jueves, 19 de octubre de 2017

El 4 de octubre de 1957 se exime de los arbitrios municipales a los productos con destino a la Clínica de la Mutua de los Obreros en Gibraltar










En Sesión Ordinaria de la Comisión Permanente del Excmo. Ayuntamiento de La Línea de la Concepción,  celebrada el día 4 de octubre de 1957, con la asistencia de:

Presidente: Alcalde don Alfonso Cruz Herrera
Tenientes de Alcalde: don Emilio Gómez Montejo, don Antonio Pozo Sandino, don José Rojas Carrillo, don Salvador Carrasco Corbacho y don José Padilla Granados.
Interventor de Fondos don Enrique Vicente Cadenas
Secretario General don Carlos Vizcaíno Coloma
Oficial de Actas don José de la Vega Rodríguez


Se acordó eximir de los arbitrios municipales que gravaban los productos con destino a la Clínica operatoria de la Mutualidad Sindical de Obreros Españoles en Gibraltar, conforme a lo dispuesto en el artículo 10 de la Ley de 6 de diciembre de 1941.



Luis Javier Traverso



miércoles, 4 de octubre de 2017

El 21 de agosto de 1913 muere el novillero "El Niño Gines" de un disparo en La Línea








En la Casa de Socorro de La Línea de la Concepción falleció el jueves 21 de agosto de 1913 el matador de novillos Juan Castro "El Niño Gines", a consecuencia  de un disparo  de arma de fuego que le hizo en la cabeza el sábado anterior  un individuo  a quien parecía el difunto  Castro había herido en riña anteriormente.

El niño de Ginés pertenecía a la categoría  de novilleros  modestos y aunque hacía mucho tiempo esteba en activo, no había logrado ocupar un alto puesto.

En Madrid debutó como espada novillero el 2 de diciembre de 1906 y apenas había recuerdo de su paso por esa plaza.

Así lo comentaba el ABC de Madrid del 23 de agosto de 1913

Don Antonio Rojas propietario del conocido "Bar Decano" comentaba lo siguiente a Francisco Tornay, en sus Radiohrafías Linenses:

"Juan Castro "Niño de Gines". El cartel tiene su significado anecdótico, porque en primer lugar debido al "Niño de Gines" muy conocido en esta localidad por tener fama de matón, aunque personas que le conocieron dicen que era un poco un "Don Juan" pero nada más. El caso es que el "Niño de Gines" murió precisamente algunos años después de un tiro de pistola, que le dio "Frasquito el Cigarrero" en el ya desaparecido café "El Barco" de la calle San Pablo, y que según la Vox pópuli fue trasladado a falta de una camilla, en una simple escalera a la casa de socorro, que en aquel entonces se encontraba instalada en la calle Isabel la Católica."



En Agosto de 1899 la Huelga de Obreros de Gibraltar le cuesta al Ayuntamiento 496'25 pesetas







En Agosto de 1899 la reconcentración  de las fuerzas de la Guardia Civil  y de Caballería, a consecuencia de la huelga de los obreros empleados de los trabajos en los diques de Gibraltar,los cuales reclamaban agua potable y menos jornadas laboral, costó a las arcas municipales la cantidad de cuatrocientas noventa y seis pesetas con veinticinco céntimos, los cuales aprobaron por unanimidad, el día 21 de agosto de 1899, dicha cuenta, atendiendo a la necesidad y urgencia, siendo abonado con cargo al Capítulo de imprevistos del presupuesto en ejercicio.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El 30 de Septiembre de 1917 se otorga la reversión del Mercado de Abastos al Ayuntamiento








En este día se otorgó la escritura de reversión al Ayuntamiento de la concesión del Mercado de Abastos, incautándose la Corporación Municipal del edificio y sus rentas. Era Alcalde don José Cayetano Ramírez Galuzo.

martes, 12 de septiembre de 2017

En 1900 La Línea abandonada por el Estado "vamos como ahora"







Con el título de «El enemigo en casa», publicó «El Liberal de Madrid»«El Grano de Arena» con el nombre «Recortes» las siguiente línea alas que le llamaban la atención a los lectores con verdadero interés.

“Todos los días y a todas horas se oía la mismo alerta. Había que fortificar las islas, había que guardar las fronteras, había que artillar las costas.

Y el problemático enemigo que tanto daba que decir y que temer, estaba, desde hacía tiempo antiguo, dentro de nuestra casa. Tan excelente como numerosos eran los planos y proyectos encaminados a defender de una posible agresión el Campo de Gibraltar, las Baleares, las Canarias y el litoral de Galicia. Pero creían que esos importantes trabajos necesitaban un complemento con un estudio detallado do los medios, instalaciones, propiedades, elementos y recursos con que contaban ya en nuestro territorio aquellos de quienes se recelaba que más o menos
pudieran y quisieran usurpárnoslo.

Fijándonos en el Campo de Gibraltar, ya que a ello les convidaba una muy notable carta,  publicada semanas atras, en La Opinión por un observador tan patriota como discreto. Había que ver lo que había adelantado la conquista civil, en tanto que aquí se discutía sobre el calibre de las piezas y la forma de los atrincheramientos con que se tenía que repeler las futuras conquistas militares.

Algeciras, La Línea, San Roque, Los Barrios y Tarifa, pueblos que cubren el campo de Gibraltar y circundan la célebre plaza inglesa, tenían una población de más de 78.000 españoles. Para esos 78.000 españoles mantenía España siete escuelas. Y pasaban de treinta las que, a título de propaganda religiosa, costeaban varias Sociedades británicas en los pueblos referidos.

A las nuestras asistían unas cuantas docenas de alumnos, en su mayor parte niños; a las extranjeras millares de discípulos, en su mayor parte jóvenes.

En el apiñado barrio de la Tunara, situado en las playas de Levante y bajo la jurisdicción del Ayuntamiento de La Línea, los dos solos edificios del Estado eran la casilla de consumos y la del resguardo de Carabineros. Inglaterra, en cambio, había establecido una capilla evangélica y una escuela de primera enseñanza. No sabían si a la capilla acudían muchos mayores de edad; lo que si se sabía era que todos o casi todos los párvulos del barrio, concurrían a la escuela.

La villa de La Línea de la Concepción, cuyos habitantes pasaban de 38.000, carecía de Hospital; como siempre estaba llena de miles de infelices que buscaban trabajo, a cada paso se observan en ella escenas dolorosas. La enfermedad es compañera del hambre y causa no pocas  bajas entre los desdichados obreros.  Pues bien; el Gobierno inglés ofrecía asilo en sus Hospitales de Gibraltar a los enfermos y a los inválidos que no lo encuentran en La Línea.

Algo todavía más negro. Un virtuoso sacerdote, animado por espíritu ferviente de caridad y por el deseo de evitar a la Patria tales sonrojos, trató de fundar un Hospital y solicitó del Gobierno español un trozo de terreno yermo en donde erigirlo. Se le contestó con una negativa rotunda en atención a que el sitio podía ser útil algún día al ramo de Guerra.

Y —¡cosa inaudita!— en el mismo sitio construyeron una hermosísima finca de recreo cierta familia británica. Y fue construida con el permiso de nuestro Gobierno.

De Gibraltar a La Línea había medio kilómetro de carretera. Los 250 metros de la jurisdicción inglesa, estaban orlados de árboles frondosos y tersos, frescos y limpios como la acera de una calle. No bien se entraba en el trayecto español (que corría a cargo de la "Diputación de Cádiz”), los baches parecían abismos y se podía medir por toneladas el polvo y la basura.

Ante hechos de tal naturaleza, que a la vez se metían por el alma y por los ojos, no había cañones ni baterías que valgan. Aunque estuvieran fortificadas por un nuevo Vauban, Sierra Carbonera y Algeciras,  por la escuela, por la fábrica, por la iglesia, por el Hospital y por los mil boquetes abiertos de par en par al trabajo y al espíritu, entrarían, como desde hace años venían entrando, los invasores.

Protestaban a menudo contra las concesiones otorgadas a la Compañía inglesa del ferrocarril que cruzaba aquellos pueblos y no se advertía que semejantes concesiones, aunque indebidas, carecían de importancia frente a los datos arriba expuestos y que aquí pasaban por pecados menudos.

Aunque Sierra Carbonera y Algeciras fueran soberbios acorazados de primera, por el Hospital, la escuela y la capilla protestantes entrarían los invasores; es decir, por el art. 11 de la Constitución; por la inicua tolerancia de cultos, que en la práctica es escandalosa libertad, por el boquete que se abrió en nuestra unidad católica y que fue efectivamente el primer paso en la decadencia y ruina de España.”

Bibliografía: El Liberal del miércoles 26 de septiembre de 1900

                     El Grano de Arena del 13 de octubre de 1900


Luis Javier Traverso
La Línea en Blanco y Negro

domingo, 10 de septiembre de 2017

En 1850 se reclamaba un cementerio para La Línea







Se repetía una lamentable escena en estas afueras que sugería melancólicas reflexiones. Con frecuencia acontecía que al pasar por el camino de San Roque a la Línea se tropezaba de pronto con un fúnebre, pero triste y quizá miserable espectáculo. Los vecinos de este punto, aunque eran mas de 200, carecían de un cementerio. Al ocurrir una defunción, se veían precisados a conducir el cadáver al de San Roque, que dista cuatro millas. Cuando la desgracia acontecía en una familia rica, hacían la travesía con decoro, aun cuando no les fuera grato el plus de gastos del viaje del finado y acompañamiento; pero cuando sucedía en familia pobre, resultaba ser un escarnio, una vergüenza todo el tránsito de la conducción hasta la inhumación. Empezaban por la dificultad y trabajo de tener que buscar el importe del alquiler de un carro, mendigando ya en aquel punto, ó tal vez en esta ciudad, haciéndose por consiguiente precisa la detención del cadáver, pero no la de la putrefacción. Vencida la gran dificultad del importe del carro, no pudiendo costear el viaje a un cortejo, por pequeño que fuera, entregaban el cadáver humildemente amortajado a la voluntad del carretero.

En el largo tránsito, la gravedad de acto tan fúnebre se convertía en mofa y títeres, no siendo extraño que el conductor entrara a solazarse en los ventorrillos, deteniendo el espectáculo a la puerta interior y los muchísimos extranjeros que frecuentaban este camino presenciaban tan lamentable escena, mientras los buenos patricios que tal observaban se quejaban y ahogaban su dolor y vergüenza en sus pechos. EL día ocho de noviembre  aconteció un caso de esta naturaleza. Murió en dicho punto de la Línea Nícolasa Grandiere, pobre. Sus dos hijos, entre apuros y lágrimas, recogieron de limosna en esta el importe del alquiler del carro, y entregaron el cadáver al carretero, quien, con tres chiquillos que le acompañaban, efectuó la travesía al tenor citado, entre nacionales y extranjeros, con vergüenza y dolor de aquellos, y con sorpresa y sentimiento de estos.

Otro ejemplo, ocurrió el 15 de noviembre cuando, falleció en el mencionado punto de la Línea Fernando Cereño. Su única familia era una hermana pobre y desvalida. Entre mil apuros, pudo esta solamente hallar un burro para conducir el cadáver a San Roque. Asido este al burro por la voluntad de una coyunda, sola la pobre hermana, pasó el largo mal rato durante cuatro millas, hasta conducir en tan extraña y melancólica situación el cadáver de su hermano a la inhumación. Tan dolorosa escena, era bien fácil de concebir.

Se excusarían tan lamentables escenas con autorizar la habilitación de un cementerio que había en dicho punto de la LineaEl señor cura de San Roque haría un beneficio muy loable a estos sus mas de 800 feligreses, y evitaría los escándalos citados, ayudando a dichos vecinos a remover los obstáculos para la habilitación del mencionado panteón.



Bibliografía:   El Clamor Público del 22 de noviembre de 1850
                        El Clamor Público del 11 de diciembre de 1850



Luis Javier Traverso
La Línea en Blanco y Negro


miércoles, 6 de septiembre de 2017

El 09 de abril de 1881 suspendieron a la Corporación del Ayuntamiento de La Línea







El 9 de abril de 1881 en una sesión extraordinaria celebrada por la Corporación, el Secretario don José María Méndez dio lectura a un oficio del Excmo. Sr. Gobernador Civil de la Provincia de fecha dos de abril que le fue entregada por don Lutgardo López Muñoz. El escrito comunicaba que en vista de las faltas que resultaban en el expediente instruido por el Delegado enviado por el Gobernador para inspeccionar el Ayuntamiento, resolvió en uso de sus facultades que le concedía la Ley Municipal, suspender del cargo de Concejales a los individuos que componían el Ayuntamiento.

Los Concejales suspendidos fueron:

Alcalde Presidente don Enrique Rovira Ortiz
Primer Teniente Alcalde don Feliciano González Vázquez
Segundo Teniente Alcalde don Eduardo Sánchez Gutiérrez
Concejal don Andrés González Rojas
Concejal don Manuel Jiménez Arroyo
Concejal don Manuel Pacheco Chávez
Concejal don Juan María Sánchez Herrera
Concejal don Antonio Ramírez García
Concejal don Francisco Ramírez Galuzo
Procurador Síndico don Juan Amaya Delgado

El Gobernador nombró en su lugar a:

Don Lutgardo López Muñoz
Don Pablo Soler Palazón
Don Manuel Tosso Cano
Don Diego Elena Camacho
Don José Álvarez Díaz
Don Tomas Manito García
Don Manuel Cabello Reyes
Don Manuel Lorenzo Méndez
Don Antonio Gutiérrez Bueno
Don Juan Palacios Cerquerón

En sesión del día 10 de abril de 1881 bajo la Presidencia del Alcalde Presidente saliente don Enrique Rovira Ortiz se abre la sesión. Una vez se dio lectura por el señor Secretario los artículo del 52 al 57  de la Ley Municipal el Señor Alcalde Saliente declaró constituido el Ayuntamiento. Acto seguido y no pudiendo llevar a efecto lo prevenido en el artículo 53 de ley acerca de la presidencia interinase resolvió por unanimidad  de los señores Concejales que esta la desempeñase el concejal don Lutgardo López Muñoz que paso a ocupar su respectivo puesto procediendo a la elección del Alcalde y dos Tenientes de Alcalde:

Para Alcalde

Don Lutgardo López Muñoz 8 votos
Don Pablo Soler Palazón 1 voto
Para Primer Teniente Alcalde
Don Pablo Soler Palazón 8 votos
Don Manuel Lorenzo Méndez 1 voto
Para Segundo Teniente Alcalde
Don Manuel Lorenzo Méndez 8 votos
Don Manuel Tosso Cano 1 voto
Para Procurador Síndico
Don Manuel Tosso Cano 8 votos
Don Diego Elena Camacho 1 voto

El Consistorio quedó formado por:

Alcalde Presidente don Lutgardo López Muñoz
Primer Teniente Alcalde don Pablo Soler Palazón
Segundo teniente Alcalde don Manuel Lorenzo Méndez
Concejal don Diego Elena Camacho
Concejal don José Álvarez Díaz
Concejal don Tomas Manito García
Concejal don Manuel Cabello Reyes
Concejal don Antonio Gutiérrez Bueno
Concejal don Juan Palacios Cerquerón
Procurador Síndico don Manuel Tosso Cano

El 30 de mayo de 1881 y pasado a informe de la Sección de Gobernación del Consejo de Estado el expediente de suspensión del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, decretada por el Gobernador Civil de la Provincia, con fecha 20 de mayo, emitió el siguiente dictamen:

«Excmo. Sr.: En cumplimiento de la Real orden de 19 del mes último, ha examinado la Sección el expediente de suspensión del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, decretada por el Gobernador de Cádiz.

Aparte de otros cargos que, como los relativos a la falta de exactitud en contabilidad, en la redacción de actas de las sesiones y en el arreglo del Archivo, no son imputables a todos los Concejales, sino a los funcionarios a cuyo especial cuidado están encomendados dichos servicios, encuentra la Sección que algunos constituyen negligencia y omisión graves, de que el Ayuntamiento es responsable.

Tal sucede con los que se refieren a no haber exigido a cierto contratista la fianza señalada en el pliego de condiciones del contrato; a no remitir las cuentas municipales de los años 1870-80 al Gobierno civil, a pesar de las varias amonestaciones y requerimientos que se le ha dirigido; a no haberse formado el padrón de habitantes, y a no dividir en distritos el término municipal para que los Tenientes de Alcalde ejercieran las atribuciones que les confieren les artículos 115 y 110 de la ley municipal; pues aun cuando el Ayuntamiento trata de atenuar la responsabilidad en que ha incurrido, diciendo que alguno de dichos servicios no se ha podido llenar por no haberlo permitido otros más apremiantes, ni este aserto aparece bastante justificado, ni podrían fácilmente señalarse deberes de mayor importancia, toda vez que estas omisiones no han podido menos de causar la consiguiente perturbación en la Administración municipal, y de privar, no ya simplemente a los Tenientes de Alcalde de las atribuciones que les competen, sino también a muchos vecinos de los otros que nacen de la inscripción en el Padrón de habitantes, aparte de que la desobediencia en la remisión de las cuentas y la no exacción de fianza a los contratistas que deben prestarla constituyen una falta grave de que pueden resultar perjuicios a los intereses del Municipio.

En su virtud, opina la Sección que se debe confirmar la suspensión impuesta.»

Y conformándose S. M. el Rey (Q. D. G.) con el preinserto dictamen, se ha servido resolver como en el mismo se propone.

De Real Orden lo digo a V. S. para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. S. muchos años.

Madrid 30 de Mayo de 1881.


GONZALEZ.

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