CONCEPCION

Delegación Local de Abastecimientos y Transportes

AVISO

Desde la publicación del presente aviso y hasta el día 22 de los corrientes, se podrá retirar en todos los establecimientos de comestibles y mediante la cartilla de racionamiento los artículos siguientes:

  • AZÚCAR a razón de 150 gramos por persona.
  • CAFÉ a razón de 10 gramos por persona.
  • GARBANZOS a razón de 200 gramos por persona.

Para retirar dichos artículos se utilizará el cupón núm. 10 de Ultramarinos.

Los precios serán los siguientes:

  • Azúcar: 2,60 pesetas Kg.
  • Café: 20 pesetas Kg.
  • Garbanzos: 2,30 pesetas Kg.

Lo que se hace público para general conocimiento.

La Línea de la Concepción, a 12 de junio de 1940.

El Alcalde

Luis Aguiló Piña

Imp. Cañamero, hijo – La Línea





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