Con la llegada del verano y la proximidad de las tradicionales celebraciones de la ciudad, la Alcaldía de La Línea de la Concepción publicó en junio de 1959 un edicto dirigido a todos los vecinos, propietarios e industriales del municipio. Firmado por el alcalde Pedro Alfageme González, el documento constituía una invitación oficial a colaborar en el embellecimiento de la población con motivo de la próxima celebración de la Velada y Fiestas, uno de los acontecimientos más importantes y esperados del calendario local.
El Ayuntamiento partía de una realidad evidente: durante los días de feria la ciudad recibía una importante afluencia de visitantes procedentes de numerosos puntos de la comarca y de otras localidades. A los tradicionales feriantes se unían miles de personas atraídas por los festejos, lo que convertía a La Línea en un destacado centro de actividad social, comercial y recreativa. Las autoridades municipales consideraban que aquella circunstancia debía aprovecharse para mostrar la mejor imagen posible de la ciudad, reforzando su atractivo y ofreciendo una impresión favorable a cuantos acudían a disfrutar de las celebraciones.
El edicto destacaba que las fiestas constituían un motivo de orgullo para todos los linenses y señalaba la conveniencia de que cada vecino participara activamente en el cuidado y mejora del aspecto urbano. No se trataba únicamente de una cuestión estética, sino también de una manifestación de civismo y colaboración colectiva. La Corporación entendía que la buena presentación de calles, plazas y edificios contribuía al prestigio de la localidad y favorecía la imagen de una ciudad moderna, ordenada y acogedora.
Por ello, la Alcaldía apelaba directamente al espíritu de cooperación del vecindario, confiando en la comprensión y buena disposición de los ciudadanos. El documento recordaba que los preparativos debían realizarse con suficiente antelación para evitar problemas de última hora derivados de la falta de materiales, personal especializado o cualquier otra dificultad que pudiera retrasar las tareas de acondicionamiento.
La principal recomendación iba dirigida a los propietarios de fincas urbanas. El Ayuntamiento les rogaba que procedieran a efectuar las obras de mantenimiento necesarias en aquellos inmuebles que presentaran deficiencias visibles. Se solicitaba expresamente el revoco y pintura de las fachadas que lo requiriesen, así como la realización de los trabajos necesarios para mejorar el aspecto exterior de los edificios. La finalidad era que las calles de la ciudad ofrecieran una imagen cuidada y atractiva durante la celebración de la Velada.
La iniciativa formaba parte de una larga tradición municipal. Desde finales del siglo XIX y durante buena parte del siglo XX, era habitual que las autoridades locales emitieran bandos y edictos similares antes de la llegada de las fiestas patronales. Estos llamamientos buscaban implicar a la ciudadanía en la mejora temporal del entorno urbano mediante el encalado de fachadas, la reparación de desperfectos, la colocación de adornos y el mantenimiento general de viviendas y establecimientos.
El documento también hacía referencia a la participación de los industriales y comerciantes, sectores especialmente beneficiados por el incremento de actividad económica que acompañaba a las fiestas. La Alcaldía esperaba que estos colectivos prestaran igualmente su apoyo a las medidas de ornato público, colaborando en la presentación de escaparates, establecimientos y edificios comerciales. La mejora estética de los espacios de negocio contribuía no solo a embellecer la ciudad, sino también a favorecer el ambiente festivo y la actividad económica.
Resulta significativo que el edicto no se limitara a formular una simple recomendación. Aunque mantenía un tono cordial y apelaba constantemente a la colaboración voluntaria, también advertía de que el incumplimiento de estas disposiciones podría dar lugar a la adopción de medidas por parte de la autoridad municipal. Esta referencia final reflejaba la importancia que el Ayuntamiento concedía al ornato urbano como cuestión de interés general.
La confianza depositada por la Alcaldía en la respuesta ciudadana se apoyaba en la experiencia de años anteriores. El documento recordaba que tradicionalmente tanto propietarios como industriales habían colaborado activamente en estas campañas de embellecimiento, contribuyendo a que La Línea ofreciera durante la Velada una imagen especialmente cuidada y atractiva para vecinos y visitantes.
Este edicto de junio de 1959 constituye un interesante testimonio de cómo las autoridades municipales concebían las fiestas locales no solo como un acontecimiento recreativo, sino también como una oportunidad para proyectar una imagen positiva de la ciudad. Refleja igualmente la importancia que se otorgaba al aspecto exterior de calles y edificios como elemento de identidad urbana y de promoción local. A través de este llamamiento al vecindario, la Alcaldía buscaba que la celebración de la Velada estuviera acompañada de una ciudad limpia, pintada y embellecida, capaz de mostrar a los visitantes la mejor imagen posible de La Línea de la Concepción en uno de los momentos más destacados de su vida social y festiva.
Transcripción del Edicto
Alcaldía de La Línea de la Concepción
EDICTO
Próxima la fecha de la celebración en nuestra ciudad de sus tradicionales Velada y Fiestas, motivo de orgullo de cuantos aquí convivimos, y dada la gran afluencia de forasteros y feriantes, vengo en disponer la conveniencia de que cada uno y todos los vecinos procedan a engalanar y cuidar del ornato de la población, a fin de que ésta ofrezca el mayor atractivo a la vista de cuantos nos honran con su presencia en tan señalados días.
A tal efecto y contando siempre con la cooperación y espíritu de comprensión del vecindario, y con objeto de que a última hora no surjan obstáculos en la realización de tales preparativos, pretextando la falta de personal idóneo o motivos similares, es por lo que esta Alcaldía se dirige a los señores propietarios de fincas urbanas con el ruego de que procedan con la debida antelación al revoco y pintura de aquellas que lo necesiten, adecentándolas, para que puedan ofrecer el mejor aspecto ante nuestros visitantes y para satisfacción propia.
Espera confiada esta Alcaldía que, como en años anteriores, tanto los propietarios como los industriales interesados se servirán prestar su mayor apoyo a este requerimiento de interés general, evitando así las medidas que pudieran adoptarse por su incumplimiento.
La Línea de la Concepción, junio de 1959
EL ALCALDE,
Pedro Alfageme González
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