domingo, 10 de septiembre de 2017

En 1850 se reclamaba un cementerio para La Línea







Se repetía una lamentable escena en estas afueras que sugería melancólicas reflexiones. Con frecuencia acontecía que al pasar por el camino de San Roque a la Línea se tropezaba de pronto con un fúnebre, pero triste y quizá miserable espectáculo. Los vecinos de este punto, aunque eran mas de 200, carecían de un cementerio. Al ocurrir una defunción, se veían precisados a conducir el cadáver al de San Roque, que dista cuatro millas. Cuando la desgracia acontecía en una familia rica, hacían la travesía con decoro, aun cuando no les fuera grato el plus de gastos del viaje del finado y acompañamiento; pero cuando sucedía en familia pobre, resultaba ser un escarnio, una vergüenza todo el tránsito de la conducción hasta la inhumación. Empezaban por la dificultad y trabajo de tener que buscar el importe del alquiler de un carro, mendigando ya en aquel punto, ó tal vez en esta ciudad, haciéndose por consiguiente precisa la detención del cadáver, pero no la de la putrefacción. Vencida la gran dificultad del importe del carro, no pudiendo costear el viaje a un cortejo, por pequeño que fuera, entregaban el cadáver humildemente amortajado a la voluntad del carretero.

En el largo tránsito, la gravedad de acto tan fúnebre se convertía en mofa y títeres, no siendo extraño que el conductor entrara a solazarse en los ventorrillos, deteniendo el espectáculo a la puerta interior y los muchísimos extranjeros que frecuentaban este camino presenciaban tan lamentable escena, mientras los buenos patricios que tal observaban se quejaban y ahogaban su dolor y vergüenza en sus pechos. EL día ocho de noviembre  aconteció un caso de esta naturaleza. Murió en dicho punto de la Línea Nícolasa Grandiere, pobre. Sus dos hijos, entre apuros y lágrimas, recogieron de limosna en esta el importe del alquiler del carro, y entregaron el cadáver al carretero, quien, con tres chiquillos que le acompañaban, efectuó la travesía al tenor citado, entre nacionales y extranjeros, con vergüenza y dolor de aquellos, y con sorpresa y sentimiento de estos.

Otro ejemplo, ocurrió el 15 de noviembre cuando, falleció en el mencionado punto de la Línea Fernando Cereño. Su única familia era una hermana pobre y desvalida. Entre mil apuros, pudo esta solamente hallar un burro para conducir el cadáver a San Roque. Asido este al burro por la voluntad de una coyunda, sola la pobre hermana, pasó el largo mal rato durante cuatro millas, hasta conducir en tan extraña y melancólica situación el cadáver de su hermano a la inhumación. Tan dolorosa escena, era bien fácil de concebir.

Se excusarían tan lamentables escenas con autorizar la habilitación de un cementerio que había en dicho punto de la LineaEl señor cura de San Roque haría un beneficio muy loable a estos sus mas de 800 feligreses, y evitaría los escándalos citados, ayudando a dichos vecinos a remover los obstáculos para la habilitación del mencionado panteón.



Bibliografía:   El Clamor Público del 22 de noviembre de 1850
                        El Clamor Público del 11 de diciembre de 1850



Luis Javier Traverso
La Línea en Blanco y Negro


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