El programa de mano conservado de aquella sesión mostraba una impactante imagen submarina protagonizada por buceadores equipados con escafandras autónomas, acompañada de un texto promocional que anunciaba:
“Un desfile milagroso de las más grandes maravillas que jamás vieron ojos humanos”.
La programación del Imperial Cinema incluía función infantil a las tres de la tarde y sesiones desde las siete, completándose el programa con el corto animado de Walt Disney titulado “El Ratón Napolitano”, fórmula habitual en las grandes sesiones cinematográficas de la época.
La película proyectada en La Línea tenía ya entonces un enorme prestigio internacional. “El Mundo del Silencio” había sido estrenada en Francia el 26 de mayo de 1956 y estaba considerada una auténtica revolución dentro del cine documental y de exploración submarina.
La obra fue codirigida por Jacques-Yves Cousteau, marino, investigador y pionero de la oceanografía moderna, junto a Louis Malle, que por entonces apenas contaba con veintitrés años. Aunque compartía título con el libro publicado en 1953 por Cousteau y Frédéric Dumas, el largometraje no adaptaba directamente aquella obra literaria, sino que recogía las expediciones submarinas realizadas a bordo del mítico barco Calypso durante el año 1955.
El libro original relataba los años de investigaciones y experiencias submarinas desarrolladas por Cousteau y sus colaboradores, incluyendo la invención de la escafandra autónoma moderna, creada junto a Émile Gagnan en 1943, así como las primeras campañas oceanográficas realizadas desde el Calypso, embarcación adquirida por Cousteau en 1950 y convertida posteriormente en símbolo mundial de la exploración marina.
El documental cinematográfico representó un enorme avance técnico para su tiempo. Las escenas submarinas fueron rodadas gracias a los reguladores CG45, desarrollados por Cousteau y Gagnan, y a las innovadoras cámaras submarinas diseñadas por André Laban. Gracias a estas tecnologías, “El Mundo del Silencio” se convirtió en una de las primeras películas en mostrar imágenes submarinas en color y la primera en filmar secuencias a profundidades cercanas a los 75 metros.
La película comenzaba con una narración en off que impresionó profundamente al público de la época:
“A cincuenta metros de la superficie, unos hombres realizan el rodaje de una película. Equipados con escafandras autónomas de aire comprimido, se ven liberados de la gravedad, se desplazan libremente”.
A bordo del Calypso, un equipo formado por doce buceadores recorrió durante meses el Mar Mediterráneo, el Golfo Pérsico, el Mar Rojo y el Océano Índico, filmando centenares de horas de imágenes submarinas. Los más de 25 kilómetros de película rodada fueron reducidos finalmente a un montaje de aproximadamente una hora y media.
Los propios miembros de la tripulación participaron como protagonistas del documental. Entre ellos se encontraban el propio Jacques-Yves Cousteau, Frédéric Dumas, Albert Falco, André Laban y otros marinos y técnicos que integraban la expedición científica y cinematográfica del Calypso. Uno de los personajes más recordados por los espectadores fue también “Jojo”, un mero que aparecía repetidamente durante el documental y que terminó convirtiéndose en una especie de símbolo entrañable de la película.
La repercusión internacional de “El Mundo del Silencio” fue extraordinaria. En 1956 obtuvo la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes, convirtiéndose durante décadas en el único documental galardonado con este premio. También recibió el Premio Méliès, el reconocimiento de la National Board of Review como mejor película extranjera y, finalmente, el Oscar de Hollywood de 1957 al mejor largometraje documental.
La llegada de esta producción al Imperial Cinema de La Línea reflejaba la importancia que los cines de la ciudad habían alcanzado durante los años cincuenta, incorporando a su programación películas de gran repercusión internacional y acercando al público linense los avances del cine documental moderno.
Para muchos espectadores de la época, aquellas imágenes submarinas en color constituyeron una experiencia completamente novedosa. El documental permitió contemplar por primera vez paisajes marinos, criaturas oceánicas y técnicas de inmersión que hasta entonces resultaban prácticamente desconocidas para el gran público, convirtiendo aquella proyección de mayo de 1957 en uno de los acontecimientos cinematográficos más singulares de la década en La Línea de la Concepción.
Realizado por:
Luis Javier Traverso